LA ADMINISTRACIÓN DE NUESTRAS FINANZAS EN CONFORMIDAD CON LOS PRINCIPIOS ESTABLECIDOS POR DIOS (Se compartirá el jueves 23 de noviembre 2017 en las reuniones de hogar)

LA ADMINISTRACIÓN DE NUESTRAS FINANZAS EN CONFORMIDAD CON LOS PRINCIPIOS ESTABLECIDOS POR DIOS (Se compartirá el jueves 23 de noviembre 2017 en las reuniones de hogar)

LA ADMINISTRACIÓN DE NUESTRAS FINANZAS

EN CONFORMIDAD CON LOS PRINCIPIOS ESTABLECIDOS POR DIOS  

La manera en que los cristianos debemos administrar nuestros bienes, difiere radicalmente de la manera en que los incrédulos administran los suyos. La manera cristiana de administrar las finanzas es por medio de dar, mientras que los incrédulos lo hacen por medio de acumular. Hoy estamos interesados en ver cómo debe vivir un cristiano a fin de ser libre de toda necesidad. Dios nos ha prometido que no nos faltará nada en esta tierra. 

  

Las aves del cielo no carecen de comida y a las flores del campo no les falta el vestido. Así mismo a los hijos de Dios no debiera faltarles el vestido ni el alimento; si ellos padecen necesidad, tiene que existir una razón para ello. Si un hermano está en aprietos económicos, entonces este hermano no está administrando sus bienes en conformidad con los principios que Dios estableció.

LA PROVISIÓN QUE DIOS DA, ES CONDICIONAL

Mientras vivamos en esta tierra como creyentes, tenemos que depender del Señor para nuestra alimentación, vestimenta y otras necesidades. Sin la misericordia de Dios, no podríamos sobrevivir un solo día en este mundo. Esto es cierto incluso para los ricos; ellos también tienen que depender del Señor. Durante la segunda guerra mundial vimos que muchos ricos fueron despojados hasta de sus vestidos y alimentos.

 

Un día mucha gente sentirá remordimiento por sus riquezas. Pablo nos advirtió que no debemos depender de las riquezas inciertas. Una persona avara será siempre una persona ansiosa. Aquellos que confían en el Señor quizás no tengan muchos ahorros, pero nunca serán abandonados por el Señor en medio de sus dificultades. Él puede suplirles todo lo que necesitan. Sin embargo, también tenemos que darnos cuenta que tal suministro tiene condiciones.Toda promesa implica ciertos requisitos previos que nosotros tenemos que cumplir antes de recibir lo prometido. De la misma manera, tenemos que cumplir con lo que Dios exige antes de recibir Su suministro. Lo que Dios exige es que demos. El Señor dice: “Dad, y se os dará” (Lc. 6:38).

DAD, Y SE OS DARÁ

Con la misma medida con que medimos a los demás, los demás nos medirán a nosotros. De la misma manera en que tratamos a nuestros hermanos y hermanas, Dios nos tratará a nosotros. Si estamos dispuestos a sacrificar nuestro sustento, otros también estarán dispuestos a sacrificar su sustento por nosotros. Si solamente damos a los demás aquello que nos sobra y que nos resulta completamente inútil, los demás también nos darán cosas totalmente inservibles e inútiles. Son muchos los que tienen problemas con sus ingresos porque tienen problemas en cuanto a dar.

 

Hermanos, en cuanto nos hacemos cristianos, tenemos que aprender la lección básica de la mayordomía de las finanzas. Los cristianos tenemos una manera única de administrar nuestras finanzas: lo que recibimos depende de lo que damos. En otras palabras, ejercer la mayordomía cristiana de las finanzas consiste en recibir conforme a lo que se da.

 

Primero tenemos que dar a los demás, antes que los demás nos den a nosotros. La mayoría de personas jamás aprende a dar. Tales personas quieren que Dios siempre conteste Sus oraciones, pero tenemos que dar primero, antes de poder recibir. Si no hemos recibido nada recientemente, quiere decir que tenemos alguna dificultad en cuanto a dar. He sido cristiano por más de veinte años, y mi testimonio verdaderamente corrobora este principio. Siempre que una persona tiene alguna dificultad en cuanto a dar, experimentará carencias. (Mensajes para nuevos creyentes, cap. 28, Watchmann Nee, LSM)  

 

DEBEMOS SOLTAR NUESTRO DINERO

Tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo Testamento nos enseña lo mismo. La manera cristiana de administrar nuestras finanzas no debiera conducirnos a la miseria. Dios no quiere que seamos pobres. Si hay pobreza entre nosotros, se debe a que algunos están reteniendo su dinero. Cuanto más se amen a sí mismos, más hambre padecerán; y cuanto más importancia le atribuyan al dinero, más pobre serán.

  

Quizás yo no pueda testificar con respecto a otros asuntos, pero ciertamente puedo testificar acerca de esto. Cuanto más uno retiene su dinero, más pobreza y carencia padecerá. Este es un principio cierto. Durante los últimos veinte años, he visto muchos casos semejantes. Únicamente deseo que podamos soltar nuestro dinero y permitirle que circule libremente alrededor de toda la tierra, a fin de que este opere y pueda ser usado por Dios para realizar milagros y responder a las oraciones de los santos. Entonces, cuando tengamos alguna necesidad, Dios nos proveerá.

 

No solamente nosotros estamos en las manos de Dios, sino que Satanás mismo está en Sus manos. Suya es toda bestia del bosque y los millares de animales en los collados. Solamente los necios piensan que ellos han ganado el dinero que poseen. Un nuevo creyente debe comprender que diezmar es su obligación. Debemos dar de nuestras ganancias a fin de atender a las necesidades de los santos más pobres. No sean tan necios como para recibir todo el tiempo. No traten de acumular su dinero o esconderlo. La manera de actuar de los cristianos es dar. Siempre dé lo que tenga y descubrirá que el dinero se convierte en un factor de vida en la iglesia. Cuando usted tenga alguna necesidad, las aves del campo trabajarán para usted, y Dios hará milagros a su favor.

 

Confíe con todo su ser en la Palabra de Dios. De otro modo, Dios no podrá realizar Su palabra en usted. Primero, entréguese usted mismo a Dios y luego dé su dinero una y otra vez. Si usted hace esto, Dios tendrá la oportunidad de darle a usted. (Capítulo 28 de Mensajes para edificar a los creyentes nuevos, tomo 2, W. Nee, LSM)  

“También tenemos que ayudar a los santos con respecto a como deben dar. Ellos debieran dar parte de sus ofrendas a la iglesia en su localidad para cubrir los gastos mensuales; además, debieran dar parte de sus ofrendas para el sostenimiento de quienes sirven de tiempo completo. Esto se basa en que diecinueve santos podrían ayudar a sustentar a un servidor de tiempo completo. Tenemos que esforzarnos por implementar esto de tal manera que el Señor pueda llevar a cabo lo que Él desea”. (Entrenamiento de ancianos, libro 9: El ancianato y la manera ordenada por Dios, pág. 20, Witness Lee, LSM)  

 

TODA INJUSTICIA ES PECADO

Poniendo este asunto en condiciones más simples, si nosotros no damos, estamos siendo injustos. El arriendo y necesidades del local de reunión y la obra todo tienen un costo. Si no damos, nosotros no estamos haciendo nuestra parte, y otros están pagando por nosotros aquí. Esto es injusticia, y toda injusticia es pecado. No piense que otros no saben y que nosotros podemos estafar. Dios lo sabe.

 

PONER APARTE ALGO

Muchas personas están familiarizadas con la reunión de Hch 20:7, pero ellos se han olvidado de 1 corintios 16. Pablo les pidió a los creyentes corintios que dieran en ese momento porque a los creyentes de Jerusalén les estaba faltando. Hoy nosotros no enviamos el dinero a Jerusalén, pero hay muchos santos locales que están en necesidad. Primera de corintios 16:2 dice, “Ponga aparte algo” Esto significa que lo que se habla es una orden y un mandamiento. Pablo dijo, "cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado." Esto significa que nosotros debemos poner aparte porciones de nuestro ingreso. De todo el dinero que nosotros recibimos, debemos designar una porción que no puede tocarse. Cada vez que nosotros recibimos algo, debemos poner una porción aparte para dar. (Acerca de las ofrendas materiales, W. Nee, LSM)

 

Corintios 16:1-2 dice: “En cuanto a la colecta para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené a las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que no se hagan las colectas cuando yo llegue”. Pablo dirigió tanto a las iglesias de Galacia como a la iglesia en Corinto a hacer lo mismo. Esto nos muestra claramente que el primer día de la semana era un día muy especial en los tiempos de los apóstoles. Se partía el pan para recordar al Señor, y se hacía la colecta para los santos en este primer día de la semana.

  

Al depositar nuestro dinero en la urna de las ofrendas, no debiéramos hacerlo de una manera mecánica e irreflexiva. Primero, debemos contar nuestro dinero, prepararlo y envolverlo con la debida devoción mientras todavía estamos en casa. Después, al ir a la reunión, debemos depositar nuestra ofrenda en la urna de las ofrendas. Pablo nos mostró que las ofrendas materiales deben ser ofrecidas de una manera concienzuda y regular. El primer día de cada semana, debemos separar una cantidad de dinero proporcional a nuestros ingresos y decirle al Señor: “Señor, Tú me has dado en abundancia. Señor, te traigo lo que he ganado y te lo ofrezco a Ti”. El partimiento del pan es un asunto muy serio; asimismo, ofrendar bienes materiales es un asunto que reviste mucha seriedad. (Mensajes para edificar a los creyentes nuevos, tomo 1, cap. 15, W. Nee, LSM)  

 

EL CUIDADO DE LAS NECESIDADES DE LOS HERMANOS RESPONSABLES

Si un hermano local responsable dedica todo su tiempo a los asuntos de la iglesia, y hace que su propio trabajo o negocio sufra, la iglesia debería de darle ayuda económica de una manera muy cuidadosa. Ustedes son conscientes de que hay muchos hermanos en la iglesia local, especialmente hermanos responsables, que, debido a que están ocupados con muchos asuntos de la iglesia, son incapaces de seguir con sus negocios y pierden su fuente de ingresos.

  

Debido a que están ocupados con la iglesia, ellos ponen su trabajo a un lado. Esta es la situación mencionada en el libro de Timoteo, donde algunos son dignos de doble honor (1 Ti. 5:17). No debería solamente mandar dinero a los hermanos que son obreros, excluyendo a los hermanos responsables. Que un hermano responsable utilice todo su tiempo en la iglesia en su localidad, y sufra por eso, no está bien. La iglesia local debe aprender a ocuparse de las necesidades de los hermanos responsables.

  

Cuando leemos el libro de Filipenses, sabemos que cuando Pablo estaba en Macedonia y Tesalónica, todo su dinero vino de Filipos. De otra manera la obra no habría podido seguir adelante. Por lo tanto, deberían ustedes guiar a los hermanos en todas partes a que vean esto, y deberían guiarlos a que aprendan a dar dinero a todos los hermanos que están en la obra.  

La iglesia en Corinto era una iglesia en decadencia; su condición espiritual delante de Dios era pobre. Con respecto a la suministración para Pablo, solamente lo criticaron; no le dieron nada. Ellos no le dieron a Pablo nada más que críticas. Por lo tanto, creo que las iglesias en las varias localidades deben prestar atención a cómo dar dinero a los que sirven al Señor. Las iglesias deben prestar atención al aspecto de dar a individuos. (Los asuntos de la iglesia, cap. 12, W. Nee, LSM)

 

EL APOSTOL RECUERDA COMO LOS CREYENTES SUPLIERON SUS NECESIDADES

En Filipenses 4:15-16 Pablo menciona diferentes ocasiones en las que recibió apoyo material de los creyentes. Luego, él añade en el versículo 17: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta”. ¿Por qué Pablo menciona que ellos habían ofrendado en el pasado? La clave para entender cuál fue su propósito al escribir estos versículos, radica en la palabra “cuenta” (v. 17). Las dádivas materiales que los creyentes le ofrecieron al apóstol, abrieron una cuenta con él.

  

La Biblia presenta la revelación sobre el sistema bancario celestial. En Mateo 6 el Señor Jesús nos aconseja a que depositemos nuestras riquezas en una cuenta bancaria espiritual. Conforme a Su palabra, debemos efectuar depósitos en nuestra cuenta celestial. Por supuesto, la palabra “cuenta” no aparece en Mateo 6. Aun en este asunto, la revelación bíblica es progresiva. Pero en Filipenses, Pablo usa a propósito la palabra “cuenta”, refiriéndose al sistema bancario celestial.

 

En 4:15 el apóstol declara: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al comienzo del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos”. Este versículo revela que la iglesia en Filipos había sido la única en abrir una cuenta con Pablo. Dicha cuenta incluía dos conceptos, el de dar y el de recibir. Era una cuenta de partida doble, una cuenta con dos columnas, la de dar y la de recibir.

  

Ciertamente, los creyentes filipenses depositaron una gran suma en la cuenta que habían abierto con Pablo. La iglesia en Filipos había abierto una cuenta a fin de proveer para las necesidades del apóstol. La cuenta a la cual Pablo se refirió en el versículo 15, se encontraba segura en el banco celestial. Los filipenses enviaban sus donativos al apóstol, y a cambio recibían la recompensa de Dios.

 

Pablo habla de ello en el versículo 19, cuando dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Por experiencia, el apóstol tenía la convicción y la certeza de que Dios era su Dios, pues era uno con El. Ya que consideraba los donativos materiales de los filipenses como sacrificios ofrecidos a Dios, creía con toda certeza que Dios, quien era uno con él y quien era su Dios, recompensaría ricamente a los filipenses. Cuando los creyentes enviaban su donativo al siervo de Dios, en realidad se lo estaban dando a Dios. Por esta razón, Dios ciertamente los recompensaría. El nunca estaría en deuda con los creyentes. Por consiguiente, se asentaría un crédito y un débito en la cuenta celestial, a favor de los creyentes filipenses.

 

¿Cuál columna cree usted que sería la más larga, la del débito o la del crédito, es decir, la de las dádivas o la de los reembolsos? La de los reembolsos es siempre la más larga. Por ejemplo, es posible que usted dé una ofrenda de diez dólares y que Dios le devuelva a cambio mil dólares, esto es, cien veces más. Por consiguiente, su saldo ahora es de novecientos noventa dólares. Esto indica que, en realidad, el dador no es usted sino Dios. ¿No le atrae la idea de tener una cuenta así? Ninguna cuenta bancaria terrenal se compara con ésta. No obstante, si usted abre tal cuenta con la intención de enriquecerse, es muy probable que Dios no le recompense en esta era, sino que espere a que su avaricia haya sido completamente eliminada. (Estudio-vida de Filipenses, cap. 30, W. Lee, LSM)

 

EL AVIVAMIENTO ACERCA DEL ASPECTO PRÁCTICO DE LA VIDA DE IGLESIA

El mover del Espíritu también fue poderoso en todos los hogares de los santos. Los santos ofrendaban todas sus posesiones a la iglesia. Todas las tardes traían toda clase de ofrendas para la iglesia. Simplemente llevar la contabilidad de todas esas ofrendas requería mucho tiempo. Cada uno venía a la reunión con algo que ofrendar, así que teníamos diferentes grupos para llevar la contabilidad de las diferentes clases de ofrendas. Un grupo, por ejemplo, mantenía un registro de todos los títulos de propiedades que habían sido donadas. Todos aquellos que poseían bienes raíces de alguna clase, traían las escrituras de los mismos y las ofrendaban a la iglesia. En el último día de este avivamiento, todos habían ofrendado literalmente todas las cosas que poseían. Incluso se ofrendaron artículos tales como máquinas de escribir y de coser.

 

Con el tiempo, setenta santos viajaron en barco de Chefoo a Mongolia interior, y emigraron allí para propagar la vida de la iglesia. Ellos dieron a la iglesia todo lo que tenían, y la iglesia asignó cierta cantidad de dinero y cosas materiales para cada uno de ellos, que fuera suficiente para el viaje y para su sustento por tres meses. Nuestra experiencia en aquellos días fue igual que la del comienzo de la vida de iglesia cuando “todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch. 2:44-45).

 

En toda mi vida cristiana jamás he visto un avivamiento como aquél. En ninguno de los hogares se tenía conversaciones livianas ni chismes. Lo único que los santos hablaban era Cristo, la iglesia y la migración que el Señor les había mostrado. En cada casa —los viejos y jóvenes, padres, madres e hijos— fueron conmovidos sin excepción alguna. En ese entonces nos llamábamos a nosotros mismos “las huestes, el ejército, de Jehová”. Tal situación fue el resultado de haber estado nosotros en la práctica de la vida de iglesia. Los santos participaron en los grupos de servicio en la vida de iglesia, y esto causó que se encendieran. Luego vino el avivamiento. (La historia de la iglesia y las iglesias locales, cap. 9, Witness Lee, LSM)

 

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Modificado por última vez enMartes, 21 Noviembre 2017 13:36

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