SERVIR EN COORDINACIÓN Y DE UNA MANERA COMPENETRADA PARA MINISTRAR VIDA (Se compartirá el jueves 07 diciembre 2017 en las reuniones de hogar)

SERVIR EN COORDINACIÓN Y DE UNA MANERA COMPENETRADA PARA MINISTRAR VIDA (Se compartirá el jueves 07 diciembre 2017 en las reuniones de hogar)

SERVIR EN COORDINACIÓN Y DE UNA MANERA COMPENETRADA PARA MINISTRAR VIDA

La iglesia es un organismo y, como tal, lo único que requiere es vida. Por lo tanto, el servicio en la iglesia es principalmente para ministrar vida a otros. Aun el arreglo de las sillas o la limpieza de los baños no constituyen un fin en sí mismos, sino que su propósito es ministrar vida.

Al servir como ujieres o al realizar algún trabajo de oficina, o cualquier aspecto del servicio en la iglesia, debemos hacerlo todo para ministrar vida a los demás. Por supuesto, es bueno hacer las cosas apropiadamente. Si no hacemos las cosas bien puede ser una frustración, sin embargo, eso no significa que hacer las cosas bien equivale a tener el servicio apropiado.

En las organizaciones religiosas y mundanas, basta con hacer las cosas bien; pero en la iglesia lo más importante es el ministerio de vida. Incluso si no podemos hacer las cosas muy bien, pero si por Su misericordia ministramos vida a otros, nuestro servicio será un éxito. Lo principal es ministrar vida a otros. (La manera normal de llevar fruto y de pastorear a fin de edificar la iglesia, págs. 13, 14)

UN AVIVAMIENTO DE LA VIDA INTERIOR

El avivamiento del cual estoy hablando no es el tipo de avivamiento comúnmente conocido en el cristianismo. El avivamiento del cual estoy hablando es la renovación descrita en el Nuevo Testamento. En 2 Corintios 4.16 dice: "Aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día". La renovación aquí es un avivamiento. Cada día necesitamos una renovación, y esta renovación tiene que ser refrescada de día en día.

Lo que necesitamos hoy en día es este tipo de renovación en la vida interior, que está opuesto a una renovación en acciones exteriores o expresión. Dios ha establecido una ley natural, que el sol naciente proporciona un nuevo comienzo y una renovación fresca cada día para todas las cosas, ya sean plantas, animales, o seres humanos. Lo mismo se cumple en nuestra vida cristiana. Cada mañana debemos permitirle al Señor Jesús, nuestro Sol, que se levante en nosotros para que podamos ser renovados. Este es el avivamiento del cual estoy hablando.

Si a diario somos avivados espiritualmente, no habrá necesidad de un avivamiento grande. Realmente, ninguno de los llamados grandes avivamientos fue duradero. Por ejemplo, el gran avivamiento en Gales, a principios del siglo, ya se había acabado en 1933. Todos los avivamientos traídos por varios movimientos espirituales en el pasado fueron transitorios. Este tipo de avivamiento esporádico no es confiable. El avivamiento sólido es el que resulta de la renovación diaria.

Espero que los ancianos y los colaboradores tomen esta palabra de comunión y exhortación para que den todo y den su tiempo a fin de tener contacto con la gente y pastoreada. Esta fue nuestra carencia en el pasado. Ahora debemos recobrar esto. Sólo por medio de esto, la edificación orgánica del Cuerpo de Cristo según Efesios 4:12-16 y las reuniones en mutualidad según 1 Corintios 14:26 podrán ser realizadas y practicadas entre nosotros. Para esto necesitamos un avivamiento diario y ser victoriosos diariamente como base.

También necesitamos una vida y una obra que fluyan del amor del Señor, a fin de mantener nuestra victoria. Si no tenemos una vida avivada ni una labor de pastoreo, no seremos vencedores por mucho tiempo, ni tendremos la manera de mantener nuestra victoria. Lo que nos mantiene en la victoria es una vida y obra de amor para con el Señor. Necesitamos ambos aspectos. (El sonido oportuno de la trompeta y la necesidad actual, págs. 51, 53, 60, W. Lee, LSM

APRENDER A ESTAR INTERESADO EN LAS PERSONAS

Después de que hemos tratado con el Señor exhaustivamente y tomado una carga, tenemos que aprender a estar interesados en las personas. Debido a la caída, muchos entre nosotros no tienen interés por otros. Pensamos que si ellos se van al cielo o al infierno es algo que les concierne a ellos. No nos importa si los demás crecen en vida, y nos parece que preocuparnos por nuestro propio bienestar espiritual ya es suficiente. Sin embargo, el servicio en la iglesia requiere que cada uno de nosotros se involucre con otros.

Debemos interesarnos por el pueblo del Señor…Una hermana adolescente podría orar: "Señor, esta joven aún no es salva. Señor, no tendré paz hasta que ella sea salva. Señor tienes que salvarla aun por causa mía". Es probable que pretendamos ser muy espirituales y digamos: "Señor, esto no es por causa mía". Sin embargo, el Señor dirá: "Debido a que sientes una carga genuina por esa joven, Yo la salvaré por causa tuya". Finalmente, esta hermana verá que esa jovencita será salva.

Quizás después de esto ella diga: "Señor, esta jovencita ya es salva, pero no te ama. Yo jamás podría sentirme satisfecha con eso. Haz algo para que ella te ame, Señor, así como yo te amo". Una vez más esta hermana verá que el Señor contesta su oración. Del mismo modo, la generación de más edad debe tener la carga y orar de la misma manera. Debemos interesarnos por las personas y estar involucrados con ellas. Entonces podemos recibir una carga. Hay muchas personas en la iglesia que necesitan que nosotros las llevemos sobre nuestros hombros y en nuestro pecho para abrazarlos (Éx. 28:9-12, 15-21, 29). Debemos amarlas. Cuando caen, debemos llorar por ellas; cuando se levantan, debemos regocijarnos. Debemos llevarlas como nuestras cargas.

Nuestro servicio no consiste simplemente en acomodar las sillas, limpiar el salón, servir de ujieres ni hacer trabajos administrativos. Todos estos servicios son temporales y son el medio, el instrumento o los canales que usamos para cuidar a las personas. Todos debemos acudir al Señor para orar y recibir esta carga. (La manera normal de llevar fruto y de pastorear a fin de edificar la iglesia, págs. 18, 19-20)

En 1 Tesalonicenses 2:7 dice: "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos". Cuidar con ternura no significa simplemente realizar un trabajo o llevar a cabo un negocio; más bien, significa cuidar de una persona viva. El versículo 11 dice: "Así como también sabéis que hemos sido para cada uno de vosotros como un padre para sus hijos, exhortándoos y consolándoos y dando testimonio". Pablo alimentó a los tesalonicenses como una madre y los exhortó como un padre. Él tenía interés en las personas. Si no tenemos interés en las personas, ponemos fin a nuestro servicio en la iglesia, pues no seríamos aptos para servir.

Estrictamente hablando, no nos importa el mantenimiento de las sillas. Lo que nos importa es mantener a las personas. El cuidado que tengamos por las sillas no entrará en la Nueva Jerusalén, pero el cuidado que les brindemos a las personas permanecerá para siempre. Me temo que muchos de nosotros en el servicio de la iglesia nos preocupemos únicamente por el aspecto práctico del servicio, y no por las personas mismas. Necesitamos la misericordia del Señor para ejercitar apropiadamente nuestro corazón. Ésta es una gran prueba para nosotros.

Algunos de nosotros hemos nacido de tal forma, que no nos interesan los demás. Ésta es nuestra manera de ser natural. Pero, ¡Aleluya, hemos renacido de otra forma! La manera de ser de nuestro nuevo nacimiento sacrifica nuestro yo, nuestra alma e incluso nuestra propia vida a fin de cuidar de otros.

Pablo era esta clase de persona. El siempre gastaba y se gastaba; estaba en serio con el Señor. El no estaba en la tierra para nada más que para ganar personas. Por tanto, también expresó: "Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho todo, para que de todos modos salve a algunos" (1 Co. 9:22).

Algunas personas que están en la vida de iglesia son muy fuertes en su manera de ser como para ser accesibles a otros; parece que nadie puede hacer que sean moldeados. Sin embargo, Pablo parecía que no tenía su propia manera de ser. El era simplemente como un pedazo de madera al cual se le podía labrar de cualquier forma. Debido a que el Señor había tratado por completo su modo de ser, era suave, maleable, flexible y adaptable a cualquier situación.

TRATAR CON NUESTRA MANERA DE SER NATURAL A FIN DE LLEGAR A SER PERSONAS FLEXIBLES AL CUIDAR A OTROS

Todos seremos probados por la vida de iglesia, por medio de llevar fruto y por medio de apacentar a los corderos, pues estas tres cosas aniquilan nuestra manera de ser natural. La vida de iglesia sirve para aniquilar no las cosas buenas, sino principalmente nuestra manera de ser. De la misma manera, llevar fruto y apacentar a los corderos hace que seamos aniquilados. Ellas son como "cuchillos" que aniquilan nuestra manera de ser. Pasar por estas tres pruebas hace que lleguemos a ser apropiados, ya que después de pasar por tales pruebas llegamos a ser personas que han tomado medidas con respecto a nuestra manera de ser natural. Entonces seremos personas flexibles.

Cuidar de niños pequeños requiere de mucha flexibilidad. Cualquier madre que no sea flexible no debe esperar que sus hijos sean buenos. Todos sus hijos serán perjudicados por su inflexibilidad. A fin de llevar fruto entre nuestros parientes políticos, primos y compañeros de escuela, requiere que seamos personas flexibles. No debemos decir que es inconveniente o que no tenemos tiempo. Tener tiempo depende de nuestro deseo.

Podríamos ilustrar esto con la necesidad de responder a nuestra correspondencia. En los primeros años de mi labor, con frecuencia tenía que disculparme con la gente por no haberles respondido antes, diciéndoles que había estado muy ocupado. Sin embargo, algo en mi interior me condenaba, diciendo: "No es porque estabas demasiado ocupado sino porque no tenías deseo de hacerlo".

Todos estamos ocupados. Incluso una hermana que no tiene esposo ni hijos ni trabajo ni está en la escuela puede estar muy ocupada todos los días. Ella podría decirles a las personas que no tiene tiempo para esto o aquello. Esto se debe por completo a la inflexibilidad de nuestra manera de ser. Si no somos personas flexibles, no podemos llevar fruto. A fin de llevar fruto, tenemos que ser personas flexibles, que están disponibles todo el tiempo y que jamás dicen que están demasiado ocupadas.

Siempre debemos tener tiempo para conversar con las personas. Si esperamos hasta tener tiempo para ayudar otros a ser salvos, tal vez tengamos que esperar por los siglos de los siglos. Todos hemos sido engañados en este respecto. Hemos dicho: "Esta semana estoy demasiado ocupado déjenme ver cómo me irá la semana que viene", pero la siguiente semana estamos más ocupados y tenemos aún más cosas que hacer. La siguiente semana será peor todavía y nunca estamos libres. Estar ocupados o estar disponibles es un asunto de nuestra manera de ser. Por tanto, primero necesitamos tratar con el Señor de forma cabal y después debemos llegar a ser personas disponibles, flexibles y que han tomado medidas exhaustivas con respecto a su manera de ser. (págs. 72-73)

LA COORDINACIÓN HACE QUE NUESTRO YO SE MANIFIESTE

Al aprender a servir al Señor, muchos han tenido la experiencia que apenas fueron puestos en la coordinación, su condición quedó al descubierto. Cuando estaban orando en su casa, leyendo la Palabra, o buscando al Señor, ellos no tenían mucho sentir acerca de su propia condición. Cuando salían solos a predicar el evangelio tampoco estaban muy conscientes de su condición. Sin embargo, una vez que comenzaron a servir junto con los santos, su yo inmediatamente se manifestó, especialmente en sus opiniones, debido a que las opiniones son el mejor representante del yo de una persona.

LA COORDINACIÓN NO ES PRINCIPALMENTE PARA HACER LO CORRECTO O INCORRECTO, SINO PARA TOMAR MEDIDAS CON NUESTRO YO Y NUESTRO INDIVIDUALISMO

Vamos a suponer que cinco de nosotros estamos sirviendo en coordinación para desempolvar las sillas y repentinamente yo sugiero que volquemos las sillas y las pongamos patas arriba. ¿Cómo reaccionaría? Esto sería una prueba para usted. De inmediato sus opiniones y sus pensamientos se levantarán dentro de usted. Tenemos que darnos cuenta de que lo más importante en el servicio de la iglesia no es que hagamos las tareas con éxito; más bien, lo importante al servir juntos en coordinación es cuánto de nuestra carne, nuestro modo de ser y nuestro individualismo son aniquilados.

Cuando nosotros los que servimos al Señor estamos coordinando juntos, lo principal es que nuestra carne y nuestro modo de ser sean aniquilados. El énfasis de nuestro servicio en coordinación no radica en que algo esté correcto o incorrecto ni en que la razón detrás del asunto sea correcta o incorrecta. Más bien, el énfasis radica en si nuestra persona es correcta y en si la vida es correcta.

La mayor razón por la que el servicio de la iglesia no es fuerte y no tiene mucha bendición es que carece de la realidad de la coordinación. Nuestra coordinación en el servicio tiene que ser tan real que sobrepase la organización humana y que sea tan orgánica como el cuerpo humano (Being Apt to Teach and Holding the Mystery of the Faith, págs. 44, 45-46, 47, W. Lee, LSM)

NO TENER UN SENTIR POR LA COORDINACIÓN

Otro problema entre nosotros es que aunque los servidores son capaces, ellos no tienen un sentir para la coordinación en sus espíritus cuando se reúnen para servir. Parece que cada uno pueda servir sin los demás. Por consiguiente, pocos entre nosotros tienen el espíritu de un aprendiz y el espíritu de necesitar ayuda. Los que verdaderamente coordinan en espíritu deben tener un sentir fuerte de que no pueden hacer nada sin la ayuda y la coordinación de los otros. Nuestra condición al presente es de formalidad. Todos hacen su parte sin necesitar de nadie más. Tal vez no discutamos, pero no hay mucha interdependencia en espíritu. Esto muestra que nuestro espíritu de servicio no es apropiado.

Aquellos que no necesitan coordinar están secos, carecen de bendición y son inútiles. El hecho de que seamos inteligentes, capaces y que no necesitemos la ayuda de otros es un gran peligro. Esta es una situación triste y lamentable. Lo temible de esta situación es que está oculta y no es aparente. Se puede comparar esta situación con la lepra. Si se manifiesta, es más fácil de tratarla.

LA FALTA DE COORDINACIÓN PRODUCE CRÍTICAS

Si carecemos de la coordinación con otros, siempre criticaremos lo que están haciendo. Aunque no lo expresemos, estamos llenos de críticas y no aprobarnos lo que otros hacen. Tales personas son estrechas y dan lástima. En nuestro servicio, no debemos esperar que otros sean como nosotros, ni debemos esperar que nosotros seamos como los demás. Sin embargo, debido a que carecemos de la coordinación en nuestro servicio y no confiamos ni dependemos mutuamente unos de otros, a menudo pisoteamos a otros. Nosotros, o no caminamos o cuando caminamos, pisoteamos a otros. O no hacemos el trabajo o hacemos el trabajo de otros. O no nos preocupamos o criticamos el trabajo de otros.

Cuando cierto asunto está en las manos de otros, no somos capaces de hacer algo, pero cuando nos llega la oportunidad, lo hacemos a nuestra manera y desechamos la ayuda de otros. Aunque esta condición no es aparente entre nosotros, lo será en el futuro, porque no estamos dispuestos a someternos a otros. Esta es una manera insensata. (The Administration of the Church and the Ministry of the Word, págs. 25-27, W. Lee, LSM)

DIOS COMPENETRÓ EL CUERPO

Dios ha compenetrado el Cuerpo (1 Co. 12:24). La palabra compenetrado también significa enmendó, armonizó, templó y mezcló. La palabra griega traducida "compenetrado" implica que se perdieron las distinciones. La distinción de cierto hermano tal vez sea su rapidez, y la de otro quizás sea su lentitud. Pero en la vida del Cuerpo la lentitud desaparece, y se elimina la rapidez. Todas estas distinciones desaparecen.

Dios ha compenetrado a todos los creyentes de todas las diferentes razas y colores. ¿Quién puede hacer que los negros y los blancos pierdan sus distinciones? Sólo Dios puede hacer esto. Un esposo y una esposa pueden tener armonía en su vida matrimonial sólo al perder sus distinciones. Para ser armonizados, compenetrados, enmendados, mezclados y templados en la vida del Cuerpo, tenemos que pasar por la cruz y vivir por el Espíritu, impartiendo a Cristo en los demás por el bien del Cuerpo de Cristo. (La esfera divina y mística, págs. 90-93, W. Lee, LSM)  

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Modificado por última vez enJueves, 07 Diciembre 2017 09:25

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