MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 5) (Se compartirá el jueves 11 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 5) (Se compartirá el jueves 11 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 5) 

En la vida de iglesia como ejército de Dios no debe haber lepra. La lepra representa todo lo malo que procede del hombre natural, especialmente cuando hay rebelión. Puesto que ella está profundamente arraigada y es subjetiva a nosotros, es necesario tomar medidas exhaustivas para eliminarla. Si no tomamos medidas con respecto a la lepra presente en nosotros, nos contaminaremos y seremos inmundos. (Extracto del Estudio-vida de Números, mje. 6, W. Lee, LSM)  

IV. EL ASPECTO DE LA LEPRA

El aspecto de la lepra es la prueba de que hay lepra. Lo que encontramos en este capítulo con respecto al aspecto de la lepra es el diagnóstico divino, la medicina divina.

El pelo en la infección se ha vuelto blanco

Que el pelo en la infección se tornase blanco (Lv. 13:3a) representa el deterioro de la fortaleza necesaria para llevar un comportamiento, una vida, normal. Los israelitas tenían cabello oscuro. El hecho de que el cabello oscuro de un israelita se tornara blanco era señal de que aquella persona se había debilitado. 

La infección es más profunda que la piel del cuerpo

El versículo 3b dice que en algunos casos la infección era más profunda que la piel. Primero, aparecía una erupción, y luego la infección se hundía más profundamente que la piel del cuerpo. Esto significa que uno encubrió el mal comportamiento y no lo confesó.

La mancha lustrosa es blanca en la piel del cuerpo
y no es más profunda que la piel, y el pelo en ella no se ha vuelto blanco

El versículo 4a habla del caso en que la mancha lustrosa en la piel del cuerpo es blanca y no es más profunda que la piel, y el pelo en ella no se ha vuelto blanco. Éstas son buenas señales, buenos síntomas, no señales de lepra, pues significan que uno no encubrió el mal comportamiento, sino que lo confesó, y que la fortaleza para llevar un comportamiento apropiado no se ha deteriorado.

La infección se ha oscurecido y no se ha extendido en la piel

Levítico 13:6 dice: “Al séptimo día el sacerdote lo examinará otra vez; si la infección se ha oscurecido y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo declarará limpio; es sólo una costra”. Que la infección se hubiera oscurecido y no se hubiera extendido en la piel significa que la debilidad de la persona fue absorbida por la vida divina mediante la obra de recobro que, con Su gracia, Cristo realizó en ella. Tal persona ha sido sanada, recobrada.

Si aparece una hinchazón blanca (edema) en la piel, la cual ha hecho que el pelo
se vuelva blanco, y hay carne viva en la hinchazón, es lepra crónica en la piel del cuerpo

“El sacerdote lo examinará, y si aparece una hinchazón blanca en la piel, la cual ha hecho que el pelo se vuelva blanco, y hay carne viva en la hinchazón, es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y el sacerdote lo declarará inmundo. No lo aislará, porque es inmundo” (vs. 10-11). Esto significa que el viejo pecado ha vuelto a aparecer al debilitarse la fortaleza de la persona para llevar un comportamiento apropiado.  

Cuando aparece en la piel carne viva, es lepra

“Pero cuando aparezca en él carne viva, quedará inmundo. El sacerdote examinará la carne viva y lo declarará inmundo. La carne viva es inmunda; es lepra” (vs. 14-15). Aquí vemos que cuando aparece la carne viva en la piel, es lepra. Esto representa la reaparición del viejo pecado.

Si la carne viva cambia y se vuelve blanca, él que tenía la infección es limpio

“Pero si la carne viva cambia y se vuelve blanca, él ira al sacerdote. El sacerdote lo examinará, y si la infección se ha vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tuvo la infección; es limpio” (vs. 16-17). Esto significa que si este pecado reiterado es confesado, será lavado.

Una hinchazón blanca (edema) o una mancha lustrosa, blanca rojiza, en la piel donde estaba el furúnculo, es lepra

“Cuando el cuerpo haya tenido un furúnculo en la piel, y éste se haya sanado, y en el lugar del furúnculo haya una hinchazón blanca o una mancha lustrosa, blanca rojiza, entonces será mostrada al sacerdote. El sacerdote la examinará; y si parece haber penetrado por debajo de la superficie de la piel, y el pelo en ella se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote lo declarará inmundo. Es una infección de lepra; ha brotado en el furúnculo” (vs. 18-20). Esto representa a la persona cuyo vivir externo se debilitó después que ella fue salva y, ahora, manifiesta nuevas flaquezas en su conducta.

Cuando haya en la piel de la carne una quemadura de fuego, y la carne viva de la quemadura se convierta en una mancha lustrosa, blanca rojiza o blanca, es una infección de lepra

“Cuando haya en la piel de la carne una quemadura de fuego, y la carne viva de la quemadura se convierta en una mancha lustrosa, blanca rojiza o blanca, entonces el sacerdote la examinará; y si el pelo en la mancha lustrosa se ha vuelto blanco, y ésta parece ser más profunda que la piel, es lepra. Ha brotado en la quemadura, y el sacerdote lo declarará inmundo; es una infección de lepra” (vs. 24-25). Esto representa el comportamiento en la carne de una persona salva, a saber: se enoja, se justifica a sí misma y no está dispuesta a perdonar a otros, todo lo cual es síntoma de enfermedad. Enojarse es pecado y, por tanto, es señal de lepra espiritual. Lo mismo se aplica al hecho de justificarse uno mismo.

Justificarnos a nosotros mismos, es decir, defendernos y no confesar nuestros fracasos, errores y malas acciones, es síntoma de lepra espiritual. Asimismo, no estar dispuestos a perdonar a otros es también síntoma de lepra espiritual. A nosotros los seres humanos caídos nos resulta difícil perdonar a los demás, pero nos es fácil recordar a los que nos han ofendido. A veces parece que perdonamos a nuestros hermanos y hermanas en el Señor, pero los perdonamos sin olvidar la ofensa. Recordamos la ofensa y quizás hasta hablemos de ella a los demás, diciéndoles que hemos perdonado al que nos ofendió. Esto es perdonar sin olvidar, y es una señal de enfermedad espiritual.

En la vida de iglesia, todos somos probados en cuanto a cuán puros somos con respecto a nuestras motivaciones, propósito y acciones. La vida de iglesia mostrará dónde nos encontramos, qué somos y quiénes somos. Antes de dormirnos en la noche, deberíamos dedicar algún tiempo para confesar nuestras faltas delante del Señor, pidiéndole que perdone nuestros pecados e impurezas. Debemos tomarle una vez más como nuestra ofrenda por el pecado y como nuestra ofrenda por las transgresiones, y aplicar Su sangre preciosa y purificadora a nuestra situación. 

EL LEPROSO CONFIESA ABIERTAMENTE SU LEPRA ANTE LOS DEMÁS

Levítico 13:45 y 46 nos habla acerca del leproso que confiesa abiertamente su lepra ante los demás. Esto significa que un pecador confiesa abiertamente su pecado ante los demás. El versículo 45 dice: “En cuanto al leproso que tiene la infección, sus vestidos serán rasgados y su cabellera será dejada suelta, y cubriéndose con la mano el labio superior, gritará: ¡Inmundo, inmundo!”. Aquí vemos varios aspectos de la confesión que el leproso hace de su lepra ante los demás. El primer aspecto es el de llevar vestidos rasgados. Esto significa que el hombre que cometió pecado reconoce su absoluto fracaso moral. Rasgarse las vestiduras es señal de que uno admite estar sumido en el más absoluto fracaso moral.

La cabellera del leproso debía ser dejada suelta. Esto significa carecer por completo de sujeción a la autoridad, ser indomable e irresponsable. Tal persona es rebelde y no respeta ninguna clase de autoridad. Su cabellera suelta es señal de su indomabilidad; esto indica que él anda desordenadamente y que no le importan en absoluto las normas y las reglas. El leproso tenía que gritar: “¡Inmundo, inmundo!”. Esto indica que él se condenaba a sí mismo sin cesar.

“Quedará inmundo todos los días que tenga la infección; es inmundo. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento” (v. 46). Habitar solo fuera del campamento significa que aquel que ha pecado deberá permanecer fuera de la iglesia y aislado de la comunión del pueblo de Dios hasta que él ponga fin a su pecaminosidad (1 Co. 5:13). (Extracto del Estudio-vida de Levítico, mjes 38-40, W. Lee, LSM)  

QUITAR DE LA IGLESIA AL PERVERSO

En 1 Corintio 5:9-13 vemos que el perverso debe ser excomulgado de la iglesia. En el versículo 13 Pablo escribe: “Quitad a ese perverso de entre vosotros”. Esto significa cortarlo de la comunión de la iglesia, según es tipificado por la exclusión de un leproso de en medio del pueblo de Dios (Lv. 13:45-46). Este es un asunto sumamente grave. Pablo ya había juzgado al perverso, y esperaba que los creyentes corintios hiciesen lo mismo, quitándolo de entre ellos.

El versículo 11 dice: “Pero ahora os he escrito que no os mezcléis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o viva de rapiña; con el tal ni aun comáis”. Pablo no sólo menciona una clase de persona perversa, sino varias. Además, no sólo condena el pecado en sí, sino a la persona que vive en el pecado. Debemos hacer una distinción importante. Por ejemplo, cometer fornicación no es lo mismo que ser fornicario. Un fornicario no es aquel que comete fornicación como en el caso de David en el Antiguo Testamento, sino uno que vive y permanece en dicho pecado, uno que practica la fornicación de tal manera que lo constituye un fornicario.

Supongamos que por una debilidad, un hermano cae en cierto pecado. Debemos ayudarle a arrepentirse, a abandonar dicho pecado y a volver al Señor. Si el hermano está dispuesto a hacer esto y produce fruto de arrepentimiento, la iglesia lo perdonará. No obstante, si permanece en el pecado y llega a ser una persona que vive en ello, se le debe quitar de la comunión de la iglesia. De otro modo, toda la iglesia será leudada.

Este capítulo contiene muchos puntos importantes. Primero, la iglesia debe ser pura, sin levadura, y no debe tolerar a personas pecaminosas. Segundo, debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu y usarlo en cada situación. Tercero, debemos entender que nosotros, habiendo experimentado la Pascua, debemos disfrutar la fiesta de los panes sin levadura de manera continua. Finalmente, si alguien se convierte en una persona perversa y rehusa arrepentirse, debe ser quitada de la vida de iglesia. Pero si con el tiempo se arrepiente y da frutos de arrepentimiento, la iglesia debe perdonarle y reintegrarle a la comunión. Si meditamos sobre todos estos asuntos, entenderemos claramente cómo actuar con una persona perversa en la vida de iglesia. (Extracto del Estudio vida de 1 Corintios, cap. 36, W. lee, LSM) 

Cómo tratar con los miembros que causan división

Algunos deliberadamente causan divisiones, y por eso, debemos apartarnos de estas personas. Tito 3:10 dice que debemos rechazar a los miembros facciosos y sectarios. Algunos miembros son muy facciosos, muy sectarios, y su propósito al relacionarse con otros es causar división. Actualmente, hay algunos que permanecen entre nosotros con la única intención de esparcir veneno. Sin duda, ellos causan división, y son facciosos y sectarios. Debido a eso, debemos apartarnos de ellos. Si permanecen facciosos después de una y otra amonestación, debemos desecharlos.

Esto se conforma a la práctica de la cuarentena de los leprosos en la tipología del Antiguo Testamento (Lv. 13:45-46; Nm. 12:10-15). Cuando Miriam, la hermana de Moisés, se rebeló, fue castigada por Dios con lepra y fue puesta en cuarentena. Ser puesto en cuarentena equivale a ser puesto a un lado por un tiempo, para el provecho de toda la congregación. Esto se debe a que ciertas enfermedades son muy contagiosas. Si una persona tiene una enfermedad contagiosa, se le pone en cuarentena y es separada aun de los miembros de su familia hasta que se sane. Esto protege a toda la familia, y las Escrituras nos mandan a que hagamos lo mismo.

Todo aquel que esté enfermo espiritualmente, que padezca la enfermedad de la división, habiendo llegado a ser una persona que causa divisiones, debe ser puesto en cuarentena. La división es muy contagiosa; por lo tanto, la iglesia tiene que aprender a poner en cuarentena a las personas que causan división. Conforme a la enseñanza de los apóstoles, debemos apartarnos de ellos o rechazarlos. Esto protege a toda la iglesia para que ella sea guardada.

Estas personas que causaban división se congregaban a tomar la mesa del Señor no para lo mejor (no para provecho), sino para lo peor (para pérdida)

Cuando las personas facciosas se reúnen a tomar la mesa del Señor, no es para lo mejor, para provecho, sino para lo peor, para pérdida (1 Co. 11:17). La manera en que asistimos a la mesa del Señor es muy importante. Debemos tener la certeza de no albergar pensamientos facciosos contra los santos ni tampoco juzgarlos. Si venimos a la mesa del Señor de una forma facciosa, sufriremos pérdida.

Pablo dijo que por esa razón muchos de entre los corintios estaban débiles y enfermos físicamente, y muchos de entre ellos dormían (v. 30). Aquí, la palabra dormir significa que habían muerto (1 Ts. 4:13-16). El Señor primeramente los disciplinó, de modo que se debilitaron físicamente; luego, como no se arrepintieron de su ofensa, recibieron más disciplina y cayeron enfermos; finalmente, debido a que aún no se arrepentían, el Señor los juzgó por medio de la muerte. Esto indica que debemos tener cuidado en la manera que venimos a la mesa del Señor.

No existe base, razón, justificación ni vindicación para ninguna clase de división

No existe base, razón, excusa, justificación ni vindicación para ninguna clase de división. No importa cuál sea la razón para causar divisiones, a los ojos de Dios esa razón no es válida. Si pensamos que algo está mal en los ancianos o en los santos, no debemos chismear acerca de ello. Más bien, debemos siempre ir al Señor. Si lo hacemos, El nos dará el sentir de orar por ellos. Si hay algo que no está bien, debemos decírselo al Señor Jesús; El es el único capaz de sanar la situación. También debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si somos mejores que ellos o no. ¿Somos mejores que los ancianos a quienes criticamos? Si entramos a la presencia del Señor, nos daremos cuenta de que somos peores. El Señor nos ayudará a comprender que debemos ser corregidos en muchas áreas. Esta es la manera de guardar la unidad. (Extracto del libro La visión intrínseca del Cuerpo, cap. 6, W. lee, LSM)

En la vida de la iglesia siempre hay cierta mortandad. Llevamos muerte a otros por medio de nuestra crítica. Incluso algunos de nuestros hijos saben criticar a los que hablan en una reunión, y aun saben criticar a los ancianos. Si podemos deshacernos de la crítica en la vida de iglesia, el noventa por ciento de lo que produce muerte será sorbido por la vida. (Nuestra necesidad urgente: Espíritu y Vida, cap. 2, W. Lee, LSM) 

EJERCIENDO DISCIPLINA

¿En qué consiste la disciplina de la iglesia? Consiste en que cuando un hermano que es recibido por el Señor comete algo que hace que el Señor lo excluya de la comunión, que nosotros también ejercemos disciplina sobre él. Ustedes no deben decir que nosotros queremos a todos los que el Señor quiere y también a los que él Señor no quiere. Si el Señor pone a cierta persona en el mundo, pero ustedes la ponen en la iglesia, ustedes abren en la iglesia una puerta para el mundo. Como resultado, no habrá una línea limítrofe entre la iglesia y el mundo; la muralla entre ellos ha sido derribada por ustedes.

Nosotros a menudo usamos esta ilustración: Cuando un bote está en el mar, el bote y el mar no pueden tener comunión. Tan pronto como ellos empiezan a tener comunión, el bote tarde o temprano se hundirá en el mar. Del mismo modo, si ustedes hacen un agujero en la iglesia, la línea de separación entre la iglesia y el mundo se perderá. Por lo tanto, la iglesia local debe ejercer la disciplina; debe tener acción disciplinaria a fin de que llegue a ser una iglesia local.

¿Qué es acción disciplinaria? En 1 Corintios capítulo cinco menciona seis diferentes clases de personas que son salvas y que tienen la vida de Dios. Pero ellas se han gratificado sobremanera a sí mismas, y han llegado a ser: un fornicario, un codicioso, un maldiciente, un borracho, un idólatra y un extorsionador. Pablo dijo a la iglesia en Corinto: “quitad...a ese perverso de entre vosotros” (v. 13).

A quien el Señor no desea en la iglesia, ustedes tampoco lo deben desear en esa localidad. Si ustedes en su localidad retienen a uno a quien el Señor no desea, esta retención traerá problemas. El Señor dijo que el tal es como un poco de levadura que leudará toda la masa (1 Co. 5:6). Dentro de poco tiempo, toda la iglesia estará mohosa. La iglesia ya no será la harina pura, sino la levadura. Por lo tanto la iglesia debe tener disciplina.

Además, la iglesia sabe qué clase de persona es un hermano. Esto está reflejado en las palabras de la hermana M. E. Barber: “La unidad de la iglesia es la voz del Espíritu Santo”. Si a todos los hermanos les parece que un hermano es cierta persona, entonces es cierto que él es tal persona. Ustedes no pueden decir que todos los hermanos lo han malentendido. Por lo tanto, una iglesia local debe ejecutar la disciplina de Dios en su localidad. (Extracto del cap. 3 del libro Pláticas adicionales sobre la vida de iglesia por Watchman Nee, LSM)  

    

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Modificado por última vez enMiércoles, 10 Enero 2018 15:20

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