Las parábolas

Las parábolas (16)

LA TRINIDAD DESCRITA EN TRES PARÁBOLAS

LA TRINIDAD DESCRITA EN TRES PARABOLAS

En Lucas 15:1 y 2 dice: “Se acercaban a Jesús todos los recaudadores de impuestos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos, diciendo: Este a los pecadores acoge, y con ellos come”. Los recaudadores de impuestos y los pecadores estaban agradecidos con el Salvador-Hombre y se acercaban a El. Pero esto molestó a los religiosos y murmuraron diciendo que el Señor acogía a los pecadores y comía con ellos. Debido a las murmuraciones (v. 3), el Señor contó tres parábolas en el capítulo quince.

Como respuesta a los fariseos y a los escribas, quienes eran justos en su propia opinión y condenaban al Salvador por comer con los pecadores, El les refirió tres parábolas, que revelan y describen cómo la Trinidad divina actúa para devolver los pecadores al Padre, por medio del Hijo y por el Espíritu. El Hijo vino en Su humanidad como el Pastor que busca al pecador, la oveja perdida, y lo trae a casa (vs. 4-7). El Espíritu busca al pecador tal como la mujer busca cuidadosamente la moneda perdida hasta encontrarla (vs. 8-10). Y el Padre recibe al pecador arrepentido que regresa, tal como aquel hombre recibe a su hijo pródigo (vs. 11-32). La Trinidad divina en Su totalidad valora inmensamente al pecador y participa en traerlo de nuevo a Sí. Las tres parábolas recalcan al amor de la Trinidad divina más que la condición caída y el arrepentimiento del pecador. El amor divino es claramente expresado en el cuidado tierno del Hijo como el buen pastor, en la detallada búsqueda del Espíritu como quien valora el tesoro, y en la calurosa acogida del Padre como un padre amoroso.

Cuando yo era joven oí mucho acerca de cómo el padre amoroso recibía al hijo pródigo, y también oí sobre el buen samaritano. Pero no me dijeron que en estas tres parábolas podíamos ver la Trinidad, ni que cada parábola se refería a uno de la Trinidad. Claramente, el Pastor se refiere al Hijo, la mujer al Espíritu, y el padre al Padre celestial. Por lo tanto, vemos claramente los tres de la Trinidad en esta parábola.

La secuencia de la Trinidad mencionada en Lucas 15 es diferente a la de Mateo 28:19. La secuencia de Mateo 28:19 es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero en Lucas vemos primero al Hijo como el pastor, luego al Espíritu como la mujer, y finalmente al Padre como el padre que recibe al hijo que regresa. Por lo tanto, en Lucas 15 la secuencia comienza con el Hijo, va al Espíritu, y llega al Padre. Esta secuencia es exactamente la misma que la de Efesios 2:18: “Porque por medio de El los unos y los otros tenemos acceso en un mismo Espíritu al Padre”. Según este versículo, tenemos acceso primero por medio del Hijo y luego, en el Espíritu. Por medio del Hijo y en el Espíritu tenemos acceso al Padre. Es así como tenemos acceso al Dios Triuno: por medio del Hijo, en el Espíritu y al Padre.

Es importante entender por qué en Lucas 15 se menciona primero al Hijo. La razón se debe a que en la obra salvadora de Dios, Aquel que viene es, en realidad, el Hijo. Este viene para llevar a cabo la redención, que es lo que uno necesita primero, ya que la redención es el cimiento de nuestra salvación. La redención que la muerte de Cristo llevó a cabo en la cruz es la base de la obra salvadora de Dios. Una vez que se pone este cimiento, podemos edificar sobre él. Para llevar a cabo la redención, viene primero el Hijo descrito de Lucas 15 como el buen pastor.

Ahora que el Hijo efectuó la redención, el Espíritu viene a buscarnos, lo cual se indica en el libro de los Hechos. En los evangelios el Hijo vino a llevar a cabo la redención. Después de que el Hijo efectuara la redención, vemos en el libro de los Hechos que el Espíritu viene a buscarnos y nos halla. Debido a esto, nos arrepentimos y regresamos a Dios el Padre. Luego, conforme a la tercera parábola de Lucas 15, el Padre nos espera a nuestro regreso.

¡Qué maravillosa secuencia tenemos en Lucas 15! La secuencia no corresponde a las Personas de la Trinidad, sino a las etapas de la salvación, la cual se basa en la redención. La obra salvadora de Dios se lleva a cabo por el Hijo, mediante el Espíritu y conduce al Padre.

LA PARABOLA DEL BUEN PASTOR

Lucas 15:4 dice: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” Aquí el desierto representa el mundo. El pastor que va al desierto en busca de la oveja perdida indica que el Hijo vino al mundo para estar con los hombres (Jn. 1:14).

Lucas 15:5 y 6 añade: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”. Aquí vemos tanto la fortaleza del Salvador como Su amor.

LA PARABOLA DE LA MUJER
QUE BUSCA UNA MONEDA

En 15:8 el Señor añade: “¿O qué mujer que tiene diez monedas de plata, si pierde una moneda, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca cuidadosamente hasta encontrarla?” Literalmente la palabra griega traducida monedas de plata es “dracmas” (así también en el v. 9), que tiene casi el mismo valor que el denario romano. Una dracma equivalía al salario de un día.

La lámpara representa la palabra de Dios (Sal. 119:105, 130), la cual el Espíritu usa para alumbrar y exponer la posición y la condición del pecador para que se arrepienta.

Según el versículo 8, la mujer barre la casa y busca cuidadosamente hasta que encuentra la moneda perdida. La palabra barre indica que escudriña y limpia el interior del pecador. En el versículo 4 el Hijo encuentra al pecador, lo cual ocurre fuera de éste y se completa en la cruz por medio de la muerte redentora del Hijo. Aquí la búsqueda del Espíritu es algo interior, y se lleva a cabo por Su obra dentro del pecador arrepentido.

Los versículos 9 y 10 dicen: “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Nótese que en el versículo 9 las palabras griegas amigas y vecinas difieren de amigos y vecinos en el versículo 6.

LA PARABOLA DEL PADRE AMOROSO

En 15:11-32 tenemos la parábola del padre amoroso. Los versículos 11 y 12 dicen: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde; y les repartió su sustento”. La parte se refiere a la herencia que el hijo tiene por nacimiento. La palabra griega sustento es bíos (vida) y denota la condición en que uno vive, como se menciona en 8:14; por ende, se refiere a los medios de supervivencia, como se ve aquí y en Marcos 12:44. “Su sustento” se refiere a los medios de subsistencia que tiene el padre, sus bienes y posesiones (v. 30).

El versículo 13 añade: “No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue de viaje a una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo disolutamente”. La provincia apartada es el mundo satánico. La palabra griega traducida disolutamente también significa “en derroche”. Dicha palabra en griego se usa para indicar una vida corrupta y libertina.

Los versículos 14 y 15 dicen: “Y cuando lo hubo gastado todo, vino una gran hambre por toda aquella provincia, y comenzó a padecer necesidad. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a sus campos para que apacentase cerdos”. Los cerdos son animales inmundos (Lv. 11:7). Alimentar cerdos es un trabajo sucio y representa los negocios inmundos del mundo satánico.

El versículo 16 dice: “Y ansiaba llenarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”. En vez de “llenarse”, algunos manuscritos dicen “llenar su estómago”. El hijo menor ansiaba llenarse de las algarrobas. El algarrobo es un árbol perenne. Su vaina, también llamada algarroba, era usada como forraje para alimentar a los animales y a los que están en la miseria. Un interesante dicho rabínico dice que “cuando los israelitas son reducidos a vainas de algarrobo, entonces se arrepienten”. Cierta tradición dice que Juan el Bautista se alimentaba de vainas de algarrobo en el desierto; por eso se le llama “el pan de San Juan”.

El versículo 17 nos dice: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Esto se debió a la iluminación y búsqueda del Espíritu (v. 8) dentro de él.

Según el versículo 18, el hijo pródigo añadió: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti”. La decisión de levantarse e ir a su padre fue el resultado de la búsqueda del Espíritu mencionada en el versículo 8. “Contra el cielo” equivale a “ante ti” (Dios el Padre). Esto significa que pecar contra el cielo equivale a pecar ante Dios, puesto que Dios el Padre está en el cielo (11:2).

En el versículo 19 vemos lo que el hijo pródigo quería decirle a su padre: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. Esto indica que el hijo pródigo no conocía el amor del Padre. Un pecador, una vez que se ha arrepentido, tiene siempre el concepto de hacer obras para Dios o de servirle para obtener Su favor, sin saber que este pensamiento va en contra del amor y la gracia de Dios, y que es un insulto a Su corazón y a Su intención.

El versículo 20 dice: “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente”. Que el padre viera al hijo no sucedió por casualidad, sino que salía de la casa para esperar el regreso de su hijo pródigo.

Cuando el padre vio a su hijo, corrió hacia él y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente. Esto indica que Dios el Padre corre para recibir al pecador que regresa. ¡Qué anhelo muestra esto! El hecho de que el padre se echara sobre el cuello de su hijo y le besara afectuosamente demuestra un caluroso y amoroso recibimiento. El regreso del hijo pródigo al Padre se debe a la búsqueda del Espíritu (v. 8); el Padre recibe al hijo que regresa, lo cual se basa en que el Hijo le halla en Su redención.

Los versículos 21 y 22 añaden: “Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus esclavos: Sacad pronto el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y sandalias en sus pies”. El versículo 22 comienza con la expresión pero. Qué palabra de amor y de gracia; pues contrarrestó el pensamiento del hijo pródigo y detuvo su conversación absurda.

El padre dijo a sus esclavos que sacaran pronto el mejor vestido, y vistieran a su hijo. La palabra pronto muestra la prisa del padre (v. 20). El “mejor vestido” indica que un vestido particular fue preparado con este propósito específico y para este momento preciso. Literalmente, la palabra griega traducida mejor significa primero. El mejor vestido aquí representa a Cristo el Hijo, quien es la justicia que satisface a Dios, y cubre al pecador penitente (Jer. 23:6; 1 Co. 1:30; Fil. 3:9; véase Is. 61:10; Zac. 3:4). El mejor vestido, que era el primer vestido, reemplazó los harapos (Is. 64:6) del hijo pródigo que había regresado.

Según el versículo 22, el padre también dijo a los esclavos que pusieran un anillo en la mano de su hijo y sandalias en sus pies. Este anillo representa al Espíritu que sella al creyente, el sello que Dios le aplica cuando lo acepta (Ef. 1:13; cfr. Gn. 24:47; 41:42). Las sandalias indican el poder de la salvación que separa de la tierra sucia a los creyentes. Tanto el anillo como las sandalias eran señales de un hombre libre. El adorno, constituido por el vestido sobre el cuerpo, el anillo en la mano, y las sandalias en los pies, permitió que el hijo pródigo estuviera al mismo nivel que su padre rico y lo hizo apto para entrar en la casa del padre y festejar con él.

En el versículo 23 el padre dijo a los esclavos: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y regocijémonos”. El becerro gordo representa al rico Cristo (Ef. 3:8) inmolado en la cruz para que los creyentes puedan disfrutarle.

La salvación tiene dos aspectos: el aspecto objetivo y exterior, representado por el mejor vestido, y el aspecto subjetivo e interior, representado por el becerro gordo. Cristo como nuestra justicia es nuestra salvación externa; Cristo como la vida que disfrutamos es nuestra salvación interna. El mejor vestido hace apto al hijo pródigo para estar al nivel de los requisitos de su padre y satisfacerle; el becerro gordo satisface el hambre del hijo. Por eso, tanto el padre como el hijo pueden alegrarse juntos.

En el versículo 24 el padre explica: “Porque este mi hijo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. La palabra muerto es significativa. Todos los pecadores perdidos están muertos a los ojos de Dios (Ef. 2:1, 5), pero cuando son salvos, reciben vida (Jn. 5:24; Col. 2:13).

Lucas 15:25-32 describe la conversación en esta parábola entre el padre y el hijo mayor. El versículo 25 nos dice que “su hijo mayor estaba en el campo”. El hijo mayor representa a los fariseos y a los escribas (v. 2), y también a los judíos incrédulos que buscan la ley de justicia (Ro. 9:31-32) por sus obras, lo cual queda implícito con la expresión en el campo.

En los versículos 29 y 30 el hijo mayor dijo al padre: “He aquí, tantos años te he servido, sin haber desatendido jamás un mandato tuyo, y nunca me has dado ni un cabrito para regocijarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”. La palabra griega traducida desatendido en el versículo 29 también puede traducirse transgredido. La palabra servido en este versículo indica la esclavitud bajo la ley (Gá. 5:1).

En los versículos 31 y 32 el padre responde al hijo mayor: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. En el versículo 32 el padre dice otra vez que el hijo pródigo estaba muerto y ahora vive, y recalca el hecho de que cuando los pecadores perdidos son salvos, reciben vida.

LA CASA DEL PADRE

En la parábola del padre amoroso, el padre debió de haber estado fuera cuando vio a su hijo que se acercaba (v. 20). El padre vio a su hijo “cuando aún estaba lejos”. Esto no habría sido posible si él hubiera estado dentro de la casa. Por lo tanto, debió de haber estado fuera esperando a su hijo. Finalmente, el padre y el hijo regresaron juntos a la casa del padre.

Lucas 15:25 menciona la casa del padre. ¿Qué representa la casa del padre? Los cristianos quizás entiendan que la casa del padre representa una mansión celestial. Según esta interpretación, si un pecador se arrepiente y regresa a Dios, puede esperar que algún día El le recibirá en la mansión celestial. Este entendimiento de la casa del padre no es lógico. No tiene sentido decir que regresamos al Padre, que El nos recibió, pero que todavía no estamos en Su casa. Entonces, ¿dónde estamos? Lucas indica en esta parábola que el hijo pródigo fue recibido en la casa inmediatamente después de regresar y que en la casa había un lugar donde se preparaba la comida y un lugar donde se comía.

Ciertamente, la casa del padre mencionada en la parábola no se refiere al cielo. Si representara el cielo, ¿dónde estamos nosotros los que fuimos salvos y a quienes el Padre recibió, puesto que todavía no estamos en el cielo? En realidad, la casa del Padre debe representar la iglesia. En el capítulo diez la iglesia está representada por el mesón. Ahora en el capítulo quince es la casa del padre. Este entendimiento es lógico y tiene base bíblica.

En la parábola del padre amoroso no existe un intervalo de tiempo entre el hijo pródigo que regresa y la acogida que el padre le hace en su casa. El regreso del hijo es seguido inmediatamente por el acogimiento que el padre le hace en su casa. Por lo tanto, en estas tres parábolas el Hijo fue al desierto, el Espíritu entró en nuestro ser y el Padre nos recibe en Su casa.

EL PASTOR VINO A BUSCARNOS

¿Qué representa el desierto al cual el Hijo como Pastor fue en busca de la oveja perdida? El desierto es el mundo. A los ojos de Dios el mundo es un desierto, un lugar inhóspito y desolado donde es fácil perderse. El Hijo fue al desierto a buscarnos a nosotros las ovejas perdidas.

Ahora debemos preguntarnos en qué manera vino el Hijo como Pastor a buscarnos. En contraste con el Espíritu, representado por la mujer que llevaba una lámpara, el Hijo no nos busca iluminándonos, sino muriendo en la cruz. En Juan 10:11 el Señor Jesús dijo que El era el buen Pastor que da Su vida por las ovejas: “Yo soy el buen Pastor, el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”. La obra del Pastor consiste en morir por nosotros. Si El no hubiera muerto por nosotros, no habría podido buscarnos. El nos busca muriendo por nosotros.

LA OBRA DEL ESPIRITU: NOS ILUMINA

La obra del Espíritu consiste en iluminarnos por dentro, como lo indica la parábola de la mujer que busca la moneda. El Espíritu, la mujer que busca, ilumina nuestro ser interno poco a poco de una manera minuciosa y cuidadosa. El Espíritu ilumina nuestra mente, luego nuestra parte emotiva y nuestra voluntad, y después nuestra conciencia y todo nuestro corazón. De esta manera el Espíritu nos halla.

Cuando el Espíritu nos halla al iluminarnos, nos despertamos, volvemos en nosotros mismos y nos damos cuenta de que es una insensatez quedarnos donde estamos. Nosotros no nos despertamos a nosotros mismos, sino que lo hace el Espíritu que busca con Su iluminación. El Espíritu no nos busca, alumbra y halla estando en el desierto ni en la cruz, sino en nuestro corazón. Esto produce el arrepentimiento, que es un cambio en nuestra manera de pensar, lo cual, a su vez, produce un cambio en la dirección de nuestra vida.

El hecho de que el Espíritu nos halle en “la casa” de nuestro ser revela que andábamos perdidos en nosotros mismos. Andábamos perdidos en nuestra mente, nuestra voluntad y nuestra parte emotiva. No solamente andábamos perdidos en el desierto; sino también en nosotros mismos. Cristo murió en la cruz a fin de que saliéramos del desierto, del mundo; sin embargo, aún permanecemos perdidos en nosotros mismos, y allí el Espíritu nos halla. Podemos testificar esto basándonos en nuestra experiencia. Cuando el Espíritu ilumina nuestra mente, nuestra parte emotiva, nuestra voluntad, nuestra conciencia y nuestro corazón, empezamos a arrepentirnos.

El arrepentimiento generado por la iluminación del Espíritu es un asunto interno. Ningún ser humano y ningún ángel puede obrar tan íntimamente en nosotros. Esto sólo lo puede llevar a cabo por el Espíritu, ya que El puede penetrar a lo profundo de nuestro ser para iluminarnos. Así nos damos cuenta de que somos unos necios, nos arrepentimos, y decidimos regresar al Padre. Como ya lo indicamos, el Padre estaba esperándonos fuera de la casa. Para encontrarnos con el Padre, no era necesario ir a Su casa.

EL PADRE RECIBE AL HIJO PRODIGO

Si leemos cuidadosamente la parábola del padre amoroso, veremos que cuando el hijo pródigo aún andaba desperdiciando las riquezas del padre, éste esperaba a que regresara. Cuando el hijo volvió en sí y decidió ir a su padre, preparó lo que le diría: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (15:18-19). ¿Qué le habría dicho usted a su padre si usted hubiera sido el hijo pródigo de esta parábola? Quizás se habría dicho: “Voy a volver a la casa de mi padre. Pero ¿qué debo decir y qué debo hacer cuando llegue allí? ¿Debo llamar a la puerta? ¿Debo gritar: ‘Padre, estoy en casa’? Me siento avergonzado y necio por haber desperdiciado todo lo que mi padre me dio. Estoy harto de la manera en que he estado viviendo. Estoy seguro de que mi padre no estará fuera esperándome. Probablemente estará en casa descansando y disfrutando de la vida. El está bien, pero yo no. O ¿qué debo hacer cuando llegue a casa?”

Para sorpresa del hijo pródigo “cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó afectuosamente” (v. 20). Quizás el hijo pródigo se habría dicho para sí: “¡Esto es como un sueño! No he gritado ni he llamado a la puerta, sino que mi padre viene corriendo a mí. Y ahora ¡me abraza y me besa!”

EL VESTIDO, EL ANILLO,
LAS SANDALIAS Y EL BECERRO GORDO

Al regresar el hijo pródigo dijo inmediatamente a su padre: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v. 21). Pero el padre le interrumpió y dijo a sus siervos: “Sacad pronto el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y sandalias en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y regocijémonos; porque este mi hijo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (vs. 22-24).

El padre dijo a los siervos que sacaran pronto el mejor vestido y le vistieran. Ellos tenían que hacer esto “pronto” para corresponder a la prisa del padre cuando recibió a su hijo. El artículo definido “el” indica que antes de que el hijo volviera el padre había preparado un vestido especial para él, y los criados sabían que dicho vestido era el mejor. Por lo tanto, el padre dijo a los siervos que sacaran el mejor vestido y se lo pusieron a su hijo.

Cuando el hijo regresó a casa, estaba hecho un pobre mendigo vestido de harapos. Pero después de ponérsele el mejor vestido, se halló cubierto de un traje espléndido preparado especialmente para él. Con este vestido puesto, estaba capacitado al nivel de su padre.

El mejor vestido, lo cual lo pusieron en el hijo, es un tipo completo de Cristo quien es nuestra justicia y en quien somos justificados delante de Dios. Por consiguiente, ponerle el mejor vestido al hijo pródigo que regresó representa la justificación en Cristo. Los que tenemos a Cristo como el mejor vestido, somos justificados por Dios.

El padre también dijo a los siervos que pusieran un anillo en la mano de su hijo. Yo creo que el anillo era de oro. Este anillo representa al Espíritu que sella, y es dado a los pecadores que regresan (Ef. 1:13). Este anillo es una señal que indica que un pecador arrepentido recibe algo divino, a saber: el Espíritu de Dios. El hecho de que este anillo represente al Espíritu que sella indica que el hijo pródigo que regresó pertenece al Padre. También indica que todo lo que el Padre tiene como herencia pertenece al hijo que regresó.

En 15:22 vemos que también le pusieron las sandalias al hijo que regresó. Las sandalias separan los pies de uno de la suciedad que existe en la tierra y le fortalece para andar. Las sandalias puestas en los pies del hijo indican que la salvación nos separa del mundo y nos aparta para El, a fin de que sigamos Su camino.

Aquel que regresó fue vestido y adornado completamente con el vestido, el anillo y las sandalias. Esto significa que fue justificado y hecho completamente apto para ser aceptado en la casa del padre. Además, el padre dijo a los siervos que trajeran el becerro gordo y lo mataran para disfrutarlo. Hasta aquí, vemos a Cristo como justicia que justifica a los pecadores externamente, al Espíritu como el sello, y el poder de la salvación del Padre que separa del mundo al pecador arrepentido. Vemos que Cristo también es el becerro gordo que nos llena de la vida divina para que lo disfrutemos. El padre, el hijo que regresó y todos los demás podían disfrutar de este becerro gordo. Y entonces “comenzaron a regocijarse”.

En esta parábola vemos que la salvación tiene dos aspectos, el aspecto externo y el aspecto interno. El primero consiste en que Cristo como nuestra justicia nos justifica, y el segundo consiste en que Cristo como nuestra vida y suministro de vida nos satisface. El hijo pródigo después de regresar a su padre, disfrutó todas las riquezas provistas por el Padre en Su salvación. El disfrutó a Cristo como su justicia externa, al Espíritu como el sello, lo cual indica que pertenece al Padre, y que el Padre y todas Sus riquezas pertenecen a él. Disfrutó el poder de la salvación, que lo separa del mundo y también disfrutó internamente a Cristo, quien es su vida y suministro de vida. Por lo tanto, él podía llegar a ser una persona muy feliz, al comer y regocijarse con su padre. ¡Qué cuadro tan hermoso! (Extracto del mjes. 34-35 del Estudio-vida de Lucas por Witness Lee, LSM) 

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El redil, la puerta y el pasto: para las ovejas

El redil, la puerta y el pasto:
para las ovejas

Ahora debemos ver el significado del redil en esta parábola. No es tan fácil definir lo qué es el redil. Tal vez usted conozca algo acerca de la Biblia y especialmente acerca de los evangelios. Quizá desde que era pequeño escuchó las historias bíblicas en la escuela dominical. O tal vez incluso se graduó de un seminario. Pero permítame hacerle una pregunta: “¿Qué entiende usted acerca del redil? ¿Cuál es su entendimiento acerca de este asunto? La clave para descifrar el secreto de esta parábola depende mucho del significado del redil.

1. El redil representa la ley o el judaísmo,
la religión de la ley

El redil, en el mejor de los casos, representa la ley del Antiguo Testamento, pero en su uso común y ordinario, representa al judaísmo, la religión de la ley. Originalmente, antes de la primera venida de Cristo, Dios entregó Su ley al pueblo de Israel. Entonces, ¿Cuál fue el propósito de Dios al darles la ley? ¿Esperaba que la cumplieran? No, ése no fue Su propósito. Gálatas 3:23-26 lo revela: “Pero antes que viniese la fe, estábamos bajo la custodia de la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús”. Antes de que la fe en Cristo viniera, estábamos bajo la custodia de la ley. En otras palabras, estábamos encerrados como ovejas en un redil.

La palabra griega traducida encerrados, significa confinados. Antes de que la fe viniera, esto es, antes de que Cristo viniera, el pueblo escogido de Dios estaba confinado en la ley. El pueblo estaba “encerrado” en la ley. En el griego, encerrar es una palabra especial y significa estar bajo custodia, o bajo un cuidado especial en un pabellón. Por ejemplo, si los padres de una familia fallecen, es posible que los hijos se mantengan bajo la custodia de sus tíos. En otras palabras, son puestos bajo la custodia de algún otro. Esto muestra la manera en que los escogidos de Dios fueron puestos bajo la custodia de la ley antes de que la fe en Cristo viniera. La ley guardó al pueblo de Dios bajo su custodia, “para aquella fe”, lo cual se podría mejorar traduciéndola “para prepararnos para la fe”. Gálatas 3:24 dice: “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo”.

En realidad, la traducción de este versículo en otras versiones no es adecuada. En el texto original significa que la ley era nuestro esclavo y que nos llevaba a nuestro maestro, quien es Cristo. En tiempos antiguos, los hijos de las familias judías ricas, al ir a estudiar con sus maestros, eran acompañados por un esclavo entrenado. De igual manera, la ley sirvió como un esclavo para llevarnos a Cristo. Antes de que fuéramos llevados al maestro, Cristo, nos encontrábamos bajo el cuidado de un esclavo, la ley. Dios el Padre utilizó la ley como un esclavo para cuidarnos y llevarnos a Cristo. Antes de que Cristo viniera, estábamos bajo el cuidado de la ley, esto es, bajo su custodia. La ley era responsable del cuidado y protección de los escogidos de Dios y finalmente los condujo a Cristo. Una vez que hemos sido llevados a Cristo, somos justificados por fe. Y ya que la fe ha venido, es decir, ya que Cristo ha venido, no estamos más bajo la custodia de un esclavo.

Ahora entendemos qué es el redil. Antes de que Cristo viniera, Dios puso a Su pueblo escogido bajo la custodia de la ley. La ley era el redil. Por ejemplo, si usted va al campo, se dará cuenta de que la mayoría del tiempo las ovejas no están en el corral, o redil. Las ovejas pasan la mayor parte del año en los pastos, los cuales son el lugar permanente para ellas. En cambio, el redil es solamente un lugar temporal. Cuando los pastos no están disponibles, las ovejas tienen que permanecer en el redil. El redil es usado temporalmente para guardarlas y protegerlas hasta que los pastos estén listos. Esto nos muestra que Cristo es el pasto, el lugar permanente donde los hijos del Señor han de permanecer. Sin embargo, antes de que Cristo viniera, Dios preparó la ley para que fuera el redil donde guardaría y confinaría temporalmente a Su pueblo escogido.

No obstante, cuando el Señor vino, la religión judía había utilizado la ley para formar el judaísmo. El judaísmo había llegado a ser el redil. Antes de que el hombre ciego fuera sanado por el Señor, él era una de las ovejas confinadas en el judaísmo. Pero cuando fue echado de la sinagoga, en realidad fue expulsado del judaísmo, del redil. Anteriormente él era una de las ovejas del redil; pero ahora, fue expulsado del redil del judaísmo.

2. Las ovejas representan
al pueblo escogido de Dios

Las ovejas son el pueblo escogido de Dios. En la eternidad pasada Dios en Su providencia escogió a Su pueblo. En el tiempo, antes de que Cristo viniera, Dios confinó a Su pueblo escogido bajo la custodia de la ley. Pero cuando Cristo vino, Él quería liberar a todo Su pueblo de la custodia de la ley. El hombre ciego que había sido expulsado de la sinagoga judía, y que acudió al Señor Jesús, formaba parte del pueblo escogido de Dios. Él se hallaba bajo la custodia de la ley, pero fue sacado de allí y conducido al Señor mismo.

3. La puerta representa a Cristo
para “entrar” y “salir”

¿Qué significa que Cristo sea la puerta? La mayoría de los creyentes piensan que la puerta es la entrada que tienen al cielo. Puede ser que algunos de los que leen este mensaje todavía mantengan este concepto. Pero la puerta aquí no sirve para que uno entre al cielo, porque esta puerta permite que uno entre y salga. Si esta puerta fuera la puerta del cielo, ¿cómo podría alguno salir por ella? Esta puerta no es la puerta del cielo.

El Señor es la puerta del redil. Inicialmente, el redil era la ley, y el Señor era la puerta por la cual entrar en la ley. El Señor no sólo era la puerta por la cual entrar en la ley, sino también la puerta por la cual salir de ella. El versículo 9 dice: “Yo soy la puerta; el que por Mí entre, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos”. Cristo es la puerta, no sólo para que los elegidos de Dios entren y así estén bajo la custodia de la ley, tal como hicieron Moisés, David, Isaías y Jeremías en los tiempos del Antiguo Testamento, antes de que Cristo viniera, sino también para que los escogidos de Dios, como por ejemplo Pedro, Jacobo, Juan y Pablo, salieran del redil de la ley ahora que Cristo había venido. Aquí, pues, el Señor indica que Él es la puerta por la cual no solamente los elegidos de Dios pueden entrar, sino también por la cual los escogidos de Dios pueden salir. Los que entraron en la ley fueron personas como Moisés, los salmistas y los profetas. Cristo fue la puerta para que ellos entraran al redil de la ley. En otras palabras, ellos entraron en el redil mediante Cristo y por Él. Si nos enfocamos desde este punto de vista al leer los escritos de Moisés, los salmos, y los profetas, entenderemos que ellos entraron en la ley de Dios mediante Cristo. Cristo fue su entrada a la ley.

Cuando el Señor Jesús vino, muchos aún se encontraban en el redil. Sin embargo, después de la venida de Jesús, Dios no tenía la intención de que Su pueblo escogido permaneciera en el redil de la ley. Dios deseaba que salieran de la ley y que entraran en Cristo. Por lo tanto, para ese entonces, Cristo ya no era la puerta por la cual el pueblo elegido de Dios entrara en el redil, sino la puerta por la cual aquellos que estaban en el redil pudieran salir. El hombre ciego era uno de los que estaban saliendo del redil. Anteriormente, todos los siervos enviados por Dios entraron en la ley por medio de Cristo. Pero aunque Cristo ya había venido, el redil aún permanecía lleno de ovejas confinadas en él. ¿Qué debían hacer ellas? Tenían que salir del redil por medio de Cristo. Durante la era del Antiguo Testamento Dios introdujo a muchos de Sus siervos en el redil de la ley mediante Cristo. Ahora, durante la era del Nuevo Testamento, Dios quiere sacar a Su pueblo de la ley mediante Cristo como la puerta. Creo que ahora podemos entender que el redil era la ley del Antiguo Testamento, la cual fue utilizada por los judíos para formar la religión del judaísmo. Entonces el judaísmo llegó a ser el redil donde fueron confinados los escogidos del Señor. Pero ahora Cristo ha venido y los pastos están listos. Por lo tanto, no es necesario que las ovejas permanezcan por más tiempo bajo la custodia de la ley judaica. Ellas deben ser liberadas del redil de la ley para que puedan disfrutar las riquezas de los pastos.

En resumen, Cristo como la puerta es tanto la entrada como la salida del redil. Primeramente, los santos del Antiguo Testamento entraron en el redil, que era la ley, mediante Cristo como la puerta. Ahora, los creyentes neotestamentarios han de salir del redil mediante Cristo como la misma puerta. Además, el redil de la ley fue usado por Dios como un esclavo para guardar y cuidar a Sus hijos. Como tal, fue usado para llevarlos a Cristo mismo, quien era el maestro. Después de haber sido enviados al maestro, no había más necesidad de que permanecieran bajo la tutela del esclavo. El redil de la ley, que vino a ser el judaísmo, confinó a todo el pueblo escogido de Dios. Pero Cristo es la puerta por la cual los creyentes neotestamentarios pueden salir del judaísmo y entrar en Él, quien es los pastos.

Además, el Señor es también el Pastor. Él no sólo es la puerta del redil, sino también el Pastor. Él viene a llamar a Su pueblo a salir del redil, y Sus ovejas reconocen Su voz. Él es el primero que salió del redil, es decir, de la ley. Ahora, Él va delante de Sus ovejas, quienes finalmente le seguirán. Pedro, Jacobo y Juan salieron del judaísmo. Aun Pablo salió del judaísmo. Todos los judíos que creyeron en el Señor Jesús lo siguieron y salieron del redil judaico.

El hombre ciego era uno de los que salieron del judaísmo. Él fue expulsado de la sinagoga judía. Fue echado del redil por causa del Jesús viviente. Por lo tanto, el Señor aprovechó la oportunidad para proclamar esta parábola. El Señor declaró a los judíos que la religión de ellos era simplemente un redil. Él les dio a conocer que los pastos estaban listos, y que por lo tanto, no era necesario que las ovejas permanecieran en el redil. Ahora es el tiempo para que las ovejas salgan del redil y disfruten las riquezas del pasto. Aquel a quien los judíos echaron de su sinagoga llegó a ser uno de los que disfrutaron al Señor como el pasto.

El Señor primero es la puerta, luego es el Pastor, y finalmente es el pasto. El Pastor saca a todas las ovejas del redil a través de Él mismo como la puerta, y las trae a Él mismo como el pasto. Él es el pastor que saca a las ovejas del redil; Él también es la puerta por la cual las ovejas salen, y además, es el pasto a donde ellas son llevadas. Él simplemente sacó a las ovejas del judaísmo por medio de Sí mismo, hacia Sí mismo, y para Sí mismo. Él lo es todo: la salida, el Pastor y el pasto.

4. Los pastos representan a Cristo como el lugar donde se alimentan las ovejas

Fuera del redil se encuentran los pastos verdes. Aquí los pastos representan a Cristo como el lugar donde se alimentan las ovejas. Cuando los pastos no están disponibles, en el invierno, o durante la noche, las ovejas deben mantenerse en el redil. Una vez que los pastos están disponibles, no hay necesidad de que las ovejas permanezcan en el redil. Ser mantenidos en el redil es algo temporal y transitorio. Disfrutar las riquezas de los pastos es algo final y permanente. Antes de la venida de Cristo la ley era nuestra custodia, y estar bajo la ley era transitorio. Ahora que Cristo ha venido, todos los escogidos de Dios deben salir de la ley y entrar en Él para disfrutarle como su pasto (Gá. 3:23-25; 4:3-5). Esto debe ser algo final y permanente. Ahora es la primavera, es el tiempo para que las ovejas salgan a los pastos y se alimenten de hierba fresca. Los discípulos Pedro, Jacobo y Juan, fueron también unos de los que estuvieron en el redil, pero salieron de allí para alimentarse de Cristo como los pastos. Cuando estaban en la antigua religión, en ese redil se estaban muriendo de hambre. Ahí no había puerta, lo cual significa que no había libertad; ni había pastos, lo cual quiere decir que no había alimento. Pero un día ellos encontraron a Cristo, Aquel que vive, el Pastor, y Él les dijo: “Venid, seguidme”. Y ellos le siguieron fuera del redil, hacia los pastos.

Si usted sigue al Señor como su Pastor, esto suscitará una tormenta que lo forzará a salir del redil. No necesita luchar ni esforzarse para seguir al Señor Jesús fuera del redil, porque con el simple hecho de seguirle, la antigua religión lo forzará a salir. Ellos lo echarán fuera. Cuanto más usted siga a este Jesús viviente, más la religión lo obligará a salir. La religión no puede tolerar al Señor Jesús, y Él nunca permanecería en la religión. Estos dos son completamente diferentes y no hay ninguna posibilidad de reconciliarlos. El Señor Jesús es vida, pero la religión es algo que no es vida. El Jesús viviente simplemente no puede soportar la religión. ¡Alabado sea el Señor porque nosotros estamos fuera de la religión y nos estamos alimentando de los pastos verdes! El pasto ciertamente no está en el redil, sino fuera de éste. Si usted ha de disfrutar los pastos, debe salir del redil. Una vez que usted salga del redil se hallará en los pastos. ¡Aleluya!

Debemos añadir algo acerca de quién es el portero y quiénes son los ladrones y salteadores. El portero es el Espíritu Santo, y los ladrones y salteadores son aquellos que afirmaban ser profetas. Aquellos que no entraron al redil por la puerta, sino que subieron por otro camino; éstos son los profetas que vivieron después de los profetas antiguotestamentarios y antes de Juan el Bautista. Durante ese tiempo muchos no entraron a la ley por medio de Cristo, sino por sí mismos. Ellos afirmaban ser profetas enviados por Dios. Sin embargo, todos los profetas genuinos del Antiguo Testamento vinieron por medio de Cristo y para Cristo. En otras palabras, ellos entraron a la ley a través de la puerta. Después de los profetas antiguo testamentarios, muchos entraron en la ley, pero no por medio de Cristo y para Él, sino por sí mismos y para ellos. Ellos eran los ladrones y salteadores quienes perjudicaron y corrompieron al pueblo de Dios. Entre los profetas del Antiguo Testamento y Juan el Bautista hubo un período de cuatrocientos años. Casi durante todo ese lapso aquellos ladrones y salteadores perjudicaron al pueblo escogido de Dios. Por eso, el Señor dijo que el ladrón vino sólo para hurtar, matar y destruir, pero que Él había venido para que las ovejas tuvieran vida, y vida en abundancia (Jn. 10:10). Esto significa que el Señor vino para impartirse a Sí mismo como vida a Sus ovejas; pues Él es el pasto. Mientras las ovejas permanezcan en los pastos, tendrán el suministro de vida en abundancia. Al alimentarse de los pastos las ovejas disfrutan de dichos pastos como su abundante suministro de vida, porque el Señor es su vida abundante. Ellas disfrutan al Señor y lo experimentan abundantemente como su vida.

¿Cómo pudo el Señor llegar a ser el pasto de vida para las ovejas? Para entender esto es necesario que veamos que el pasto, para poder comerse, debe pasar por el proceso de la muerte. Todo el pasto viviente que es comido por las ovejas tiene que pasar por el proceso de la muerte. De manera que, como veremos, el Señor dijo que Él tenía que dar Su vida por Sus ovejas. Primero Él tuvo que morir para poder impartirse a Sí mismo como vida a las ovejas.

B. El Pastor, la vida divina y la vida del alma:
para el rebaño

1. Cristo es el Pastor

Hemos visto que Cristo es el Pastor que llama a Sus ovejas a salir del redil. Él va delante de ellas, y ellas le siguen. Como el Pastor Él saca del redil a las ovejas a través de Sí mismo como la puerta para llevarlos a que lo disfruten a Él como el pasto.

2. Cristo pone Su vida, Su alma,
para que las ovejas puedan tener la vida divina

En el versículo 10 el Señor dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Y en el versículo 11 dijo: “Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”. En estos dos versículos se usan dos palabras griegas diferentes para denotar “vida”. En el versículo 10 la palabra griega es zoé, una palabra que en el Nuevo Testamento denota la vida divina y eterna. Pero en el versículo 11 la palabra griega es psujé, la misma palabra que se traduce también “alma”, y significa la vida del alma, es decir, la vida humana. Estos dos versículos indican que el Señor Jesús tiene dos clases de vida. Como hombre, el Señor tiene la vidapsujé, la vida humana; y como Dios, Él tiene la vida zoé, la vida divina. Él puso Su alma, Su vida psujé, Su vida humana, para efectuar la redención por Sus ovejas (vs. 15, 17-18), a fin de que participaran de Su vida zoé, Su vida divina (v. 10), la vida eterna (v. 28), por la cual pueden ser constituidas como un solo rebaño, bajo un solo Pastor, que es Él mismo. De esta manera y con este propósito, como el buen Pastor, Él alimenta a Sus ovejas con la vida divina.

La vida divina del Señor nunca puede morir. Lo que murió en Su crucifixión fue Su vida humana. Para ser nuestro Salvador, Él, como hombre, puso Su vida humana para realizar la redención por nosotros, a fin de que pudiéramos recibir Su vida zoé. Él puso Su vida humana para que nosotros, después de ser redimidos, pudiéramos recibir Su vida zoé, la vida eterna.

3. Un solo rebaño es formado por la vida
bajo un solo Pastor

El Pastor, la vida divina y la vida humana son para el rebaño. En el versículo 16 el Señor dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; es preciso que las guíe también, y oirán Mi voz; y habrá un solo rebaño, y un solo Pastor”. ¿Quiénes son las ovejas que no son del redil judío? Son los gentiles. ¿Y qué es este rebaño? Este único rebaño representa la iglesia, el Cuerpo de Cristo (Ef. 2:14-16; 3:6), producido por la vida eterna y divina del Señor, la cual Él impartió a Sus miembros por medio de Su muerte (Jn. 10:10-18). Antes, el redil era el judaísmo; ahora, el rebaño es la iglesia. El redil era, y sigue siendo, el judaísmo, pero el rebaño es la iglesia, la cual incluye a dos pueblos: los creyentes judíos y gentiles. El Señor reunió a los dos en un solo rebaño bajo un solo Pastor. Ahora, este único rebaño y único Pastor son el Cuerpo y la Cabeza.

¿Por qué el Pastor, la vida divina y la vida humana son para el rebaño? Porque los que constituyen el rebaño son personas caídas y necesitan redención. Como hombre, el Pastor tenía la vida humana. Él sacrificó Su vida humana para realizar la redención de Su rebaño. De esta forma Su rebaño fue redimido. Luego, Su rebaño recibió Su vida divina, y por esta vida divina Sus ovejas viven juntas en un solo rebaño, el cual es constituido como una unidad, una sola entidad. Esto no es realizado por la vida humana, sino por la vida divina.

En la vida humana estamos condenados y divididos, pero en la vida divina somos aceptados y unificados. En la vida divina todos formamos una sola entidad, esto significa que somos un solo rebaño bajo un solo Pastor en una sola vida. Si vivimos por nuestra vida humana y no por la vida divina, solamente causaremos problemas. Además, vendremos a ser extraños unos a otros y nos extraviaremos del rebaño. Cuando vivimos conforme a nuestra vida humana, ya no somos ovejas, sino extraños. Una oveja es una persona regenerada que posee la vida divina. Todos debemos vivir por la vida divina para llegar a ser ovejas genuinas y puras. Entonces todos constituiremos un solo rebaño. Mientras vivamos por nuestra vida humana, seremos semejantes a un animal salvaje, tal vez a un león feroz o a un caballo indómito. Si no vivimos por la vida divina, no habrá rebaño. El rebaño es producido, mantenido y constituido por la vida divina. ¡Cuán bueno es que los hermanos habiten juntos en armonía! (Sal. 133:1). Sin embargo, morar en unidad simplemente significa morar en la vida divina. Alabado sea el Señor porque en la vida divina somos verdaderamente uno, y nos amamos unos a otros. Esto no es posible en nuestra vida humana, ni en la vida psujé, sino solamente en la vida divina, la vida zoé. Recibimos esta vida zoé por medio de la redención realizada por nuestro Pastor, quien sacrificó Su vida psujé; y este sacrificio que Él hizo fue con el fin de obtener nuestra redención, para que así pudiéramos recibirle como nuestra vida zoé. Ahora nos encontramos en la vida zoé bajo un solo Pastor para ser un solo rebaño. Esto no es una organización, sino juntarnos como un rebaño en vida. ¡Esto es maravilloso! ¡Aleluya! El rebaño no es un asunto de religión, sino de vida.

 

C. La vida eterna,
la mano del Hijo y la mano del Padre:
para la seguridad de las ovejas

En Juan 10:28-29 el Señor dice: “Y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre”. La vida eterna es necesaria para el vivir de los creyentes. Tanto la mano del Hijo, de poder, como la mano del Padre, de amor, tienen como fin proteger a los creyentes. La vida eterna nunca cesará, y la manos del Padre y la del Hijo nunca fallarán. Por lo tanto, los creyentes están seguros eternamente y nunca perecerán.

Cuando empecé a laborar en este país, muchos queridos santos me preguntaron si creía en la seguridad de la salvación. Mi respuesta siempre fue: “¿Por qué no?”. Después de algún tiempo todos ellos entendieron que sí creía en la maravillosa seguridad eterna. Si tenemos la vida eterna, tenemos la seguridad eterna. Nada es más seguro que la vida eterna. Tengo en mi espíritu la verdadera póliza de seguro. No sólo tengo vida eterna, sino que además tengo dos manos: la mano de poder del Hijo, y la mano de amor del Padre. Estas dos manos me abrazan, de modo que Satanás no puede arrebatarme de ellas. Estoy eternamente seguro por la vida divina y por estas dos manos divinas. ¡Alabado sea el Señor porque estas manos siempre están vigilando y nadie nos puede arrebatar de ellas. Por lo tanto, no pereceremos jamás. Tenemos un vivir divino y una protección todopoderosa. Así que, nosotros, las ovejas, tenemos seguridad eterna. No debemos argumentar doctrinalmente acerca de la seguridad eterna, porque es un hecho que disfrutamos. ¿Tiene usted la seguridad eterna? No le pregunto si cree en la seguridad eterna, le pregunto si la tiene. No importa que creamos o no en la seguridad de la salvación, estamos eternamente seguros.

D. La persecución por parte de la religión

En el versículo 30 el Señor dijo: “Yo y el Padre uno somos”. Aquí el Señor confirma Su deidad, es decir, que Él es Dios (10:33; 5:18; 1:1; 20:28; 1 Jn. 5:20; Fil. 2:6). Los judíos tomaron piedras para apedrearle, diciendo: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque Tú, siendo hombre, te haces Dios” (Jn. 10: 33). Los judíos persiguieron a Cristo debido a Su “blasfemia”. Hoy en día sucede lo mismo. Los religiosos nos acusan de predicar herejías. En aquel tiempo, la religión estaba tratando de proteger sus “creencias”, pero en realidad ellos no tenían creencias. Ellos tenían incredulidad y estaban protegiendo algo vano. Por lo tanto, persiguieron al Señor Jesús.

E. La vida abandona la religión
y adopta una nueva posición

En Juan 10:40-42 vemos que la vida abandona la religión y adopta una nueva posición. Cristo abandonó el judaísmo y se fue al mismo lugar donde Juan el Bautista predicó el evangelio neotestamentario. Es muy significativo que el Señor abandonó el judaísmo y tomó una nueva posición, al lado del Nuevo Testamento. Hoy nosotros también estamos en esta nueva posición. Estamos siguiendo al Pastor, estamos en los pastos, y tenemos una nueva posición.

Finalmente llegó la hora en que el Señor abandonó el judaísmo. Aunque los religiosos procuraron prenderle otra vez, Él se escapó de sus manos (v. 39). Se fue más allá del Jordán, al lugar donde anteriormente Juan el Bautista le había bautizado. Los judíos religiosos habían usado la ley para formar el judaísmo, el cual había confinado al pueblo escogido de Dios. Sin embargo, Juan el Bautista permaneció completamente separado del judaísmo, pues vivió en el desierto, el cual se encontraba fuera de Jerusalén, más allá del Jordán. Juan el Bautista vivía en el desierto, siempre señalando hacia Cristo mismo. Él mostraba a Cristo porque la era del redil había terminado, y una nueva era había empezado. Todos los escogidos de Dios tenían que salir del redil y venir a Cristo. El testimonio de Juan el Bautista simplemente consistía en exhortar con urgencia a la gente a salir del redil y a entrar en los pastos.

Después que Juan el Bautista anunció a Cristo, el Señor entró en el redil con el fin de sacar las ovejas. Por supuesto que no estaba robando las ovejas. Él fue al judaísmo para que Sus ovejas pudieran escuchar Su voz y salir del redil. Él mismo salió y fue delante de ellas guiándolas a salir. Después de que el Señor salió del judaísmo, fue al mismo lugar donde Juan el Bautista había testificado acerca de Él. El hecho de que el Señor fuera al desierto más allá del Jordán fue una señal de Su salida del judaísmo y de Su regreso a un lugar que se encontraba fuera del judaísmo.

Este capítulo finalmente declara que muchos fueron a Él y creyeron en Él (vs. 41-42). ¿Conoce usted el significado de esto? Simplemente significa que muchos le siguieron como las ovejas siguen a su pastor. Él es el Pastor que fue al redil para sacar a las ovejas de allí. Cuando Él salió del redil, todas las ovejas lo siguieron a un lugar en donde se testificaba acerca de abandonar el Antiguo Testamento y experimentar el Nuevo Testamento. El testimonio del Antiguo Testamento era el redil, pero el testimonio del Nuevo Testamento es Cristo como los pastos. ¿Es usted una oveja? ¿Prefiere permanecer en el redil a pesar de que los pastos están disponibles? ¿Desea seguir confinado y permanecer bajo la custodia del redil? ¿O saldrá del redil y entrará a los pastos para disfrutar las riquezas de Cristo? Hoy, el Señor Jesús ya no está en el judaísmo. El buen Pastor ya no está en el redil. Él se encuentra donde está establecido el testimonio del Nuevo Testamento. Él ha abandonado el redil y permanece en el lugar donde Él es el pasto. Por lo tanto, usted también debe dejar el redil y acudir a Él. Esto significa que debe abandonar el “judaísmo” y tomar a Cristo como su todo. Él lo es todo para usted. Observe a las ovejas; el pasto lo es todo para ellas. Ellas disfrutan de los pastos como su lugar de reposo, de alimento, de agua, de suministro de vida y como su todo. De igual manera, usted debe salir del redil y entrar a los pastos, es decir, debe salir del “judaísmo” y venir solamente a Cristo. Debe salir de la “ley” e ir al lugar donde se disfruta a Cristo. ¿Dónde está Cristo ahora? Él está fuera de todo grupo que sea religioso, y se encuentra en el lugar donde Juan el Bautista testificó de Él.

Ahora usted conoce el verdadero significado de este capítulo, el cual es la conclusión de este caso del hombre ciego que recibió la vista. Antes de que Cristo viniera, todos los escogidos de Dios se encontraban en el redil. Ahora, ya que Cristo ha venido, el tiempo del redil ha terminado. Por lo tanto, usted debe salir del redil para venir a Cristo. Ahora es el momento para que tome a Cristo como su pasto y lo disfrute como su todo. Debe vivir en Él y tomarlo como el todo para usted.

Considere este cuadro. Mire las ovejas y los pastos, y vea cuánto estos pastos significan para ellas. Si usted verdaderamente es una oveja, le dirá a los demás cuánto anhela estar fuera del redil, por que allí sólo hay limitación y confinamiento. Simplemente no hay libertad, porque ahí se encuentra bajo la custodia de un guardián. Ahora usted sabe dónde están los pastos, la libertad, y el suministro de vida.

Cristo es el pasto todo-inclusivo. El redil es la ley y el judaísmo. Cristo, que es la misma puerta del redil, es el Pastor que lo guía a salir de dicho redil, y que lo lleva hacia Él mismo, para llegar a ser todo para usted. Él es ahora nuestro pasto.

Permítame repetir una vez más. ¿Dónde está Cristo ahora? No se encuentra en el judaísmo, sino en el mismo lugar donde se testifica acerca del Nuevo Testamento. Cristo está en el lugar en el cual Juan el Bautista testificó de Él. Esto tiene mucho significado, porque el Señor hoy se encuentra fuera del redil, y ha tomado una nueva posición en la que Él es todo para Su pueblo escogido. Por lo tanto, usted debe salir del viejo redil y entrar a los pastos frescos en donde Cristo mismo es todo para usted.

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LA PARÁBOLA DE LA FIESTA DE BODAS

La parábola de la fiesta de bodas

 

1. Un rey hace fiesta de bodas para su hijo

Mateo 22:2 dice: “El reino de los cielos ha venido a ser semejante a un rey que hizo fiesta de bodas para su hijo”. La parábola de la viña que se encuentra en el capítulo veintiuno se refiere a los tiempos del Antiguo Testamento en los cuales estaba presente el reino de Dios (21:43), mientras que la parábola de la fiesta de bodas hace alusión a los tiempos del Nuevo Testamento, en los cuales el reino de los cielos está presente. El rey aquí es Dios, y el hijo es Cristo.

En la parábola anterior (21:33-46), el Señor mostró cómo los judíos, quienes estaban en el reino de Dios, serían castigados, y cómo el reino de Dios les sería quitado y dado al pueblo del reino. Era necesaria otra parábola para mostrar por cuál criterio el pueblo del reino, es decir, aquellos que están en el reino de los cielos, sería juzgado. Ambas parábolas nos muestran que el reino es algo muy serio.

En la parábola anterior, el Antiguo Testamento fue comparado con una viña, y el enfoque era el trabajo bajo la ley; en esta parábola, el Nuevo Testamento es comparado con una fiesta de bodas, y el enfoque es el disfrute que se tiene bajo la gracia. La viña principalmente tiene que ver con labor y no disfrute, pero la fiesta de boda no exige un labor; más bien, trae deleite y disfrute. Nadie asiste a una fiesta de boda con el propósito de trabajar; sólo piensa en disfrutar y gozarse. Así que, la parábola de la viña representa la labor que se realiza bajo la ley, y la parábola de la fiesta de bodas representa el disfrute que se tiene bajo la gracia. Nosotros quienes estamos en el recobro del Señor no estamos trabajando bajo la ley; más bien, estamos en el disfrute de la gracia. ¡Qué gran contraste existe entre estas dos parábolas! Hoy no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. No estamos trabajando, sino disfrutando. Este es el principio fundamental con el cual entender estas parábolas.

2. El rey envía a sus siervos
una y otra vez a llamar a los
invitados a las bodas

El versículo 3 dice: “Y envió a sus esclavos a llamar a los invitados a las bodas; mas éstos no quisieron venir”. Los esclavos mencionados en este versículo componen el primer grupo de apóstoles neotestamentarios. El versículo 4 añade: “Volvió a enviar a otros esclavos, diciendo: Decid a los invitados: He aquí, he preparado mi banquete; mis novillos y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas”. Estos esclavos son los apóstoles que el Señor envió más tarde. Los novillos y los animales engordados representan a Cristo, quien fue inmolado para que el pueblo escogido de Dios pudiera disfrutarlo como un banquete. Cristo tiene muchos aspectos que podemos disfrutar. En calidad del becerro y los animales engordados, El fue inmolado y preparado a fin de que pudiéramos disfrutarle. Aunque todo había sido preparado y los esclavos habían sido enviados una y otra vez, los invitados se rehusaron a asistir al banquete y aun echaron mano de los esclavos, los afrentaron y mataron (vs. 5-6).

3. El rey envía a sus tropas, destruye
a los homicidas y quema su ciudad

El versículo 7 dice: “El rey, entonces, se enojó; y enviando sus tropas, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad”. Estos eran los ejércitos romanos que, bajo el liderazgo de Tito, destruyeron a Jerusalén en el año 70 d. de C. El hecho de que las tropas aquí pertenecen al rey indica que todos los ejércitos de la tierra pertenecen al Señor. Así que, los ejércitos del Imperio Romano eran en realidad los ejércitos de Dios. Dios envió el ejército romano para que actuaran como Sus tropas y para que realizaran Su propósito de destruir Jerusalén.

Durante el período transitorio entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, lo antiguo y lo nuevo se traslapó. En la parábola de la viña, el dueño destruyó a los hombres malvados porque ellos rechazaron, persiguieron y mataron a sus siervos. Ellos aun mataron a Jesucristo, el Hijo de Dios. La parábola de la fiesta de bodas afirma que Dios destruirá la ciudad porque, después de matar a Cristo, ellos también mataron a los apóstoles que fueron enviados a invitarlos al banquete de bodas. Dios no los destruyó inmediatamente después de que ellos mataron al Hijo de Dios, pues al darle muerte al Hijo, preparaban los novillos engordados para la fiesta. Pero después de que los apóstoles hubieron sido rechazados y muertos, el Señor envió el ejército romano, bajo el liderazgo de Tito, para que destruyeran la ciudad de Jerusalén. Tito actuó en forma cruel y sin misericordia, derribando el templo y quemando la ciudad. Tal como el Señor Jesús había dicho, no quedó piedra sobre piedra en el templo. Además, Tito mató un gran número de judíos, a los líderes en particular. Esto constituyó el cumplimiento de la profecía del Señor en esta parábola.

4. El rey envía a sus esclavos a los
caminos a llamar a las bodas
a cuantos pasaran por allí

Después de la destrucción de Jerusalén, Dios se volvió de los judíos al mundo gentil. Los versículos 8 y 9 dicen: “Luego dijo a sus esclavos: Las bodas están preparadas; mas los que fueron invitados no eran dignos. Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis”. El hecho de que los judíos rechazaran el evangelio, los hizo indignos de disfrutar el Nuevo Testamento (Hch. 13:46). Debido a este rechazo, la predicación del Nuevo Testamento se volvió a los gentiles (Hch. 13:46; Ro. 11:11). Aquí el mundo gentil es representado por las encrucijadas de los caminos. A lo largo de los siglos, la predicación del evangelio en el mundo gentil ha sido muy exitosa, a pesar de que ha existido cierta oposición y rechazo.

5. Muchos, tanto buenos como malos,
asisten a la fiesta de bodas

El versículo 10 dice: “Y saliendo aquellos esclavos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, tanto malos como buenos, y las bodas fueron llenas de convidados”. Debido a que hicieron la proclamación de manera tan prevaleciente, la fiesta de bodas se llenó de los convidados.

6. En la fiesta se halla
un hombre que no está vestido
con traje de boda

El versículo 11 dice: “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido con traje de boda”. El hombre sin traje de boda debe de haber sido una persona salva. Si no, ¿cómo podía alguien responder al llamado de Dios si no fuera salvo? Pues sabemos que si hemos respondido al llamado de Dios, somos salvos. En el versículo 14 el Señor Jesús menciona que muchos son llamados, y en Efesios 4:1 Pablo indica que nosotros, los que fuimos salvos, somos los llamados. Fuimos llamados a ser salvos. Aunque el hombre del versículo 11 había sido llamado y salvo, le faltaba el traje de bodas.

El traje de bodas es tipificado por los vestidos bordados que se mencionan en Salmos 45:14, y es representado por el lino fino que se menciona en Apocalipsis 19:8. Esta es la justicia sobresaliente de los creyentes vencedores, la cual se menciona en Mateo 5:20. Sabemos que el hombre que no tenía traje de boda era salvo, porque vino a la fiesta de bodas. El había recibido a Cristo como su justicia a fin de ser justificado ante Dios (Fil. 3:9; 1 Co. 1:30; Ro. 3:23), pero no vivía a Cristo como su justicia subjetiva para poder participar del disfrute del reino de los cielos. El fue llamado a la salvación, pero no fue escogido para disfrutar el reino de los cielos, lo cual es solamente para los creyentes vencedores.

El traje de bodas representa los requisitos que debemos cumplir para tener derecho a participar de la fiesta de bodas. El Nuevo Testamento menciona esta fiesta al menos en dos ocasiones, en Mateo 22 y en Apocalipsis 19. De acuerdo con Apocalipsis 19 los invitados a la fiesta de bodas estaban vestidos de lino blanco. El lino blanco mencionado en Apocalipsis 19 constituye el vestido de boda hallado en Mateo 22, y representa la justicia sobresaliente. Mateo 5:20 dice: “Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. La justicia sobresaliente que nos hace apto para participar en la manifestación del reino en la era venidera, es tipificada en el salmo 45, donde dice que la reina tiene dos vestiduras. Nosotros los creyentes también necesitamos dos vestiduras. Todos nosotros tenemos la primera, la cual nos hace apto para ser salvos. Esta vestidura es el Cristo objetivo que recibimos como nuestra justicia delante de Dios. En Cristo, quien es nuestra justicia, fuimos justificados y salvos. Pero después de recibir a Cristo, tenemos que expresarle en nuestro vivir; en otras palabras, debemos vivir a Cristo de tal manera que El llegue a ser nuestra justicia subjetiva. Esta justicia, Cristo expresado por nosotros en nuestro vivir cotidiano, es la realidad del lino blanco, o sea, la segunda vestidura, el traje de bodas que nos hace apto para participar en la fiesta de bodas.

En la parábola de la viña, el Señor era muy estricto con los viñadores, en el sentido de que requería que el labor de ellos alcanzara cierto nivel. Debemos desechar la idea falsa de que por cuanto estamos bajo la gracia, el Señor será tolerante con nosotros. Muchos malentienden la gracia del Señor y usan de ella de forma incorrecta. La mayoría de los cristianos piensa que el Señor no actuará en forma estricta con nosotros, y que por cuanto tenemos Su gracia, no existirá ningún problema. Sin embargo, debemos saber que el Señor es más estricto con aquellos que estamos bajo Su gracia. Tanto la parábola de la viña como la de la fiesta de bodas revelan que el Señor es muy estricto y que El disciplina a Su pueblo, ya sea a los judíos que se encuentran bajo la ley o a los creyentes que están bajo la gracia. No debemos pensar que por haber sido invitados a la fiesta de bodas, podemos vivir en forma descuidada. Por el contrario, el Señor puede venir a la fiesta y echarnos fuera por no tener la segunda vestidura. Es verdad que hemos recibido a Cristo como nuestra justicia y que así estamos justificados delante de Dios. Pero, ¿estamos viviendo a Cristo? ¿Es El nuestra justicia subjetiva?

Los requisitos de la segunda vestidura son muy estrictos y nos exigen mucho más que guardar ciertos mandamientos o reglamentos; en efecto, día tras día debemos vivir a Cristo y expresarle. Esto no es un asunto de obras, sino de vivir. En la economía neotestamentaria, a Dios no le interesan principalmente nuestras obras, sino nuestro vivir, es decir, a El le importa más por quién vivimos y cómo vivimos. Los pequeños detalles de nuestra vida diaria manifiestan si vivimos por Cristo o no. Es fácil aprender la doctrina de que fuimos crucificados con Cristo, que no vivimos más nosotros, sino que Cristo vive en nosotros. Pero ¿experimentamos esto como una realidad en nuestra vida diaria? Siempre que descuidamos nuestro vivir diario no estamos viviendo por Cristo. Si vivimos en una forma suelta y descuidada, no tenemos el traje de bodas.

No existe ningún problema con respecto a nuestra salvación, porque fuimos llamados y justificados. Pero, ¿cuál será nuestra situación ante el tribunal de Cristo? ¿Tendremos derecho a entrar a la fiesta de bodas? Si uno cree la primera parte del evangelio, entonces también debe creer la segunda. ¡Cuánto necesitamos acudir al Señor buscando Su misericordia! Debemos orar: “Señor, ten misericordia de mí. Yo te he recibido, pero necesito más de Tu gracia para vivir por Ti. Señor, ya que Tú eres mi Salvador, estoy seguro de que soy eternamente salvo, pero necesito Tu gracia para poder tomarte como mi vida”. Debemos hablar por Cristo, y aun nuestra ira debe ser conforme a El. Cuando estemos a punto de perder la paciencia, debemos considerar si lo estamos haciendo por Cristo o no. Si hacemos esto, viviremos por Cristo la apropiada vida cristiana.

Los cristianos de hoy han pasado por alto la segunda vestidura. Martín Lutero nos ayudó a conocer la primera, la cual es Cristo como nuestra justicia quien nos justifica ante Dios. Esta verdad fue recobrada hace más de cuatrocientos años. Pero hoy en el recobro del Señor hemos llegado a comprender algo de la segunda vestidura. Necesitamos tanto la justicia objetiva como la subjetiva. Este es un asunto muy importante en el Evangelio de Mateo, porque es un requisito para entrar al reino. 

7. El hombre que no tiene traje de bodas
es echado a las tinieblas de afuera

Los versículos 12 y 13 dicen: “Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin tener traje de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los servidores: Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. Los siervos mencionados en el versículo 13 deben de referirse a los ángeles (13:41, 49). Ser echado a las tinieblas de afuera no significa perecer, sino ser castigado dispensacionalmente por no haber vivido una vida vencedora por medio de Cristo, la cual le hubiera proporcionado al vencedor participación en el disfrute del reino durante el milenio. En el milenio, los creyentes vencedores estarán con Cristo en la gloria resplandeciente del reino (Col. 3:4), mientras que los creyentes derrotados serán disciplinados en las tinieblas de afuera.

Ya que el hombre sin traje de bodas es echado a las tinieblas de afuera, muchos maestros cristianos dicen que se refiere a un falso creyente. Pero, ¿cómo podría un falso creyente ser admitido en la fiesta de bodas de Cristo en el aire? La razón por la que muchos maestros cristianos dicen que este hombre es un incrédulo es porque ellos no creen que una persona salva pueda ser castigado siendo echado a las tinieblas de afuera. Sin embargo, de acuerdo con el Evangelio de Mateo, los creyentes pueden estar sujetos a un castigo limitado a la dispensación, lo cual es un tema que se aborda más de una ocasión en este evangelio. Muy pocos cristianos creen que puede haber tal disciplina para una persona salva. Pero por más de cuarenta años hemos enseñado que debemos ser vencedores. Aquellos que no sean vencedores serán excluidos del disfrute del reino durante el milenio y probablemente serán castigados.

Hemos visto que el hombre que no tenía traje de boda fue echado a las tinieblas de afuera. Debemos notar que el Señor Jesús no sólo dijo las tinieblas, sino las tinieblas de afuera. La Biblia dice claramente que cuando el Señor Jesús regrese, El vendrá en gloria. Así que, ésa será una esfera de gloria, y todos los creyentes serán arrebatados hacia El en Su gloria. Entonces el Señor establecerá el tribunal de Cristo en el aire. Después de que los creyentes hayan sido juzgados, los reprobados serán echados a las tinieblas de afuera. Esto se refiere a las tinieblas fuera de la esfera de la gloria del Señor. Por esta razón el Señor usó la palabra “afuera” para describir tales tinieblas.

Ser echados a las tinieblas de afuera no es sufrir la perdición eterna. El Nuevo Testamento revela que una vez que alguien ha sido salvo, es salvo por la eternidad y no puede perecer jamás. Sin embargo, la así llamada teología arminiana enseña que una persona puede ser salva y después perder la salvación. Pero esta enseñanza es contraria a las Escrituras. Aunque no podemos perdernos, Dios puede aplicarnos un castigo limitado a la dispensación. En el pasado algunos han argumentado conmigo acerca de esto diciendo: “¿Cómo puede una persona redimida y lavada con la sangre de Cristo ser todavía castigada por Dios?” Yo les he contestado: “Después de que usted fue redimido y lavado por la sangre del Señor, nunca ha experimentado el castigo de Dios por sus actos erróneos? ¿Dios nunca le ha castigado?” Al reconocer que Dios puede castigar a aquellos que pecan después de haber sido salvos, ellos han perdido el caso. Otros han argumentado que Dios únicamente nos castiga en esta era, mientras estamos en la carne, pero que después de que el Señor regrese y seamos arrebatados no tendremos ningún problema. Ante este argumento yo he dicho: “Por favor, no se aferre a este concepto. No piense que no habrá problemas después de la resurrección y el arrebatamiento. Después de que los pecadores hayan muerto y sean resucitados, ellos serán llevados ante el trono blanco para ser juzgados. Esto demuestra que la resurrección no resuelve todos los problemas. No piense que la muerte y la resurrección automáticamente le salvarán de todos los problemas en el futuro. Dios puede todavía tratar con usted después de que usted sea resucitado. No se deje engañar”. La mayoría de los cristianos hoy rechazan la enseñanza del castigo dispensacional de los creyentes. Esta es la razón por la cual muchos de ellos viven de una manera suelta y descuidada. En lugar de temer la disciplina dispensacional de Dios, ellos dicen: “Yo soy salvo y la sangre me ha lavado. Si hago algo equivocado el Señor puede corregirme un poquito. Pero no habrá ningún problema para mí en el futuro”. ¡Qué engañoso es aferrarse a un concepto tan contrario a la Palabra pura de Dios! Al regresar a la Palabra pura, vemos que es un asunto muy serio llegar a la fiesta sin traje de boda.

Necesitamos leer el Evangelio de Mateo con una mente sobria y considerar sus enseñanzas seriamente. Aunque este libro ha estado velado por siglos, el Señor hoy lo ha abierto para nosotros. Algunos pueden argumentar que no conocemos adecuadamente el amor de Dios y que presentamos a Dios como un Ser muy duro y cruel. Pero si el amor de Dios fuera conforme a su concepto, ¿cómo podría El haber enviado a un ejército a destruir la ciudad de Jerusalén? En Romanos 11 Pablo dice que Dios es amable, pero también afirma que El es estricto y que debemos conducirnos seriamente ante El. Cuando Dios actúa amablemente, El es demasiado amable, pero cuando El es severo, es extremadamente severo. Dios ha actuado de una manera severa con los judíos, y ciertamente también lo hará con nosotros.

Hoy en día existen muchas enseñanzas endulzadas en la cristiandad. Algunos predicadores no se atreven a enseñar lo que ven en la Biblia por temor a perder su audiencia u ofender a otros. Por lo tanto, endulzan muchas de sus enseñanzas. Pero nosotros debemos eliminar dicho sabor endulzado, regresar a la Palabra pura, y ver lo que el Señor dice al respecto. Necesitamos la palabra sobria que se encuentra en el Evangelio de Mateo. Debemos tener presente que un día seremos examinados para ver si tenemos o no la segunda vestidura que nos da acceso a la fiesta de bodas. Preparémonos, pues, la segunda vestidura, el lino blanco, esto es, la justicia sobresaliente, a fin de estar listos para este examen. ¡Que el Señor tenga misericordia de nosotros para logra esto!

Mi carga en este mensaje no es amenazarles a ustedes, sino exponer la Palabra pura y darles una dosis saludable sin endulzarla artificialmente. Debemos leer y escudriñar la palabra del Señor cabalmente. La parábola presentada en Mateo 22:1-4 es muy significativa. Cada detalle en esta parábola es importante. El Señor no hubiera dado dicha parábola, si lo que ésta trasmite no fuera importante.

8. Muchos son llamados pero pocos escogidos

En el versículo 14 el Señor concluye: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Ser llamado es recibir la salvación (Ro. 1:7; y Co. 1:2; Ef. 4:1), mientras que ser escogido es recibir una recompensa. Todos los creyentes han sido llamados, pero pocos serán escogidos como vencedores. Los vencedores, esto es, los escogidos, serán recompensados y tendrán derecho a participar de la fiesta de bodas del Cordero. (Extracto del mensaje 58 del Estudio-vida de Mateo por Witness Lee, LSM) 

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LA PARABOLA DE LA MUJER QUE BUSCA UNA MONEDA

LA PARABOLA DE LA MUJER
QUE BUSCA UNA MONEDA

En Lucas 15:8 el Señor añade: “¿O qué mujer que tiene diez monedas de plata, si pierde una moneda, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca cuidadosamente hasta encontrarla?” Literalmente la palabra griega traducida monedas de plata es “dracmas” (así también en el v. 9), que tiene casi el mismo valor que el denario romano. Una dracma equivalía al salario de un día.

La lámpara representa la palabra de Dios (Sal. 119:105, 130), la cual el Espíritu usa para alumbrar y exponer la posición y la condición del pecador para que se arrepienta.

Según el versículo 8, la mujer barre la casa y busca cuidadosamente hasta que encuentra la moneda perdida. La palabra barre indica que escudriña y limpia el interior del pecador. En el versículo 4 el Hijo encuentra al pecador, lo cual ocurre fuera de éste y se completa en la cruz por medio de la muerte redentora del Hijo. Aquí la búsqueda del Espíritu es algo interior, y se lleva a cabo por Su obra dentro del pecador arrepentido.

Los versículos 9 y 10 dicen: “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la moneda de plata que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Nótese que en el versículo 9 las palabras griegas amigas y vecinasdifieren de amigos y vecinos en el versículo 6. (Estudio-vida de Lucas, mensaje 34 por Witness Lee, LSM)

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LA PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS - MATEO 21:28-32

La parábola de los dos hijos

Mateo 21:28-32 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en la viñaRespondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, yo voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los recaudadores de impuestos y las brameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

En esta parábola el padre dijo al primer hijo que fuera a trabajar en Su viña. Al principio el hijo se rehusó, pero después, arrepentido, se fue a trabajar. El padre dijo al segundo de la misma manera, y el hijo dijo que sí, iría, pero no fue. El Señor Jesús entonces preguntó a los que le escuchaban que cuál de los dos hijos había hecho la voluntad del padre. Cuando ellos le contestaron que el primero, el Señor les dijo: “De cierto os digo, que los recaudadores de impuestos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (v. 31).

En Lucas 15:1-2 y 11-32, el Señor comparó a los líderes del judaísmo con el hijo primogénito, y a los recaudadores de impuestos y los pecadores con el segundo hijo; pero aquí invirtió la comparación. Esto indica que los judíos eran los primogénitos de Dios (Ex. 4:22) y que tenían la primogenitura. No obstante, debido a la incredulidad de ellos, la primogenitura pasó a la iglesia, la cual ha llegado a ser el primogénito de Dios (He. 12:23). Así que, lo dicho por el Señor aquí implica un cambio de primogenitura. En la economía de Dios la primogenitura le fue quitada a Israel y dada a otro pueblo compuesto de los que habían sido salvos, es decir, los pecadores y los recaudadores de impuestos. Esto quiere decir que la primogenitura de Dios fue transferida de Israel a la iglesia.

El versículo 32 dice: “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle”. El Señor parecía estar diciendo: “Vosotros los principales sacerdotes y ancianos sois el segundo hijo. Aparentemente vosotros obedecéis a Dios, pero en realidad lo desobedecéis. A los ojos de Dios, los pecadores, los recaudadores de impuestos y las prostitutas son mucho mejores que vosotros, pues ellos sí recibieron la predicación de Juan el Bautista. Debido a que ellos recibieron el camino de justicia presentado por Juan, entrarán al reino de los cielos, pero vosotros seréis dejados fuera”. Esto significa que la primogenitura fue quitada a Israel, y dada a pecadores salvos, arrepentidos y perdonados, quienes constituyen la iglesia.

El versículo 32 habla del camino de justicia. El Evangelio de Mateo, el libro que habla del reino, subraya la justicia, porque la vida del reino exige una justicia rigurosa, la cual debemos buscar (5:20, 6; 6:33). Juan el Bautista vino por el camino de esta justicia, y el Señor Jesús estuvo dispuesto a ser bautizado por Juan para cumplir dicha justicia (3:15). (Extracto del Estudio-vida de Mateo mensaje 57 por Witness lee, LSM) 

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LA PARABOLA DEL BUEN SAMARITANO

Lucas 10:29 dice: “Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” El que hizo esta pregunta debió de haber sido uno de los fariseos que se justificaban a sí mismos (16:14-15, 18:9-10). Como muestra de su orgullo, preguntó al Señor quién era su prójimo. Parece que él dijera al Señor: “¿Quién es mi prójimo para que yo pueda amarle?” En la parábola siguiente, el Señor le respondió al demostrarle que él no necesitaba un prójimo para poder amar. Más bien, él necesitaba un prójimo que le amara. Puesto que él no era capaz de amar, necesitaba que alguien le amara. Como veremos, este prójimo era el buen samaritano.

La parábola del buen samaritano es una de las parábolas narradas solamente por Lucas. Esta parábola transmite el principio de la alta moralidad de la plena salvación del Salvador. El Salvador tiene la intención de presentar “el hombre” del versículo 30, o sea, el intérprete de la ley que se justifica, como un pecador que había caído del fundamento de la paz (Jerusalén) a la condición de la maldición (Jericó).

 

Desde Jerusalén hasta Jericó

Lucas 10:30 dice: “Tomando Jesús la palabra, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto”. Jerusalén significa fundamento de la paz (véase He. 7:20), y Jericó era una ciudad de maldición (Jos. 6:26; 1 R. 16:34). La palabradescendía indica que cayó de la ciudad cuyo fundamento es la paz a la ciudad de la maldición. Por lo tanto, el hombre mencionado en esta parábola cayó del fundamento de la paz a un lugar de maldición. El camino que tomaba era un camino que le conducía a tal caída.

Cae en manos de ladrones

El hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, le hirieron y se fueron, dejándole medio muerto. Estos ladrones representan a los maestros legalistas de la ley judía (Jn. 10:1), quienes usaban la ley (1 Co. 15:56) para despojar a los que guardaban la ley, como el intérprete de la ley que se justificaba. La palabra despojar significa el despojo causado por el mal uso de la ley por parte de los maestros judíos. La palabra griega traducida herirliteralmente significa poniéndole azotes encima. Esto significa matar por la ley (Ro. 7:9-10). Además, el hecho de que los ladrones dejaron al hombre medio muerto indica que los maestros judíos dejaban moribundo a quien observaba la ley (Ro. 7:11, 13).

Todos los fariseos, los maestros legalistas del judaísmo, se asemejan aquí a los ladrones. El intérprete de la ley se asemeja al que descendía de Jerusalén a Jericó, que cayó en manos de estos ladrones, los cuales le despojaron y le hirieron. Los maestros legalistas de la religión judía despojaban a las personas, las herían y después las dejaban medio muertas. Esta era la situación del intérprete de la ley, aunque no se dio cuenta de que él estaba en tal condición.

Un sacerdote y un levita

En el versículo 31 el Señor añade: “Coincidió que descendía un sacerdote por aquel camino, y viéndole, dio un rodeo y pasó de largo”. El sacerdote era uno que debía cuidar al pueblo de Dios enseñando la ley de Dios (Dt. 33:10; 2 Cr. 15:3). En la parábola, un sacerdote iba descendiendo por el mismo camino, y fue incapaz de prestar ayuda al herido.

En el versículo 32 dice: “Asimismo un levita, llegando a aquel lugar, y viéndole, dio un rodeo y pasó de largo”. Un levita era uno que ayudaba al pueblo de Dios en su adoración a Dios (Nm. 1:50; 3:6-7; 8:19). Este levita vino al mismo lugar, y él tampoco prestó ayuda al moribundo.

Los actos de un samaritano

Los versículos 33 y 34 describen los actos de un samaritano que se acercó al hombre que cayó en manos de los ladrones: “Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a compasión; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su propia cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él”. Este samaritano representa al Salvador-Hombre, quien aparentemente era un laico de condición humilde. Era menospreciado y difamado, como un samaritano miserable (Jn. 8:48; 4:9), por los fariseos que se exaltaban y eran justos en su propia opinión, incluyendo a la persona con quien el Señor estaba conversando en Lucas 10:25 y 29. El Salvador-Hombre en Su viaje ministerial, en el cual buscaba al perdido y salvaba al pecador (19:10), descendió al lugar donde los ladrones judíos hirieron a la víctima dejándole en su condición miserable y moribunda. Cuando le vio, fue movido a compasión en Su humanidad junto con Su divinidad, y le brindó sanidad y salvación tierna y cuidadosa, satisfaciendo completamente su necesidad inmediata (vs. 34-35).

En 10:34 y 35 todos los puntos del cuidado que administró el buen samaritano al moribundo describen al Salvador-Hombre en Su humanidad junto con Su divinidad, que cuida misericordiosa, tierna y abundantemente a un pecador condenado bajo la ley. Esto demuestra claramente el alto nivel de Su moralidad en Su gracia salvadora.

El samaritano se acercó al hombre y le vendó las heridas, derramando aceite y vino sobre ellas. Vendar las heridas indica que le sanó. Derramar aceite y vino sobre sus heridas indica que le dio el Espíritu Santo y la vida divina. Cuando el Salvador-Hombre vino a nosotros, El derramó en nuestras heridas Su Espíritu y Su vida divina.

Luego el samaritano puso al hombre en su propia cabalgadura, en un asno. Esto indica que el samaritano le llevó con medios humildes y con humildad. Muchos de nosotros podemos testificar que fuimos llevados a la iglesia en tal humildad, montados en “un asno”. No entramos en la iglesia de una manera espléndida y gloriosa. Al contrario, fuimos llevados a la iglesia de una manera humilde y con medios humildes.

El samaritano llevó al hombre a un mesón y le cuidó. Esto indica que le trajo a la iglesia y le cuidó mediante la iglesia.

El versículo 35 dice: “Y al día siguiente, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese”. Aquí vemos que el samaritano pagó en el mesón por el hombre. Esto quiere decir que bendijo a la iglesia por causa de él. Además, al prometer que pagaría al mesonero todo lo que el hombre gastara de más indica que todo lo demás que la iglesia gaste por él en esta era, será pagado cuando el Señor regrese.

El que se justifica a sí mismo necesita un prójimo amoroso

En el versículo 36 el Salvador-Hombre preguntó al intérprete de la ley: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que se hizo el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” El intérprete de la ley que quería justificarse a sí mismo pensó que podía amar a otro como su prójimo (v. 29). Bajo la ceguera de la autojustificación, él no sabía que él mismo necesitaba un prójimo, el Salvador-Hombre, que le amara.

En el versículo 37 el intérprete de la ley contestó: “El que usó de misericordia con él”. Entonces Jesús le dijo: “Ve, y haz tú lo mismo”. Las palabras griegas traducidas el que usó de misericordia con él pueden también traducirse “el que lo trató con misericordia”. El que se justificaba recibió ayuda al llegar a saber que necesitaba un prójimo amoroso (como el buen samaritano, quien tipifica al Salvador-Hombre) que le amara, no un prójimo que fuera amado por él. El Salvador tenía la intención de revelarle mediante esta historia que él estaba condenado a muerte bajo la ley, que él era incapaz de cuidarse a sí mismo, aún menos amar a otros, y que el Salvador-Hombre era Aquel que le amaría y le daría salvación plena.

LOS ATRIBUTOS DIVINOS Y LAS VIRTUDES HUMANAS
DEL SALVADOR-HOMBRE

En esta parábola podemos ver los atributos divinos y las virtudes humanas del Salvador-Hombre. En referencia a los atributos divinos, vemos el Espíritu, la vida eterna, la bendición y el asunto del reembolso. Dar el Espíritu, la vida divina, la bendición y reembolsar a la iglesia están relacionados con los atributos divinos.

Las virtudes humanas del Salvador-Hombre que se revelan aquí incluyen Su compasión, amor, simpatía y cuidado. Otra vez en este caso, las virtudes humanas del Salvador-Hombre se mezclan con Sus atributos divinos. Es difícil distinguirlos claramente por categorías, porque se mezclan para producir el más alto nivel de moralidad.

En la parábola del buen samaritano vemos que la moralidad del Salvador-Hombre era una moralidad en el más alto nivel. Cuando el sacerdote vio al hombre que cayó en manos de los ladrones, él no hizo nada para ayudarle. Parece que dicho sacerdote no tenía moralidad alguna. La situación era la misma con el levita. Pero cuando el Salvador-Hombre vio al hombre que estaba en su condición lamentable, fue movido a compasión. Después ejercitó plenamente Su moralidad para cuidar al necesitado. El más alto nivel de moralidad del Salvador-Hombre era un producto de una vida de mezcla, es decir, una vida en la cual los atributos divinos se mezclan con las virtudes humanas. En esta parábola vemos claramente que el Salvador-Hombre llevó a cabo Su ministerio en Sus virtudes humanas junto con Sus atributos divinos.

Extracto del mensaje 25 del Estudio-vida de Lucas por Witness Lee  www.lsmespanol.org/

 

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EL BUEN ESCLAVO Y EL ESCLAVO MALO

Lucas 19

Los versículos del 15 al 17 añaden: “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos esclavos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían negociado. Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. El le dijo: Bien, buen esclavo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. Esto significa que los vencedores reinarán sobre las naciones (Ap. 2:26; 20:4, 6).

Los versículos 18 y 19 dicen: “Vino el segundo, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades”. Esto indica que la recompensa de los santos vencedores, reinar en el reino venidero, diferirá en extensión.

Los versículos 20 y 21 dicen: “Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo; tomas lo que no depositaste, y siegas lo que no sembraste”. La expresión tenido guardada del versículo 20 indica que los creyentes infieles mantienen su salvación en una forma ociosa, en vez de usarla productivamente. La palabra miedo del versículo 21 es una palabra negativa. Debemos ser positivos y activos al usar el don del Señor.

Los versículos 22 y 23 dicen: “Entonces él le dijo: Mal esclavo, por tu propia boca te juzgaré. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no deposité y que siego lo que no sembré; ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?” Aparentemente, la obra del Señor siempre empieza de cero; parecer exigir que trabajemos por El sin tener nada, como si El no hubiese depositado, y segara lo que no sembró. No deberíamos tomar esto como pretexto para descuidar el uso de nuestro don. Más bien, deberíamos sentirnos obligados a ejercitar nuestra fe para usar nuestro don al máximo.

Poner el dinero en el banco se refiere usar el don del Señor para salvar a la gente y suministrar Sus riquezas. La expresión los intereses mencionada en el versículo 23 indica el provecho que obtenemos para la obra del Señor al usar Su don.

Los versículos del 24 al 26 dicen: “Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. Pues yo os digo que a todo el que tiene, más se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Quitar las minas significa que en el reino venidero a los creyentes perezosos se les quitará el don que el Señor les había dado. Dar las minas al que tiene diez significa que el don de los creyentes fieles será aumentado. A todo aquel que produzca ganancia en la era de la iglesia, se le dará más dones en la era del reino venidero; pero al que no ha ganado nada en la era de la iglesia, aún el don que tenga se le quitará en el reino venidero.

Debemos servir fielmente

Debemos entender por qué la parábola mencionada en 19:11-27 sigue al caso de Zaqueo. Esto se debe que después de que somos salvos, debemos servir al Señor fielmente. Vemos el mismo asunto en el capítulo diez, en el caso de Marta y María, que viene después de la parábola del buen samaritano. Esto indica que después de que obtenemos la salvación tenemos que servir. La misma idea aparece en los capítulos catorce, dieciséis y diecisiete. Vemos una vez más en el capítulo diecinueve que después de que obtenemos la salvación tenemos que ocuparnos del servicio que rendimos al Señor.

Ya dijimos que esta parábola comienza con la frase “un hombre de noble estirpe”. Sin duda, este hombre es el Dios-hombre. Ciertamente El era de noble estirpe. Me gusta la expresión noble estirpe. Ninguno de nosotros es de noble estirpe. El Señor Jesús es el único de noble estirpe porque Su nacimiento fue el nacimiento del Dios-hombre.

La parábola narrada en 19:11-27 se asemeja a la de Mateo 25:14-30. Sin embargo, en Mateo 25 el Señor dio talentos a Sus esclavos según la habilidad de cada uno (Mt. 25:14-15). Pero en Lucas 19:11-27 los dones, las minas, son dadas en porciones iguales, puesto que esta parábola recalca la porción común dada a cada esclavo con base en la salvación común a todos. Sin embargo, ambas parábolas hacen hincapié en que después de ser salvos, tenemos que servir fielmente. Tenemos que usar lo que se nos ha dado. Ya recibimos la vida divina con sus atributos y al Espíritu Santo con Sus dones. Quienes hemos recibido los dones de la vida divina y al Espíritu Santo, debemos usar estos dones como “capital” a fin de “hacer negocios” y obtener “ganancias” para el Señor.

Hacer ganancias y recibir una recompensa

Según 19:16-19 los que obtienen ganancias reciben una recompensa. El que ganó diez minas recibió autoridad sobre diez ciudades y él que ganó cinco minas, sobre cinco ciudades. Esto es una evidencia de que los santos que vencen serán recompensados con el poder de regir en el reino venidero. Aquella recompensa será una gran parte de su disfrute de la herencia perdida, de su jubileo. Regir sobre diez ciudades o cinco ciudades es parte del disfrute del jubileo, parte del recobro de la primogenitura.

Ya indicamos que el jubileo de hoy es un anticipo. y el jubileo en la era venidera será un disfrute más completo. En la era venidera los vencedores disfrutarán la tierra, la heredarán, tal como dice el Señor en Mateo 5:5. Disfrutaremos a Dios, a Cristo y el jubileo heredando la tierra y rigiendo sobre las ciudades.

Esta parábola también indica que algunos no recibieran ninguna recompensa, o sea que algunos de los que son genuinamente salvos no participaran en el jubileo venidero. En la era del reino ellos no regirán en la tierra.

La enseñanza predominante entre los cristianos de hoy, ignora que algunos de los salvos no participarán del jubileo en la era venidera del reino. Sin embargo, Lucas recalca esto reiteradas veces en los capítulos catorce, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve. El Evangelio de Lucas revela claramente que los salvos tienen que ser fieles en el servicio que rinden al Señor. De lo contrario, no recibieran la recompensa en el reino venidero. Algunos de los salvos no disfrutarán el jubileo en la era venidera. Debemos tomar esto como una advertencia y ser diligentes en el servicio que rendimos al Señor.

Extracto del mensaje 43 del Estudio-vida de Lucas por Witness lee  www.lsmespanol.org/

 

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La parábola del trigo y la cizaña

 

C. El enemigo vino y sembró
cizaña entre el trigo

El versículo 25 dice: “Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue”. Los hombres eran los esclavos (v. 27), o sea, los esclavos del Señor, principalmente los apóstoles. Cuando los esclavos del Señor dormían y no estaban vigilando, el enemigo del Señor, el diablo, vino y sembró creyentes falsos entre los verdaderos.

El versículo 25 dice que el enemigo sembró cizaña entre el trigo. La cizaña es una mala hierba que se parece al trigo. Su semilla es venenosa y puede producir sopor, náuseas, convulsiones e incluso la muerte. El retoño y las hojas de la cizaña se parecen a los del trigo. Unicamente se puede diferenciar el trigo de la cizaña por el fruto que producen. El fruto del trigo es amarillo dorado, pero el de la cizaña es negro.

En el Antiguo Testamento los hijos de Israel, quienes estaban en el reino de Dios, eran comparados con las uvas que crecen en la viña (21:33-34), mientras que en el Nuevo Testamento, el pueblo del reino, que está en el reino de los cielos, es comparado con el trigo que crece en el campo. La viña estaba cercada, limitada, y sólo incluía a los judíos, mientras que el campo abarca el mundo entero y es abierto, ilimitado, e incluye a todos los pueblos.

Esta parábola revela que no mucho después de que el reino se establece por la edificación de la iglesia, la situación del reino de los cielos cambió; fue establecido con los hijos del reino, quienes son el trigo, pero los hijos del maligno, la cizaña, crecieron de modo que cambiaron la situación, y surgió una diferencia entre el reino de los cielos y su apariencia externa. Mientras que los hijos del reino, el trigo, constituyen el reino; los hijos del maligno, la cizaña, conforman la apariencia exterior del reino, la cual hasta hoy se llama el cristianismo.

El trigo son los hijos del reino, los verdaderos creyentes regenerados por la vida divina, y la cizaña son los hijos del maligno, el diablo. En la primera etapa de crecimiento, la cizaña se parece exactamente al trigo en color y en forma. Aun los expertos no pueden diferenciar entre estas plantas hasta que su fruto aparece. Existe una gran diferencia entre el fruto del trigo y el de la cizaña, ya que el fruto de la cizaña es negro pero el del trigo es amarillo verdoso. Los hijos del reino son los hijos de Dios, quienes tienen la vida divina dentro de ellos. En cambio, los hijos del maligno son los creyentes falsos, de nombre solamente, quienes carecen de la vida divina.

D. Los esclavos del Rey quieren arrancar
la cizaña, pero el Rey la deja crecer
junto con el trigo hasta
el tiempo de la cosecha

Cuando los esclavos del Rey querían recoger la cizaña (v. 28), El dijo: “No, no sea que al recoger la cizaña, arranquéis también con ella el trigo”. La cizaña y el trigo crecen en el campo, y el campo es el mundo (v. 38). Tanto los creyentes falsos como los verdaderos viven en el mundo. Recoger la cizaña del campo significa quitar del mundo a los creyentes falsos. El Señor no quería que Sus esclavos hicieran esto, porque al quitar del mundo a los creyentes falsos podían también quitar a los verdaderos. La Iglesia Católica cometió este error y así mató a muchos creyentes verdaderos.

Muchos maestros cristianos han interpretado equivocadamente el significado del campo, diciendo que éste representa la iglesia. Según esta interpretación, en la iglesia habría ambos tipos de creyentes, los falsos y los verdaderos. Pero el Señor dijo claramente en el versículo 38 que el campo es el mundo. El Señor permitió que el trigo y la cizaña crecieran juntos en el mundo, y no en la iglesia. De acuerdo con las epístolas, ni siquiera a los creyentes pecaminosos se les permitía permanecer en la iglesia. En el capítulo cinco de 1 Corintios el apóstol Pablo encargó a la iglesia que estaba en Corinto que excluyera de la comunión a aquel hombre pecaminoso. Si aun los verdaderos creyentes que permanecían en pecado debían ser echados fuera, ¿cuánto más los falsos creyentes? La iglesia no debe tolerar a los falsos creyentes, pero en el mundo sí crecen juntos tanto el creyente falso como el verdadero. Debemos entender claramente que el campo representa el mundo, donde encontramos ambos tipos de creyentes, pero esto no debe suceder en la iglesia.

El Señor les dijo a Sus esclavos que no separaran el trigo de la cizaña, sino que los dejaran crecer juntos hasta el tiempo de la cosecha. De otra manera, corrían el riesgo de arrancar el trigo junto con la cizaña, lo cual significa que a los falsos cristianos se les debe permitir vivir en el mundo junto a los creyentes genuinos. En siglos pasados la Iglesia Católica cometieron un gran error al tratar de arrancar a aquellos que se consideraban cizaña. Pero en realidad la mayoría de los que fueron arrancados por la Iglesia Católica eran creyentes verdaderos, y muchas veces los mejores. Esta es la razón por la que el Señor Jesús no permitió que Sus esclavos hicieran esto.

E. El tiempo de la cosecha es la
consumación de la era

El versículo 30 dice: “Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atarla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. La cosecha es la consumación de la era, y los segadores son los ángeles (v. 39). En la consumación de esta era, el Señor enviará a los ángeles primeramente a juntar toda la cizaña, a todos los que sirven de tropiezo y a los que hacen iniquidad, y atarlos en manojos para que sean quemados en el lago de fuego (vs. 30, 40-42). Entonces el trigo, los justos, serán recogidos juntos en el granero del Rey, el reino de su Padre, donde brillarán como el sol (vs. 30, 43).

En Gálatas 2:4 y 2 Corintios 11:26 Pablo advirtió de los falsos hermanos diciendo que él había sido perseguido por ellos. Esto indica que en los tiempos de Pablo la cizaña ya estaba presente. Por supuesto, gran cantidad de la cizaña apareció después de que Constantino declarara al cristianismo como la religión oficial.

En esta parábola el Señor señala el delicado asunto del juicio sobre la cizaña. Este será un juicio especial, porque la cizaña será atada en manojos y echada al horno de fuego, el cual es el lago de fuego. Los primeros dos que serán arrojados a este lago serán el anticristo y el falso profeta. Posteriormente, la cizaña será arrojada a este lago de fuego, cuando el Señor regrese a la tierra. El juicio sobre la cizaña será muy terrible porque ellos han estado confundiendo, frustrando y perjudicando la economía de Dios. Ante los ojos de Dios la cizaña es extremadamente maligna.

Los modernistas de hoy son malignos; blasfeman contra el Señor al decir que El fue un hijo ilegítimo. También dicen que el Señor Jesús no era el Redentor, y que murió como un mártir y no como redentor del mundo. Además, niegan la resurrección de Cristo. Algunos modernistas son muy imprecisos en sus creencias en cuanto a Dios. Es difícil determinar qué creen con respecto a Dios. Si se les pregunta acerca de Dios, Cristo o el Espíritu, responderán que todo es un asunto de definición. Esta es una respuesta sutil y más que maligna. Por lo tanto, en la consumación de esta era los ángeles atarán a los que sean cizaña en manojos y los echarán al lago de fuego sin pasar por el juicio del trono blanco. Por la manera en que serán juzgados, podemos ver cuán malignos son ante los ojos del Señor.

A pesar de que la cizaña ha causado confusión, frustración y daño, algunos llamados grupos cristianos incluso hacen alarde de tener cizaña entre ellos, y nos condenan por no permitirla entre nosotros.

Cuando el Señor Jesús vino, El no sembró cizaña sino únicamente trigo. Mientras hacía los preparativos con miras a establecer el reino, El cuidadosamente sólo se sembró a Sí mismo, una sola clase de semilla. No obstante, mientras los esclavos del Señor dormían, el enemigo, el maligno, Satanás, vino a sembrar otra clase de semilla, la cizaña, lo cual tuvo lugar sólo un poco después de que la iglesia se estableció en el día de Pentecostés. En Hechos se relata que algunos falsos creyentes, que no tenían a Cristo en ellos como su vida, se infiltraron en la iglesia aparentando ser creyentes genuinos, pero en realidad eran cizaña y no trigo. Al principio del siglo IV Constantino el Grande designó al cristianismo la religión oficial del Imperio Romano. En ese tiempo, decenas de miles de falsos creyentes entraron al cristianismo. Para cristianizarlos Constantino los animó a bautizarse. Muchos de los bautizados recibieron como recompensa plata y vestido. Esta le proporcionó al maligno la mayor oportunidad para sembrar su cizaña. En ese tiempo probablemente había diez plantas de cizaña por una de trigo. Esta situación continúa hasta el presente. En la cristiandad hay millones de presuntos cristianos, pero la mayoría de ellos son falsos.

Permítanme citar un ejemplo de mi propia experiencia. Mi madre pertenecía a los bautistas del sur. Ella nos enseñaba las historias de la Biblia; sin embargo, aunque pertenecía al cristianismo, indudablemente ella no era salva. Había tanta cizaña en aquella denominación que era difícil encontrar algo de trigo. El catedrático de historia universal del colegio presbiteriano americano donde yo estudié provenía de un trasfondo judío. Era un falso cristiano que no creía ni en la Biblia ni en la resurrección de Cristo. No obstante, la misión presbiteriana lo envió como maestro misionero para ser uno de los catedráticos del colegio. Algunos de los misioneros en la China eran modernistas. Entre tanto los metodistas como los presbiterianos los misioneros modernistas enseñaban que la Biblia era un libro de cuentos mágicos. Ellos enseñaban que el Mar Rojo en realidad no había sido abierto por Dios, sino que los israelitas cruzaron por una parte del mar que había disminuido de profundidad por causa del viento que soplaba. A esta fecha el modernismo puede ya haber penetrado incluso a los seminarios de los bautistas del sur. El seminario Union Theological de Nueva York trató al hermano John Sung como si fuera un caso mental. Después de que John Sung fue salvo, se volvió loco por el Señor. Los seminaristas creían que había perdido su mente y lo enviaron a un hospital mental. Tiempo después John Sung regresó a la China, donde predicó el evangelio y llegó a ser probablemente el más grande evangelista de ese país. En el cristianismo actual hay un sinnúmero de cizaña.

Mateo 13 nos describe la apariencia externa del reino de los cielos. (Véase el diagrama del reino de los cielos y el reino de Dios en las páginas 454-455.) El reino de Dios abarca desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Entre estas dos eternidades se encuentra el tiempo, el cual se divide en varias edades o dispensaciones. La primera es la dispensación anterior a la ley. Después de que Dios creó a Adán, lo puso en un jardín donde no había pecado ni tinieblas. Después de Adán siguió el período de los patriarcas, el cual se extiende hasta Moisés. Este período es conocido como la dispensación anterior a la ley. Luego viene la dispensación de la ley. Posteriormente hay dos dispensaciones cruciales, la primera es la dispensación de la gracia, la era de la iglesia, y la segunda, la dispensación del reino, el milenio. Como hemos señalado, el reino de los cielos abarca sólo estas dos dispensaciones. En la dispensación de la gracia existen varias complicaciones debido a que el reino de los cielos tiene tres aspectos: el aspecto de la realidad del reino, el de la apariencia del reino y el de la manifestación del reino. Si la iglesia es normal, es, en efecto, la realidad del reino. En una situación normal la iglesia equivale a la realidad del reino. El tercer aspecto del reino, la manifestación, se encuentra en la parte celestial, la más elevada, del milenio. La parte más baja, la terrenal, es el reino mesiánico, el reino del Mesías, pero la parte celestial es la manifestación del reino de los cielos. La parte celestial presentada en Mateo 13:43 es llamada también el reino del Padre, mientras que la parte terrenal es llamada en Mateo 13:41 el reino del Hijo del Hombre. Por lo tanto, el reino del Hijo es el reino del Mesías, y el reino del Padre es la manifestación del reino de los cielos.

En este mensaje estamos ocupados en el asunto de la apariencia del reino. En el diagrama hemos señalado la apariencia del reino con una línea punteada. Pareciera que el cristianismo es diferente del mundo, pero en realidad no existe ninguna diferencia entre ellos. La apariencia del reino de los cielos es el cristianismo de hoy. Es obscuro, diabólico y hasta infernal; por tanto, todos debemos condenarlo. ¿Dónde se encuentra usted? ¿en la apariencia o en la realidad del reino? Anteriormente usted estaba en el mundo, pero ahora está en la iglesia. Sin embargo, actualmente la iglesia no es normal, sino anormal. Por lo tanto, se necesita la línea punteada en la iglesia. La iglesia normal es la realidad, pero el área dentro de la línea de puntos indica la iglesia anormal. Los cristianos genuinos están en la iglesia, pero algunos de ellos se han convertido en cristianos anormales y derrotados. Uno puede decir que no está ni en el mundo ni en el cristianismo, el cual es la apariencia del reino, sino en la iglesia. Pero ¿se halla en la iglesia en una situación normal o anormal? Los creyentes que se encuentran en el terreno que tiene espinos están en una situación anormal. Son cristianos genuinos pero el crecimiento de la semilla es obstruido por los espinos, de manera que no pueden llevar fruto. El fruto denota tanto la multiplicación como la expresión. Pero aquellos creyentes que viven conforme a la constitución del reino de los cielos son creyentes normales. Son pobres en espíritu, puros de corazón, y han resuelto todos sus problemas de mal genio, lujuria, egoísmo y carnalidad. Además, no son presa de la ansiedad de este siglo ni del engaño de las riquezas. Por lo tanto, son la buena tierra en la cual Cristo crece para obtener Su reino. Así que ellos están en la iglesia normal, la cual es la realidad del reino de los cielos.

Cuando el Señor Jesús regrese, ¿en dónde estará usted? Si hemos sido fieles hasta la muerte, esto es, si nos hemos mantenido en el espíritu hasta el fin, seremos salvos y participaremos en la manifestación del reino de los cielos, que es la parte celestial del milenio. Aquellos que estén allí reinarán con Cristo. Conforme a Mateo 13:43, ellos “brillarán como el sol en el reino de su Padre”. Este es el granero real en donde todo el trigo brillará sobre las naciones. Tal brillo será su reinado.

Debemos darnos cuenta de que el cristianismo de hoy está en tinieblas. Muchos no saben dónde están, en dónde deben estar, ni adónde irán. Sin embargo, en la Biblia encontramos la luz y una visión muy clara. Lo que hemos visto no depende en absoluto de ninguna enseñanza humana; más bien, concuerda con la revelación divina. Todo lo que se incluye en este diagrama tiene fundamento bíblico. Este diagrama debe de dejar una profunda impresión en todo aquel que esté en el recobro del Señor. Estamos en una era de complicaciones. Cristo vino y sembró la semilla, pero el enemigo también vino y complicó las cosas. Por lo tanto, en esta era encontramos las personas mundanas; el trigo, los hijos del reino y los hijos de Dios; y la cizaña, los falsos creyentes, los cristianos nominales; y los hijos del diablo, quienes están entre los hijos de Dios. Muchos de los hijos del reino se han degradado y han caído más abajo de la norma, encontrándose en una condición anormal.

Así que hay cuatro clases de personas: los creyentes normales, los creyentes anormales, los falsos creyentes y la gente mundana. Diariamente tenemos contacto con estas cuatro categorías de personas. En el mismo lugar donde usted trabaja es posible que se hallen representadas estas cuatro categorías. Debemos hacer frente a esta situación teniendo una clara visión de la era en que vivimos. No debemos estar de parte del mundo ni de parte del cristianismo, ni ser creyentes verdaderos que viven anormalmente. Por el contrario, queremos ser creyentes genuinos y normales, verdaderos hijos del reino que viven conforme a la constitución del reino de los cielos. Debemos permitir que Cristo crezca en nosotros al vivir nosotros en conformidad con la constitución del reino. Lo que crezcamos en nosotros será la multiplicación de la semilla, que es el constituyente del reino de los cielos. De manera que hoy no estamos únicamente en la realidad, sino que nosotros mismos somos la realidad. Entonces, cuando el Señor Jesús, el Rey, regrese, participaremos en la manifestación del reino de los cielos, brillando sobre el mundo para reinar como los correyes de Cristo y disfrutando de la parte celestial del milenio.

Extracto del mensaje 38 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee www.lsm.org/espanol/

 

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La parábola de la levadura en la masa

IV. LA CORRUPCION INTERNA DE LA
APARIENCIA EXTERNA DEL REINO

A. La parábola de la levadura

En la apariencia del reino encontramos tres asuntos: el cambio de naturaleza, la cizaña; el cambio de apariencia externa, la fachada, la higuera; y la corrupción interna, la levadura. Esto nos trae a la parábola de la levadura.

1. El reino de los cielos es comparado
con la levadura

En Mateo 13:33 dice: “Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”. En las Escrituras la levadura representa las cosas malignas (1 Co. 5:6, 8) y las doctrinas malignas (Mt. 16:6, 11-12).

2. Una mujer (la iglesia católica apóstata)
toma y esconde la levadura en
tres medidas de harina

En el versículo 33 se dice que una mujer tomó la levadura y la escondió en tres medidas de harina. La iglesia, el reino práctico de los cielos, la cual tiene a Cristo, la flor de harina sin levadura, como su contenido, debe ser un pan sin levadura (1 Co. 5:7-8). Sin embargo, la Iglesia Católica, la cual fue establecida completa y oficialmente en el siglo sexto, y que está representada aquí por la mujer, adoptó muchas prácticas paganas, herejías y perversidades, y las mezcló con las enseñanzas acerca de Cristo, leudando así todo el contenido del cristianismo. Esta mezcla llegó a ser el contenido corrupto de la apariencia del reino de los cielos. Esta cuarta parábola corresponde a la cuarta iglesia de las siete mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, la cual es la iglesia en Tiatira (Ap. 2:18-29). Así se conformó el contenido interior de la apariencia externa del reino de los cielos.

La harina, con que se prepara la ofrenda de flor de harina (Lv. 2:1), representa a Cristo como alimento para Dios y para el hombre. Tres medidas es la cantidad que se requiere para preparar una comida completa (Gn. 18:6). Por lo tanto, que la levadura fuera escondida en tres medidas de harina, significa que la Iglesia Católica ha leudado completamente y de modo oculto todas las enseñanzas acerca de Cristo. Esta es la verdadera condición de la Iglesia Católica Romana. Leudar así la harina es absolutamente contrario a las Escrituras, las cuales prohíben terminantemente que se añada levadura a la ofrenda de flor harina (Lv. 2:4-5, 11).

La parábola de la levadura revela el asunto de la mezcla. Las tres medidas de harina se refieren a la harina fina hecha de grano de trigo, la cual se usaba siempre para preparar la ofrenda de flor de harina, la comida de los sacerdotes de Dios. Aquellos que servían a Dios como sacerdotes se alimentaban de la harina fina de la ofrenda de flor de harina. Esta ofrenda no era sólo para la satisfacción de los sacerdotes de Dios, sino también para la satisfacción de Dios mismo. Así que, la ofrenda de flor de harina era el alimento tanto para los sacerdotes como para Dios. Esta ofrenda tipifica plenamente a Cristo en Su humanidad, pues la harina fina representa a Cristo. Cuando el Señor se apareció a Abraham, éste le pidió a su esposa, Sara, que preparase una comida completa con tres medidas de harina fina. De aquí que, en la Biblia las tres medidas denotan una comida completa. El hecho de que las tres medidas de harina fueran leudadas por la mujer indica que todo lo que se relaciona con Cristo ha sido leudado por esta maligna mujer.

La mujer que se menciona en Mateo 13 es la Jezabel que aparece en el segundo capítulo de Apocalipsis. Conforme al relato histórico, Tiatira representa la Iglesia Romana apóstata, la cual no sólo es la mujer que se menciona en Mateo 13, sino también la Jezabel que aparece en Apocalipsis 2. Finalmente, esta maligna mujer será la gran prostituta que vemos en Apocalipsis 17, llamada Babilonia la Grande. De manera que la mujer que vemos en Mateo 13, en Apocalipsis 2 y en Apocalipsis 17 es la Iglesia Católica apóstata. Después del establecimiento del sistema papal, las muchas prácticas paganas que habían sido introducidas [en la iglesia] fueron confirmadas por dicho sistema. Esto se afirma en el libro de Alexander Hislop, cuyo título es: The Two Babylons [Las dos Babilonias].

3. Toda la masa (la cristiandad) fue leudada

Conforme a Mateo 13:33 “todo fue leudado”. Toda la masa, la cual indica el cristianismo, ha sido leudado y corrompido. El autor de The Two Babylons , un libro escrito para exponer la levadura del catolicismo romano, se llamaba por el título “reverendo”, lo cual indica que él mismo no estaba completamente libre de levadura. Al leer la historia del cristianismo uno se dará cuenta de que todo lo relacionado con él ha sido leudado. Por ejemplo, en el Vaticano hay una pintura supuestamente de la Trinidad. Entre el retrato del hombre viejo que representa al Padre y el del hombre joven que representa al Hijo, se encuentra una mujer joven, llamada la madre de Dios. Encima de estos tres está una paloma, la cual simboliza al Espíritu Santo. Conforme a esta pintura, María se ubica en el mismo nivel de la deidad, y la Trinidad se convierte en cuaternidad. ¡Cuán leudado está esto!

La Iglesia Católica Romana ha leudado todo lo relacionado con Cristo. Ellos tienen a Cristo, la harina, pero han agregado levadura a la harina. Ellos también tienen la copa de oro, pero ésta se encuentra llena de abominaciones (Ap. 17:4). No hay duda de que la Iglesia Católica tiene cierta cantidad de cosas divinas en ella, representadas por la copa de oro, pero están mezcladas con abominaciones y con toda clase de asuntos diabólicos. Esta es la situación en la cristiandad de hoy. Sin excepción, todo lo que se halla en el cristianismo es una mezcla. Consideremos el movimiento carismático el cual ha sido introducido al catolicismo e incluso mezclado con la adoración a María. Muchos católicos carismáticos creen ser espirituales aunque siguen manteniendo la adoración a María. La Iglesia Católica Romana también practica las llamadas misas carismáticas.

Todo lo que no es del Espíritu o de Cristo es levadura. La levadura es algo que se añade para hacer las cosas fáciles de comer. Sin levadura el pan sería duro y difícil de comer y digerir. La Iglesia Católica utiliza esto como un pretexto para usar de la levadura. Ellos dicen que debemos hacer que la gente lo encuentre fácil recibir a Cristo. La Iglesia Católica declara que Cristo es misterioso, espiritual y abstracto, y que por eso la gente necesita imágenes de El para percibirle. A nuestro ser natural le gusta utilizar ciertos métodos para lograr que las cosas espirituales sean fáciles de asimilar. La Biblia lo llama levadura, y nosotros debemos tener cuidado de ella. Debemos ser completamente limpiados de ella.

No únicamente la Iglesia Católica ha recibido la levadura, sino que también las denominaciones protestantes y los grupos libres lo han hecho. La música rock y las obras teatrales son tipos de levadura utilizados para hacer las cosas espirituales más fáciles de aceptar. Cuando yo estaba en la China supe de unos jóvenes en cierta organización que mezclaban el baloncesto con la predicación del evangelio. Hacer esto es también levadura. Dudo que muchos hayan sido realmente salvos de esta manera. El principio de la Y.M.C.A. es totalmente levadura, pues la meta de ellos es bajar la norma celestial al nivel terrenal, y traer el evangelio a la sociedad secular de una manera mundana. Muchas cosas del cristianismo son levadura, incluyendo la Navidad, Semana Santa, los ídolos, los cuadros e imágenes, la música rock, las obras teatrales y el mismo sistema Y.M.C.A. Debemos ser cuidadosos de no tener ninguna otra cosa aparte de Cristo para el propósito de Dios, porque cualquier otra cosa es levadura. ¡Oh, el sutil anda rondando cerca esperando a su presa! Podemos llegar a ser una presa fácil para él, porque en nuestra naturaleza humana se halla el deseo de hacer que la gente lo encuentre fácil experimentar las cosas espirituales. Sin embargo, cualquier cosa que usted utilice para ayudar a la gente a tocar las cosas espirituales es un tipo de levadura. La manera pura y santa de predicar el evangelio y traer a la gente a Cristo es la oración y el ministerio de la Palabra. No siga ningún otro camino. Si después de que usted ora y ministra la Palabra, la gente no está dispuesta a recibir el evangelio, sepa que eso depende del Señor. Si la gente recibe o no nuestra palabra es algo que depende de la voluntad del Padre. No debemos usar ningún truco para ayudar a nuestra predicación. Todo truco es levadura. No nos interesa ninguna obra o movimiento, sino el testimonio de Jesús.

La apariencia del reino de los cielos incluye tres asuntos: la cizaña, el cambio de naturaleza de los constituyentes del reino; el gran árbol, la apariencia; y la levadura, la corrupción interna. Podemos aplicar este cuadro al cristianismo de hoy. En el cristianismo podemos ver la cizaña, el desarrollo anormal, y la corrupción causada por la levadura. Casi en todo el cristianismo de hoy hay corrupción. Aunque hay cierta cantidad de verdad, ésta se encuentra mezclada con la levadura. En lugar de pureza encontramos mezcla. Los opositores que nos critican pretendiendo defender la verdad, primero deberían resolver todas estas cosas. ¡Gloria al Señor porque nosotros fuimos llamados a salir de la apariencia y a abstenernos de la levadura! No obstante, debemos estar alerta para no permitir que otra clase de levadura se introduzca, y tener cuidado de no tomar ninguna otra cosa que no sea Cristo. La única manera de llevar a cabo la edificación de la iglesia y el esparcimiento del testimonio del Señor es orar y ministrar la Palabra pura. Todo truco y cualquier cosa aparte de Cristo, la Palabra, la oración y el Espíritu, es levadura ante los ojos de Dios. Debemos orar hasta que nuestra predicación tenga el poder del Espíritu, y hasta que nuestra experiencia esté llena de las riquezas de Cristo. Esta es la harina pura como el alimento para Dios y el hombre. Esto es lo que el Señor quiere lograr hoy.

Yo creo que la razón por la que el Señor dio todas estas parábolas que muestran los misterios del reino, fue para ayudar a los apóstoles y a los primeros discípulos a entender que éste es el reino de los cielos. Debemos ver la diferencia entre la realidad del reino y su apariencia. La realidad Dios la estima mucho, pero la apariencia le es aborrecible. Por lo tanto, debemos valuar la realidad y rechazar la apariencia. Rechazamos la cizaña, el gran árbol y la corrupción. Nos interesa la harina pura de trigo y la pequeña hierba de mostaza que son buenas para comer. Este es el testimonio de la iglesia, el cual es alimento para Dios y para el hombre. Los que tienen hambre por el Señor y que le buscan con todo su corazón no encontrarán el alimento puro que les proporcionarán satisfacción espiritual sino hasta que entren al recobro del Señor. Muchos de nosotros podemos dar testimonio de que por mucho años teníamos hambre, pero que cuando entramos a la iglesia fuimos satisfechos. Nuestro espíritu nos aseguró de que aquí en la iglesia hay alimento. Aquí no hay trucos ni levadura sino harina fina y hierba de mostaza. Esto es el recobro del Señor, y ésta es la mesa de comedor. Este es el testimonio del Señor en el cual no hay cizaña, desarrollo anormal del árbol, ni levadura.

B. El Rey celestial sólo habla a las
multitudes en parábolas

El versículo 34 dice: “Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y sin parábolas no les hablaba nada”. Debido a que la gente le había rechazado al Rey celestial, El no les habló con palabras claras, sino en parábolas, para esconder de ellos el secreto del reino. La revelación del reino vino a ser un misterio para ellos.

Lo que el Rey celestial hizo fue el cumplimiento de la profecía que dice: “Abriré mi boca en parábolas” (Sal. 78:2). Al hacer esto, El declaró cosas escondidas desde la fundación del mundo. La gente del reino fue escogida por Dios desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4), pero los misterios del reino estaban escondidos desde el tiempo de la fundación del mundo. Las cosas escondidas son las cosas relacionadas con el reino. Estas fueron expresadas por el Rey celestial, pero en parábolas para que continúen siendo un misterio para la gente.

Extracto del mensaje 38 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee www.lsm.org/espanol/

 

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La parábola del grano de mostaza

 

En este mensaje continuaremos describiendo la apariencia externa del reino de los cielos. Según revela la parábola de la cizaña, los constituyentes del reino son los hijos del reino, quienes tienen la vida divina en ellos. No obstante, la cizaña, los hijos del diablo, se ha infiltrado. Debido a la presencia de estos falsos constituyentes mezclados con los verdaderos, el reino ha llegado a tener una apariencia externa, que es el cristianismo. Al principio, el reino de Dios era puro pero con el tiempo se convirtió en el cristianismo, constituido por cristianos falsos así como los verdaderos. Por lo general, cuando la gente habla del cristianismo, se refiere a la cristiandad. El reino de los cielos es más reducido que la cristiandad y parece estar dentro de ella. El reino sí existe y está compuesto de constituyentes genuinos que son los hijos del reino, los hijos de Dios, mientras que la cizaña sembrada por Satanás ha producido una mezcla entre los llamados cristianos, dando por resultado la apariencia externa del reino de los cielos, la cual es la cristiandad.

III. EL DESARROLLO ANORMAL DE LA
APARIENCIA EXTERNA DEL REINO

El Señor dio una secuencia maravillosa a las parábolas de Mateo 13. Primeramente tenemos la parábola del sembrador, quien siembra la semilla con el fin de producir los constituyentes del reino de los cielos. Luego se presenta la parábola de la cizaña que fue sembrada por el enemigo, es decir, los creyentes falsos que se infiltraron entre los constituyentes genuinos, dando por resultado que el reino de los cielos se convirtiera en la cristiandad. Después de la parábola de la cizaña se encuentra la parábola de la semilla de mostaza (13:31-32).

A. El reino de los cielos es semejante
a un grano de mostaza

El versículo 31 dice: “El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza”. El fruto del trigo mencionado en las primeras dos parábolas y el fruto del grano de la mostaza que se presenta en la tercera parábola, son comestibles, lo cual indica que las personas del reino, o sea, los constituyentes del reino y de la iglesia, deben ser como un sembrado que produce alimento para la satisfacción de Dios y del hombre. Se puede comer tanto el trigo como la mostaza; de hecho, es muy saludable y nutritivo comer pan de trigo con mostaza. Sin embargo, tanto en la segunda parábola como en la tercera vemos la intención del maligno, la sutileza de Satanás. El maligno vino y sembró cizaña entre el trigo. Todo agricultor sabe que la cizaña impide grandemente el crecimiento del trigo debido a que disminuye la fertilidad de la tierra, de la cual depende el trigo para nutrirse y crecer. Debido a que la cizaña ha usurpado y disminuido la fertilidad del terreno, el trigo no puede crecer apropiadamente. Podemos aplicar esto a nuestra situación actual. Muchos falsos cristianos han frustrado el crecimiento de los creyentes genuinos. Donde hay muchos cristianos falsos es difícil que los verdaderos creyentes crezcan en vida. Esta es la sutileza del enemigo. Como veremos más adelante, el enemigo hace que la semilla de mostaza se convirtiera en un enorme árbol, el cual ya no sirve de alimento; en esto vemos la sutileza del enemigo con respecto a la semilla de mostaza.

B. El Rey celestial siembra una semilla
de mostaza en Su campo

Por un lado, lo que el Señor sembró fue el grano de trigo. Pero por otro, fue una semilla de mostaza. Tanto el grano de trigo como el de mostaza representan los diferentes aspectos de Cristo como nuestro alimento. Para darnos el alimento adecuado El es el trigo y la mostaza.

C. La semilla de mostaza crece anormalmente
hasta superar el tamaño de las hortalizas
y se convierte en un árbol

El versículo 32 dice que después de que la semilla de mostaza ha crecido, “es la más grande de las hortalizas, y se hace árbol”. La iglesia, que es la corporificación del reino en la tierra, debe ser como una hierba que produce alimento. Sin embargo, su naturaleza y su función fueron cambiadas, de modo que se hizo un “árbol”, un nido de aves. (Esto es contrario a la ley de la creación de Dios, es decir, que toda planta debe dar fruto según su género (Gn. 1:11-12). Este cambio sucedió en la primera parte del siglo cuarto cuando Constantino el Grande unió a la iglesia con el mundo. El introdujo en el cristianismo a miles de creyentes falsos, convirtiéndolo en el sistema de la cristiandad, y haciendo que dejara de ser la iglesia. Por lo tanto, esta tercera parábola corresponde a la tercera iglesia de las siete mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, la iglesia en Pérgamo (Ap. 2:12-17). La mostaza es una hortaliza anual, mientras que el árbol es una planta perenne. La iglesia, según su naturaleza celestial y espiritual, debe ser como la mostaza, debe ser peregrina en la tierra. Pero cambiada su naturaleza, la iglesia se estableció y se arraigó profundamente como un árbol en la tierra, y floreció echando las ramas de sus proyectos y operaciones, donde se alojan muchas personas y cosas malignas. Como resultado de esto se formó la organización exterior de la apariencia del reino de los cielos.

El hecho de que una semilla de mostaza se convierta en árbol viola al principio que Dios dispuso en Su obra creadora con respecto a los diferentes géneros de plantas, a saber: que toda planta debe dar fruto según su género. Génesis 1 se refiere a este principio donde dice que cada clase de vida sería según su género. Por ejemplo, el durazno crece según su género, su especie, y el manzano, según el suyo. Este principio es válido no sólo para el reino vegetal, sino también para el reino animal y aun para el género humano. Cada clase de vida debe desarrollarse según su especie. Una vaca debe desarrollarse como lo que es, una vaca, de la misma manera un asno, debe ser asno y un caballo debe ser caballo. La mula es un ejemplo de un animal que no es conforme a su clase, pues una mula no es ni caballo ni asno sino una mezcla híbrida entre el caballo y el asno. Si cierta clase de vida vegetal o animal no es según su género, es anormal y está en contra del principio ordenado por Dios en Su obra de creación. Para guardar este principio, la planta de mostaza debería ser conforme al género de la mostaza, y un árbol, conforme al género de los árboles. Es anormal que la mostaza quebrante el principio y se convierta en árbol. Al crecer como árbol, la hierba de mostaza traspasa este principio. Tal crecimiento es anormal y constituye una violación a la regla establecida por Dios. Supongamos que la vida humana se desarrolle sin regulaciones y algunos chinos se conviertan en bueyes, algunos japoneses, en caballos y algunos americanos en elefantes. ¡Qué grotesco sería esto! Gracias a Dios que cuando El realizó la creación estableció un principio gobernante para cada tipo de vida. No obstante, cuando el Señor sembró la semilla de la hierba de mostaza, esta hierba creció hasta convertirse en árbol. ¡Qué anormal es tal crecimiento!

Cuando era joven leí algunos libros que decían que este gran árbol era algo positivo. Sin embargo, este árbol, por muy grande que sea, no es nada positivo. Supongamos que un hombre crezca hasta convertirse en un elefante. ¿Sería esto positivo o negativo? A todos nos sorprendería tal desarrollo tan anormal. El cristianismo de hoy es enorme y satánicamente anormal. No es sólo un árbol sino un gran árbol. Por medio de esto vemos que no sólo ha cambiado la naturaleza de los constituyentes del reino, sino que también el tamaño del reino ha venido a ser anormal. Para que una hierba sea buena para comer, no debe crecer tanto. Si una hierba ha de servir de alimento, no debe ser demasiado grande. Cuando una hierba crece de manera anormal, pierde su suavidad y deja de ser deliciosa y buena para comer. Dios, en Su economía, quiere que Sus hijos sean como el trigo o la mostaza, cuanto más pequeños y tiernos, mejor. Además, debemos ser plantas anuales como el trigo y la mostaza, que no duran más de un año. Los constituyentes de la iglesia deben ser anuales, y no perennes. No debemos echar raíces tan profundas en la tierra ni permanecer allí por largos períodos de tiempo, porque el Señor quiere que seamos peregrinos sobre la tierra. Mientras seamos plantas de período anual, como el trigo y hierbas finas, produciremos la mejor calidad de alimento: grano para hacer pan, y mostaza para este pan. Esto proporcionará a los demás excelente comida para su nutrimiento y satisfacción. Sin embargo, el enemigo ha hecho de la mostaza un árbol perenne que no produce alimento.

D. Las aves del cielo vienen y anidan
en las ramas del árbol

El versículo 32 también dice que las aves del cielo vienen y anidan en las ramas de este árbol. En lugar de producir alimento, este árbol sirve para que las aves aniden. Puesto que las aves que se mencionan en la primera parábola representan al maligno, Satanás (vs. 4, 19), las aves de los cielos del versículo 32 deben de referirse a los espíritus malignos de Satanás, junto con las personas y cosas malignas motivadas por ellos. Estos se alojan en las ramas del gran árbol, es decir, en los proyectos y operaciones de la cristiandad. Las aves representan al maligno, a las personas malignas, y los asuntos malignos, en pocas palabras, representan todo lo malo relacionado con el maligno. En la cristiandad de hoy hay muchas personas y asuntos malignos. La cristiandad se ha convertido en un gran árbol que no produce fruto, sino que se ha convertido en guarida de muchas cosas malignas.

Cuando el Señor dio esta parábola, en realidad ésta fue una profecía, pero en la actualidad es un hecho histórico. Podemos ver el cumplimiento de la parábola en el Vaticano. Este es un país independiente formado por un acuerdo entre Mussolini y el Papa. Desde que se hizo el acuerdo, en adelante el Vaticano ha sostenido relaciones diplomáticas con varios países, e incluso intercambia embajadores con esos países. Este es otro indicio de que la cristiandad ha llegado a ser un gran árbol. Hoy existen aproximadamente ochocientos millones de católicos en el mundo, quizá una cuarta parte de la población total de la tierra, los cuales se encuentran bajo el sistema papal, bajo la autoridad del papa. Aunque el cristianismo se ha convertido en un gran árbol, en Lucas 12 el Señor Jesús llamó a Su iglesia “pequeño rebaño”. No debemos estar en el gran árbol; al contrario, debemos permanecer en el rebaño pequeño.

Si uno visita el Vaticano, comprobará que es un enorme árbol, una guarida llena de aves. Esto mismo sucede en las iglesias católicas de los Estados Unidos y en las grandes denominaciones. En la Iglesia Católica y en las denominaciones es difícil encontrar granos de trigo o semillas de mostaza. En lugar de comida hay nidos de aves. Esta es la situación actual, la apariencia del reino de los cielos.

Extracto del mensaje 38 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee www.lsm.org/espanol/

 

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