LA VISIÓN Y LA IMPORTANCIA DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN EN EL RECOBRO DEL SEÑOR (Parte 2) (Se compartirá el viernes 06 de octubre 2017 en las reuniones de hogar)

LA VISIÓN Y LA IMPORTANCIA DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN EN EL RECOBRO DEL SEÑOR (Parte 2) (Se compartirá el viernes 06 de octubre 2017 en las reuniones de hogar)

LA VISIÓN Y LA IMPORTANCIA DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN EN EL RECOBRO DEL SEÑOR (Parte 2)

EL FUTURO DE LA OBRA DEL SEÑOR DEPENDE POR COMPLETO DE LOS JÓVENES

Si leemos toda la Biblia cuidadosamente, descubriremos un hecho palpable: que no es fácil encontrar un caso en el cual Dios haya llamado a un anciano para que hiciera algo nuevo o de gran trascendencia. Esto quizás desanime a los hermanos y hermanas mayores, pero es un hecho innegable. En realidad no encontrarnos ni una sola ocasión en que Dios llamara a una persona de edad avanzada para que hiciera algo nuevo. Aparentemente, Moisés recibió el llamamiento de Dios cuando tenía ochenta años, pero al leer la Biblia minuciosamente nos daremos cuenta de que en realidad Moisés no recibió el llamamiento de Dios por primera vez a la edad de ochenta año: sino que el llamamiento de Dios ya había comenzado en él desde joven.

Si seguimos leyendo, sea de Josué, de Caleb, de Samuel o de David en el Antiguo Testamento, o de los doce discípulos que el Señor Jesús llamó, ninguno de ellos, cuando el Señor lo ganó por primera vez, era de edad avanzada. De hecho, es difícil encontrar un buen ejemplo que muestre que Dios llamara a un hombre de edad avanzada para que emprendiera algo nuevo e importante. Esto es verdad, no sólo en la Biblia, sino en toda la historia de la iglesia. Podríamos decir que casi todos aquellos que Dios usó para comenzar algo nuevo, o que El escogió para cambiar la era, eran jóvenes.

Además, en la Biblia, casi toda obra a la cual Dios llamó a personas jóvenes, era una obra que cambió la era. Dios llamó a Moisés para cambiar una era, y llamó a Josué para cambiar otra era. Obviamente, el llamamiento que Samuel recibió cambió la era. Los profetas, el sacerdocio y el reinado dependían del joven Samuel. Él fue uno de los que verdaderamente cambió la era. Además, podemos ver que Daniel y sus tres amigos eran jóvenes entre los cautivos. Por medio de ellos Dios cambió esa era del cautiverio

Luego, en el Nuevo Testamento, el primero que surgió fue Juan el Bautista. Sabemos que él era un joven llamado por el Señor, pues Dios lo usó en aquella época para cambiar la era. Más adelante, podemos ver a Pablo, un apóstol especialmente usado por Dios. La Biblia dice que él era joven cuando el Señor lo visitó (Hch. 7:58). Todos reconocemos que Pablo fue un hombre que cambió la era. (Cómo guiar a los jóvenes, págs. 3-6, W. Lee, LSM)

Todos los que se encontraban en la etapa inicial del recobro que el Señor hizo de la vida apropiada de iglesia, hace más de cincuenta años, eran jóvenes de unos veinte años. Muy pocos entre ellos tenían más de veinticinco años de edad. La mayoría estaba en la escuela preparatoria o en los primeros años de universidad. (Pláticas con los jóvenes, pág. 8, W. Lee, LSM)

No me atrevería a exagerar en cuanto a esto, pero mi sentir es que la obra que el Señor comenzó entre nosotros en el Oriente hace treinta años, también contenía en gran manera el elemento y la naturaleza de una obra que cambia la era. En ese tiempo, dedicábamos el setenta y ochenta por ciento de nuestros esfuerzos en los jóvenes. En esos dos o tres años, el Señor bendijo ricamente la obra realizada entre los estudiantes universitarios. Él ganó a muchos jóvenes. Espero que con sólo decir esto, los hermanos y hermanas vean la importancia de la obra con los jóvenes. Esto debe crear en nosotros un corazón para apreciar a los hermanos y hermanas jóvenes. (Cómo guiar a los jóvenes, págs. 6, 11-13, W. Lee, LSM)

AYUDAR A LOS CREYENTES JÓVENES

Debemos prestar una atención particular a los jóvenes en nuestra obra en cada localidad. Hoy las organizaciones y filosofías satánicas prestan una atención particular en los jóvenes. ¿No podemos inferir que Dios también les presta atención a los jóvenes? Esto no significa que las almas de las personas mayores no son preciosas a los ojos de Dios, pero sí significa que por causa de la obra de Dios y por el futuro del evangelio, hay más esperanza con los jóvenes. Nuestra obra de evangelio debe poner un énfasis especial en los estudiantes de las escuelas preparatorias y universidades. Debemos emplear y derramar nuestro todo para salvar, cultivar, edificar y guiar a estos jóvenes. (The Collected Works of Watchman Nee, t. 55, pág. 49, LSM)

Los que fueron aptos y listos para tomar la buena tierra, con la excepción de Josué y Caleb, eran todos jóvenes, la segunda generación. Los mayores, los de la primera generación, habían pasado por muchas cosas y habían aprendido muchas lecciones. Sin embargo, ellos no eran aptos para entrar a la tierra. Las lecciones que aprendió la primera generación seguramente llegaron a ser parte de la herencia pasada a la segunda generación. Sus hijos ciertamente heredaron de sus padres todas las lecciones que ellos aprendieron durante los cuarenta años en el desierto. Los más jóvenes, por nacimiento, fueron puestos en una posición de heredar la tradición de su familia y todo lo que sus padres habían experimentado. Creo que los padres les hablaron a sus hijos acerca de sus experiencias en Egipto, en el éxodo de Egipto y en el desierto.

Sin duda, los padres hablaron acerca de cómo fueron cruelmente tratados como esclavos en Egipto, acerca de cómo Dios en Su misericordia envió a Moisés a librarlos de la esclavitud, de cómo ellos guardaron la pascua el día catorce del mes segundo, y acerca de cómo ellos salieron marchando de Egipto y cruzaron el mar Rojo. Los padres tuvieron que haberles explicado a sus hijos que Dios los alimentó con maná y les suplió con el agua que procedió de la roca herida.

Ellos también tuvieron que haberles explicado que aunque ellos sintieron que el maná era detestable, aun así lo apreciaron. La gente no cosechó, pero por cuarenta años recibieron diariamente el suministro celestial de maná. Aún más, los más jóvenes aprendieron acerca de Moisés y acerca de la gran ayuda que él le dio al pueblo de Israel. Al propio Moisés no se le permitió entrar a la buena tierra, pero él aportó muchos factores constructivos al pueblo de Dios. La segunda generación no pasó a través de tantas cosas como lo hizo la primera generación, pero ellos recibieron el beneficio de lo que experimentó la primera generación.

Creo que la generación mayor le contó a la menor acerca de lo que ellos experimentaron, disfrutaron y sufrieron. Este tipo de hablar fue parte de la crianza, o edificación, de la segunda generación. Lo que experimentó la primera generación no fue en vano porque se lo pasó a la segunda. Lo que experimentaron los mayores en realidad no fue eficaz para ellos, sino que fue muy efectivo en edificar a los más jóvenes. Por lo tanto, Dios pudo preparar a más de seiscientos mil hombres de la segunda generación con una rica herencia y un fuerte trasfondo que eran aptos para formar un ejército a fin de pelear junto con Él y para Él.

El recobro ha estado en los Estados Unidos por veintisiete años y ha pasado por muchas cosas. ¿Piensan ustedes que todas estas cosas han sido en vano? Éstas ciertamente no han sido en vano. Estas cosas las están pasando a los más jóvenes en el recobro del Señor, y serán muy efectivas en edificarlos y prepararlos para pelear junto con Dios y para Dios. Los más jóvenes en el recobro del Señor, tienen una rica herencia. Ya que esta herencia se le está pasando a los más jóvenes e incluso está siendo constituida en ellos, tengo la plena certeza de que cuando venga una prueba adicional, habrá un resultado muy positivo. (Life-study of Numbers, págs. 368-369, W. Lee, LSM)

EL GUIAR EN EL CUERPO ACORTA LA JORNADA INDIVIDUAL

Hay una sólida relación entre la jornada espiritual de una persona y el guiar del Espíritu Santo. ¿Por qué se necesita el guiar del Cuerpo? Porque la guía que el Cuerpo nos da puede acortar la jornada espiritual individual. Si un hermano se vale por sí solo, tendría que tropezar por diez años antes de encontrar algo. Pero ahora a través del Cuerpo él puede adquirir lo mismo en una sola noche. Si ese hermano toma el juicio que da el Cuerpo ahorrará mucho tiempo. El uso de la autoridad en la iglesia es con el propósito de disminuir los errores y acortar las jornadas. (Messages Given During the Resumption of Watchman Nee's Ministry, t. 2, pág. 334, Witness Lee, LSM)

Si no hay un grupo de jóvenes que son salvos y que reciben hoy la apropiada ayuda espiritual, ¿cómo podrán ganar la experiencia para ser usados por el Señor en el futuro? Si hoy no hay jóvenes ganados por el Señor, después que nosotros partamos para ir con el Señor, no habrá sucesores. Entonces existirá una brecha. Tenemos que ganar a los jóvenes en la iglesia y en la obra del Señor. Todo el que obra para el Señor con comprensión necesita prestar atención a este asunto. Si lo ve, tendrá en su corazón la carga de amar a los jóvenes sin importar si son buenos o malos. Tener a un joven que no es muy agradable es mejor que no tener a ninguno. Ojalá que todos los hermanos y hermanas amen a los jóvenes por causa del futuro de la iglesia y de la obra del Señor. (Cómo guiar a los jóvenes, págs. 10, 15, W. Lee, LSM)

Jóvenes, les digo esto con el corazón. El recobro del Señor se está extendiendo, y tengo la seguridad de que se extenderá rápidamente. Pero la rapidez con que se extienda depende de las columnas. Creo que habrá iglesias en todas las ciudades importantes de este país, y en todos los países importantes de la tierra. Por esta razón, se necesitan columnas. Espero que ustedes vean eso. Si ustedes lo ven, dirán: "Señor, no puedo negar que me has designado para Tu camino y que he oído Tu palabra actualizada. Me doy cuenta de que debo experimentar a Cristo de manera subjetiva, y que debo ser perfeccionado en la vida de iglesia en Bet-el. Señor, ten misericordia de mí y concédeme la gracia que necesito".

Jóvenes, mi carga es que ustedes se den cuenta de que su responsabilidad es inmensa. Si en los años venideros muchos de ustedes son perfeccionados como aquellos que han llegado a ser columnas, el recobro del Señor se extenderá rápidamente. ¡Cuánto ha hecho el Señor por medio de quienes son ahora columnas! ¿Qué creen ustedes que podría hacer el Señor, si tuviese otros cien hermanos así? La carga que tengo no es simplemente compartir un mensaje. Mi carga es ayudarles a ustedes a ver que hoy en día, todos tenemos la oportunidad dorada de ser perfeccionados para ser columnas. (Estudio-vida de Génesis, págs. 1101-1102, W. Lee, LSM)

DEBEMOS PREPARARNOS EN VARIAS ÁREAS

Ahora, debemos prepararnos en varias áreas. En primer lugar, debemos procurar crecer en nuestra vida espiritual, manteniendo con la debida dedicación una comunión viva con el Señor, consagrándonos por completo a Él y teniendo los tratos apropiados con Él. Esta persona es el Espíritu viviente que mora en nuestro espíritu. Por tanto, podemos tener comunión con Él y ser iluminados, dirigidos y abastecidos personalmente por Él al permitirle regularnos tanto en asuntos grandes como pequeños a fin de que experimentemos el auténtico crecimiento en la vida divina.

En segundo lugar, tenemos que ser equipados con la verdad. Muchas personas se limitan a leer la Biblia como un mero texto en blanco y negro y según su propio entendimiento, con lo cual apenas llegan a conocerla de una manera superficial.

Por un lado, tenemos que leer la palabra ingiriéndola; por otro, tenemos que profundizar en ella a fin de mezclarnos con la palabra de Dios. Podemos considerar que la Versión Recobro del Nuevo Testamento es la cristalización del entendimiento de la revelación divina que los santos de todas partes han recibido en los últimos dos mil años. Por tanto, ahora simplemente podemos abrir la Versión Recobro e, independientemente de qué libro, qué capítulo, qué versículo o frase leamos, encontraremos ciertas notas y explicaciones que nos permitirán entender cabalmente dichas palabras en cuanto las leamos y de inmediato, a medida que los velos que cubren los cielos nos son retirados, veremos con claridad. Tenemos que esforzarnos por profundizar en estas revelaciones y en esta luz al estudiar y orar-leer tales palabras una y otra vez, con lo cual seremos equipados con la verdad.

En tercer lugar, es necesario que un buen carácter sea formado en nosotros. Si bien poseemos cierto carácter innato con el cual Dios nos hizo, nuestro carácter ha sufrido los efectos de la caída y la corrupción, por lo cual somos todavía irresponsables, perezosos, descuidados y desordenados. En 1953, cuando di un entrenamiento en Taipéi, compuse un libro muy breve en el que enumeré treinta rasgos del carácter: ser una persona genuina, exacta, estricta, diligente, amplia, fina y otras cualidades parecidas; hice esto con la esperanza de que pudiésemos cultivar dichas cualidades poco a poco. 

Tenemos que ejercitarnos en cultivar estas treinta cualidades a fin de forjar un carácter que sea útil para el Señor. Tenemos que orar al Señor, pues aunque no poseamos en nosotros mismos la fortaleza requerida para desarrollar tales cualidades, ciertamente el Señor es el suministro abundante en nuestro interior. En Filipenses 4 Pablo dice: "Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre [...] a esto estad atentos" (v. 8). Todas estas cosas se relacionan con el carácter de una persona. Después, Pablo continúa diciendo: "Todo lo puedo en Aquel que me reviste de poder" (v. 13). Por tanto, todos nosotros podemos forjar un buen carácter en Aquel que nos reviste de poder.

En cuarto lugar, tenemos que obtener una educación superior. En el proceso de recibir una educación debemos aprender algunos idiomas, especialmente el inglés, el cual es el idioma internacional que debemos dominar. Además, tenemos que estudiar la Biblia y entrar en las profundidades de la misma. Para ello, lo mejor sería si aprendemos algo de griego. Cuanto más aprendamos literatura e idiomas, mejor. Debemos estudiar idiomas con cierta profundidad.

En quinto lugar, tenernos que estudiar historia, saber discernir la escena mundial y el curso que sigue este mundo, así como tener en cuenta la condición en que se encuentra nuestro planeta en nuestros días. Tenemos que darle la debida importancia a estas cinco áreas: la vida, la verdad, el carácter, los idiomas y el conocimiento general. Tenemos que darle la debida importancia a estas cinco áreas al mismo tiempo que cumplimos con nuestras responsabilidades cotidianas. El Señor es viviente, y Él, con toda certeza, puede sobrellevar toda responsabilidad en cuanto atañe a nosotros.

Si Taiwán ha de producir quinientos mil hermanos y hermanas para la propagación del evangelio en otras naciones, entonces debemos contar con unos cinco millones de santos en Taiwán a fin de que uno de cada diez santos pueda ser enviado. Oh, el pueblo de Taiwán evangelizando el mundo entero, y los hermanos y hermanas de Taiwán recorriendo palmo a palmo toda la tierra habitada: ¡qué maravillosa perspectiva! ¿A dónde irá usted? ¿A África, América del Sur, América Central, América del Norte, Europa oriental o a Europa occidental? Podemos acudir al Señor en oración y preguntarle: "Oh, Señor, ¿a dónde debo ir?. Que todos nosotros podamos responderle al Señor: "¡Oh Señor, heme aquí, envíame a mí!". (Una vida humana bendita, págs. 61-64, W. Lee, LSM)

Animo a todos los jóvenes a terminar una carrera universitaria. No usen lo espiritual como pretexto para no estudiar. Por el contrario, estudien con más diligencia que los estudiantes que no son creyentes. Hoy en día se necesitan en el recobro del Señor personas cultas. Jóvenes, ustedes deben intentar obtener la mejor educación. Distribuyan su horario cotidiano de esta manera: siete horas y media para dormir, una hora y media para comer, una hora para hacer ejercicio, ocho horas para estudiar y seis horas para las cosas espirituales. Si ustedes usan su energía de esta manera, cuando lleguen a los treinta años, podrán empezar su ministerio como lo hizo el Señor Jesús (Lc. 3:23).

Estudien hasta la edad de treinta años. Si muchos de ustedes emprenden este camino, no nos faltarán edificadores de columnas. No se casen demasiado pronto. No me gusta ver que los hermanos se casen antes de los veinticinco años de edad. No tomen demasiado pronto la carga del matrimonio y los hijos. Más bien usen su tiempo y sus energías para estudiar. Veintiséis años es una buena edad para que los hermanos empiecen a tener hijos. Tampoco me gusta ver que las hermanas se casen antes de los veintidós años. Si las hermanas se casan prematuramente y de inmediato tienen hijos, tendrán demasiada carga, y eso las perjudicará. Sigan el horario que les recomendé hasta que tengan veinticinco años, y entonces observen los resultados. Sin duda esto será muy provechoso para el recobro del Señor.

Sea usted una persona culta, pero no use su educación en los negocios de este mundo. Úsela plenamente para la obra edificadora del Señor. Su vida y su ser no sólo deben ser transformados sino también trasladados. (Estudio-vida de Génesis, págs. 1127, 1128-1129, Witness Lee, LSM)  

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Modificado por última vez enMiércoles, 04 Octubre 2017 10:46

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