LA PERSONA, EL VIVIR Y LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES Y EDIFICAR UNA OBRA PREVALECIENTE CON LOS NIÑOS EN LA IGLESIA (Se compartirá el jueves 30 de noviembre 2017 en las reuniones de hogar)

LA PERSONA, EL VIVIR Y LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES Y EDIFICAR UNA OBRA PREVALECIENTE CON LOS NIÑOS EN LA IGLESIA (Se compartirá el jueves 30 de noviembre 2017 en las reuniones de hogar)

LA PERSONA, EL VIVIR Y LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES Y EDIFICAR UNA OBRA PREVALECIENTE CON LOS NIÑOS EN LA IGLESIA

En Gálatas 5:25 Pablo habla de andar por el Espíritu, y en 6:8 habla de sembrar para el Espíritu. En realidad, andar por el Espíritu es sembrar para el Espíritu. Siempre que andamos por el Espíritu, sembramos para el Espíritu. Al sembrar para el Espíritu, a la larga segamos vida eterna. El hecho de que podamos sembrar ya sea para la carne o para el Espíritu y así segar corrupción o vida eterna, debe animarnos a tener cuidado con lo que digamos o hagamos. Démonos cuenta de que todo lo relacionado con nuestra vida diaria es una siembra, ya sea para la carne o para el Espíritu.

Todo lo que hacemos es una especie de siembra, ya sea para la carne o para el Espíritu. Donde quiera que estemos y cualquier cosa que hagamos, estamos sembrando semillas. Uno siembra en el trabajo y también en la escuela. Los ancianos siembran mientras cuidan de la iglesia y los que ministran la Palabra siembran al ministrar. Marido y mujer constantemente siembran en su matrimonio y los padres de familia siembran en su vida familiar. Todo lo que los padres les dicen a sus hijos y todo lo que hacen con ellos, es una semilla sembrada en ellos. Día a día todos estamos sembrando. La vida cristiana es una vida en la que siempre se siembra. Además, el lugar donde vivimos o trabajamos es nuestra granja.

Uno siembra hasta por la manera de vestirse o de peinarse. Virtualmente todo lo que uno hace es un acto de sembrar. Es muy importante que nos demos cuenta de que el andar cristiano debe ser un andar por el Espíritu y una vida de sembrar para el Espíritu. En nuestra experiencia, la carne debe ser crucificada. Pablo dice en Gálatas 5:24: "Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos". Ya no debemos andar conforme a la carne.

Al hablarles a sus hijos, es necesario que los padres de familia estén en el Espíritu, de lo contrario, lo que ellos digan será una siembra para la carne. Hasta la expresión de una actitud puede ser sembrar conforme la carne. Por otro lado, podemos expresar nuestra actitud sembrando para el Espíritu.

¿Tiene usted la seguridad de que la expresión de una opinión suya es conforme al Espíritu? De no ser así, tenga cuidado, no sea que esté usted sembrando para la carne. Si todos sembráramos para el Espíritu día tras día, muchos problemas serían eliminados. Los problemas de la vida de iglesia y de la vida familiar disminuirían. La mayoría de los problemas provienen de sembrar para la carne.

Las semillas son pequeñas. ¿Ha visto usted a un agricultor sembrar una semilla de unos 30 cm de diámetro? Nunca, pues las semillas que un agricultor siembra son pequeñas. Lo mismo es cierto tocante a nuestra siembra. Tal vez pensemos que algunas cosas son insignificantes —un pequeño chisme, una pequeña crítica— pero son semillas sembradas en otros. ¿Alguna vez se ha preguntado cuántas semillas ha sembrado en otros, semillas que no son conforme al Espíritu, sino conforme a la carne?

En la vida de iglesia constantemente estamos sembrando semillas diminutas. Sin duda alguna sembramos para la carne cuando criticamos, disputamos o condenamos. Como principio, todo lo que decimos o hacemos es una semilla sembrada para la carne o Espíritu. La palabra "sembrar" en realidad equivale a vivir. Tener cuidado de cómo sembramos es tener cuidado de cómo vivimos. Repito, sembrar produce un resultado. Esta es la razón de que Pablo nos advirtiera que tuviéramos cuidado de cómo sembramos. (Estudio-vida de Gálatas, págs. 266-269, 323, W. Lee, LSM)

RECIBIR UNA RECOMPENSA

En 1 Tesalonicenses 2:19:20 Pablo indica que aquellos que colaboren con el Señor en fomentar el crecimiento de los nuevos creyentes y en ayudarles a andar como es digno de Dios, recibirán una recompensa. Esta recompensa serán los mismos creyentes a quienes hemos ayudado a crecer, y quienes vendrán a ser nuestra corona, gloria y gozo. ¡Qué gloria sería para cualquier obrero cristiano, que aquellos a quienes él cuidó hubieran madurado a la venida del Señor! ¡Esto ciertamente sería una corona y gloria para él! En cambio, cuán profunda sería la vergüenza si ninguno de los creyentes hubiese crecido y madurado.

Muchos de nosotros estamos cuidando de los creyentes jóvenes. El resultado de nuestra obra debe ser que estos creyentes lleguen a la madurez. Si maduran adecuadamente, ellos estarán en el reino y participarán de la gloria de Dios. Esta madurez entonces se convertirá en nuestra corona, gozo y gloria ante el Señor Jesús en Su venida. Sin embargo, supongamos que nos dedicamos al cuidado de nuevos creyentes, pero sin obtener ningún resultado. En tal caso, a la venida del Señor no veremos ningún fruto de nuestra labor. ¡Cuán vergonzoso sería esto!

Cuando venga el Señor Jesús, el resultado de nuestra obra será manifiesto. Ese resultado será también nuestra recompensa, nuestra corona, nuestro gozo. Este mismo principio lo vemos en 1 Pedro 5:4. Allí Pedro dice que los ancianos serán recompensados con una corona de gloria. Sin embargo, esta recompensa dependerá del resultado de su labor como ancianos. Si como resultado de la labor los santos maduran, esa madurez será una corona de gloria para los ancianos.

En 1 Tesalonicenses cap.2 encontramos sanas palabras para todos nosotros. En este capítulo aprendemos cómo servir a los creyentes jóvenes y a los nuevos recién convertidos a fin de que ellos reciban el cuidado tierno que fomenta su crecimiento y madurez y así haya un fruto positivo de nuestra labor a la venida del Señor. Este fruto será entonces nuestra corona y gloria, es decir la recompensa que recibiremos por nuestra labor hoy. (Estudio-vida de 1 y 2 de Tesalonicenses, págs. 107-109, 114-117)

En los versículos del 1 al 12 vemos el cuidado de una madre que amamanta y de un padre que exhorta, y en los versículos del 13 al 20 vemos la recompensa dada a aquellos que fomentan a los creyentes de esta manera. Ya que los apóstoles brindaron tal cuidado a los nuevos creyentes, al final ellos recibirán una recompensa de parte del Señor. (pág. 96)

ESPERANZA, GOZO Y CORONA

En los versículos 19 y 20 Pablo concluye, diciendo: "Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que nos gloriemos delante de nuestro Señor Jesús, en Su venida? ¿No lo sois vosotros? Pues vosotros sois nuestra gloria y gozo". La palabra griega traducida "venida" en el versículo 19 es parusía, una palabra que significa presencia. La venida del Señor es Su presencia. El versículo 20 indica que puesto que los apóstoles eran para los creyentes, nodrizas y padres que exhortan (vs. 7, 11) los creyentes, como hijos de los apóstoles, eran su gloria y gozo. Sin ellos, los apóstoles no tenían esperanza, gloria ni corona de qué gloriarse.

Una vez más Pablo se mostró muy emotivo al cuidar de sus hijos Él ciertamente era un padre que exhortaba a sus hijos. Como tal, él parecía decirles: "Hijos, estamos aquí únicamente por causa de vosotros. Sin vosotros, nuestra existencia sería vana. Aún más, de no ser por vosotros, ni siquiera querríamos vivir". Cuando los padres hablan de esta manera a sus hijos les conmueven profundamente el corazón. (Estudio-vida de 1 y 2 de Tesalonicenses, págs. 114-115)

EDIFICAR UNA OBRA PREVALECIENTE CON LOS NIÑOS

Esperamos que la obra con los niños entre nosotros sea muy prevaleciente. Por lo tanto, debemos tener el entendimiento y la preparación adecuados para este trabajo. Cuando hablamos de la obra con los niños, nos referirnos a los niños que no se han graduado de la escuela primaria, pero que tienen más de cinco años de edad. Éstos son el objeto de nuestra obra con los niños.

Para dar un mensaje a los jóvenes o a los estudiantes universitarios, sabemos que debemos estar bien preparados. Pero, es posible que algunos piensen que es fácil cuidar a los niños entre las edades de cinco y doce años sencillamente dándoles un dulce. Sin embargo, tratar a los niños de esta manera no dará buenos resultados. Según mi observación, lo más difícil es hacer un trabajo eficiente en la obra con los niños. (The Collected Works of Witness Lee, 1967, t. 1, pág. 311)

ABRIR LOS HOGARES PARA LAS REUNIONES CON LOS NIÑOS

Los santos deben abrir sus hogares para las reuniones con los niños. Una vez la obra con los niños se lleve a cabo bien, calculo que habrá trescientos grupos de veinticinco a treinta niños en cada grupo. Esto es alrededor de diez mil niños. Esto significa que necesitaremos varios cientos de lugares para tener las reuniones con los niños. Necesitamos que muchos hermanos y hermanas abran sus hogares. Sería bueno tener trescientos lugares para reuniones con los niños cada día del Señor. ¡Cuán hermoso será este servicio! ¡Y cuánto la obra del Señor se propagará! (págs. 305-306)

TODA LA IGLESIA DEBE ESFORZARSE EN LA OBRA CON LOS NIÑOS

Los hermanos responsables y los colaboradores de cada lugar deben ver la importancia de la obra con los niños. ¿Cómo puede una familia no cuidar de sus hijos? Esto debe ser un asunto de gran importancia para nosotros. Ninguna familia menospreciaría a sus niños; la prioridad de una familia es cuidar de sus niños, criarlos y enseñarles. Por ende, tenemos que servir a los muchos niños en la familia de Dios.

Los colaboradores no necesitan estar involucrados personalmente en la obra con los niños. Pero pueden reunirse con las hermanas que toman la delantera en el servicio en una localidad y confiarles la carga de la obra con los niños, y ellos pueden animarlas. Ellos tienen que guiar a la iglesia a que reciba la carga de la obra con los niños. La iglesia debe concentrar sus esfuerzos en esta obra. (pág. 314)

En el pasado descuidábamos la obra con los niños, los jóvenes y las hermanas. Ahora debemos concentrar nuestros esfuerzos en los niños, los jóvenes y las hermanas. Más aún, los mensajes que damos deben ministrar a Cristo como el Espíritu de una manera sencilla y directa. (pág. 270)

Las hermanas deben recibir la carga de la obra con los niños. Siguiendo el arreglo que ha hecho la iglesia y la dirección de los ancianos, ellas deben concentrarse en la obra con los niños y guiar a todas las hermanas a participar en ella. Debido a que los ancianos están muy ocupados para cuidar de los detalles, en lugar de esperar por los ancianos, las hermanas deben orar mucho y hacer planes. Luego, pueden presentar sus planes en cuanto a la obra con los niños a los ancianos para que ellos los aprueben. Esto es similar a lo que sucede en una familia cuando el esposo está muy ocupado con su trabajo y no puede cuidar de todos los pormenores de la casa. La esposa entonces puede hacer los planes y hacer las cosas con el consentimiento del esposo. De esta manera, la esposa no hace las cosas independientemente, pero sí podrá cuidar de los pormenores de la casa a tiempo. (pág. 314)

SER PERSISTENTES EN LA CARGA POR LOS NIÑOS

Mi carga en este capítulo es encender un fuego en las hermanas. Las hermanas en la iglesia deben ser persistentes al promover la carga por los niños. Por un lado, ellas no deben dejar a los hermanos tranquilos; por otro lado, ellas deben aprender a no asumir la delantera, sino estar llenas de paciencia y saber cuándo deben proceder y cuándo deben esperar.

Las hermanas deben tener comunión en cuanto a la manera de llevar a cabo la obra con los niños. Por ejemplo, ellas pueden determinar cuántas hermanas están disponibles para estar con los niños, cuántas hermanas jóvenes pueden enseñar a los niños, cuántos niños pueden venir y aun traer a otros niños a las reuniones. Una vez que tengan una idea general de cuál es la situación, las hermanas se deben reunir con los ancianos y dejarles saber acerca de las necesidades que hay en la obra con los niños. Esto activará la obra entre los niños. Aunque las hermanas no deben asumir la delantera ni encabezar nada, deben ser persistentes para que los hermanos que toman la delantera puedan promover este asunto.

Si los ancianos no aprueban cierta parte del arreglo, las hermanas deben dejarlo. Las hermanas no deben hacer nada que los ancianos no hayan aprobado. Esta clase de comunión y coordinación resultará en que los ancianos tendrán más carga por la obra con los niños. (págs. 341-342)

LAS HERMANAS DEBEN LLEVAR LOS NIÑOS A LAS REUNIONES

Las hermanas también deben traer a los niños a las reuniones. Si una hermana no puede traer a diez niños, por lo menos puede traer a cinco. Cada semana, las hermanas deben considerar cómo traer los niños a la reunión. Si el lugar de reunión no es adecuado, ellas pueden abrir sus hogares. Las hermanas son como nodrizas que cuidan de los niños y oran por ellos Después de la reunión, las hermanas tienen que llevar a los niños a sus respectivos hogares. Todas las hermanas deben entregarse a este servicio.

ENTRENAR A LAS HERMANAS JÓVENES PARA QUE SEAN MAESTRAS

Debemos usar a las hermanas jóvenes para tomar la delantera en las reuniones de los niños. Otras dos o tres hermanas pueden ayudar enseñándoles a los niños a cantar. La iglesia debe entrenar a los maestros a fin de que las hermanas jóvenes aprendan a enseñar y a dirigir a los niños. Algunos hermanos también deben recopilar y escribir material para las reuniones de los niños. Ellos deben preparar el material para el grupo de los niños más pequeños, para el grupo de niños en los grados intermedios y para los niños más grandes. (pág. 305)

Si llevamos a los pequeños como fruto, el Señor los añadirá a nuestra cuenta. Sólo la eternidad revelará el resultado de esto. Tal vez, de un grupo de niños a quienes cuidamos, alguno llegarán a ser apóstoles. Por lo tanto, animo a las hermanas a que hagan esta buena obra. Todas las amas de casa pueden traer a los niños a las reuniones, y las hermanas más jóvenes pueden ser entrenadas para cooperar con ellas a fin de llevar a estos pequeños como fruto. (pág. 550)

MADRES EN LA VIDA DE IGLESIA

A fin de tener la vida de iglesia práctica a lo máximo, debe haber algunas hermanas verdaderas y algunas madres verdaderas en las iglesias locales. Siempre y cuando entre nosotros haya una escasez de hermanas como Febe, la vida de iglesia no será práctica. Sin embargo, el servicio de esta hermana se menciona al comienzo de Romanos 16:1. Cuando la vida de iglesia práctica llegue a la cumbre, en cada iglesia debe haber algunas madres verdaderas.  (The Loving Mothers in the Church Life, págs. 7-8, 160)

Después que los niños salen de la escuela, los santos mayores podrían abrir sus hogares y preparar alguna merienda para recibir a los niños. Luego pueden cantar con los niños, contarles historias, y guiarlos a conocer a Dios. Cada uno de nosotros puede hacer estas tres cosas: orar cada día, unirse a las reuniones de grupo pequeño e ir a tocar puertas y tener reuniones de hogar cada semana. (Being Up-to-Date for the Rebuilding of the Temple, págs. 46-47, W. Lee, LSM)

Cuando toda la iglesia es movilizada de esta manera, todos los hermanos y hermanas tendrán la oportunidad de servir; algunos pueden abrir sus hogares, otros pueden traer los niños a las reuniones incluso otros pueden enseñarles a los niños. Cuando todos los santos se esfuercen en unanimidad por llevar a cabo el deseo del corazón del Señor, el beneficio será inmensurable. Esto causará la impresión en los niños de que nosotros somos para el Señor y los cuidamos sin compensación alguna.

Los que abren sus hogares no piden dinero, los que enseñan no piden dinero, y los que transportan a los niños no piden dinero. En lugar de pedir dinero, los santos gastan su propio dinero para pagar por los gastos de llevar a cabo la obra con los niños. Como resultado, todos estarán llenos de gozo. La manera como conducimos la reunión de niños impresionará a los niños profundamente desde su juventud. Ellos verán a personas que viven por Cristo y que se sacrifican por Cristo, sin preocuparse por sí mismos. Este será el beneficio máximo. Además, el impacto influirá inconscientemente en los familiares de los niños de tal manera que será fácil invitarlos a la reunión del evangelio. Por ende, la obra con los niños es un servicio principal.

Debemos tomar acción inmediatamente; todas las iglesias deben animar a los santos en esto, y nosotros debemos orar por ello. Todos los santos quieren que sus hijos reciban ayuda espiritual; incluso los santos inactivos quieren que sus hijos reciban guía espiritual. Una vez que comencemos esta obra, los santos responderán. Esto resultará en múltiples beneficios; la ganancia no se puede subestimar. (The Collected Works of Witness Lee, 1967, t. 1, pág. 306, 327) 

  

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