Estudio-vida de Números

Estudio-vida de Números (6)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 6) (Se compartirá el jueves 18 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 6)

ECHAR LA CONTAMINACIÓN FUERA DEL CAMPAMENTO

Los contaminados por lepra, por flujos o por tener contacto con los muertos serían echados fuera del campamento, que era la morada de Dios en medio de Su pueblo. Dios es justo, santo y viviente. Por tanto, la lepra, los flujos y la muerte espiritual no pueden ser tolerados en la morada de Dios, ni en Su ejército ni en Su sacerdocio.

Las tres clases de contaminación respecto de las cuales tomó medidas el campamento de Israel tipifican toda la inmundicia de la cual es necesario depurar a la iglesia. Estas tres cosas —la lepra causada por la rebelión, los flujos padecidos por toda manifestación excesiva, anormal y descontrolada, y la inmundicia producida por tener contacto con los muertos— constituyen un tipo completo de la inmundicia con respecto de la cual debemos tomar medidas y erradicar de la vida de iglesia. Si eliminamos estas tres cosas, la iglesia será limpia. (Estudio-vida de Números, mje. 6 por W. Lee, LSM) 

LA PRUEBA QUE REPRESENTÓ UN HERMANO CORINTIO QUE VIVÍA EN PECADO GRAVE Y QUE NO ESTABA DISPUESTO A ARREPENTIRSE—1 CORINTIOS 5:1-5, 9-13

En Corinto había un hermano que vivía en pecado grave y que no estaba dispuesto a arrepentirse. El apóstol ya había juzgado a tal persona en el nombre del Señor Jesús, con Su poder, a fin de entregarlo a Satanás para destrucción de su carne (vs. 3-5). El apóstol encargó a la iglesia en Corinto quitar a tal persona de en medio de ellos, apartándola de la comunión entre los creyentes (vs. 2, 9-13). 

La palabra traducida “quitad” (1 Co. 5:13) fue tomada de la Septuaginta (la versión en griego) del Antiguo Testamento. Quitar aquel hermano pecador en 1 Corintios 5 era como poner a un leproso fuera del campamento en el Antiguo Testamento (Lv. 13:45-46; Nm. 5:2). En Números 12 María se rebeló contra Moisés y contrajo lepra a raíz de ello. Ella fue quitada del campamento durante siete días, hasta que quedase limpia de su lepra. Ésta fue una forma de cuarentena. Es erróneo excomulgar a un creyente. Excomulgar a alguien es desecharlo definitivamente, mientras que quitar a alguien de en medio nuestro es ponerlo en cuarentena con la esperanza de que sane. El apóstol encargó a la iglesia en Corinto que quitase a aquel pecador de la comunión de los creyentes (1 Co. 5:2, 9-13). Él encargó a la iglesia que no se asociara con tal persona, ni aun se sentara a comer con ella (v. 11).

Una vez que un hermano que practica el pecado se ha arrepentido, la iglesia deberá perdonarlo inmediatamente y confirmar su amor para con él. De otro modo, Satanás intervendría para ganar ventaja de la iglesia devorando al creyente caído que se arrepintió. Ésta es la manera apropiada de enfrentarse a tales casos, la misma que permite que nos encarguemos de: (1) la pureza de la iglesia; (2) la disciplina que se debe aplicar a un creyente que no se ha arrepentido; (3) el perdón para el creyente arrepentido...y (4) las maquinaciones de Satanás.

Los que causan división son muy contagiosos. Todo aquel que entre en contacto con ellos será “infectado”. Por tanto, hoy en día debemos realizar lo que en la medicina se llama una “cuarentena”. Poner en cuarentena a alguien no quiere decir que no amemos a dicha persona. Si un miembro de la familia contrae una enfermedad contagiosa, tal vez sea necesario que la familia entera tenga que poner a dicha persona en cuarentena. Esto redunda en beneficio de todos los miembros de la familia. Excluir a las personas, excomulgarlas, era la práctica de la Asamblea de los Hermanos. Desde los inicios del recobro del Señor nos dimos cuenta de que tal práctica es errónea. Sin embargo, poner en cuarentena a quienes están enfermos con una enfermedad espiritual contagiosa, ciertamente es una práctica bíblica.  (Extracto del Entrenamiento para ancianos, libro 10, capitulo 5 por Witness Lee, LSM) 

UNO QUE ES PECAMINOSO

Ahora consideremos 1 Corintios 5. Estos versículos cubren cosas pecaminosas tales como la idolatría, la fornicación, el vituperar, la embriaguez y la extorsión. Todas estas cosas son sumamente malignas, e insultan la divinidad de Dios o dañan a la humanidad. La idolatría es algo que blasfema a la Persona de Dios. La fornicación, el vituperar, la embriaguez y la extorsión, dañan a la humanidad. Dios se preocupa mucho de Su Persona divina. El es un Dios celoso. El también se preocupa de la humanidad. Así que Dios no tolerará ninguna de estas cosas. Ninguno que practique la idolatría o sea un fornicario debe ser permitido en la vida de iglesia.

La iglesia local tampoco debe tolerar a ninguna persona que sea un vituperador, un borracho o uno que extorsiona. Todas estas cosas dañan a la humanidad, y también dañan el testimonio del Señor sobre esta tierra entre los seres humanos. Por lo tanto, Pablo nos dijo que un hermano o una hermana cristiano que practique cualquiera de estas cosas, tiene que ser quitado de entre la iglesia (v. 13). Pero mientras algo no sea pecaminoso y mientras no esté relacionado a los ídolos, o a cualquier tipo de fornicación, de vituperar, ser borracho, o la extorsión, debemos tolerarlo. (Extracto del cap. 4 del libo La especialidad, la generalidad y el sentido práctico de la vida de la iglesia, W. Lee, LSM) 

LA LEVADURA  

En 1 Corintios 5:1-2 más levadura es mencionada: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se da entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. ¡Y vosotros estáis hinchados de orgullo! ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?”. Después, los versículos 6-8 dicen: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 

Los versículos del 11 al 13 continúan: “Pero ahora os he escrito que no os mezcléis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o viva de rapiña; con el tal ni aun comáis. Porque ¿es asunto mío juzgar a los que están fuera de la iglesia? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad a ese perverso de entre vosotros”. Tenemos que comprender que el Señor jamás permitirá que esta clase de persona perversa permanezca en la vida de iglesia. Ellos tienen que ser sacados de la iglesia.

Por tanto, podemos ver que hay dos clases de personas con quienes no podemos tener comunión. En primer lugar están los anticristos mencionados en 2 Juan. En segundo lugar están las personas perversas mencionadas en 1 Corintios. A éstas no debemos permitirles permanecer entre nosotros a menos que se arrepientan, debido a que es un insulto al testimonio de Dios. Si permitimos que tales perversos permanezcan en la vida de iglesia, ésta se hará sucia, será contaminada e insultada, y nosotros perderemos el testimonio de Dios. Tenemos que permanecer alertas para no recibir a ningún anticristo y no permitir que ningún perverso permanezca entre nosotros. La iglesia tiene que estar limpia de estas cosas tenebrosas. (Extracto del cap. 44 del libro El Reino, W. Lee, LSM)  

UNO QUE ES SECTARIO

Luego Tito 3:10 dice claramente que un hombre que sea sectario (lit.), después que él es amonestado una o dos veces, hay que rechazarlo, porque la división daña al Cuerpo de Cristo. Dios cuida de Sí mismo. El también cuida de la humanidad. En tercer lugar, El cuida del Cuerpo de Cristo. En una iglesia local nadie debe hacer nada que dañe a la Persona de Dios, a la humanidad, o al Cuerpo de Cristo. Si alguien daña cualquiera de éstos, no podemos continuar recibiéndolo. La iglesia tiene que apartarlo, rechazarlo, o alejarse de él. Nosotros no podemos asociarnos con tales personas. (Extracto del cap. 4 del libo La especialidad, la generalidad y el sentido práctico de la vida de la iglesia, W. Lee, LSM) 

Tito 3:10

Tito 3:10 dice: “Al hombre que cause disensiones, después de una y otra amonestación deséchalo”. Aquí se hace referencia a una persona facciosa, o sea, una persona sectaria, que genera divisiones. Al respecto, la nota 2 de este versículo en la Versión Recobro dice: “A fin de mantener un buen orden en la iglesia, una persona tendenciosa debe ser desechada y rechazada después de la segunda amonestación. Esto se hace para detener el contacto con una persona contagiosamente divisiva, por el bien de la iglesia”. (Extracto del Entrenamiento para ancianos, libro 4, cap. 6, W. Lee, LSM)  

CUMPLIR CON NUESTROS DEBERES

En 1 Timoteo 5:13 Pablo habla de las viudas que “aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran”. Algunas viudas son ociosas, y aparentemente no tienen nada que hacer, pero su ociosidad las incita a ser entrometidas. Van de casa en casa esparciendo chismes y “hablando lo que no debieran”. En la iglesia, nadie debiera estar ocioso, ni ser chismoso ni entrometido; antes bien, todos debemos tener algo que hacer, alguna labor apropiada que cumplir. (Extracto del Estudio-vida de 1 y 2 de Timoteo, Tito y Filemón, cap. 9, W. Lee, LSM)  

CRISTO Y ESTE CRUCIFICADO

En el recobro del Señor nuestra única elección y preferencia es el Cristo crucificado. La mejor manera de hacer callar las lenguas chismosas es no contestar cuando alguien intenta desviarle de Cristo. Supongamos que un hermano viene a usted y le dice: “¿Qué le parecieron las reuniones de la semana pasada?” Usted debería contestar: “No me interesan las reuniones, lo único que me interesa es Cristo”. Sin embargo, si usted empieza a hablar de las reuniones, dará lugar al chisme y a la crítica.

No hable de lo elevado o deplorable que son las reuniones, ni comente tocante a lo positivo o negativo de la iglesia. Tampoco hable de lo bien o mal que están los ancianos, ni de su competencia o incompetencia. Nuestra actitud debería manifestar que lo único que nos interesa es Cristo, la iglesia de Dios en cualquier lugar y el recobro del Señor. 

He observado que muchos santos en diferentes países todavía no han sido totalmente rescatados de la degradación del cristianismo. En lugar de hablar de Cristo y éste crucificado, hablan de las reuniones, los ancianos y los santos. Cuando otros quieran conversar con usted de estos temas debe decirles: “Mi corazón no está puesto en esas cosas. Mi única preferencia es Cristo. El es lo único que me preocupa y no la condición de la iglesia o las reuniones”. (Estudio-vida de 1 de Corintios, cap. 6, W. Lee, LSM)  

SUFRIMIENTO EN LAS PREÑECES

En cuanto a la mujer, Dios dispuso que experimentara sufrimientos o dolores en las preñeces (Gn. 3:16; 1 Ti. 2:15). Los sufrimientos de las preñeces incluyen el embarazo y el parto. Las preñeces, es decir, el embarazo y el parto, son dolorosas. Dios no había dispuesto que esto fuera así antes de la caída; pero debido a la caída, El determinó sufrimiento para la mujer, que fue la primera en caer. 

¿Por qué algunas mujeres limitan sus preñeces? Porque quieren disfrutar de una vida libre. Esto va en contra del camino de Dios. Todos sabemos que la preñez acarrea problemas, pero Dios la estableció como restricción. La mejor protección para una joven demasiado liberada es tener muchos hijos. Aun cuando ni los padres de ella ni su marido ni su familia política logren restringirla, sus hijos le limitarán su excesiva libertad. Los hijos constituyen una restricción y una protección para su madre. Esta es la razón por la cual Pablo deseaba que las mujeres jóvenes se casaran y tuvieran hijos para que no fueran chismosas ni entrometidas (1 Ti. 5:13-14). (Estudio-vida de Génesis, cap. 21, W. Lee, LSM)    

LA RESPONSABILIDAD DE TODO HERMANO

Todos los hermanos que participan del partimiento del pan deben saber cuáles son los requisitos bíblicos para partir el pan: (1) uno tiene que ser salvo y (2) tiene que estar libre de los pecados mencionados en 1 Corintios 5.  

Pregunta: Si alguno come juicio para sí, ¿morirá? (1 Co. 11:29)

Respuesta: Sí, esto es posible. Si una asamblea se reúne en santidad y la misma sabe ejercer la autoridad de Dios, es probable que sucedan tales cosas. ¿Por qué es el partimiento del pan un acto tan importante? Si alguno reconoce el Cuerpo de Cristo y admite ser parte del mismo pero, aun así, no lo discierne, está dando lugar a falso testimonio y trae vergüenza sobre Dios mismo. Además, el partimiento del pan es un testimonio para los ángeles, los demonios y todos los principados y potestades. Por tanto, dar falso testimonio representa para Dios una gran vergüenza. Dios será tolerante con los ignorantes, pero con aquellos que pecan deliberadamente, que habiendo reconocido al Cuerpo aun así levantan falso testimonio, Dios no puede ser tolerante, sino que enviará Su castigo.

Pregunta: En cierto lugar, un hermano ha contraído una enfermedad muy grave. Este hermano había cometido el pecado de injuriar. ¿Usted cree que su enfermedad es el castigo de Dios?

Respuesta: Sí. Así es.  

Pregunta: ¿Qué debemos hacer con respecto a un creyente que ha ocasionado disturbios en las reuniones y que, a pesar de que los ancianos lo detuvieron, no ha enmendado su conducta? Dicho creyente es una persona que no practica ninguno de los pecados mencionados en 1 Corintios 5.

Respuesta: Debemos informar a los hermanos que es necesario mantenerse alejados de dicha persona. Los ancianos son los que, en tales casos, tienen el encargo de asumir la responsabilidad espiritual. Así pues, si existe tal clase de persona en una localidad, son los ancianos quienes deben asumir la responsabilidad de tomar medidas con respecto a dicha persona por medio de sus oraciones. Tomar medidas con respecto a un hermano por medio de oraciones es un asunto muy serio y es algo que todos debemos entender bien. Si un grupo de hermanos responsables toma medidas con respecto a dichos asuntos en unanimidad y con sobriedad, es posible que sucedan muchas cosas trágicas, graves y peligrosas porque Dios hará uso de Su autoridad delegada para ejecutar juicio.

Cuando surgieron problemas en Corinto, Pablo reprendió a los corintios por no haber tomado las medidas respectivas. Por ello, los ancianos deben ser muy cuidadosos y encargarse de tales asuntos apropiadamente. (Extracto del cap. 2, La vida de Asamblea, W. Nee, LSM) 

LA DISCIPLINA DE DIOS

Ya hablamos de la enfermedad de una manera general. Ahora quisiéramos prestar especial atención al origen de las enfermedades de los creyentes.

El apóstol dijo: “Por lo cual hay muchos debilitados y enfermos entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas cuando el Señor nos juzga, nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo” (1 Co. 11:30-32). Para el apóstol la enfermedad era una especie de castigo de parte del Señor. Debido a que los creyentes cometieron algunos errores delante del Señor, El permite que se enfermen. Esto lo hace con el propósito de castigarlos y de que ellos se examinen a sí mismos, para que corrijan sus errores. Dios muestra Su gracia para con Sus hijos castigándolos para que no sean condenados con el mundo. Si los creyentes se arrepienten, Dios no los castigará nuevamente. Si estamos dispuestos a examinarnos a nosotros mismos, no sufriremos enfermedad.

Por lo general, creemos que la enfermedad es sólo un problema del cuerpo y no tiene nada que ver con la justicia, la santidad ni el juicio de Dios. Pero el apóstol nos dice explícitamente que la enfermedad es el resultado de nuestro pecado y que es un castigo de Dios. Al leer el relato de Juan 9 acerca del hombre ciego, muchos creyentes no pensarán que la enfermedad sea un castigo que Dios trae por causa del pecado. No comprenden que el Señor Jesús no daba a entender que el pecado y la enfermedad no tuvieran relación, sino que simplemente les advertía a los discípulos que no usaran el pecado para culpar a todas las personas que se encontraran enfermas. Si Adán no hubiese pecado, ese hombre no habría nacido ciego. Debido a que “nació” ciego, su caso es completamente diferente al de las enfermedades de los creyentes. 

Quizás nuestras enfermedades de “nacimiento” no tengan nada que ver con nuestro pecado. Pero las enfermedades que tengamos después de haber creído en el Señor, según la Biblia, se relacionan con el pecado. En Jacobo [Santiago] 5:16 dice: “Confesaos, pues, vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Tenemos que confesar nuestros pecados a fin de recibir sanidad, ya que éste es la raíz de la enfermedad.    

En la obra de Dios, al relacionarnos con las personas y los asuntos, al pensar y expresar nuestras opiniones, descubrimos que hay demasiadas voluntades obstinadas. Por lo tanto, Dios debe llevarnos al borde de la muerte para que veamos la condición tan difícil de aquellos que se resisten a El. Dios permite que experimentemos profundo dolor y sufrimiento a fin de quebrarnos y hacer que abandonemos la obstinación que tanto aborrece. Muchos creyentes no parecen oír lo que el Señor les dice durante los días corrientes, pero cuando El hace que sus cuerpos sufran, se disponen a obedecer sin condiciones. El Señor recurre al castigo cuando la amonestación de amor no surte efecto. El propósito de Su castigo es quebrantar nuestra obstinación. Al creyente enfermo le convendría mucho examinarse a sí mismo con respecto a este asunto.  

En 1 Corintios 11:30-32 se describe claramente la relación entre la enfermedad y el creyente. La enfermedad es básicamente una forma de disciplina que Dios nos aplica. Si el creyente se examina a sí mismo, Dios hará que la enfermedad desaparezca. Dios no tiene la intención de que los creyentes sufran enfermedades continuamente. Ninguna disciplina debe durar para siempre. Una vez que la causa de la disciplina es eliminada, la disciplina misma debe desaparecer rápidamente. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después...” (He. 12:11a). Los creyentes casi olvidan que hay un “después”. “Pero después da fruto apacible de justicia a los que por ella han sido ejercitados” (v. 11b). La disciplina no debe perdurar para siempre. De hecho, el fruto más excelente viene después de que termina la disciplina.  (El hombre espiritual, Cap. 40, W. Nee, LSM)  

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MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 5) (Se compartirá el jueves 11 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 5) 

En la vida de iglesia como ejército de Dios no debe haber lepra. La lepra representa todo lo malo que procede del hombre natural, especialmente cuando hay rebelión. Puesto que ella está profundamente arraigada y es subjetiva a nosotros, es necesario tomar medidas exhaustivas para eliminarla. Si no tomamos medidas con respecto a la lepra presente en nosotros, nos contaminaremos y seremos inmundos. (Extracto del Estudio-vida de Números, mje. 6, W. Lee, LSM)  

IV. EL ASPECTO DE LA LEPRA

El aspecto de la lepra es la prueba de que hay lepra. Lo que encontramos en este capítulo con respecto al aspecto de la lepra es el diagnóstico divino, la medicina divina.

El pelo en la infección se ha vuelto blanco

Que el pelo en la infección se tornase blanco (Lv. 13:3a) representa el deterioro de la fortaleza necesaria para llevar un comportamiento, una vida, normal. Los israelitas tenían cabello oscuro. El hecho de que el cabello oscuro de un israelita se tornara blanco era señal de que aquella persona se había debilitado. 

La infección es más profunda que la piel del cuerpo

El versículo 3b dice que en algunos casos la infección era más profunda que la piel. Primero, aparecía una erupción, y luego la infección se hundía más profundamente que la piel del cuerpo. Esto significa que uno encubrió el mal comportamiento y no lo confesó.

La mancha lustrosa es blanca en la piel del cuerpo
y no es más profunda que la piel, y el pelo en ella no se ha vuelto blanco

El versículo 4a habla del caso en que la mancha lustrosa en la piel del cuerpo es blanca y no es más profunda que la piel, y el pelo en ella no se ha vuelto blanco. Éstas son buenas señales, buenos síntomas, no señales de lepra, pues significan que uno no encubrió el mal comportamiento, sino que lo confesó, y que la fortaleza para llevar un comportamiento apropiado no se ha deteriorado.

La infección se ha oscurecido y no se ha extendido en la piel

Levítico 13:6 dice: “Al séptimo día el sacerdote lo examinará otra vez; si la infección se ha oscurecido y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo declarará limpio; es sólo una costra”. Que la infección se hubiera oscurecido y no se hubiera extendido en la piel significa que la debilidad de la persona fue absorbida por la vida divina mediante la obra de recobro que, con Su gracia, Cristo realizó en ella. Tal persona ha sido sanada, recobrada.

Si aparece una hinchazón blanca (edema) en la piel, la cual ha hecho que el pelo
se vuelva blanco, y hay carne viva en la hinchazón, es lepra crónica en la piel del cuerpo

“El sacerdote lo examinará, y si aparece una hinchazón blanca en la piel, la cual ha hecho que el pelo se vuelva blanco, y hay carne viva en la hinchazón, es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y el sacerdote lo declarará inmundo. No lo aislará, porque es inmundo” (vs. 10-11). Esto significa que el viejo pecado ha vuelto a aparecer al debilitarse la fortaleza de la persona para llevar un comportamiento apropiado.  

Cuando aparece en la piel carne viva, es lepra

“Pero cuando aparezca en él carne viva, quedará inmundo. El sacerdote examinará la carne viva y lo declarará inmundo. La carne viva es inmunda; es lepra” (vs. 14-15). Aquí vemos que cuando aparece la carne viva en la piel, es lepra. Esto representa la reaparición del viejo pecado.

Si la carne viva cambia y se vuelve blanca, él que tenía la infección es limpio

“Pero si la carne viva cambia y se vuelve blanca, él ira al sacerdote. El sacerdote lo examinará, y si la infección se ha vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tuvo la infección; es limpio” (vs. 16-17). Esto significa que si este pecado reiterado es confesado, será lavado.

Una hinchazón blanca (edema) o una mancha lustrosa, blanca rojiza, en la piel donde estaba el furúnculo, es lepra

“Cuando el cuerpo haya tenido un furúnculo en la piel, y éste se haya sanado, y en el lugar del furúnculo haya una hinchazón blanca o una mancha lustrosa, blanca rojiza, entonces será mostrada al sacerdote. El sacerdote la examinará; y si parece haber penetrado por debajo de la superficie de la piel, y el pelo en ella se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote lo declarará inmundo. Es una infección de lepra; ha brotado en el furúnculo” (vs. 18-20). Esto representa a la persona cuyo vivir externo se debilitó después que ella fue salva y, ahora, manifiesta nuevas flaquezas en su conducta.

Cuando haya en la piel de la carne una quemadura de fuego, y la carne viva de la quemadura se convierta en una mancha lustrosa, blanca rojiza o blanca, es una infección de lepra

“Cuando haya en la piel de la carne una quemadura de fuego, y la carne viva de la quemadura se convierta en una mancha lustrosa, blanca rojiza o blanca, entonces el sacerdote la examinará; y si el pelo en la mancha lustrosa se ha vuelto blanco, y ésta parece ser más profunda que la piel, es lepra. Ha brotado en la quemadura, y el sacerdote lo declarará inmundo; es una infección de lepra” (vs. 24-25). Esto representa el comportamiento en la carne de una persona salva, a saber: se enoja, se justifica a sí misma y no está dispuesta a perdonar a otros, todo lo cual es síntoma de enfermedad. Enojarse es pecado y, por tanto, es señal de lepra espiritual. Lo mismo se aplica al hecho de justificarse uno mismo.

Justificarnos a nosotros mismos, es decir, defendernos y no confesar nuestros fracasos, errores y malas acciones, es síntoma de lepra espiritual. Asimismo, no estar dispuestos a perdonar a otros es también síntoma de lepra espiritual. A nosotros los seres humanos caídos nos resulta difícil perdonar a los demás, pero nos es fácil recordar a los que nos han ofendido. A veces parece que perdonamos a nuestros hermanos y hermanas en el Señor, pero los perdonamos sin olvidar la ofensa. Recordamos la ofensa y quizás hasta hablemos de ella a los demás, diciéndoles que hemos perdonado al que nos ofendió. Esto es perdonar sin olvidar, y es una señal de enfermedad espiritual.

En la vida de iglesia, todos somos probados en cuanto a cuán puros somos con respecto a nuestras motivaciones, propósito y acciones. La vida de iglesia mostrará dónde nos encontramos, qué somos y quiénes somos. Antes de dormirnos en la noche, deberíamos dedicar algún tiempo para confesar nuestras faltas delante del Señor, pidiéndole que perdone nuestros pecados e impurezas. Debemos tomarle una vez más como nuestra ofrenda por el pecado y como nuestra ofrenda por las transgresiones, y aplicar Su sangre preciosa y purificadora a nuestra situación. 

EL LEPROSO CONFIESA ABIERTAMENTE SU LEPRA ANTE LOS DEMÁS

Levítico 13:45 y 46 nos habla acerca del leproso que confiesa abiertamente su lepra ante los demás. Esto significa que un pecador confiesa abiertamente su pecado ante los demás. El versículo 45 dice: “En cuanto al leproso que tiene la infección, sus vestidos serán rasgados y su cabellera será dejada suelta, y cubriéndose con la mano el labio superior, gritará: ¡Inmundo, inmundo!”. Aquí vemos varios aspectos de la confesión que el leproso hace de su lepra ante los demás. El primer aspecto es el de llevar vestidos rasgados. Esto significa que el hombre que cometió pecado reconoce su absoluto fracaso moral. Rasgarse las vestiduras es señal de que uno admite estar sumido en el más absoluto fracaso moral.

La cabellera del leproso debía ser dejada suelta. Esto significa carecer por completo de sujeción a la autoridad, ser indomable e irresponsable. Tal persona es rebelde y no respeta ninguna clase de autoridad. Su cabellera suelta es señal de su indomabilidad; esto indica que él anda desordenadamente y que no le importan en absoluto las normas y las reglas. El leproso tenía que gritar: “¡Inmundo, inmundo!”. Esto indica que él se condenaba a sí mismo sin cesar.

“Quedará inmundo todos los días que tenga la infección; es inmundo. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento” (v. 46). Habitar solo fuera del campamento significa que aquel que ha pecado deberá permanecer fuera de la iglesia y aislado de la comunión del pueblo de Dios hasta que él ponga fin a su pecaminosidad (1 Co. 5:13). (Extracto del Estudio-vida de Levítico, mjes 38-40, W. Lee, LSM)  

QUITAR DE LA IGLESIA AL PERVERSO

En 1 Corintio 5:9-13 vemos que el perverso debe ser excomulgado de la iglesia. En el versículo 13 Pablo escribe: “Quitad a ese perverso de entre vosotros”. Esto significa cortarlo de la comunión de la iglesia, según es tipificado por la exclusión de un leproso de en medio del pueblo de Dios (Lv. 13:45-46). Este es un asunto sumamente grave. Pablo ya había juzgado al perverso, y esperaba que los creyentes corintios hiciesen lo mismo, quitándolo de entre ellos.

El versículo 11 dice: “Pero ahora os he escrito que no os mezcléis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o viva de rapiña; con el tal ni aun comáis”. Pablo no sólo menciona una clase de persona perversa, sino varias. Además, no sólo condena el pecado en sí, sino a la persona que vive en el pecado. Debemos hacer una distinción importante. Por ejemplo, cometer fornicación no es lo mismo que ser fornicario. Un fornicario no es aquel que comete fornicación como en el caso de David en el Antiguo Testamento, sino uno que vive y permanece en dicho pecado, uno que practica la fornicación de tal manera que lo constituye un fornicario.

Supongamos que por una debilidad, un hermano cae en cierto pecado. Debemos ayudarle a arrepentirse, a abandonar dicho pecado y a volver al Señor. Si el hermano está dispuesto a hacer esto y produce fruto de arrepentimiento, la iglesia lo perdonará. No obstante, si permanece en el pecado y llega a ser una persona que vive en ello, se le debe quitar de la comunión de la iglesia. De otro modo, toda la iglesia será leudada.

Este capítulo contiene muchos puntos importantes. Primero, la iglesia debe ser pura, sin levadura, y no debe tolerar a personas pecaminosas. Segundo, debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu y usarlo en cada situación. Tercero, debemos entender que nosotros, habiendo experimentado la Pascua, debemos disfrutar la fiesta de los panes sin levadura de manera continua. Finalmente, si alguien se convierte en una persona perversa y rehusa arrepentirse, debe ser quitada de la vida de iglesia. Pero si con el tiempo se arrepiente y da frutos de arrepentimiento, la iglesia debe perdonarle y reintegrarle a la comunión. Si meditamos sobre todos estos asuntos, entenderemos claramente cómo actuar con una persona perversa en la vida de iglesia. (Extracto del Estudio vida de 1 Corintios, cap. 36, W. lee, LSM) 

Cómo tratar con los miembros que causan división

Algunos deliberadamente causan divisiones, y por eso, debemos apartarnos de estas personas. Tito 3:10 dice que debemos rechazar a los miembros facciosos y sectarios. Algunos miembros son muy facciosos, muy sectarios, y su propósito al relacionarse con otros es causar división. Actualmente, hay algunos que permanecen entre nosotros con la única intención de esparcir veneno. Sin duda, ellos causan división, y son facciosos y sectarios. Debido a eso, debemos apartarnos de ellos. Si permanecen facciosos después de una y otra amonestación, debemos desecharlos.

Esto se conforma a la práctica de la cuarentena de los leprosos en la tipología del Antiguo Testamento (Lv. 13:45-46; Nm. 12:10-15). Cuando Miriam, la hermana de Moisés, se rebeló, fue castigada por Dios con lepra y fue puesta en cuarentena. Ser puesto en cuarentena equivale a ser puesto a un lado por un tiempo, para el provecho de toda la congregación. Esto se debe a que ciertas enfermedades son muy contagiosas. Si una persona tiene una enfermedad contagiosa, se le pone en cuarentena y es separada aun de los miembros de su familia hasta que se sane. Esto protege a toda la familia, y las Escrituras nos mandan a que hagamos lo mismo.

Todo aquel que esté enfermo espiritualmente, que padezca la enfermedad de la división, habiendo llegado a ser una persona que causa divisiones, debe ser puesto en cuarentena. La división es muy contagiosa; por lo tanto, la iglesia tiene que aprender a poner en cuarentena a las personas que causan división. Conforme a la enseñanza de los apóstoles, debemos apartarnos de ellos o rechazarlos. Esto protege a toda la iglesia para que ella sea guardada.

Estas personas que causaban división se congregaban a tomar la mesa del Señor no para lo mejor (no para provecho), sino para lo peor (para pérdida)

Cuando las personas facciosas se reúnen a tomar la mesa del Señor, no es para lo mejor, para provecho, sino para lo peor, para pérdida (1 Co. 11:17). La manera en que asistimos a la mesa del Señor es muy importante. Debemos tener la certeza de no albergar pensamientos facciosos contra los santos ni tampoco juzgarlos. Si venimos a la mesa del Señor de una forma facciosa, sufriremos pérdida.

Pablo dijo que por esa razón muchos de entre los corintios estaban débiles y enfermos físicamente, y muchos de entre ellos dormían (v. 30). Aquí, la palabra dormir significa que habían muerto (1 Ts. 4:13-16). El Señor primeramente los disciplinó, de modo que se debilitaron físicamente; luego, como no se arrepintieron de su ofensa, recibieron más disciplina y cayeron enfermos; finalmente, debido a que aún no se arrepentían, el Señor los juzgó por medio de la muerte. Esto indica que debemos tener cuidado en la manera que venimos a la mesa del Señor.

No existe base, razón, justificación ni vindicación para ninguna clase de división

No existe base, razón, excusa, justificación ni vindicación para ninguna clase de división. No importa cuál sea la razón para causar divisiones, a los ojos de Dios esa razón no es válida. Si pensamos que algo está mal en los ancianos o en los santos, no debemos chismear acerca de ello. Más bien, debemos siempre ir al Señor. Si lo hacemos, El nos dará el sentir de orar por ellos. Si hay algo que no está bien, debemos decírselo al Señor Jesús; El es el único capaz de sanar la situación. También debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si somos mejores que ellos o no. ¿Somos mejores que los ancianos a quienes criticamos? Si entramos a la presencia del Señor, nos daremos cuenta de que somos peores. El Señor nos ayudará a comprender que debemos ser corregidos en muchas áreas. Esta es la manera de guardar la unidad. (Extracto del libro La visión intrínseca del Cuerpo, cap. 6, W. lee, LSM)

En la vida de la iglesia siempre hay cierta mortandad. Llevamos muerte a otros por medio de nuestra crítica. Incluso algunos de nuestros hijos saben criticar a los que hablan en una reunión, y aun saben criticar a los ancianos. Si podemos deshacernos de la crítica en la vida de iglesia, el noventa por ciento de lo que produce muerte será sorbido por la vida. (Nuestra necesidad urgente: Espíritu y Vida, cap. 2, W. Lee, LSM) 

EJERCIENDO DISCIPLINA

¿En qué consiste la disciplina de la iglesia? Consiste en que cuando un hermano que es recibido por el Señor comete algo que hace que el Señor lo excluya de la comunión, que nosotros también ejercemos disciplina sobre él. Ustedes no deben decir que nosotros queremos a todos los que el Señor quiere y también a los que él Señor no quiere. Si el Señor pone a cierta persona en el mundo, pero ustedes la ponen en la iglesia, ustedes abren en la iglesia una puerta para el mundo. Como resultado, no habrá una línea limítrofe entre la iglesia y el mundo; la muralla entre ellos ha sido derribada por ustedes.

Nosotros a menudo usamos esta ilustración: Cuando un bote está en el mar, el bote y el mar no pueden tener comunión. Tan pronto como ellos empiezan a tener comunión, el bote tarde o temprano se hundirá en el mar. Del mismo modo, si ustedes hacen un agujero en la iglesia, la línea de separación entre la iglesia y el mundo se perderá. Por lo tanto, la iglesia local debe ejercer la disciplina; debe tener acción disciplinaria a fin de que llegue a ser una iglesia local.

¿Qué es acción disciplinaria? En 1 Corintios capítulo cinco menciona seis diferentes clases de personas que son salvas y que tienen la vida de Dios. Pero ellas se han gratificado sobremanera a sí mismas, y han llegado a ser: un fornicario, un codicioso, un maldiciente, un borracho, un idólatra y un extorsionador. Pablo dijo a la iglesia en Corinto: “quitad...a ese perverso de entre vosotros” (v. 13).

A quien el Señor no desea en la iglesia, ustedes tampoco lo deben desear en esa localidad. Si ustedes en su localidad retienen a uno a quien el Señor no desea, esta retención traerá problemas. El Señor dijo que el tal es como un poco de levadura que leudará toda la masa (1 Co. 5:6). Dentro de poco tiempo, toda la iglesia estará mohosa. La iglesia ya no será la harina pura, sino la levadura. Por lo tanto la iglesia debe tener disciplina.

Además, la iglesia sabe qué clase de persona es un hermano. Esto está reflejado en las palabras de la hermana M. E. Barber: “La unidad de la iglesia es la voz del Espíritu Santo”. Si a todos los hermanos les parece que un hermano es cierta persona, entonces es cierto que él es tal persona. Ustedes no pueden decir que todos los hermanos lo han malentendido. Por lo tanto, una iglesia local debe ejecutar la disciplina de Dios en su localidad. (Extracto del cap. 3 del libro Pláticas adicionales sobre la vida de iglesia por Watchman Nee, LSM)  

    

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MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 4) (Se compartirá el jueves 04 enero 2018 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 4)

I. LA LEPRA REPRESENTA TODO PECADO GRAVE
PROCEDENTE DEL INTERIOR DEL HOMBRE

La lepra (Lv. 13:2b) representa todo pecado grave procedente del interior del hombre, tales como el pecado premeditado, el pecado de presunción o el de oponerse a Dios resueltamente (cfr. Miriam, Nm. 12:1-10; Giezi, 2 R. 5:20-27; y Uzías, 2 Cr. 26:16-21). La lepra en realidad no se origina en el interior de una persona, sino que empieza por fuera, cuando ciertos gérmenes o bacterias entran en el ser de la persona. Entonces la lepra brota del interior de la persona, tal como lo muestran tres casos del Antiguo Testamento: el caso de Miriam, el de Giezi y el de Uzías.

La lepra siempre es causada por la rebelión. Miriam se rebeló contra Moisés, quien era la autoridad delegada por Dios. Su rebelión tenía una causa, la cual era que Moisés había contraído matrimonio con una mujer cusita (Nm. 12:1). Como consecuencia de su rebelión, Miriam se volvió leprosa (v. 10). Su lepra se debió a su rebelión.

En 2 Reyes 5:20-27 Giezi, siervo de Eliseo, se rebeló contra la manera de proceder de Eliseo. Giezi también contrajo lepra a causa de la rebelión. En 2 Crónicas 26:16-21, el rey Uzías se rebeló contra lo que Dios había ordenado con respecto al sacerdocio. Según esta norma, el rey no podía participar en el sacerdocio. Pero Uzías se rebeló contra esta norma y, como resultado de ello, se volvió leproso. En cada uno de esos tres casos, la lepra primero entró en la persona que se rebeló y luego brotó de su interior.

Según el Antiguo Testamento, la lepra tiene una causa, y esta causa es rebelarse contra la autoridad de Dios, contra la autoridad delegada de Dios, contra las normas dispuestas por Dios y contra la economía de Dios. Todos debemos reconocer que nos hemos rebelado contra la autoridad de Dios y contra Su autoridad delegada. Además, a menudo nos hemos rebelado contra las normas dispuestas por Dios. Por último, también nos hemos rebelado en contra de toda la economía de Dios. Por consiguiente, a los ojos de Dios, todos nos volvimos leprosos. La lepra entró en nosotros y luego brotó de nuestro interior.

La lepra es pecado. Satanás se rebeló contra Dios, y esa rebelión se convirtió en el pecado que ahora está presente en el universo. Antes de la rebelión de Satanás no existía tal cosa como el pecado. El pecado fue algo inventado, no creado, por el arcángel rebelde Lucifer.

Cuando el Señor Jesús descendió del monte donde decretó la constitución del reino de los cielos, lo primero que hizo fue limpiar a un leproso (Mt. 8:1-4). Este leproso representa a los descendientes caídos de Adán, todos los cuales son leprosos. El pecado que fue inventado por Satanás entró en la humanidad a través de Adán y nos constituyó a todos leprosos. Ahora la lepra produce muchas clases de pecados, es decir, diversas expresiones o manifestaciones propias de la rebelión. 

UNA INFECCIÓN EN LA CABEZA 

Levítico 13:29 habla acerca de una infección que sale en la cabeza o en la barba. En la Biblia la cabeza, en especial su cabello, representa la gloria del hombre. En 1 Corintios 11 se nos indica que el cabello guarda relación con la gloria. El hecho de que pudiera producirse una infección en la cabeza, la cual representa la gloria, y en la barba, la cual representa la dignidad, indica que la lepra fácilmente puede esconderse detrás de la gloria y dignidad humanas. 

Levítico 13, un capítulo que nos revela la sabiduría de Dios, nos proporciona un diagnóstico divino de nuestro pecado. La lepra es sinónimo de pecado, y el pecado es sinónimo de rebelión. El pecado es rebelión. En el universo existe en realidad un solo pecado, y este pecado es la rebelión.

Conforme a los principios que Dios estableció en Su creación, todo está en orden y está relacionado con cierta clase de autoridad. La autoridad está presente por todas partes en el universo. La autoridad se encuentra en la familia y en las escuelas. Si no hubiera autoridad en este país, no habría paz ni orden. La rebelión es contraria a la autoridad. Los que se rebelan se oponen a la autoridad.

Según la perspectiva divina, la autoridad es sinónimo de Dios mismo. Satanás trató de derrocar esta autoridad divina, pero fracasó y fue juzgado por su rebelión. Hoy en día nosotros, por ser aquellos que Dios creó, escogió, redimió y salvó, y especialmente, por ser los hijos que Él regeneró, debemos ser las personas más sumisas y obedientes. Todo lo que tenga que ver con la rebelión proviene de Satanás. La expresión de rebelión que hoy está en nosotros tiene diversos aspectos. Cada aspecto constituye un pecado, una infracción, una transgresión, un exceso o una ofensa. Estas cosas tal vez sean aparentemente insignificantes, pero todas ellas son expresiones del pecado único: la rebelión.

Una infección en la cabeza (Lv. 13:29a) significa que hay algo que no marcha bien en lo referido a la sujeción a la autoridad y a la manera de pensar de uno. Toda irregularidad en nuestro modo de pensar por lo general está relacionada con una actitud inapropiada hacia la autoridad. Si la actitud de uno hacia la autoridad no es apropiada, su manera de pensar tampoco será apropiada. Pero si la actitud de uno hacia la autoridad es correcta, no habrá nada equívoco en su modo de pensar.  

II. HINCHAZÓN, ERUPCIÓN O MANCHA LUSTROSA EN LA PIEL DE UNA PERSONA

Hinchazón (edema), erupción o mancha lustrosa en la piel de una persona (Lv. 13:2a) representan las manifestaciones externas en el hombre que consisten en indomabilidad, fricciones con otros, soberbia y exaltación propia. Las hinchazones, las erupciones y las manchas lustrosas en la piel del cuerpo son señales de lepra. En un sentido espiritual, éstas indican indomabilidad, ingobernabilidad. La indomabilidad es una especie de erupción. Una persona indomable es alguien que no está dispuesto a someterse a ninguna autoridad.

Fricciones con otros también son señal de lepra. No debemos pensar que las fricciones que se dan entre los hermanos son insignificantes. Las fricciones son una erupción que indica que la lepra está brotando del interior de una persona. Todos éstos son síntomas, señales, de que uno está leproso.

III. LA PERSONA ES TRAÍDA AL SACERDOTE, ES EXAMINADA POR ÉSTE
Y ES ENCERRADA (RECLUIDA) POR SIETE DÍAS

El hecho de ser traído al sacerdote, ser examinado por éste y ser encerrado (recluido) por siete días (vs. 2c-28) significa ser traído, por un lado, al Señor y, por otro, a aquel que sirve a Dios, ser examinado por ellos y ser impedido de tener contacto con otros por un período completo de tiempo. El Señor Jesús y los que sirven a Dios, los sacerdotes que sirven, están capacitados para examinar a una persona y determinar si tiene lepra.  (Extracto del Estudio-vida de Levítico, mensajes 38-40 por W. Lee, LSM)      

Miriam y Aarón hablan contra Moisés, la autoridad delegada de Dios

Por lo visto en Números 12, los hijos de Israel atravesaban por un periodo de murmuración, chismes y rebeliones. Así que, “Miriam y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita con quien se había casado” (v. 1a). Por alguna razón, ellos no estaban contentos con Moisés a causa de esto. Moisés, Aarón y Miriam eran parientes consanguíneos. Moisés había sido llamado por Dios, y Aarón también había sido llamado por Él. No se nos dice que Miriam hubiera sido llamada, pero la Biblia sí afirma que ella era una profetisa (Éx. 15:20). Todos ellos...eran considerados líderes entre el pueblo de Israel. Sin embargo, había “gérmenes” ocultos en Miriam y Aarón que fueron despertados por los “vientos” que soplaban junto con la corriente tormentosa.

De esto debemos aprender que en el servicio del Señor no debemos permitir que nada negativo permanezca oculto dentro de nosotros. Toda cosa semejante que no sea desarraigada de nuestro ser, se hará manifiesta tarde o temprano. Debemos estar alertas y atentos a todo germen que aún pudiera estar en nosotros. Tal vez aparentemente seamos muy buenas personas, pero cuando comiencen a soplar ciertos vientos o cuando se levante cierta “tormenta” o agitación, podríamos vernos afectados e involucrados. En tal caso, quedaremos al descubierto al igual que Miriam y Aarón. 

Miriam y Aarón tomaron como excusa para difamar a Moisés su aparente error de casarse con una mujer cusita. Sin embargo, la verdad era que ellos competían con Moisés con respecto a quién hablaba por Dios. Esto, no la mujer cusita, era el verdadero factor que los llevó a hablar contra Moisés.

En Números 12:5-9 vemos que Dios intervino. “Jehová descendió en una columna de nube, y se puso a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y a Miriam. Y [...] se acercaron ambos” (v. 5). Dios tomó muy seriamente la difamación hecha por Miriam y Aarón porque esto constituía un desafío a la autoridad de Dios. Ir en contra de la autoridad de Dios...es atacar el trono de Dios. Esto es muy serio.

Dios vindicó a Moisés al llamarlo Su siervo y al decir que él era fiel en toda Su casa (v. 7). Dios también vindicó a Moisés al decir que era alguien con quien Él hablaba cara a cara, claramente y no con enigmas, y alguien que contemplaba la figura de Jehová (v. 8a). Dios reprendió a Aarón y a Miriam. Les preguntó: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra Mi siervo, contra Moisés?” (v. 8b). La ira de Jehová se encendió contra ellos; luego, Él se fue (v. 9).

Miriam es castigada con la infección de lepra

En los versículos del 10 al 12 vemos que Miriam fue castigada. ¿Por qué castigó Dios a la mujer y no al hombre? Considero que hay dos razones por las que Dios castigó a Miriam, pero no a Aarón. En primer lugar, es probable que fue Miriam quien tomó la delantera en dicha rebelión. Tal vez fue ella la instigadora, la iniciadora, que provocó a Aarón. En segundo lugar, la rebelión es particularmente ofensiva en el caso de una mujer. Con respecto a la rebelión, uno puede ser algo tolerante con el varón, pero no con la mujer. Dios castigó a Miriam a fin de dar una advertencia y hacer sonar la alarma para todas las mujeres de entre los hijos de Israel, de modo que ellas no siguieran el ejemplo de Miriam.

Miriam fue castigada con la infección de lepra. “Cuando la nube se apartó de sobre la tienda, he aquí que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y Aarón se volvió hacia Miriam, y he aquí que ella estaba leprosa” (v. 10). Ésta fue la medida gubernamental de parte de Dios.

Aarón rogó a Moisés por Miriam (vs. 11-12). Aarón había sido instigado por su hermana, y ahora se convirtió en su mediador, en su intercesor. Esto debe enseñarnos a no seguir a un instigador. Si lo seguimos, a la postre podríamos encontrarnos rogando por él. “Dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, te ruego que no pongas sobre nosotros este pecado que locamente hemos cometido” (v. 11). “No sea ella como un muerto, que al salir del vientre de su madre tiene ya medio consumida su carne” (v. 12). Aarón rogó que Miriam no muriera de esta forma tan miserable.

Moisés oró por la sanidad de Miriam, diciendo: “Te ruego, oh Dios, que la sanes” (v. 13). Esto es otro indicio de la mansedumbre de Moisés. Si él no hubiera sido manso, no habría orado por ella, sino que la habría dejado morir en su lepra. Dios escuchó la oración de Moisés y juzgó a Miriam echándola fuera del campamento por siete días (vs. 14-15a). El pueblo no se puso en marcha hasta que Miriam fue admitida de nuevo (v. 15b). El mismo principio que vemos en el caso de Miriam y Aarón se aplica a nosotros hoy en día. Espero que el Señor les hable más de lo que yo les he podido hablar para que todos aprendamos esta lección. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensaje 19 por Witness Lee, LSM)  

La manifestación de la rebelión: la lepra

Cuando la ira de Dios se encendió, la nube se alejó de la tienda y la presencia de Dios se apartó. Inmediatamente, María quedó leprosa (v. 10). Esto no fue producto de alguna infección, sino que fue ocasionado por Dios.  Tan pronto como la rebelión interna se manifiesta, viene la lepra. Los leprosos debían ser marginados. No podían acercarse a ellos y quedaban privados de toda comunión.

Cuando Aarón vio que María quedó leprosa, él suplicó a Moisés que intercediera para que Dios la sanara. Dios indicó que María fuera echada del campamento por siete días, después de los cuales sería recibida de nuevo. Ella fue avergonzada por siete días como si su padre hubiera escupido sobre su rostro. Sólo después de siete días la tienda de reunión pudo continuar su viaje. Cada vez que surge la rebelión y la murmuración entre nosotros, la presencia de Dios se va y la tienda se detiene. La columna de nube no regresa hasta que sea juzgada la murmuración. Si el asunto de autoridad no ha sido establecido, todos los demás asuntos permanecerán inestables.

La sujeción a la autoridad directa de Dios y a Su autoridad delegada

Muchos piensan que están sometidos a Dios, pero no saben que necesitan someterse a la autoridad que El delega. Los que son verdaderamente sumisos ven la autoridad de Dios en sus circunstancias, en su hogar y en las instituciones. Dios dijo: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” (v. 8). Cada vez que surge la murmuración, debemos estar alerta. No podemos ser descuidados pensando que podemos hablar precipitadamente. Cuando surge la murmuración, queda en evidencia que la rebelión está presente, pues es la expresión de ésta. 

Muchas personas hoy en día, hablan en contra de quienes los preceden, de los hermanos responsables en la iglesia, pero no se dan cuenta de la seriedad de este asunto. Si un día la iglesia recibe gracia de Dios, se separará de los que murmuran contra los siervos de Dios y no hablará con ellos porque son leprosos. Que Dios tenga misericordia de nosotros para que veamos que este asunto no se relaciona con cierto hermano sino con la autoridad que Dios delegó...El pecado que Dios condena es la rebelión del hombre. (Extracto del libro La autoridad y la sumisión capítulo 3 por Watchman Nee, LSM)  

En 1942 se produjo un gran disturbio en la iglesia en Shanghái. Tal disturbio hizo que la iglesia en Shanghái cerrara sus puertas y que el hermano Nee interrumpiera su ministerio durante seis años. Cuando aquel disturbio se produjo, yo no estaba en Shanghái. Después de la guerra en 1946, regresé a Shanghái, y la iglesia allí abrió nuevamente sus puertas. Pero el número de santos que se reunía era muy reducido en comparación con los que se reunían en 1942. En la reunión de la mesa del Señor apenas se congregaban unos ochenta a noventa santos. Durante aquel disturbio hubo muchos santos que fueron ofendidos, y todas las flechas iban dirigidas al hermano Nee. Él era el blanco de los ataques.

Cuando regresé a la iglesia en Shanghái en 1946, no hacía mucho que me había recobrado de una enfermedad muy grave. Durante los dos años y medio que duró aquella enfermedad y la correspondiente recuperación, yo había aprendido mucho. Principalmente aprendí con respecto a los dos árboles: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Algunos de los santos en Shanghái habían sido muy queridos para mí en el Señor por muchos años. Ellos vinieron a mí y me planteaban la siguiente interrogante: “Hermano Lee, ¿cree usted que el hermano Watchman Nee jamás cometió un error?”. ¿Cómo debía responder? ¿Sí o no?

Esta interrogante no me molestó, pues durante mi enfermedad había aprendido algunas lecciones concernientes a los dos árboles. A los santos que venían a mi con tal interrogante, yo les preguntaba: “Antes de que ustedes condenaran al hermano Nee afirmando que él se había equivocado en ciertas cosas, ¿cómo era su vida espiritual?”. Ellos respondían de una manera muy positiva, diciendo que su vida espiritual era maravillosa; ellos estaban llenos de vida y plenamente consagrados a la vida de iglesia. Entonces les preguntaba: “¿Y cómo es su vida espiritual ahora?”. Muchas veces ellos se ponían a llorar, y me decían que se sentían perdidos y que habían perdido todo ánimo. Ellos decían que el Señor todavía estaba con ellos, pero que ellos mismos habían perdido todo interés.

En otras palabras, después de condenar al hermano Nee, la experiencia de ellos se había tornado completamente negativa. Después, yo les respondía: “Hermano, si al afirmar que el hermano Nee estaba equivocado y al condenarlo ustedes estuvieran haciendo lo que es propio, entonces su vida espiritual debía ser mejor que antes. ¿Por qué es que después que usted comenzó a condenar al hermano Nee y a hablar mal de él, su vida espiritual se ha empobrecido tanto?”. Esta clase de comunión consiguió rescatar a un buen número de santos en Shanghái. Los santos de aquella localidad vinieron a mí uno por uno de este modo. Yo simplemente hacía que ellos examinaran cómo había sido su vida espiritual antes de que comenzaran a hablar mal del hermano Nee y cómo era su vida espiritual ahora. Todos ellos vieron que había una gran diferencia y se arrepintieron.

Me parece que nosotros podríamos ayudar a los santos del mismo modo. Podríamos preguntarles si los comentarios que ellos escucharon fueron de ayuda para su vida espiritual. Si les fueron de ayuda, entonces deberían recibirlos; pero si no les fueron de ayuda, seguramente proceden del enemigo. Independientemente de que aquello que escucharon haya sido verdad o no, siempre y cuando atender a tales comentarios haya ejercido una influencia negativa en su vida espiritual, ustedes no debieran recibirlos. No les correspondía a estos santos juzgar si el hermano Nee se había equivocado o no. Aun si lo que ellos hicieron hubiese sido algo correcto, ¿cuál había sido el resultado de lo que hicieron? El resultado fue que ellos trajeron muerte a las personas. Incluso una pequeña conversación sobre algo negativo le traerá muerte.

Tenemos que ayudar a los santos a obedecer a la vida en su interior y a resguardar su vida espiritual de toda muerte, de ser herida o de ser envenenada por cualquier cosa. Tenemos que ayudar a los santos a evitar todo cuanto pudiera traer muerte a su vida espiritual, causarle daño o envenenarla. Esta clase de comunión fue la que tuvimos con los santos en Shanghái de 1946 a 1948, y ello tuvo como resultado el arrepentimiento de cientos de santos. Cientos se arrepintieron y retornaron a la vida de iglesia. Muchos de ellos fueron al hermano Nee y se arrepintieron personalmente delante de él. (Extracto del Entrenamiento para ancianos, libro 5, capitulo 5 por Witness Lee, LSM) (La semana que viene continuaremos con este tema)   

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MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 2) (Se compartirá el jueves 21 diciembre 2017 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 2)

SER SANTIFICADOS: PARA SER NAZAREOS

Dios desea que todos los de Su pueblo sean nazareos. Ser nazareo significa ser santificado, apartado, para Dios de manera absoluta y definitiva. En este sentido, ser santificado significa no estar dedicado a ninguna otra cosa excepto a Dios mismo.

La sección que trata sobre las medidas tomadas con respecto a la contaminación nos muestra que Dios desea que Su pueblo sea limpio, justo y fiel. La prueba de la castidad indica que Dios quiere que lo amemos únicamente a Él, que lo amemos con nuestro corazón, con nuestra mente, parte emotiva y voluntad, y con nuestra fuerza física (Mr. 12:30). Dios quiere que nada ni nadie más que Él sea nuestro primer amor y nuestro único amor. Incluso si lo amamos a tal grado, quizás aún no estemos entregados a Él de manera absoluta y definitiva.

Podemos usar la vida matrimonial como ejemplo de lo que es amar al Señor sin estar entregados absolutamente a Él. Tal vez Dios lo haya favorecido con una esposa que lo ama. Sin embargo, a pesar de que ella lo ama y es totalmente casta, es posible que no viva entregada a usted de manera total, absoluta y definitiva. Aun la esposa más amorosa todavía vive para sí misma en ciertas áreas.

El tema del nazareato pone a prueba nuestra entrega absoluta. Si queremos ser nazareos, debemos entregarnos a Dios de manera absoluta, total y definitiva.

A. Representa al Señor Jesús quien, en Su humanidad, vive entregado a Dios

Según la tipología, entre los miembros del linaje humano el único nazareo es el Señor Jesús. Por tanto, un nazareo tipifica a Cristo. El nazareo representa al Señor Jesús quien, en Su humanidad, vivió entregado a Dios.

B. Hace un voto especial a fin de apartarse para Jehová

Números 6:2 habla de un hombre o una mujer que hacía “un voto especial, el voto del nazareo, a fin de apartarse para Jehová”. Aquí vemos que el nazareo se santificaba haciendo un voto especial a fin de apartarse para Dios. En ocasiones es posible que le hayamos hecho un voto al Señor, pero que no lo hayamos hecho de una manera muy firme ni absoluta y, por ende, no lo hayamos cumplido. ¿Puede usted hacer un voto y cumplirlo fielmente por el resto de su vida?

Existe una diferencia entre separarse y santificarse. Separarnos tiene un sentido negativo, y santificarnos tiene un sentido positivo. Por un lado, debemos separarnos de las personas mundanas; por otro, debemos santificarnos, es decir, entregarnos a Dios. 

Los sacerdotes, que son tales por nacimiento, son ordenados por Dios a iniciativa de Dios mismo. Un sacerdote debe ser un nazareo, una persona entregada absolutamente a Dios. Esto concuerda con lo que Dios ha ordenado. Llegar a ser sacerdote es algo dispuesto por Dios a iniciativa de Dios mismo; no depende de lo que la persona hace, sino de lo que Dios hace con respecto a ella.

Los nazareos, constituidos como tales mediante un voto, se apartan para Dios por iniciativa propia. Esto significa que aunque una persona no es un nazareo por nacimiento, llega a ser tal al hacer un voto especial. Por consiguiente, los sacerdotes son ordenados por Dios según Su iniciativa, mientras que una persona llega a ser un nazareo al hacer un voto por iniciativa propia. Hoy estamos en el recobro del Señor por la iniciativa de Dios y también por nuestra iniciativa. Ambas cosas son necesarias.

Samuel fue un nazareo que complementó al deficiente Elí, un sacerdote que Dios había ordenado como tal. En su vejez, Elí tenía ciertas deficiencias. Sin embargo, Samuel, de su propia iniciativa, vino a llenar el vacío causado por las deficiencias de Elí y, de esa manera, complementó al deficiente Elí.

C. Se abstiene de vino y de todo lo relacionado con su fuente

“Se mantendrá apartado absteniéndose de vino y de bebidas embriagantes; no beberá vinagre de vino ni vinagre de bebida embriagante, ni beberá ningún zumo de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas. Durante todos los días de su nazareato no comerá producto alguno de la vid de uva, desde el granillo hasta el hollejo” (vs. 3-4). Aquí vemos que el nazareo debía abstenerse de vino y de todo lo relacionado con su fuente. Esto significa abstenerse del disfrute y placer terrenal (cfr. Sal. 104:15; Ec. 10:19). Abstenerse de toda índole de vino es abstenerse de toda clase de disfrute y placer terrenal.

Debemos tener cuidado de toda cosa terrenal que nos haga sentir alegres. Los placeres terrenales conducen a una conducta y propósitos concupiscentes. Los deleites y placeres terrenales contaminan al nazareo. Esto nos muestra que una persona absolutamente entregada a Dios está completamente separada de todo lo relacionado con los placeres terrenales. 

D. No se afeita la cabeza

“Todos los días del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza. Hasta que sean cumplidos los días durante los cuales se apartó para Jehová, será santo; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza” (Nm. 6:5). No afeitarse la cabeza significa no rechazar la autoridad del Señor como cabeza (cfr. 1 Co. 11:3, 6).

Para ser nazareos, debemos hacer dos cosas. Primero, no debemos tener nada que ver con el placer terrenal. Segundo, debemos permanecer completamente sujetos a la autoridad, completamente sujetos a la autoridad del Señor como cabeza. Afeitarse la cabeza significa rechazar la autoridad del Señor como cabeza. En términos espirituales, afeitarnos la cabeza significa desechar la autoridad del Señor sobre nosotros. El nazareo debía dejarse crecer el cabello (libremente); es decir, debía permanecer en sujeción a la autoridad del Señor como cabeza, en lo cual estriba el poder (Jue. 16:17).

La época en que vivimos es una de iniquidad. Si nos deshiciéramos del servicio de la policía y cerráramos los tribunales, la sociedad se llenaría de ladrones y asesinos. No podríamos vivir en una situación semejante. El linaje caído es un linaje rebelde. La naturaleza rebelde todavía subsiste en nosotros. Por consiguiente, sería peligroso estar en una situación en la que no hay autoridad delegada. Ésta es la razón por la cual Dios estableció el gobierno humano (Gn. 9:5-6).

El gobierno en su totalidad constituye una autoridad delegada que representa la autoridad de Dios. A este respecto Pablo dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste” (Ro. 13:1-2a). Los maestros, los empleadores y los oficiales de policía son autoridades delegadas. En todas partes de la tierra hay autoridades delegadas.

Apliquemos este asunto de la autoridad delegada a la iglesia. ¿Existe la autoridad delegada en la iglesia? Si no existe autoridad delegada en la iglesia, entonces ¿por qué hay ancianos? Recientemente, algunos han dicho que en el Nuevo Testamento no hay autoridad delegada. Si esa afirmación fuese cierta, ¿por qué nos dice el Nuevo Testamento que hay ancianos en las iglesias? No hay duda de que Cristo es la Cabeza, y que la autoridad es el Espíritu; sin embargo, todavía necesitamos que haya ancianos en la iglesia. Sin los ancianos, la iglesia estaría en una condición de anarquía.

La autoridad delegada también se encuentra en nuestra vida familiar. Los padres son la autoridad delegada para los hijos (Ef. 6:1), y los maridos son la autoridad delegada para las mujeres (5:23). Pablo incluso dice que la mujer debe temer a su marido (v. 33). El hecho de que la mujer tema a su marido significa que ella lo considera la autoridad delegada. Puesto que la autoridad delegada se encuentra aun en una familia, que es pequeña, ¡con mayor razón debe haber autoridad delegada en la iglesia!

E. No toca nada muerto a fin de no contaminarse

Ahora necesitamos ver que un nazareo no debía tocar nada muerto a fin de no contaminarse. A los ojos de Dios, lo más aborrecible es la muerte, y un nazareo no debía contaminarse con ella.

1. No se contamina por la muerte de sus padres consanguíneos, sino que se mantiene apartado a fin de ser santo para Dios

Un nazareo no debía ser contaminado por la muerte de sus padres consanguíneos, los parientes más cercanos a él, sino que debía mantenerse apartado a fin de ser santo para Dios (vs. 6-8). Al nazareo no le era permitido contaminarse ni siquiera por la muerte de su padre o su madre. Esto significa que no debemos contaminarnos con la muerte que proviene del afecto natural, sino mantenernos limpios en nuestra santificación. El nazareo debía permanecer completamente santificado, separado para Dios de todas las cosas, y debía siempre asirse a Dios.

2. Si es contaminado por la muerte repentina de alguien a su lado, se lava al séptimo día

Si su cabeza de nazareo era contaminada por la muerte repentina de alguien a su lado, el nazareo debía ser lavado al séptimo día (el último día de su separación, Hch. 21:27) afeitándose la cabeza (Nm. 6:9-12). Esto indica que si somos contaminados por alguna muerte inesperada, debemos ser lavados apartándonos nuevamente para el Señor.

Hoy en día vivimos con otras personas, y no podemos predecir cuándo, en un sentido espiritual, alguien morirá a nuestro lado. Si nos contaminamos a causa de una muerte súbita, debemos tener un nuevo comienzo. Debemos purificarnos apartándonos de nuevo para el Señor.

Nosotros no alcanzamos a darnos cuenta de cuán sucia y contaminante es la muerte. Por lo general, consideramos que el pecado es muy contaminante; no obstante, Dios detesta la muerte mucho más que el pecado. En la vida de iglesia, el pecado a veces se introduce para contaminar a la iglesia y causar daño a los santos, pero lo que nos contamina con más frecuencia es la muerte. La muerte está oculta. Muchas veces la muerte está justo a nuestro lado, pero como no nos percatamos de ella ni la percibimos, terminamos siendo contaminados por ella.

¿Cómo sabemos que hemos sido contaminados por la muerte? Lo sabemos porque tenemos una sensación, o sentir, de muerte. El pecado trae condenación, lo cual afecta nuestra conciencia. Pero la muerte no tiene que ver con la condenación, es decir, no afecta nuestra conciencia; más bien, la muerte nos hace perder la sensibilidad y nos mata.

A menudo, cuando usted asiste a una reunión, recibe una suministración de vida y es avivado. Sin embargo, en algunas ocasiones, al llegar a casa después de una reunión usted siente que ha caído en muerte, pero no sabe por qué. Aunque no siente ninguna condenación en su conciencia, percibe que algo en su interior le infunde muerte y lo mata. Su espíritu se debilita y se embota. Usted se siente desanimado e incapaz de levantarse, y pasan varios días sin que pueda orar. Tal vez no lo sepa, pero en aquella reunión usted recibió un elemento que le produjo muerte; cierta especie de muerte lo mató. Todos hemos tenido esta clase de experiencia.

Como personas que vivimos exclusivamente entregados a Dios, debemos guardarnos de los placeres terrenales y de ser afectados por la muerte. Es fácil abstenernos de los placeres terrenales, pero no es fácil percibir que estamos cerca de alguien que está muerto espiritualmente. Sin embargo, si vivimos en el Espíritu en todo sentido, al venir a la reunión de inmediato tendremos la sensación de que allí hay muerte. Tal vez no sólo percibamos que la atmósfera de la reunión está baja y que hay pesadez, sino también que en la reunión hay muerte, la cual se oculta detrás de lo que se ve. En momentos como éstos, debemos orar mucho para contrarrestar dicha situación de muerte, diciendo: “Señor, cúbreme con Tu sangre de todo efecto mortal, de toda muerte espiritual”. Debemos pelear contra la muerte.

Si la muerte está presente, entonces debemos ser los primeros en orar, diciendo: “Señor, cubre esta reunión con Tu sangre prevaleciente. Bajo esta sangre participamos de la vida divina”. Ejercite su espíritu de una manera poderosa para combatir contra la muerte que hay en la reunión. Entonces, mientras esté en dicha reunión será protegido. Esto forma parte de la guerra espiritual.

Creo que a esto se debe que la asistencia a la reunión de oración haya disminuido en muchas iglesias. La muerte oculta puede hacer que la reunión de oración caiga en un estado de aletargamiento. Por tanto, debemos pelear contra la muerte y todos sus efectos.

Como nazareos, debemos aprender a evadir la muerte. Es fácil evadir el efecto provocado por la muerte de un familiar, pues esa clase de muerte es obvia. Sin embargo, no es fácil evadir la muerte súbita de alguien que está cerca de nosotros, ya que esa clase de muerte a menudo está oculta. Por consiguiente, debemos ser personas llenas de vida, la cual es “anti-muerte”. Esto dependerá de cuánto ejercitemos nuestro espíritu para orar...con oraciones que combatan contra el enemigo.

Como nazareos, debemos abstenernos de los placeres terrenales, permanecer sujetos a la autoridad y pelear contra la muerte. La muerte se encuentra en todas partes. En la sociedad abundan los gérmenes de la muerte. Debido a que estos gérmenes se encuentran incluso en la vida de iglesia, debemos orar cada día, a cada hora, y combatir contra la muerte, el último enemigo de Dios (1 Co. 15:26).

“Al octavo día traerá dos tórtolas o dos palominos al sacerdote, a la entrada de la Tienda de Reunión. El sacerdote ofrecerá uno como ofrenda por el pecado, y el otro como holocausto; luego hará por él expiación por lo que pecó a causa de haber tenido contacto con un muerto, y santificará su cabeza en aquel día” (Nm. 6:10-11). El octavo día es el día de la resurrección, el día que es contrario a la muerte. En ese día, el nazareo debía experimentar un nuevo comienzo.

Números 6:12 dice que el nazareo “apartará para Jehová los días de su nazareato, y traerá un cordero de un año como ofrenda por las transgresiones; pero los días primeros serán anulados, porque fue contaminado su nazareato”. Éste era un nuevo voto de consagración para el nazareo, en el cual se apartaba para Dios nuevamente. Para esto él requería un cordero como ofrenda por las transgresiones. Haber violado su voto era un pecado, por lo cual requería una ofrenda por el pecado. El error que cometió al tocar algo muerto era una transgresión, por lo cual requería una ofrenda por las transgresiones. Al aplicar este versículo a nosotros hoy, vemos que una vez que nuestra separación anterior ha sido anulada, debemos apartarnos nuevamente para Dios tomando a Cristo como nuestra ofrenda por las transgresiones.

A leer estos versículos de Números 6, vemos cuán serio es hacer el voto del nazareato. No debemos considerarlo como algo trivial. Cuando hagamos este tipo de voto, principalmente debemos tener cuidado de no contaminarnos con la muerte. Si nos guardamos de la contaminación de la muerte, seremos personas vivientes que viven absolutamente entregados a Dios, a Su ejército y a Su sacerdocio.

El nazareo debe vencer principalmente en cuatro áreas. Primeramente, debe vencer con respecto al afecto natural que siente por sus familiares, esto es, el afecto natural que siente por su madre, por su padre, por su esposa y por sus hijos. El Señor Jesús venció con respecto al afecto natural. Mateo 12:48-50 dice: “¿Quién es Mi madre, y quiénes son Mis hermanos? Y extendiendo Su mano hacia Sus discípulos, dijo: ¡He aquí Mi madre y Mis hermanos! Porque todo aquel que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos, ése es Mi hermano, y hermana, y madre”. El Señor Jesús reconoció como familiares Suyos a aquellos que lo eran en el espíritu, y no a los que lo eran en la vida natural.

En segundo lugar, el nazareo debe vencer con respecto a los placeres terrenales. En tercer lugar, el nazareo debe poner fin a toda rebelión presente en su naturaleza. Los niños y los adolescentes deben sujetarse a la autoridad. Un niño que no se sujete a la autoridad será indomable y salvaje. Lo mismo se aplica a los adolescentes que no estén dispuestos a sujetarse a nadie, a nada ni a ninguna circunstancia. Es una bendición estar sometido a alguien o a algo. Incluso es una bendición ser restringidos severamente. Le doy gracias al Señor porque desde el día en que vine al recobro, el Señor me hizo estar sujeto a alguien, a algo o a determinadas circunstancias.

En cuarto lugar, el nazareo debe esforzarse al máximo por evitar todo contacto con la muerte. No permita que nadie a punto de sufrir una muerte súbita esté a su lado. Si alguien que está a su lado muere súbitamente, tal vez usted piense que tiene excusa; sin embargo, no hay excusa para ninguno que se contamine con la muerte, y la muerte súbita de la persona que está a su lado ciertamente anulará el voto del nazareato que usted hizo. Sobre todo cuando se esparcen rumores y chismes, lo mejor es no estar cerca de quien los esparce. Una persona podría morir repentinamente delante de usted al emitir con sus palabras todo tipo de muerte. Y una vez que usted se contamine con la muerte, tendrá que purificarse de esa contaminación y comenzar de nuevo; de lo contrario, sufrirá muerte, y después toda la iglesia, aparentemente sin ninguna explicación, terminará por caer en una condición de muerte. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensajes 8-9 por Witness Lee, LSM)

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MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 3) (Se compartirá el miércoles 27 diciembre 2017 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 3)

Lectura bíblica: Nm. 5:1-10

Para que el pueblo de Dios fuese conformado un ejército, debían cumplirse ciertos requisitos, ciertas condiciones. Uno de estos requisitos era deshacerse de toda contaminación. En este mensaje empezaremos a considerar lo que revela Números 5 referente a las medidas que debemos tomar con respecto a la contaminación. Dios es justo y santo, y no tolera la contaminación. Su pueblo, por consiguiente, debe tomar medidas con respecto a la contaminación.

A. La razón por la cual se toman medidas

La razón por la cual se toman medidas con respecto a la contaminación tiene tres aspectos. En primer lugar, el pueblo de Dios es la morada y la habitación de Dios (v. 3); en segundo lugar, son Sus guerreros, quienes combaten por Él (1:20, 22, 24, 26, 28, 30, 32, 34, 36, 38, 40, 42); y tercero, los que conforman este ejército son también sacerdotes que sirven a Dios (3:3). Para que Dios pueda obtener una morada, un ejército y un sacerdocio, Su pueblo debe tomar medidas con respecto a la contaminación. Ellos, al igual que Dios, deben ser justos y santos y, por tanto, deben ser limpios.

 Las medidas que ellos debían tomar corporativamente guardaban relación principalmente con tres asuntos: la lepra, padecer flujo y la inmundicia producida por tener contacto con los muertos.

Tomar medidas con respecto a los flujos

Números 5:1-3 "Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, a todos los que padecen flujo y a todo contaminado por contacto con una persona muerta. Así a hombres como a mujeres".  Debemos tomar medidas con respecto a los flujos. En términos espirituales, padecer flujo representa toda manifestación excesiva, anormal y descontrolada que proceda del hombre natural, lo cual indica que uno carece de control y restricción en relación con uno mismo, con su temperamento, sus preferencias, sus gustos y aversiones. En nuestra vida diaria, si nos damos a excesos y no ejercemos restricción alguna, nos volvemos anormales. Esta condición anormal es un flujo. Por ejemplo, cuando nos enojamos, nos portamos de manera excesiva, desenfrenada y anormal. Esto constituye un flujo, una secreción, del hombre natural. Expresar sin restricción alguna lo que nos gusta y lo que no nos gusta, es otro ejemplo de flujo. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensaje 6, por Witness Lee, LSM)

Levítico 15:1-2 "Entonces Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cuando cualquier varón tenga flujo de su cuerpo, su flujo es inmundo". Independientemente de qué clase de personas seamos, todos tenemos flujos, y, como nos lo muestra el capítulo 15 de Levítico, estos flujos son totalmente inmundos. Además, la inmundicia de nuestros flujos es contagiosa. Por esta razón, el capítulo 15 nos manda apartarnos de todo flujo que procede del cuerpo humano y del contagio de la inmundicia. Debido a que nacimos en inmundicia y somos por completo inmundos, todo cuanto procede de nosotros es inmundo. Además, la inmundicia de lo que procede de nosotros es contagiosa y, por tanto, hace inmundos a los demás. Éste es el punto crucial del capítulo 15.

No debemos pensar que esto sea algo insignificante. Al contrario, nuestro contacto con la gente es de suma importancia. Si nos relacionamos con la categoría equivocada de personas, esto podría contaminarnos y, por ende, descalificarnos de llevar una vida santa como pueblo santo de Dios. El segundo factor problemático es la inmundicia de nuestro nacimiento. Debemos comprender que nuestra fuente, nuestro origen, es la inmundicia. Nosotros somos la inmundicia misma. Nuestro nacimiento, nuestro origen y nuestra constitución intrínseca, todos ellos son inmundicia. Todo flujo nuestro, todo cuanto procede de nuestro cuerpo, es inmundo y contagioso.

Según la Biblia, nuestro cuerpo es la corporificación de nosotros mismos. Nuestro cuerpo es nuestro ser, nuestra constitución intrínseca. Todo lo que procede de nuestro cuerpo, de nuestra constitución intrínseca, es inmundo y contagioso. En 15:1-13 vemos que aquel que tiene flujo es inmundo, y que toda cosa o persona que él toque, se hace inmunda. Al considerar estos versículos, nos damos cuenta de que la inmundicia está por doquier. Todo ha sido contaminado por los flujos humanos, por lo que procede de nuestro ser. Cuanto más nos demos cuenta de esto, más valoraremos esos versículos del capítulo 15 que indican que Cristo es el factor de nuestra purificación.

Después de leer Levitico 15:1-13, tal vez nos preguntemos si existe algún lugar donde no seamos contaminados por la inmundicia de los flujos humanos. En todas partes está la inmundicia que procede de nosotros, los seres humanos. Si nos percatamos de esto, no querremos permanecer en la tierra, sino que desearemos ser arrebatados. El mundo entero, toda la humanidad, es un montón de corrupción. Fuera de Cristo, no hay ningún lugar donde estar. Tenemos que estar en Cristo. Sólo el Señor Jesús puede purificarnos. Únicamente Él es el factor que purifica.

Un varón es inmundo a causa de su flujo

“Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cuando cualquier varón tenga flujo de su cuerpo, su flujo es inmundo” (Lv. 15:2). Esto significa que todo lo que procede del cuerpo del varón, sea o no conforme a la ley del cuerpo físico, es inmundo. Todo tipo de flujo es inmundo.

“Ésta será su inmundicia a causa de su flujo: Ya sea que haya flujo emitido de su cuerpo, o el flujo esté obstruido en su cuerpo, este flujo constituye su inmundicia” (v. 3). Esto significa que todo cuanto procede de la vida natural del hombre, sea esto bueno o malo, es sucio. Los versículos del 4 al 11 nos dicen que toda cosa o persona que toque estos flujos del hombre queda inmundo. Esto significa que todo lo que ha sido tocado o toca lo que procede de la vida natural del hombre, es hecho inmundo.

Queda inmundo hasta el anochecer

La persona era inmunda hasta el anochecer (vs. 5c, 6c, 7c, 8c, 10c, 11c). Esto significa que se debe poner fin (muerte) a la inmundicia de lo que procede de la vida natural del hombre para que pueda haber un nuevo comienzo (resurrección). La frase hasta el anochecer significa ponerle fin mediante la muerte. Entonces habrá un nuevo día, un nuevo comienzo, el cual es la resurrección.

Si queremos estar limpios, con lo cual tendremos un lugar limpio donde estar, debemos llegar a nuestro fin. Debemos tomar la cruz de Cristo a fin de morir. De este modo, llegaremos al anochecer de nuestro viejo ciclo, al anochecer de la vieja creación. Entonces, por medio de la cruz y después de experimentar la cruz, tendremos un nuevo día; estaremos en resurrección.

 Lava sus vestidos y se baña en agua

Levítico 15 nos dice repetidas veces que la persona lavaba sus vestidos y se bañaba en agua (vs. 5b, 6b, 7b, 8b, 10b, 11b). Esto no significa sólo tomar medidas con respecto a la vida que llevamos, nuestro comportamiento y los medios por los cuales entramos en contacto con la vida natural del hombre, sino también tomar medidas con respecto a nosotros mismos por el lavamiento del agua de vida, el purificador Espíritu de vida, en la palabra de Dios, eliminando todo aquello que fue influenciado por nuestra vida natural.

Necesitamos que la cruz de Cristo ponga fin a nuestra vieja vida, y necesitamos que la resurrección de Cristo nos dé un nuevo comienzo. Además de esto, necesitamos el agua de vida, que es el Espíritu que lava y purifica. Necesitamos también la palabra, porque el purificador Espíritu de vida está corporificado en la palabra. Cada vez que acudimos a la palabra en nuestro espíritu, tocamos el elemento en la palabra que nos lava. Después de tocar en la palabra ese elemento que nos lava, dicho elemento seguirá purificando nuestro ser durante todo el día. Por consiguiente, necesitamos la cruz de Cristo, la resurrección de Cristo y el Espíritu Santo como agua de vida que está en la palabra de Dios. Ahora debemos acudir a la palabra valiéndonos de nuestro espíritu. Como resultado de ello, eliminaremos todo aquello que haya sido influenciado por nuestra vida natural.

 La purificación del hombre que tiene flujo

“Cuando el que tiene flujo se haya limpiado de su flujo, contará siete días para su purificación; entonces lavará sus vestidos, bañará su cuerpo en aguas corrientes y quedará limpio” (v. 13). Esto significa que debemos tomar medidas con respecto a nuestra vida natural al grado de que ésta sea aniquilada por completo y que nosotros debemos ser purificados con la palabra de Dios en Su Espíritu.

“Al octavo día tomará para sí dos tórtolas o dos palominos, vendrá delante de Jehová a la entrada de la Tienda de Reunión y los dará al sacerdote. El sacerdote los ofrecerá, uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto; así el sacerdote hará expiación por él delante de Jehová a causa de su flujo” (vs. 14-15). Esto significa que el hombre que vive regido por su vida natural no sólo necesita que la redención de Cristo se haga cargo de su naturaleza pecaminosa, sino que también necesita la vida de Cristo para poder llevar una vida de absoluta entrega a Dios.

Aquí Cristo es tipificado por las dos tórtolas o los dos palominos. Una de estas aves era ofrecida como ofrenda por el pecado, y la otra era ofrecida como holocausto. La función de Cristo como ofrenda por el pecado es poner fin a nuestra naturaleza pecaminosa, y la función de Cristo como holocausto consiste en ser nuestra vida para que vivamos absolutamente entregados a Dios. Necesitamos experimentar a Cristo de estas dos maneras, en estos dos aspectos. Mediante Cristo como nuestra ofrenda por el pecado y como nuestro holocausto, es resuelto el problema referente a nuestros flujos.

LOS HIJOS DE ISRAEL SE MANTIENEN SEPARADOS DE SU INMUNDICIA PARA QUE NO MUERAN POR HABER CONTAMINADO EL TABERNÁCULO DE DIOS

“Así mantendréis a los hijos de Israel separados de su inmundicia, para que no mueran en su inmundicia por haber contaminado Mi tabernáculo que está entre ellos” (v. 31). Esto significa que cuando la persona contaminada con lo que procede de su vida natural aún no se ha apartado de dicha inmundicia, sino que toca a la iglesia, esa persona sufrirá muerte (principalmente muerte espiritual).

El versículo 31 muestra que los flujos humanos afectan la morada de Dios. Si aún tenemos flujos, contaminaremos la morada de Dios. En tipología, esto significa que si todavía tenemos la contaminación que proviene de la vida natural, contaminaremos la vida de iglesia. Por causa de la vida de iglesia, debemos permitir que la cruz de Cristo, la resurrección de Cristo, el Espíritu con la vida divina y el contacto que tenemos con la Palabra santa mediante nuestro espíritu pongan fin a nuestra vida natural. De este modo seremos resguardados de la contaminación de los flujos humanos naturales.

Aunque el flujo del hombre no es tan grave como la lepra, sus efectos son más serios que los de la lepra. Por experiencia sabemos que aunque podamos parecer perfectos y completos, y no hagamos nada malo, seguimos teniendo flujos, cosas que proceden de la vida natural, tanto en nuestra vida familiar como en nuestra vida de iglesia. Todo cuanto procede de nuestro ser natural es inmundicia, y esta inmundicia es contagiosa, pues contamina toda persona, cosa o lugar con la que entra en contacto. Por causa de nuestro flujo, necesitamos a Cristo. Necesitamos Su muerte, Su resurrección, Su Espíritu, Su vida y Su palabra.  (Extracto del Estudio-vida de Levítico, mensaje 45, Witness Lee, LSM)

 Echar la contaminación fuera del campamento

Los contaminados por lepra, por flujos o por tener contacto con los muertos serían echados fuera del campamento, que era la morada de Dios en medio de Su pueblo (Nm. 5:2). Dios es justo, santo y viviente. Por tanto, la lepra, los flujos y la muerte espiritual no pueden ser tolerados en la morada de Dios, ni en Su ejército ni en Su sacerdocio.

Las tres clases de contaminación respecto de las cuales tomó medidas el campamento de Israel tipifican toda la inmundicia de la cual es necesario depurar a la iglesia. Estas tres cosas —la lepra causada por la rebelión, los flujos padecidos por toda manifestación excesiva, anormal y descontrolada, y la inmundicia producida por tener contacto con los muertos— constituyen un tipo completo de la inmundicia con respecto de la cual debemos tomar medidas y erradicar de la vida de iglesia. Si eliminamos estas tres cosas, la iglesia será limpia.

Tal vez pensemos que es imposible encontrar en la tierra alguna iglesia que haya sido purgada de toda contaminación. Sin embargo, como lo aclara la historia de Elías, a los ojos de Dios, Él se ha reservado a siete mil. Elías acusó al pueblo de Dios, diciendo: “Señor, a Tus profetas han dado muerte, y Tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y acechan contra mi vida” (Ro. 11:3; 1 R. 19:10). Pero el Señor le contestó a Elías, diciendo: “Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal” (Ro. 11:4; 1 R. 19:18). Con esto Dios parecía decirle: “Elías, a tus ojos la situación puede parecer caótica, pero Yo estoy satisfecho con estos siete mil”.

A lo largo de los siglos, Dios siempre ha tenido a “siete mil” con los que Él ha podido contar. Debido a ello, Dios ha podido tener Su testimonio hasta el día de hoy. Debemos aprender cómo ser contados entre estos siete mil. Eso significa que debemos tomar medidas exhaustivas, tanto a nivel corporativo como a nivel individual, que nos mantengan en una condición apropiada que concuerde con los requisitos y condiciones que Dios exige para la formación de Su ejército guerrero. Aparentemente, hoy aún no vemos que se haya formado este ejército guerrero. Pero a los ojos de Dios, este ejército ya existe y ya ha sido formado. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensaje 6 por Witness Lee, LSM) 

Salvar un alma de muerte

En Jacobo 5:20 dice que el que hace volver a tal pecador, al hermano que se ha extraviado, salvará su alma de muerte. Jacobo no dice “lo salvará”, sino “salvará el alma de éste”. 

Jacobo ya había hablado acerca de la salvación del alma. En 1:21 él dijo: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. La salvación del alma no tiene que ver con la salvación inicial; más bien, se refiere a la etapa progresiva de la salvación, la etapa de la transformación (Nota 5 en 1 Pedro 1:5). Los que han recibido la salvación inicial necesitan recibir más de la palabra que puede salvar sus almas. 

Según 1 Juan 5, el pecado puede ocasionarnos la muerte física, la cual es consecuencia de la disciplina de Dios. Cuando un creyente peca, Dios le da una advertencia; luego, si no hace caso a esa advertencia y continúa en pecado, Dios podría disciplinarlo y permitir que se enferme. Esta enfermedad es una disciplina y también una advertencia que se le da al creyente para que se arrepienta, abandone su pecado y deje de llevar una vida pecaminosa. No obstante, si no se arrepiente, Dios podría disciplinarlo aún más, al grado de acortarle la vida. Como resultado, este creyente finalmente muere.

Sin embargo, el hecho de que un creyente muera a causa de su pecado no significa que perecerá eternamente. El día en que creímos en el Señor Jesús fuimos salvos una vez y para siempre, y jamás nos perderemos. Sin embargo, si un creyente persiste en llevar una vida de pecado, Dios podría darle una advertencia y disciplinarlo con una enfermedad. Primero, Dios podría disciplinarlo con la enfermedad, lo cual sería una advertencia para que él regrese al camino de la verdad. Luego, tal vez la iglesia le pida a alguien que trate de hacer volver a este hermano. No obstante, si él permanece en su pecado, esto podría obligar a Dios a disciplinarlo aún más y permitir que muera.

Supongamos que usted siente la carga de hacer volver al camino de la verdad a un hermano que se ha extraviado. Hacerle volver equivaldría a salvar su alma de la muerte física. Ésta es la interpretación correcta de 5:19-20. Lo que Jacobo dice en estos versículos no tiene nada que ver con la perdición eterna ni con la salvación eterna. La cuestión de la salvación eterna quedó totalmente resuelta en el momento en que creímos y fuimos salvos. No obstante, si nos descarriamos y volvemos a caer en el pecado, podríamos sufrir alguna enfermedad, la cual sería una disciplina de parte de Dios. Después de esto, si no nos arrepentimos, podríamos morir prematuramente. (Extracto del Estudio-vida de Jacobo mensaje 12 por Witness lee, LSM)     

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Jac. 1:21). La salvación del alma no equivale a la salvación del espíritu, ya que para obtener ésta lo único que debemos hacer es creer y recibir; pero la salvación del alma requiere que desechemos toda inmundicia y malicia en nuestra conducta para recibir con mansedumbre la palabra implantada.

“El Señor... me salvará para Su reino celestial” (2 Ti. 4:18). “Por lo cual, hermanos, sed aún más diligentes en hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no tropezaréis jamás. Porque de esta manera os será suministrada rica y abundante entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 1:10-11). La salvación del alma es la salvación que nos introduce en el reino de los cielos, el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (Extracto del libro Preguntas sobre el evangelio, pregunta 49 por Watchman Nee, LSM)   

 

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MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 1) (Se compartirá el jueves 14 diciembre 2017 en las reuniones de hogar)

MEDIDAS A TOMAR CON RESPECTO A LA CONTAMINACIÓN (Parte 1)

Lectura bíblica: Nm. 5:11-31 También Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Si la mujer de alguno se desvía y le es infiel, y si alguno se acuesta con ella y tiene relaciones sexuales con ella, aunque el hecho haya quedado oculto a los ojos de su marido, pues ella se contaminó a escondidas y no hay testigo contra ella, ya que no fue sorprendida en el acto; si viene sobre él espíritu de celos y tiene celos de su mujer, y ella se ha contaminado; o si viene sobre él espíritu de celos y tiene celos de su mujer, y ella no se ha contaminado; entonces el marido traerá la mujer al sacerdote y llevará por ella la ofrenda, la décima parte de un efa de harina de cebada.

No derramará sobre ella aceite ni pondrá sobre ella olíbano, porque es ofrenda de harina por causa de celos, una ofrenda de harina conmemorativa, que trae a la memoria la iniquidad. Y el sacerdote hará que ella se acerque y la pondrá delante de Jehová. Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro; tomará también el sacerdote del polvo que haya en el suelo del tabernáculo, y lo echará en el agua. Y el sacerdote pondrá a la mujer delante de Jehová, soltará el cabello de la mujer y pondrá sobre sus manos la ofrenda de harina conmemorativa, que es la ofrenda de harina por causa de celos; y en la mano del sacerdote estará el agua de amargura que trae maldición.

Entonces el sacerdote hará que jure y le dirá: Si ninguno se ha acostado contigo, y si no te has desviado a inmundicia estando bajo la autoridad de tu marido, sé inmune de esta agua de amargura que trae maldición. Pero si te has desviado estando bajo la autoridad de tu marido y te has contaminado, y se ha acostado contigo alguien que no sea tu marido, (el sacerdote hará que la mujer jure con juramento de maldición, y dirá el sacerdote a la mujer): Jehová te haga maldición y juramento en medio de tu pueblo, haciendo Jehová que tu muslo se consuma y tu vientre se hinche; y esta agua que trae maldición entrará en tus entrañas y hará que tu vientre se hinche y tu muslo se consuma. Y la mujer dirá: Amén, amén.

El sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro y las borrará con las aguas de amargura. Y hará que la mujer beba el agua de amargura que trae maldición; y el agua que trae maldición entrará en ella haciéndose amarga. Después el sacerdote tomará de la mano de la mujer la ofrenda de harina por causa de celos, y la mecerá delante de Jehová y la llevará al mujer beba el agua. Cuando le haya hecho beber el agua, sucederá que si ella se ha contaminado y ha sido infiel a su marido, el agua que trae maldición entrará en ella haciéndose amarga, su vientre se hinchará y su muslo se consumirá; y la mujer será una maldición en medio de su pueblo. Mas si la mujer no se ha contaminado, sino que está limpia, ella quedará inmune y podrá concebir. Ésta es la ley de los celos cuando la mujer, estando bajo la autoridad de su marido, se desvía y se contamina.

Medidas a tomar con respecto a una esposa por la cual el marido sienta celos

Para que el pueblo de Dios fuese conformado un ejército, debían cumplirse ciertos requisitos. Uno de estos requisitos era deshacerse de toda contaminación. En este mensaje empezaremos a considerar lo que revela Números 5 referente a las medidas que debemos tomar con respecto a la contaminación. En 5:11-31 vemos las medidas que se tomaban con respecto a una esposa por la cual el marido sienta celos. La única forma de entender de una manera lógica estas medidas es considerarlas como parte de la tipología.

Incluso las palabras claras y las figuras retóricas pueden estar relacionadas con la tipología. Proverbios 4:18 dice: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, cuyo resplandor va en aumento hasta llegar a pleno día”. Las palabras de este proverbio son claras; con todo, en ellas encontramos una figura retórica que forma parte de la tipología. La “luz de la aurora”, el alba, representa la venida de Cristo (Lc. 1:78). Esta figura también podría referirse al avivamiento que experimentamos por la mañana. Este ejemplo nos muestra que incluso en palabras claras y directas podría encontrarse una figura retórica que puede ser considerada como parte de la tipología.

Es difícil explicar Números 5:11-31 mediante palabras claras. Lo que allí se describe no tiene nada que ver con la historia ni con una persona, sino que guarda relación con la tipología.

En la prueba del agua de amargura (v. 18) se usaba una combinación de agua (que se refiriere al Espíritu Santo), polvo que haya en el suelo del tabernáculo (que se refiriere a la naturaleza humana del hombre) y una ofrenda de harina (que se refiere a Cristo). A la mujer, de la cual se tenían sospechas, se le pedía beber el agua. Si en ella había pecado, el agua hacía que su vientre se hinchara y su muslo se consumiera. Esto no parece ser un relato de algo divino; sin embargo, esto constituye un maravilloso milagro.

En el relato de Números 5:11-31 podemos ver la tipología. El agua tipifica al Espíritu Santo, la ofrenda de harina de cebada tipifica al Cristo resucitado, y el polvo representa al hombre creado (Gn. 2:7). Por consiguiente, aquí se encuentra la creación, el Espíritu, Cristo y Su muerte y resurrección. El agua en la que se echaba el polvo del suelo del tabernáculo no sólo se convertía en agua de amargura que traía maldición, sino también en agua que operaba de tal forma que hacía que el vientre de la mujer se hinchara y el muslo se consumiera.

Lo más difícil de explicar es el polvo del suelo del tabernáculo. El polvo hace referencia al hombre natural, el hombre que fue creado por Dios, y el tabernáculo es la morada de Dios. La morada de Dios es edificada sobre el hombre que Él creó. Esto es el polvo del suelo del tabernáculo. La morada de Dios es santa, pero hay una especie de polvo que puede unirse a la morada de Dios.

Tomar este polvo y echarlo en el agua equivale a tomar la naturaleza humana que puede unirse a la morada de Dios y ponerla en el Espíritu Santo. Esta agua que contenía el polvo era después puesta junto al Cristo que es la ofrenda de harina de cebada (en resurrección), mas sin olíbano ni aceite (sin la eficacia de la resurrección y sin el Espíritu Santo). Por consiguiente, aquí vemos la naturaleza humana creada por Dios unida a la morada de Dios, puesta en el Espíritu Santo y aplicada juntamente con el Cristo resucitado. Esto verdaderamente pondrá a prueba nuestra castidad.

Corporativamente e individualmente, el pueblo de Dios debe ser casto para con Dios. No es suficiente ser limpios. Ser limpios es una cosa, y ser castos es otra. Tal vez no tengamos lepra ni padezcamos flujos, y quizás no hayamos tocado nada muerto, pero ¿somos castos? Es posible que seamos muy fieles, pero no tendremos un carácter elevado si no somos castos. Una mujer pudiera ser buena en todo sentido, pero si tiene otro amor, esto le haría perder su castidad. El pueblo de Dios no solamente debe ser limpio en todo sentido y en todo aspecto, sino que además debe ser casto. Por tanto, debemos aprender cómo ser castos para con el Señor. Consideremos ahora brevemente algunos de los detalles acerca de las medidas tomadas con respecto a una esposa por la cual el marido sienta celos.

 Tipifican el celo que Cristo tiene por Sus creyentes y Su iglesia

Las medidas que se tomaban con respecto a una esposa por la cual el marido sentía celos tipifican el celo que Cristo tiene por Sus creyentes y Su iglesia. Debemos recordar que la iglesia y todos los creyentes tienen un solo marido, Cristo. Es posible que nosotros no seamos rebeldes (leprosos), que tengamos buen dominio propio y seamos moderados (sin ningún tipo de flujo), y que nuestro comportamiento sea apropiado delante de Dios y delante de los hombres; no obstante, como esposa de Cristo, ¿somos castos? Para que a una mujer se le considere casta, ella no debe tener otro amor que no sea su marido. Si una mujer tiene en alta estima a cualquier otro hombre, ella está a punto de perder su castidad.

Si somos una esposa casta para Cristo, seguiremos a nuestro Marido a la batalla. David tenía una mujer guerrera (1 S. 25). En Apocalipsis, el ejército combatiente de Cristo está compuesto por Sus vencedores, quienes conforman una esposa combatiente que complementa a Cristo (Ap. 19:7-9, 11-14). A fin de formar parte del ejército combatiente del Señor, tenemos que ser castos para con Él. Las medidas tomadas, según constan en el libro de Números, nos muestran que los requisitos para que el pueblo de Dios conformara un ejército eran muy elevados.

La iglesia y todos los creyentes deben tomar a Cristo como su único amor (2 Co. 11:2-3). Si la iglesia o cualquiera de los creyentes busca o va en pos de algo que no sea Cristo, esto es adulterio espiritual a los ojos de Dios. Los que cometen fornicación espiritual serán juzgados y maldecidos por Dios (1 Co. 16:22), y no podrán combatir por Dios ni servirle. Una vez perdemos nuestra castidad, quedamos descalificados para combatir por Dios y servirle. El hombre que sentía celos por su mujer debía traerla al sacerdote (Nm. 5:15a). El sacerdote aquí podría representar a Cristo o a alguien muy cercano a Dios.

“El sacerdote pondrá a la mujer delante de Jehová, soltará el cabello de la mujer” (v. 18a). Que el cabello de la mujer fuese soltado denota que ella no se sujetó a la autoridad. El sacerdote también tomaba del agua santa (el Espíritu Santo) en un vaso de barro (el hombre natural) y tomaba del polvo (la naturaleza del hombre natural, Gn. 3:19; Sal. 22:15) que había en el suelo del tabernáculo y lo echaba en el agua, con lo cual se convertía en agua de amargura que trae maldición (Nm. 5:17-22).

“El sacerdote escribirá estas maldiciones en un libro y las borrará con las aguas de amargura. Y hará que la mujer beba el agua de amargura que trae maldición” (vs. 23-24a). Aquí las maldiciones hacen referencia a la palabra del juicio de Dios.

 Si ella se ha contaminado, su vientre se hincha y su muslo se consume, y la mujer será una maldición en medio de su pueblo

“Cuando le haya hecho beber el agua, sucederá que si ella se ha contaminado y ha sido infiel a su marido, el agua que trae maldición entrará en ella haciéndose amarga, su vientre se hinchará y su muslo se consumirá; y la mujer será una maldición en medio de su pueblo” (v. 27). Que el vientre (el abdomen) se hinchase significaba que se hacía anormal. Que el muslo se consumiera significaba que la fuerza de la mujer decaía. En las medidas tomadas podemos ver la creación, la redención, la resurrección, el Espíritu Santo y la morada de Dios. Tal procedimiento era ciertamente milagroso.

Si la mujer no se ha contaminado, queda inmune y podrá concebir

“Si la mujer no se ha contaminado, sino que está limpia, ella quedará inmune y podrá concebir” (v. 28). Literalmente, la palabra hebrea traducida “concebir” significa “descendencia”. La mujer que no se había contaminado tendría descendencia. Las medidas descritas en 5:11-31 indican que la manera en que Dios pone a prueba la castidad de Su pueblo es muy rigurosa. Nuestro carácter debe reflejar una elevada norma de castidad. Sólo entonces podremos combatir por Dios y servirle. (Extracto del Estudio-vida de Números, mensaje 7, Witness Lee, LSM)

El profeta Oseas toma por esposa a Gomer, una mujer dada a la prostitución

El profeta Oseas tomó por esposa a Gomer, una mujer dada a la prostitución (Oseas 1:2-9). Esto simbolizó el hecho de que Dios tomó a Israel como esposa: una mujer que se dio a la prostitución y que se apartó de Jehová. 

En los versículos del 2c al 4 tenemos la advertencia que Jehová le hace a Israel. Él le ordena que aparte de su rostro sus prostituciones, y sus adulterios de entre sus pechos (v. 2c). Si ella no lo hiciera, Él la desnudaría por completo como el día en que nació, la convertiría en desierto y en tierra seca y la mataría de sed (v. 3); además, no tendría compasión de los hijos de ella, pues eran hijos de prostitución (v. 4).

El versículo 5a nos dice que Israel se prostituyó y se portó desvergonzadamente. Ella incluso llegó al extremo de declarar: “Iré tras mis amantes, / que me dan mi pan y mi agua, / mi lana y mi lino, / mi aceite y mi bebida” (v. 5b). Ella afirmó que sus necesidades diarias eran cubiertas por sus amantes, esto es, por sus ídolos. Esto, por supuesto, era una mentira.

En el versículo 6 Jehová dice: “Por tanto, Yo cercaré / con espinos su camino; / y levantaré un muro contra ella, / para que no halle sus sendas”. Con frecuencia Dios, quien es grande, hará muchas cosas pequeñas que nos frustran con la finalidad de tratar con nosotros. Tal como dice Pablo en Romanos 8:28, todas las cosas —grandes y pequeñas— cooperan para nuestro bien. 

Israel va en pos de sus amantes, pero no los alcanza

A continuación, Oseas 2:7a dice: “Irá en pos de sus amantes / pero no los alcanzará; / los buscará, pero no los hallará”. Esto muestra la obstinación de Israel. Aun cuando Dios cercó su camino con espinos y levantó un muro contra ella impidiéndole proseguir, ella se rehusaba a retornar a Él y, en lugar de ello, iba en pos de sus amantes, sus ídolos. Sin embargo, a la postre, ella dirá: “Iré / y regresaré a mi primer Marido, / porque mejor me iba entonces que ahora”. Esto indica que finalmente ella retornará a Dios, su primer Marido. Todos nosotros hemos tenido esta clase de experiencia. Primero, luchamos persistentemente contra Dios hasta cierto punto, pero después retornamos a Dios para estar con Él. Hemos dicho: “Regresaré a Dios, porque era mejor entonces que ahora”.

Jehová restaura a la adúltera y apóstata Israel - Oseas 2:14-23

Jehová seducirá a Israel, llevándola al desierto, y le hablará al corazón (v. 14). El desierto debe representar un lugar agreste. Durante la Segunda Guerra Mundial Hitler hizo que Alemania fuese un desierto para los judíos, y hoy en día los países árabes intentan hacer de la nación de Israel un desierto. Dios incluso permite esto, pues en el desierto Él puede hablarle a Israel. Con frecuencia en nuestra vida humana nos encontramos en una situación que podríamos comparar a un desierto. A veces Dios hace que nuestro entorno sea un desierto para nosotros, de modo que Él pueda hablarnos al corazón. En aquel día Israel llamará a Jehová: Marido mío (Is. 54:5; Jer. 3:14; Ez. 16:8). (Extracto del Estudio-vida de los Profetas menores, mensajes 2-3, Witness Lee, LSM)

 Israel en la restauración

Al principio del libro de Oseas, Israel era una ramera, pero al final de dicho libro, Israel se ha convertido en un hijo. A la postre, Efraín declara que ya no tiene ídolos. “Efraín dice: ¿Qué tengo que ver con los ídolos?” (v. 8a). A lo que Dios le responde: “Yo respondo y le miro. / Yo soy como el abeto verde; / procedente de Mí es hallado tu fruto” (v. 8b). Que Jehová sea como abeto verde (lo cual simboliza el hecho de que Dios es viviente y siempre lozano) y que Efraín llevase fruto procedente de Jehová, indica la unidad de Efraín con Jehová. Esto también indica que una maravillosa transformación ha tenido lugar, una transformación basada en el factor del amor en vida. (Extracto del Estudio-vida de los Profetas menores, mensaje 8, Witness Lee, LSM) 

En 2 de Corintios 11:2, Pablo dice: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. Este celo se puede comparar al celo que siente un esposo por su esposa. La palabra “virgen” en este versículo significa que los creyentes han de ser la novia para el Novio (Jn. 3:23), es decir, la esposa del Cordero (Ap. 19:7).

En el versículo 3 Pablo dice: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, se corrompan vuestros pensamientos, apartándose de alguna manera de la sencillez y pureza para con Cristo”. La palabra griega traducida “sencillez” puede ser traducida simplicidad. Esto se refiere a la absoluta lealtad, la firme fidelidad, que los creyentes tenían hacia Cristo. A Pablo le preocupaba que los pensamientos de los creyentes corintios fueran corrompidos. Ellos eran una virgen pura para Cristo, pero así como la serpiente engañó a Eva, los pensamientos de ellos corrían el riesgo de corromperse y desviarse de la sencillez y pureza para con Cristo. 

No es la meta del recobro del Señor recobrar la doctrina o la teología, sino recobrar a Cristo mismo como el único Esposo a quien debemos amar. Debemos pertenecerle solamente a Él. En tanto que hayamos sido desposados con este Esposo como una virgen pura, y en tanto que lo amemos, apreciemos y pertenezcamos sólo a Él, seremos preservados. Esto nos guardará, nos santificará, nos saturará y nos transformará. 

Él nos ha atraído, y hemos sido presentados como virgen pura a Él. Ahora sólo debe interesarnos Él, sólo debemos amarlo a Él sin permitir que nadie lo sustituya en nuestros corazones. Además, nuestro amor por Él debe ser puro, nuestra mente debe ser sencilla y todo nuestro ser debe centrarse en Él. Esto nos preservará, nos santificará, nos saturará y nos transformará. ¡Alabado sea el Señor; esto es Su recobro! (Extracto del Estudio-vida de 2 de Corintios, mensaje 52, Witness Lee, LSM) 

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