El Cantar de los Cantares

El Cantar de los Cantares (3)

¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro

En Cantar de los cantares 7:1 dice: “¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, obra de mano de excelente maestro”. El Espíritu Santo responde a la pregunta que hace una tercera persona en la sección anterior. Aparentemente, estas palabras son dichas por una tercera persona; en realidad, revelan la intención del Espíritu Santo. Lo primero que se mencionan son los pies.

“Hija de príncipe” es una alusión a su origen noble. Ella es parte de la familia real. En la Biblia la palabra “sandalias” se refiere explícitamente al “evangelio de la paz” (Ef. 6:15). El énfasis se hace en la preparación para la obra. Por lo tanto, lo primero que se menciona son las sandalias. La labor del evangelio es indispensable. “Los muslos” se refieren a la capacidad de mantenerse en pie. Esto significa que esta capacidad viene exclusivamente de Dios. Si queremos que nuestros muslos sean como joyas, el encaje del muslo debe ser quebrantado hasta descoyuntarse (Gn. 32:25). El poder para participar en la obra proviene de Dios. A esto se refiere la expresión “obra de mano de excelente maestro”. (Extracto de la sección 5 del libro El Cantar de los Cantares por Wtchman Nee, LSM)  

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"¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino”

¡Oh, si él me besara con besos de su boca!

Porque mejores son tus amores que el vino 

  

Cantar de los Cantares 1:2 dice: “¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino”. Los besos a los que aquí se alude son diferentes del beso del Padre en el cuello (Lc. 15:20). Este beso era una señal de perdón, el cual todos los que pertenecen al Señor han recibido. El énfasis en Cantares recae sobre la relación amorosa entre los creyentes y el Señor. Por lo tanto, el perdón es un hecho implícito, y ésta es la razón por la cual no se menciona. El Cantar de los cantares no describe la manera en que una persona pasa de la posición de pecador a la de creyente, sino que habla de la forma en que un creyente satisface su sed y halla satisfacción. Debemos tener presente este hecho para poder entender el comienzo del libro.

Después de que una persona es salva, no sabemos cuanto tiempo se requiere para que experimente un anhelo en su ser. Lo que sí sabemos es que cuando una persona salva es despertada por el Espíritu Santo y comienza a seguir al Señor, surge en ella un anhelo.

Debido a que la que busca al Señor tiene hambre y sed, espontáneamente dice: “¡Oh, si él me besara con besos de su boca!”. Ella no dice quien es “él”. Pero en su mente hay sólo una persona: “él”, aquel a quien ella busca. Antes su relación con el Señor era general y ella estaba profundamente satisfecha con esto. Ahora desea tener una relación más personal con El. Por lo tanto, ella desea un “beso”, que es una expresión personal de amor. Nadie puede besar a dos personas al mismo tiempo. Un beso es la expresión de una relación exclusivamente personal. Además éstos no son besos en la mejilla, como fue el de Judas (Mt. 26:49) ni en los pies, como fueron los de María (Lc. 7:38, 45). Son “besos de su boca”, una señal de afecto personal. Ella ya no está satisfecha con una relación general y desea una relación personal que nadie más tiene. Esta urgencia interna es el comienzo de todo progreso. La edificación espiritual nunca puede estar separada de una búsqueda que esté basada en el hambre y la sed. Si el Espíritu Santo no ha puesto una verdadera insatisfacción con la relación general del creyente ni ha puesto una búsqueda por un afecto personal en él, el creyente no podrá tener una relación íntima con el Señor. Esta búsqueda es la base de toda experiencia futura. Si no tenemos hambre y sed, solamente tendremos un canto poético y no el Cantar de los cantares.

Tenemos esta búsqueda porque recibimos una visión. El Espíritu Santo nos ha mostrado una visión que los hombres no han visto. Después de recibir esta revelación, descubrimos que “su amor es mejor que el vino” y por eso anhelamos los besos de Su boca.

En verdad, el amor del Señor es mejor que el vino. De todo lo que nos trae gozo y regocijo, el Espíritu Santo nos muestra que nada se puede comparar con el amor del Señor. Nada de lo que nos atrae bajo el sol, puede compararse con Su amor. Una vez que vemos y probamos Su amor, ¿hay alguna cosa debajo del sol que pueda compararse con él?

El versículo 3 dice: “A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman”. Señor, Tú eres el Ungido. Dios te ungió con el Espíritu Santo y recibiste del Espíritu Santo todo tipo de ungüento. Dios no es el único que percibe Tu olor, pues nosotros también lo percibimos. Nadie nos habló jamás de este aroma, ni lo percibimos en ningún lugar; pero somos conmovidos espontáneamente con el encanto del olor de Tu ungüento.

“Tu nombre es como ungüento derramado”. Señor, Tú también tienes un nombre que nos atrae. Con Tu nombre nos recuerdas que Dios vino. ¡La unción ya fue derramada! Estamos conscientes de que Tú moriste. Sin duda alguna, la unción ya fue derramada. ¡Cuán precioso es el nombre de Jesús! ¿Quién podrá sondear el olor de este nombre?

“Por eso las doncellas te aman”. Debido a Tu misma persona (el ungüento) y Tu nombre (la unción derramada), las doncellas te aman. Ellas te aman por Tu misma persona y Tu nombre. No podemos amar una obra ni tampoco un poder. Solamente podemos amar a una persona, a alguien que tiene personalidad. Te amamos y somos atraídos por Tu misma persona y Tu nombre. Aunque no hemos percibido Tu olor en su totalidad, lo que hemos percibido es suficiente para amarte. La revelación de la persona del Señor no solamente exige la adoración por parte del hombre sino también el amor. El amor al Señor surge en cada uno de nosotros cuando tenemos una visión de Su persona.

Estas doncellas son los “protegidos” (Sal. 83:3). Ellas son las compañeras de la doncella y son igualmente puras y buscan diligentemente al Señor. La doncella no es la única que camina en esta senda espiritual; ella es solamente una virgen entre muchas. (Extracto de la sección 4 del libro El Cantar de los Cantares por Watchman Nee, LSM)  

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Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, y las vírgenes, sin número. Mas una sola es la paloma mía

Cantar de los Cantares 6:8 dice: “Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número”. Todas estas personas se relacionan con Salomón. En el mundo esto puede ser maligno, pero en el campo espiritual, esto representa un cuadro hermoso para los que entienden los tipos espirituales. Nuestro Señor obtiene la iglesia con todos los creyentes. Colectivamente, el Cordero tiene una sola esposa, pero en el aspecto individual, El tiene muchas personas que lo aman. Algunas en calidad de reinas, algunas como concubinas, y otras en calidad de vírgenes. Adán, Isaac y Moisés tipifican al Cristo que se casa con una esposa corporativa. Pero Salomón tipifica a Cristo con sus muchos creyentes. Parece que los que son santos y espirituales no son escogidos como tipo de Dios, sino las personas injustas. Sin embargo, la injusticia de la persona no es tipificada. Un ladrón puede ser un tipo del Señor pero sólo se usa como tipo el acto de robar. Los que tienen sabiduría deberían entender esto.

Las experiencias de los creyentes individuales, en su comunicación y relación de amor con el Señor, no son las mismas. Algunos son como reinas, otros concubinas y otros vírgenes. Pero sea cual fuere la relación, todas ellas tienen una relación de amor con el Rey. Pero ninguna de ellas tiene el mismo nivel de búsqueda de la doncella.

El versículo 9 dice: “Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; es la única de su madre, la escogida de la que la dio a luz. La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la alabaron”. Aquí el Señor resalta a una de entre todas las personas, que satisface Su corazón. El Señor la considera como la única. Esto no significa que sólo hay una persona como ella; más bien significa que a los ojos de Dios, ella puede ser considerada la única. Ella está absolutamente en el Espíritu Santo, y por eso, ella es una paloma. También está apartada del mundo. Por lo tanto, ella es en verdad “perfecta”. Parece como si ella fuese la única que es perfecta y que nace por gracia, la única hija nacida mediante la gracia. Parece que de todos los resultados de la obra de la gracia, ella es la obra más excelente.

Ser un hijo de la gracia no significa solamente experimentar la paciencia y el perdón de Dios. Todo lo que Dios realiza en el corazón del hombre son obras de gracia. La gracia equivale a lo que es hecho por Dios y no por el hombre. La persona que recibe más gracia es la que más permite que Dios obre en ella, mientras que la que recibe menos gracia es la que da menos libertad a Dios para obrar. Dios tiene la gracia, pero el hombre no siempre permite que Dios obre en él. Todo lo que es del yo pertenece a la ley, y todo lo que es de Dios pertenece a la gracia. La iglesia está llena de hijos de gracia; no obstante, sólo un número reducido de personas permite que la gracia opere en ellas hasta ser perfeccionadas. Cuando se habla de la única hija de la gracia, no se da a entender que la doncella sea la única, sino que ella es la mejor. (El significado del hijo único es que posee una unión incondicional con el Señor y que todo le pertenece al Señor. Ella ha alcanzado una unión completa con el Señor.) (Extracto de la sección 4 del libro El Cantar de los Cantares por Watchman Nee, LSM)  

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