MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 4) (Se compartirá el jueves 04 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 4) (Se compartirá el jueves 04 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 4)

I. LA LEPRA REPRESENTA TODO PECADO GRAVE
PROCEDENTE DEL INTERIOR DEL HOMBRE

La lepra (Lv. 13:2b) representa todo pecado grave procedente del interior del hombre, tales como el pecado premeditado, el pecado de presunción o el de oponerse a Dios resueltamente (cfr. Miriam, Nm. 12:1-10; Giezi, 2 R. 5:20-27; y Uzías, 2 Cr. 26:16-21). La lepra en realidad no se origina en el interior de una persona, sino que empieza por fuera, cuando ciertos gérmenes o bacterias entran en el ser de la persona. Entonces la lepra brota del interior de la persona, tal como lo muestran tres casos del Antiguo Testamento: el caso de Miriam, el de Giezi y el de Uzías.

La lepra siempre es causada por la rebelión. Miriam se rebeló contra Moisés, quien era la autoridad delegada por Dios. Su rebelión tenía una causa, la cual era que Moisés había contraído matrimonio con una mujer cusita (Nm. 12:1). Como consecuencia de su rebelión, Miriam se volvió leprosa (v. 10). Su lepra se debió a su rebelión.

En 2 Reyes 5:20-27 Giezi, siervo de Eliseo, se rebeló contra la manera de proceder de Eliseo. Giezi también contrajo lepra a causa de la rebelión. En 2 Crónicas 26:16-21, el rey Uzías se rebeló contra lo que Dios había ordenado con respecto al sacerdocio. Según esta norma, el rey no podía participar en el sacerdocio. Pero Uzías se rebeló contra esta norma y, como resultado de ello, se volvió leproso. En cada uno de esos tres casos, la lepra primero entró en la persona que se rebeló y luego brotó de su interior.

Según el Antiguo Testamento, la lepra tiene una causa, y esta causa es rebelarse contra la autoridad de Dios, contra la autoridad delegada de Dios, contra las normas dispuestas por Dios y contra la economía de Dios. Todos debemos reconocer que nos hemos rebelado contra la autoridad de Dios y contra Su autoridad delegada. Además, a menudo nos hemos rebelado contra las normas dispuestas por Dios. Por último, también nos hemos rebelado en contra de toda la economía de Dios. Por consiguiente, a los ojos de Dios, todos nos volvimos leprosos. La lepra entró en nosotros y luego brotó de nuestro interior.

La lepra es pecado. Satanás se rebeló contra Dios, y esa rebelión se convirtió en el pecado que ahora está presente en el universo. Antes de la rebelión de Satanás no existía tal cosa como el pecado. El pecado fue algo inventado, no creado, por el arcángel rebelde Lucifer.

Cuando el Señor Jesús descendió del monte donde decretó la constitución del reino de los cielos, lo primero que hizo fue limpiar a un leproso (Mt. 8:1-4). Este leproso representa a los descendientes caídos de Adán, todos los cuales son leprosos. El pecado que fue inventado por Satanás entró en la humanidad a través de Adán y nos constituyó a todos leprosos. Ahora la lepra produce muchas clases de pecados, es decir, diversas expresiones o manifestaciones propias de la rebelión. 

UNA INFECCIÓN EN LA CABEZA 

Levítico 13:29 habla acerca de una infección que sale en la cabeza o en la barba. En la Biblia la cabeza, en especial su cabello, representa la gloria del hombre. En 1 Corintios 11 se nos indica que el cabello guarda relación con la gloria. El hecho de que pudiera producirse una infección en la cabeza, la cual representa la gloria, y en la barba, la cual representa la dignidad, indica que la lepra fácilmente puede esconderse detrás de la gloria y dignidad humanas. 

Levítico 13, un capítulo que nos revela la sabiduría de Dios, nos proporciona un diagnóstico divino de nuestro pecado. La lepra es sinónimo de pecado, y el pecado es sinónimo de rebelión. El pecado es rebelión. En el universo existe en realidad un solo pecado, y este pecado es la rebelión.

Conforme a los principios que Dios estableció en Su creación, todo está en orden y está relacionado con cierta clase de autoridad. La autoridad está presente por todas partes en el universo. La autoridad se encuentra en la familia y en las escuelas. Si no hubiera autoridad en este país, no habría paz ni orden. La rebelión es contraria a la autoridad. Los que se rebelan se oponen a la autoridad.

Según la perspectiva divina, la autoridad es sinónimo de Dios mismo. Satanás trató de derrocar esta autoridad divina, pero fracasó y fue juzgado por su rebelión. Hoy en día nosotros, por ser aquellos que Dios creó, escogió, redimió y salvó, y especialmente, por ser los hijos que Él regeneró, debemos ser las personas más sumisas y obedientes. Todo lo que tenga que ver con la rebelión proviene de Satanás. La expresión de rebelión que hoy está en nosotros tiene diversos aspectos. Cada aspecto constituye un pecado, una infracción, una transgresión, un exceso o una ofensa. Estas cosas tal vez sean aparentemente insignificantes, pero todas ellas son expresiones del pecado único: la rebelión.

Una infección en la cabeza (Lv. 13:29a) significa que hay algo que no marcha bien en lo referido a la sujeción a la autoridad y a la manera de pensar de uno. Toda irregularidad en nuestro modo de pensar por lo general está relacionada con una actitud inapropiada hacia la autoridad. Si la actitud de uno hacia la autoridad no es apropiada, su manera de pensar tampoco será apropiada. Pero si la actitud de uno hacia la autoridad es correcta, no habrá nada equívoco en su modo de pensar.  

II. HINCHAZÓN, ERUPCIÓN O MANCHA LUSTROSA EN LA PIEL DE UNA PERSONA

Hinchazón (edema), erupción o mancha lustrosa en la piel de una persona (Lv. 13:2a) representan las manifestaciones externas en el hombre que consisten en indomabilidad, fricciones con otros, soberbia y exaltación propia. Las hinchazones, las erupciones y las manchas lustrosas en la piel del cuerpo son señales de lepra. En un sentido espiritual, éstas indican indomabilidad, ingobernabilidad. La indomabilidad es una especie de erupción. Una persona indomable es alguien que no está dispuesto a someterse a ninguna autoridad.

Fricciones con otros también son señal de lepra. No debemos pensar que las fricciones que se dan entre los hermanos son insignificantes. Las fricciones son una erupción que indica que la lepra está brotando del interior de una persona. Todos éstos son síntomas, señales, de que uno está leproso.

III. LA PERSONA ES TRAÍDA AL SACERDOTE, ES EXAMINADA POR ÉSTE
Y ES ENCERRADA (RECLUIDA) POR SIETE DÍAS

El hecho de ser traído al sacerdote, ser examinado por éste y ser encerrado (recluido) por siete días (vs. 2c-28) significa ser traído, por un lado, al Señor y, por otro, a aquel que sirve a Dios, ser examinado por ellos y ser impedido de tener contacto con otros por un período completo de tiempo. El Señor Jesús y los que sirven a Dios, los sacerdotes que sirven, están capacitados para examinar a una persona y determinar si tiene lepra.  (Extracto del Estudio-vida de Levítico, mensajes 38-40 por W. Lee, LSM)      

Miriam y Aarón hablan contra Moisés, la autoridad delegada de Dios

Por lo visto en Números 12, los hijos de Israel atravesaban por un periodo de murmuración, chismes y rebeliones. Así que, “Miriam y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita con quien se había casado” (v. 1a). Por alguna razón, ellos no estaban contentos con Moisés a causa de esto. Moisés, Aarón y Miriam eran parientes consanguíneos. Moisés había sido llamado por Dios, y Aarón también había sido llamado por Él. No se nos dice que Miriam hubiera sido llamada, pero la Biblia sí afirma que ella era una profetisa (Éx. 15:20). Todos ellos...eran considerados líderes entre el pueblo de Israel. Sin embargo, había “gérmenes” ocultos en Miriam y Aarón que fueron despertados por los “vientos” que soplaban junto con la corriente tormentosa.

De esto debemos aprender que en el servicio del Señor no debemos permitir que nada negativo permanezca oculto dentro de nosotros. Toda cosa semejante que no sea desarraigada de nuestro ser, se hará manifiesta tarde o temprano. Debemos estar alertas y atentos a todo germen que aún pudiera estar en nosotros. Tal vez aparentemente seamos muy buenas personas, pero cuando comiencen a soplar ciertos vientos o cuando se levante cierta “tormenta” o agitación, podríamos vernos afectados e involucrados. En tal caso, quedaremos al descubierto al igual que Miriam y Aarón. 

Miriam y Aarón tomaron como excusa para difamar a Moisés su aparente error de casarse con una mujer cusita. Sin embargo, la verdad era que ellos competían con Moisés con respecto a quién hablaba por Dios. Esto, no la mujer cusita, era el verdadero factor que los llevó a hablar contra Moisés.

En Números 12:5-9 vemos que Dios intervino. “Jehová descendió en una columna de nube, y se puso a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y a Miriam. Y [...] se acercaron ambos” (v. 5). Dios tomó muy seriamente la difamación hecha por Miriam y Aarón porque esto constituía un desafío a la autoridad de Dios. Ir en contra de la autoridad de Dios...es atacar el trono de Dios. Esto es muy serio.

Dios vindicó a Moisés al llamarlo Su siervo y al decir que él era fiel en toda Su casa (v. 7). Dios también vindicó a Moisés al decir que era alguien con quien Él hablaba cara a cara, claramente y no con enigmas, y alguien que contemplaba la figura de Jehová (v. 8a). Dios reprendió a Aarón y a Miriam. Les preguntó: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra Mi siervo, contra Moisés?” (v. 8b). La ira de Jehová se encendió contra ellos; luego, Él se fue (v. 9).

Miriam es castigada con la infección de lepra

En los versículos del 10 al 12 vemos que Miriam fue castigada. ¿Por qué castigó Dios a la mujer y no al hombre? Considero que hay dos razones por las que Dios castigó a Miriam, pero no a Aarón. En primer lugar, es probable que fue Miriam quien tomó la delantera en dicha rebelión. Tal vez fue ella la instigadora, la iniciadora, que provocó a Aarón. En segundo lugar, la rebelión es particularmente ofensiva en el caso de una mujer. Con respecto a la rebelión, uno puede ser algo tolerante con el varón, pero no con la mujer. Dios castigó a Miriam a fin de dar una advertencia y hacer sonar la alarma para todas las mujeres de entre los hijos de Israel, de modo que ellas no siguieran el ejemplo de Miriam.

Miriam fue castigada con la infección de lepra. “Cuando la nube se apartó de sobre la tienda, he aquí que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y Aarón se volvió hacia Miriam, y he aquí que ella estaba leprosa” (v. 10). Ésta fue la medida gubernamental de parte de Dios.

Aarón rogó a Moisés por Miriam (vs. 11-12). Aarón había sido instigado por su hermana, y ahora se convirtió en su mediador, en su intercesor. Esto debe enseñarnos a no seguir a un instigador. Si lo seguimos, a la postre podríamos encontrarnos rogando por él. “Dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, te ruego que no pongas sobre nosotros este pecado que locamente hemos cometido” (v. 11). “No sea ella como un muerto, que al salir del vientre de su madre tiene ya medio consumida su carne” (v. 12). Aarón rogó que Miriam no muriera de esta forma tan miserable.

Moisés oró por la sanidad de Miriam, diciendo: “Te ruego, oh Dios, que la sanes” (v. 13). Esto es otro indicio de la mansedumbre de Moisés. Si él no hubiera sido manso, no habría orado por ella, sino que la habría dejado morir en su lepra. Dios escuchó la oración de Moisés y juzgó a Miriam echándola fuera del campamento por siete días (vs. 14-15a). El pueblo no se puso en marcha hasta que Miriam fue admitida de nuevo (v. 15b). El mismo principio que vemos en el caso de Miriam y Aarón se aplica a nosotros hoy en día. Espero que el Señor les hable más de lo que yo les he podido hablar para que todos aprendamos esta lección. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensaje 19 por Witness Lee, LSM)  

La manifestación de la rebelión: la lepra

Cuando la ira de Dios se encendió, la nube se alejó de la tienda y la presencia de Dios se apartó. Inmediatamente, María quedó leprosa (v. 10). Esto no fue producto de alguna infección, sino que fue ocasionado por Dios.  Tan pronto como la rebelión interna se manifiesta, viene la lepra. Los leprosos debían ser marginados. No podían acercarse a ellos y quedaban privados de toda comunión.

Cuando Aarón vio que María quedó leprosa, él suplicó a Moisés que intercediera para que Dios la sanara. Dios indicó que María fuera echada del campamento por siete días, después de los cuales sería recibida de nuevo. Ella fue avergonzada por siete días como si su padre hubiera escupido sobre su rostro. Sólo después de siete días la tienda de reunión pudo continuar su viaje. Cada vez que surge la rebelión y la murmuración entre nosotros, la presencia de Dios se va y la tienda se detiene. La columna de nube no regresa hasta que sea juzgada la murmuración. Si el asunto de autoridad no ha sido establecido, todos los demás asuntos permanecerán inestables.

La sujeción a la autoridad directa de Dios y a Su autoridad delegada

Muchos piensan que están sometidos a Dios, pero no saben que necesitan someterse a la autoridad que El delega. Los que son verdaderamente sumisos ven la autoridad de Dios en sus circunstancias, en su hogar y en las instituciones. Dios dijo: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” (v. 8). Cada vez que surge la murmuración, debemos estar alerta. No podemos ser descuidados pensando que podemos hablar precipitadamente. Cuando surge la murmuración, queda en evidencia que la rebelión está presente, pues es la expresión de ésta. 

Muchas personas hoy en día, hablan en contra de quienes los preceden, de los hermanos responsables en la iglesia, pero no se dan cuenta de la seriedad de este asunto. Si un día la iglesia recibe gracia de Dios, se separará de los que murmuran contra los siervos de Dios y no hablará con ellos porque son leprosos. Que Dios tenga misericordia de nosotros para que veamos que este asunto no se relaciona con cierto hermano sino con la autoridad que Dios delegó...El pecado que Dios condena es la rebelión del hombre. (Extracto del libro La autoridad y la sumisión capítulo 3 por Watchman Nee, LSM)  

En 1942 se produjo un gran disturbio en la iglesia en Shanghái. Tal disturbio hizo que la iglesia en Shanghái cerrara sus puertas y que el hermano Nee interrumpiera su ministerio durante seis años. Cuando aquel disturbio se produjo, yo no estaba en Shanghái. Después de la guerra en 1946, regresé a Shanghái, y la iglesia allí abrió nuevamente sus puertas. Pero el número de santos que se reunía era muy reducido en comparación con los que se reunían en 1942. En la reunión de la mesa del Señor apenas se congregaban unos ochenta a noventa santos. Durante aquel disturbio hubo muchos santos que fueron ofendidos, y todas las flechas iban dirigidas al hermano Nee. Él era el blanco de los ataques.

Cuando regresé a la iglesia en Shanghái en 1946, no hacía mucho que me había recobrado de una enfermedad muy grave. Durante los dos años y medio que duró aquella enfermedad y la correspondiente recuperación, yo había aprendido mucho. Principalmente aprendí con respecto a los dos árboles: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Algunos de los santos en Shanghái habían sido muy queridos para mí en el Señor por muchos años. Ellos vinieron a mí y me planteaban la siguiente interrogante: “Hermano Lee, ¿cree usted que el hermano Watchman Nee jamás cometió un error?”. ¿Cómo debía responder? ¿Sí o no?

Esta interrogante no me molestó, pues durante mi enfermedad había aprendido algunas lecciones concernientes a los dos árboles. A los santos que venían a mi con tal interrogante, yo les preguntaba: “Antes de que ustedes condenaran al hermano Nee afirmando que él se había equivocado en ciertas cosas, ¿cómo era su vida espiritual?”. Ellos respondían de una manera muy positiva, diciendo que su vida espiritual era maravillosa; ellos estaban llenos de vida y plenamente consagrados a la vida de iglesia. Entonces les preguntaba: “¿Y cómo es su vida espiritual ahora?”. Muchas veces ellos se ponían a llorar, y me decían que se sentían perdidos y que habían perdido todo ánimo. Ellos decían que el Señor todavía estaba con ellos, pero que ellos mismos habían perdido todo interés.

En otras palabras, después de condenar al hermano Nee, la experiencia de ellos se había tornado completamente negativa. Después, yo les respondía: “Hermano, si al afirmar que el hermano Nee estaba equivocado y al condenarlo ustedes estuvieran haciendo lo que es propio, entonces su vida espiritual debía ser mejor que antes. ¿Por qué es que después que usted comenzó a condenar al hermano Nee y a hablar mal de él, su vida espiritual se ha empobrecido tanto?”. Esta clase de comunión consiguió rescatar a un buen número de santos en Shanghái. Los santos de aquella localidad vinieron a mí uno por uno de este modo. Yo simplemente hacía que ellos examinaran cómo había sido su vida espiritual antes de que comenzaran a hablar mal del hermano Nee y cómo era su vida espiritual ahora. Todos ellos vieron que había una gran diferencia y se arrepintieron.

Me parece que nosotros podríamos ayudar a los santos del mismo modo. Podríamos preguntarles si los comentarios que ellos escucharon fueron de ayuda para su vida espiritual. Si les fueron de ayuda, entonces deberían recibirlos; pero si no les fueron de ayuda, seguramente proceden del enemigo. Independientemente de que aquello que escucharon haya sido verdad o no, siempre y cuando atender a tales comentarios haya ejercido una influencia negativa en su vida espiritual, ustedes no debieran recibirlos. No les correspondía a estos santos juzgar si el hermano Nee se había equivocado o no. Aun si lo que ellos hicieron hubiese sido algo correcto, ¿cuál había sido el resultado de lo que hicieron? El resultado fue que ellos trajeron muerte a las personas. Incluso una pequeña conversación sobre algo negativo le traerá muerte.

Tenemos que ayudar a los santos a obedecer a la vida en su interior y a resguardar su vida espiritual de toda muerte, de ser herida o de ser envenenada por cualquier cosa. Tenemos que ayudar a los santos a evitar todo cuanto pudiera traer muerte a su vida espiritual, causarle daño o envenenarla. Esta clase de comunión fue la que tuvimos con los santos en Shanghái de 1946 a 1948, y ello tuvo como resultado el arrepentimiento de cientos de santos. Cientos se arrepintieron y retornaron a la vida de iglesia. Muchos de ellos fueron al hermano Nee y se arrepintieron personalmente delante de él. (Extracto del Entrenamiento para ancianos, libro 5, capitulo 5 por Witness Lee, LSM) (La semana que viene continuaremos con este tema)   

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Modificado por última vez enMartes, 02 Enero 2018 13:14

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