Mensajes relacionados con la venida de Cristo

Mensajes relacionados con la venida de Cristo (11)

EL DESTINO DE LA GRAN IMAGEN HUMANA

EL DESTINO DE LA GRAN IMAGEN HUMANA

Daniel 2:34-35 y 44-45 revela el destino de la gran imagen humana.

1) Ser desmenuzada por una piedra
no cortada por manos, cuando ésta aparezca

El destino de la gran imagen humana consiste en ser desmenuzada por una piedra no cortada por manos, cuando ésta aparezca (vs. 34-35a, 44b-45; 7:13-14). Esta piedra no cortada por manos es Cristo.

Cristo, en calidad de piedra que desmenuzará la totalidad del gobierno humano que rige sobre la humanidad, fue cortado no por manos humanas (como lo indica la frase “no con manos” en 2:34, 45); Él fue cortado por Dios mediante Su crucifixión y resurrección. Mediante Su crucifixión Él fue cortado al ser muerto (Hch. 2:23), y en Su resurrección Él fue cortado a fin de ser, primero, la piedra angular para la edificación de la iglesia y, después, la piedra que desmenuza para destruir la totalidad del gobierno humano (Hch. 2:24; Mt. 21:42, 44b).

Cuando aparezca como Aquel que es la piedra no cortada por manos humanas, Cristo desmenuzará la gran imagen desde los dedos de los pies hasta la cabeza. Esto quiere decir que Él herirá a los diez reyes con el anticristo. Apocalipsis 19 habla de una guerra entre Cristo y el anticristo. Con Cristo estará Su recién desposada novia, la cual está compuesta por los vencedores, y con el anticristo estarán los diez reyes con sus ejércitos. Esta guerra será un combate de la tierra contra los cielos, del hombre contra Dios. Cristo derrotará y destruirá al anticristo y los diez reyes.

Según Daniel 2, esto conllevará que toda la imagen humana sea desmenuzada de los pies a la cabeza. Los versículos 34 y 35 dicen: “Estabas mirando hasta que una piedra fue cortada, no con manos, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Luego fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y quedaron como tamo de las eras del verano; y se los llevó el viento sin que se hallara rastro alguno de ellos. Y la piedra que hirió a la imagen se hizo un gran monte que llenó toda la tierra”. Esto significa la completa destrucción de todo el gobierno humano desde Nimrod hasta el anticristo. Por tanto, Cristo pondrá fin al gobierno humano mediante Su manifestación como Aquel que es la piedra cortada por Dios.

La Biblia revela que Cristo es una piedra con tres aspectos. Primero, para los creyentes Cristo es la piedra de fundamento en quien ellos confían. Con respecto a este aspecto de Cristo como piedra, Isaías 28:16 dice: “He aquí, pongo en Sion por fundamento una piedra, / piedra probada, / preciosa piedra angular que pongo por fundamento firmemente asentado”. Segundo, para los judíos incrédulos Cristo es la piedra de tropiezo (Is. 8:14; Ro. 9:33). En referencia a este aspecto, Mateo 21:44a dice: “Y el que caiga sobre esta piedra se despedazará”. Tercero, para las naciones Cristo será la piedra que hiere. “Sobre quien ella caiga, le hará polvo y como paja le esparcirá” (Mt. 21:44b). Daniel 2 revela que Cristo es la piedra que hiere, la cual desmenuza a la gran imagen humana y hace que se vuelva como tamo llevado por el viento.

Cuando Cristo venga como piedra que hiere, Él no vendrá solo, sino que vendrá con Su novia. Para entonces Cristo habrá obtenido la iglesia y se habrá casado con Su novia, según se describe en Apocalipsis 19. Después de Su boda, Él vendrá como la piedra que hiere y como Aquel que pisa el lagar (Ap. 19:15; 14:19-20; Is. 63:2-3). El anticristo reunirá un número vasto de seres humanos malvados y rebeldes que rodeará Jerusalén, con lo cual estará preparando las “uvas” para ser pisadas en el “lagar” por Cristo. Su venida será una gran sorpresa, pues estos incrédulos serán personas que no creen en Cristo ni en Dios, sino únicamente en ellos mismos. El anticristo incluso llegará al extremo de afirmar que él es Dios (2 Ts. 2:4; Dn. 11:36) y para su propio deleite fijará su tienda entre la buena tierra y el mar Mediterráneo (v. 45). Entonces Cristo, la piedra cortada por Dios, vendrá con Su novia para herir los pies de la imagen, destruyéndola de los pies a la cabeza. De este modo, el gobierno humano será desmenuzado y aniquilado.

2) Ser reemplazada con un gran monte
que llenará toda la tierra

La gran imagen humana será reemplazada con un gran monte que llenará toda la tierra, monte que representa el reino eterno de Dios (2:35b, 44a). Esto quiere decir que después que Cristo venga a desmenuzar la totalidad del gobierno humano, Él introducirá el reino eterno de Dios sobre la tierra.

Daniel 2:35b dice: “La piedra que hirió a la imagen se hizo un gran monte que llenó toda la tierra”. Que la piedra llegue a convertirse en un gran monte representa el aumento de Cristo. El hecho de que Cristo puede crecer está claramente revelado en Juan 3. En referencia a Cristo, el versículo 30 dice: “Es necesario que Él crezca”. El crecimiento que se menciona en este versículo es la novia mencionada en el versículo 29: “El que tiene la novia, es el novio”. Cristo, por tanto, tiene un crecimiento, y este aumento es Su novia. Así como Eva era el aumento de Adán, la novia es el aumento de Cristo, el Novio.

La iglesia hoy en día es el aumento de Cristo en vida, pero el reino eterno de Dios es el aumento de Cristo en administración. En términos de vida, Cristo crece para llegar a ser la iglesia; en términos de administración, Cristo crece para llegar a ser el reino eterno de Dios. Por tanto, Cristo no solamente es la iglesia, sino también el reino de Dios. Tanto la iglesia como el reino constituyen Su aumento.

La parábola de la semilla en Marcos 4:26-29 revela cómo el reino de Dios es el aumento de Cristo. El versículo 26 dice: “Así es el reino de Dios, como si un hombre echara semilla en la tierra”. Esta semilla es Cristo como corporificación de la vida divina. Según esta parábola, esta semilla brota, crece, lleva fruto, madura y produce una cosecha (vs. 27-28). Desde los tiempos en que Cristo vino a sembrarse en la “tierra” de la humanidad, Él ha estado creciendo e incrementándose. Finalmente, este aumento se convertirá en un gran monte que llenará toda la tierra para ser el reino eterno de Dios.

Lo dicho en Daniel 2 con respecto a Cristo en calidad de piedra y monte revela que Cristo es la centralidad y universalidad del mover de Dios. Podemos afirmar que en calidad de piedra, Cristo es la centralidad del mover de Dios, y que en calidad de monte, Él es la universalidad. La piedra es Cristo como centro, y el monte es Cristo como circunferencia, la universalidad. Verdaderamente Cristo es todo-inclusivo. Él es la piedra y también el monte; Él es la iglesia y también el reino. Él junto con Su aumento es el gran monte que llena toda la tierra. (Extracto del mensaje 3 del Estudio-vida de Daniel por Witness lee, LSM)  

 
 
 

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CRISTO VIENE COMO DESEADO DE LAS NACIONES Y COMO SOL DE JUSTICIA QUE EN SUS ALAS TRAE SANIDAD

CRISTO VIENE COMO DESEADO DE LAS NACIONES

En Su segunda venida, Cristo también será el Deseado de las naciones (Mal. 3:1; Hag. 2:7). Cristo es Aquel a quien deseamos. Día tras día deseamos que Él sea nuestro amor, nuestra humildad, nuestra mansedumbre y nuestro gozo. Nada es mejor que el gozo. Este gozo se convierte en nuestra fortaleza, nuestra sanidad, nuestra comida y nuestro nutrimento. El verdadero gozo procede de que Cristo sea nuestra vida, nuestras virtudes y nuestro todo. Puedo testificar que he estado amando a esta Persona durante setenta años, y le amo hoy mucho más que antes. Diariamente le deseo, le amo y le considero. Él ciertamente es nuestro Deseo.

CRISTO VIENE COMO SOL DE JUSTICIA
QUE EN SUS ALAS TRAE SANIDAD

Como Sol de justicia, Cristo vendrá trayendo sanidad en Sus alas (Mal. 4:2). Hoy en día, los pentecostales practican lo que suele llamarse sanidad divina. Pero en realidad, Cristo mismo es nuestra sanidad. Él es el Sol que nos sana al resplandecer sobre nosotros.

En Su primera venida, la tierra rechazó a Cristo; por tanto, la tierra carece de Su sanidad. Pero debido a que nosotros le recibimos a Él de una manera secreta y escondida, recibimos Su sanidad todos los días. Su sanidad hace que tengamos gozo, de modo que olvidamos nuestro enojo y ansiedad. Que estemos enfermos procede del pecado, de la muerte y de muchas deficiencias e imperfecciones. Únicamente este Cristo que sana puede restaurarnos por completo. Ser sanados es ser salvos. Ser sanados, ser salvos, es ser hechos completos. Él nos sanará, pero para ello tenemos que darle la libertad de usar Sus alas para volar sobre nosotros, alrededor de nosotros y dentro de nosotros.

En Su primera venida, Cristo sanó el sacerdocio degradado, pero en Su segunda venida Él sanará al remanente del pueblo de Israel. Entonces, Él lo será todo para la tierra y para nosotros. Este Cristo sanador vendrá súbitamente; por tanto, tenemos que permanecer alertas, listos para recibirle. (Extracto del mensaje 33 del Estudio-vida de LOS PROFETAS MENORES por Witness Lee, LSM)

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CRISTO VIENE OTRA VEZ: EL ASPECTO SECRETO

La mayoría de los cristianos tiene el concepto de que Apocalipsis es un libro sobre la segunda venida de Cristo. Este concepto es perfectamente correcto, puesto que dicho libro habla de la segunda venida de Cristo. Sin embargo, a través de los años, los cristianos no han tenido un entendimiento claro sobre la segunda venida del Señor. Por esta razón ha habido mucha controversia y discusión al respecto. La revelación de la segunda venida de Cristo no es algo sencillo; al contrario, es un tema bastante complicado y tiene muchos aspectos. Por consiguiente, ha sido difícil para la mayoría de los cristianos entender completamente la segunda venida del Señor.

En el último siglo y medio, se han escrito muchos libros, especialmente por parte de los Hermanos, sobre la segunda venida de Cristo. Algunos de los principales maestros entre los Hermanos sostuvieron diferentes opiniones sobre la venida del Señor, y la primera división entre ellos fue el resultado de esas diferencias. El testimonio de los Hermanos, como algunos lo llaman, comenzó en 1828 o 1829 bajo el liderazgo de John Nelson Darby. Darby enseñaba que Cristo vendría antes de la gran tribulación, mientras que Benjamín Newton, otro de los principales maestros, enseñaba que Cristo vendría después de la gran tribulación. Debido a que estos dos grandes maestros tenían diferentes opiniones, hubo muchos debates sobre este tema. Finalmente, esto condujo a la primera división entre ellos: los que estaban bajo la enseñanza de Darby se separaron de los que seguían a Newton. Yo estuve vinculado al grupo de Benjamín Newton por siete años y medio y durante ese tiempo aprendí todas sus enseñanzas. Ellos tenían un sólido respaldo cuando enseñaban que la segunda venida de Cristo ocurriría después de la gran tribulación. Si usted lee los mejores escritos de los grandes maestros durante los últimos ciento cincuenta años, encontrará que algunos enseñan que la venida del Señor se producirá antes de la tribulación, y otros enseñan que ocurriría después de ésta.

En el siglo pasado, el Señor levantó algunos estudiosos de la Palabra, tales como G. H. Pember, Robert Govett y D. M. Panton. Estos hombres descubrieron que la segunda venida de Cristo no es un evento simple. Ellos vieron que, por un lado, Cristo vendrá después de la tribulación, y que, por otro, también vendrá antes de la tribulación. Estos eruditos de la Biblia suministraron un sólido argumento que comprueba la veracidad de este punto de vista. La venida de Cristo tiene por lo menos dos aspectos, uno anterior a la tribulación, y el otro posterior a la misma. Además, estos hombres también aprendieron que el arrebatamiento de los santos constará de más de dos categorías. Esto significa que algunos serán arrebatados antes de la tribulación y otros después. No reaccione a estas afirmaciones apresuradamente. Cuando yo era joven, reaccioné precipitadamente, pero con el tiempo fui sometido y convencido. La Biblia no es tan simple como creen muchos.

En este mensaje consideraremos el tema de la segunda venida de Cristo. Doy gracias a Dios por todos los maestros de la Palabra que nos han precedido. Estamos agradecidos con ellos, y lo que veamos, lo vemos apoyados sobre sus hombros. Si deseamos entender la segunda venida de Cristo, tenemos que estudiar la Biblia y también leer los libros de estos grandes maestros. Entonces tendremos una vista panorámica y completa de dicho tema. Si hacemos esto, quedaremos completamente convencidos de que la venida de Cristo tiene dos aspectos: el aspecto secreto o privado, y el visible o público.

I. EL ASPECTO SECRETO

A. El viene como ladrón

En Mateo y Apocalipsis vemos el aspecto secreto de la segunda venida de Cristo. Apocalipsis 3:3 y 16:15 nos dicen que Cristo vendrá como ladrón, y que debemos velar. El ladrón no viene públicamente anunciando su venida. Como dijimos en otro mensaje, cuando el Señor venga como ladrón, vendrá a robar los objetos preciosos. En Mateo 24:40-41, el Señor habló de Su venida secreta, diciendo: “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; la una será tomada, y la otra será dejada”. El Señor Jesús fue muy sabio al usar el ejemplo de dos hermanos que están en el campo y de dos hermanas que están moliendo en el molino. Aparentemente no hay diferencia alguna entre los dos hermanos ni entre las dos hermanas. Pero repentinamente uno de los hermanos es tomado, e igualmente, una de las hermanas es tomada. Después de dar este ejemplo, el Señor dijo: “Velad, pues, porque no sabéis en qué día viene vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el dueño de casa supiese en qué vigilia el ladrón habría de venir, velaría, y no permitiría que penetrasen en su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (vs. 42-44). Mientras estemos trabajando, sin estar conscientes de que Cristo va a venir, algunos de nosotros vamos a ser arrebatados. El viene como un ladrón y, por eso, tenemos que velar.

B. La fecha nadie la sabe

El tiempo de la venida secreta del Señor nadie lo sabe (3:3; Mt. 24:36, 42; 25:13). Cuando Cristo vuelva, vendrá como un enviado. Es por eso que en Apocalipsis se le llama el Angel, uno que es enviado por Dios. Cuando Cristo se manifieste por segunda vez, vendrá como enviado de Dios, igual que la primera vez. Esta es la razón por la cual solamente el Padre sabe el tiempo de la venida secreta de Cristo (Mt. 24:36; Mr. 13:32). El Padre es el que envía, y el Hijo es el enviado. Sólo el que envía sabe la hora; ni siquiera el enviado la sabe.

Algunas personas, creyendo saber más que el Señor Jesús, han predicho el tiempo de la venida del Señor. En el último siglo y medio, ha habido muchas predicciones, de las cuales ninguna se ha cumplido. Algunos predijeron que el Señor Jesús vendría en cierta fecha y ordenaron a la gente que se preparara tomando un baño y vistiéndose de ropa blanca limpia. Otros subieron a un monte a esperar la venida del Señor. Después de la primera guerra mundial, muchos maestros publicaron libros proféticos, relacionados especialmente con la venida del Señor. Algunos de esos escritores predijeron la fecha en que vendría el Señor. Todas estas predicciones sobre la fecha de la venida del Señor han sido falsas. Cuídese de predecir alguna cosa. De acuerdo con la Biblia, nadie sabe cuándo se producirá la venida secreta del Señor.

C. El lugar: viene en la nube a los aires

El lugar de la venida secreta del Señor es los aires, adonde viene envuelto en la nube (10:1; 1 Ts. 4:17). La nube está relacionada con la venida del Señor. Cristo fue al cielo en una nube y vendrá a la tierra de la misma manera (Hch. 1:9, 11; Mt. 26:64; Ap. 14:14). En Mateo 26:64 el Señor Jesús le dijo al sumo sacerdote: “Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo”. Aun en la venida del Señor en la nube existen dos aspectos. Primeramente, el Señor vendrá envuelto en una nube. Esto significa que El está escondido en la nube. En segundo lugar, El vendrá sobre la nube. Cuando El venga en la nube, no vendrá a la tierra, sino que se quedará en los aires. Apocalipsis 10:1 revela que el Señor vendrá del cielo, vestido de una nube, lo cual indica que estará envuelto por la nube. No piense que El va a descender repentinamente de los cielos a la tierra. Cristo está ahora en el trono en el tercer cielo. A su debido tiempo, el Padre lo enviará del trono, en los cielos, a la nube, en los aires. Como veremos en los próximos mensajes, antes de que El parta del trono, de los cielos, algunos vencedores ya habrán sido arrebatados al trono. Apocalipsis 12 nos muestra que el hijo varón será arrebatado al trono de Dios, no a los aires. Esto indica que algunos vencedores serán arrebatados antes de la venida secreta del Señor Jesús. En Apocalipsis 14 vemos que las primicias estarán en el monte de Sión en los cielos. El monte de Sión celestial es el lugar donde Dios mora y está en el tercer cielo, no en los aires. El hecho de que las primicias estén en el monte de Sión en los cielos, demuestra que algunos de los primeros vencedores serán arrebatados al tercer cielo antes de la venida secreta de Cristo. Después de que estos vencedores hayan sido arrebatados, Cristo descenderá secretamente del trono a los aires en la nube.

Mientras el Señor Jesús esté en los aires, hará muchas cosas. Principalmente arrebatará a todos los creyentes que no hayan sido todavía arrebatados. Después que Cristo venga a los aires en la nube, muchos santos todavía no habrán sido arrebatados. Así que mientras está en los aires, arrebatará a los cristianos que hayan tenido que pasar por la gran tribulación. En 1 Tesalonicenses 4:17 dice que los que estén vivos, los que hayan quedado, serán arrebatados para encontrarse con el Señor en los aires. Entonces, Cristo establecerá allí Su tribunal. En este tribunal no comparecerán los pecadores sino todos los salvos, y no tendrá relación con la salvación ni la condenación sino con la recompensa y el castigo. Después de que este juicio se haya llevado a efecto, algunos de los santos serán escogidos y recibirán una recompensa.

De acuerdo con la Biblia, Dios nos ha escogido dos veces. Primero nos eligió antes de la fundación del mundo en la eternidad pasada (Ef. 1:4); y segundo, después de la venida del Señor a los aires y del arrebatamiento, escogerá a algunos de nuevo. Mientras que la primera elección en la eternidad pasada fue hecha para salvación, la segunda, que ocurre en los aires en el tribunal de Cristo, tiene como fin asignar la recompensa. Todos nosotros fuimos escogidos para salvación, pero el recibir la recompensa depende de la segunda elección, la cual se hará en el tribunal de Cristo. Los salvos que no pasen este juicio serán puestos aparte y serán disciplinados. Entonces Cristo traerá consigo a la tierra como Su ejército a los que salgan bien en el juicio. En ese tiempo, El ya no estará en la nube, sino sobre la nube. La venida del Señor constará de dos pasos por lo menos. En el primero, Cristo dejará el trono en los cielos, vendrá a los aires envuelto en la nube, y permanecerá en la nube por un tiempo. Luego, desde los aires, dará el segundo paso: vendrá a la tierra sobre la nube. Este será el segundo aspecto de Su segunda venida.

D. Como recompensa para los creyentes que velen

La venida secreta de Cristo será una recompensa para los creyentes que velan (2:28; Mt. 24:42-44). Apocalipsis 2:28 dice que Cristo aparecerá como la estrella de la mañana, y Malaquías 4:2 revela que aparecerá como el sol. Hay una gran diferencia entre la salida de la estrella de la mañana y la salida del sol. Para ver la estrella de la mañana, uno tiene que levantarse muy temprano. Si duerme hasta tarde, no la verá. Pero no importa hasta qué hora duerma uno, no se pierde el resplandor del sol. ¿Espera usted encontrarse con Cristo como la estrella de la mañana o como el sol? La aparición de la estrella de la mañana es secreta, pero la aparición del sol es visible. El Señor nos prometió que si velamos y esperamos Su segunda venida, El se nos aparecerá como la estrella de la mañana. Esta es la promesa de una recompensa. Pero si somos descuidados, con seguridad no veremos la estrella de la mañana.

No piense que la venida de Cristo se reduce simplemente a dejar Su trono y venir inmediata y directamente a la tierra. El estará en los aires por un tiempo. Los vencedores tempranos serán arrebatados antes de que se abra el sexto sello, el cual será un preámbulo, una advertencia, de la gran tribulación venidera que durará tres años y medio. Es imposible determinar cuándo va a dejar Cristo Su trono en los cielos para venir a los aires. Pero sí sabemos que ocurrirá más o menos antes de la gran tribulación. Habrá un intervalo entre el descenso de Cristo a los aires y Su descenso a la tierra. Durante ese intervalo, El completará el arrebatamiento de los santos y llevará a cabo Su juicio sobre todos ellos para elegir a los vencedores, los cuales serán el ejército con el cual peleará contra el ejército del anticristo.

Extracto del mensaje cinco del Estudio-vida de Apocalipsis por Witness Lee  www.lsmespanol.org/

 

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EL ARREBATAMIENTO DE LOS CREYENTES QUE HAYAN VENCIDO

EL REINO DE DIOS Y EL ARREBATAMIENTO DE LOS CREYENTES QUE HAYAN VENCIDO 

Llenos de Cristo

En 17:31-36 el Señor da a entender que el reino de Dios tiene que ver con El y con el arrebatamiento de los creyentes que hayan vencido. Esto quiere decir que incluso el arrebatamiento de los creyentes es parte del reino de Dios. De hecho, el arrebatamiento también es el Salvador mismo. Podemos entender esto si nos damos cuenta de que si Cristo no está en nosotros, no podemos ser arrebatados. El arrebatamiento en el cual participaremos será Cristo mismo. Cuando tengamos a Cristo hasta cierta medida, seremos arrebatados.

Podemos compararnos con un globo, y al Cristo que mora en nosotros con el aire que contiene el globo. Cuanto más aire tenga, más se elevará. De igual manera, a fin de ser arrebatados, necesitamos llenarnos de Cristo. Por lo tanto, el arrebatamiento depende de cuán llenos de Cristo estemos. En el momento del arrebatamiento, el “aire”, el Cristo que mora en nosotros, el pneuma, nos arrebatará.

La advertencia en cuanto a la mujer de Lot

Los vencedores no procuran conservar la vida de su alma. En vista de la advertencia en cuanto a la mujer de Lot, ellos no aman las cosas materiales ni les interesan. El versículo 31 dice: “En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva a las cosas que dejó atrás”. Este versículo revela que al demorarnos en las cosas terrenales y materiales, perderemos el arrebatamiento de los vencedores descrito en los versículos del 34 al 36.

El Señor dice en el versículo 32: “Acordaos de la mujer de Lot”. La mujer de Lot se convirtió en una estatua de sal porque miró atrás por su apego a Sodoma. Esa mirada indica que amaba y estimaba al mundo maligno, al cual Dios iba a juzgar y destruir totalmente. Ella fue rescatada de Sodoma, pero no llegó al lugar seguro adonde llegó Lot (Gn. 19:15-30). No pereció, pero tampoco fue completamente salva. Ella, como la sal que se vuelve insípida (Lc. 14:34-35), fue dejada en un lugar de sufrimiento y vergüenza. Esto es una advertencia solemne para los creyentes que aman al mundo.

La mujer de Lot fue rescatada de Sodoma, pero aún estaba interesada en aquella ciudad maligna. Cuando los ángeles sacaron a Lot y a su mujer, dijeron: “Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que parezcas” (Gn. 19:17). Se les mandó a Lot y a su mujer que siguiesen hacia adelante y no mirasen atrás. Sodoma estaba bajo la condenación de Dios y a punto de perecer, y debían olvidarse de ella. Sin embargo, la mujer de Lot, incapaz de olvidarse de Sodoma, miró atrás con apegó, e inmediatamente se convirtió en una estatua de sal: “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Gn. 19:26).

La advertencia en cuanto a la mujer de Lot se relaciona con la advertencia de la sal que pierde su sabor, mencionada en Lucas 14:34 y 35. Cuando juntamos 14:34, 35 y 17:32, vemos que una persona que pertenece al Señor puede convertirse en la sal que perdió su sabor, incluso en una estatua de sal insípida. Podemos decir que la mujer de Lot tenía sal, pero era sal insípida, o sea, que perdió su sabor. ¡Qué lamentable!

Ya vimos que en 14:35 la sal puede encontrarse en uno de tres lugares: en la tierra, en el estercolero o afuera, un lugar que no está en la tierra ni en el estercolero. En el caso de la mujer de Lot, también había tres lugares: la ciudad de Sodoma, el lugar adonde Lot fue llevado y el lugar localizado entre los dos, un lugar de vergüenza, donde la mujer de Lot permaneció como estatua de sal.

No son los muchos líderes ni maestros cristianos que han visto este tercer lugar. La mayoría enseña que sólo hay dos lugares, uno para los salvos y otro para los perdidos. Pero según la revelación neotestamentaria, existe indiscutiblemente un tercer lugar, que no es para los salvos ni para los perdidos, sino de sufrimiento y de vergüenza.

Si amamos al Señor y se nos advierte en cuanto a la mujer de Lot, no nos importarán las cosas materiales. En vez de conservar nuestra alma al amar las cosas materiales, seremos llenos de Cristo como el aire celestial. Entonces seremos llevados en el arrebatamiento.

No conservan la vida del alma

El Señor después de recordarnos de la mujer de Lot, añade: “El que procure conservar la vida de su alma, la perderá; y el que la pierda, la conservará” (v. 33). Conservar la vida del alma es permitir que el alma tenga su disfrute y que no sufra. Perder la vida del alma es hacer que el alma sufra la perdida del disfrute. Si los seguidores del Salvador-Hombre permiten que el alma se deleite en esta era, harán que no pueda disfrutar la era venidera del reino. Si no permiten que el alma disfrute en esta era, por causa del Salvador-Hombre, harán posible que se deleite en la era del reino venidero, es decir, que ellos participen del gozo del Señor al regir la tierra (Mt. 25:21, 23).

Conservar nuestra alma está relacionado con el apego a las cosas terrenales y materiales mencionado en Lucas 17:31. Nos apegamos a las cosas terrenales porque nos preocupamos por el disfrute de nuestra alma en esta era. Esto hará que perdamos la vida del alma; es decir, nuestra alma no disfrutará en la era del reino venidero.

El arrebatamiento se relaciona
con nuestra vida práctica

En 17:34 y 35 el Señor dice: “Os digo: En aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada”. En estos versículos se revela el arrebatamiento de los creyentes vencedores. Este ocurrirá secreta e inesperadamente, de noche para algunos creyentes que están dormidos, y de día para algunas hermanas que están moliendo en casa y para algunos hermanos que están trabajando en el campo. Ellos son escogidos porque vencieron el efecto estupefaciente de esta era.

En 14:25-35 el Salvador nos manda que paguemos el precio, hasta donde podamos, para seguirle. En 16:1-13 nos exhorta a vencer las riquezas para que le sirvamos prudentemente como mayordomos fieles. En 17:22-37, El nos exhorta a vencer el efecto estupefaciente de la vida desenfrenada de esta era para que seamos arrebatados y llevados al disfrute de Su parusía (Su presencia, Su venida). Todas estas exhortaciones están relacionadas con la necesidad de los creyentes de vencer en la vida práctica.

En 17:34 y 35 el Señor dice que “el uno será tomado”. La palabra griega traducida tomado literalmente significa “introducido”, lo cual denota el arrebatamiento de los vencedores, quienes no aman las cosas mundanas de esta era ni conservan la vida de su alma. Los que son tomados de esta manera serán arrebatados antes de la gran tribulación (Mt. 24:21), la cual será una prueba severa sobre toda la tierra habitada (Ap. 3:10). Ser arrebatado de este modo es ser guardado “de la hora de la prueba que ha de venir sobre toda la tierra habitada, para probar a los que moran sobre la tierra” (Ap. 3:10).

Las expresiones estarán moliendo, mencionada en Lucas 17:35, y en el campo, mencionada en Mateo 24:40, aluden a ganarse el sustento trabajando. Aunque los creyentes no deben estar embotados por las necesidades de esta vida, necesitan trabajar para ganarse el sustento. La idea de abandonar el trabajo con el cual uno se gana la vida, es otro extremo de la táctica de Satanás.

No todos los creyentes
serán arrebatados al mismo tiempo

En 17:34-36 vemos que algunos que están durmiendo serán arrebatados de noche, y algunas hermanas que están moliendo y algunos hermanos que están labrando serán arrebatados de día. Vemos que el arrebatamiento incluye a los santos que se hallan en lugares y momentos diferentes. Cuando el arrebatamiento se produzca, algunos serán arrebatados de noche y otros de día, dependiendo del lugar donde vivan en la tierra. Quizás los santos del Oriente serán arrebatados de noche, y los santos del Occidente, de día.

En estos versículos vemos que no todos los que están durmiendo, moliendo o labrando serán arrebatados. Esto indica que no todos los creyentes serán arrebatados al mismo tiempo. El Señor dice que dos estarán en la cama, el uno será tomado, y el otro será dejado. Lo mismo sucederá con las dos que están moliendo en un mismo lugar, y los dos que están labrando en el campo. En cada caso, el que es dejado tal vez no sepa el paradero del que fue tomado. Este es el arrebatamiento de los creyentes que velan.

Algunos maestros de la Biblia no creen que el arrebatamiento de los vencedores sea distinto del arrebatamiento de todos los creyentes. En otras palabras, no creen en lo que se conoce como “arrebatamiento parcial”. Sólo creen en lo que se menciona en 1 Tesalonicenses 4; no creen que Mateo 24 y Lucas 17 hablan del arrebatamiento de los creyentes que velan y vencen. Sin embargo, cuando estudiamos estos capítulos, vemos que para interpretar tales porciones es necesario reconocer que hablan del arrebatamiento de los creyentes que hayan vencido.

EL REINO DE DIOS ES UNA PERSONA VIVA

Tenemos que entender 17:21-37 a la luz de la pregunta que los fariseos hicieron en el versículo 20. Le preguntaron al Señor que cuándo había de venir el reino de Dios, y El dio Su respuesta en los versículos siguientes, la cual incluye todo lo que se abarca en los versículos del 20b al 37. El Señor indica que el reino de Dios es, en realidad, El mismo en Su primera venida, en Su sufrimiento, en Su segunda venida y en el arrebatamiento de los vencedores. El está en nosotros como el reino de Dios.

El reino de Dios no es una organización ni una esfera física, sino que es el Hijo de Dios como vida sembrada en los creyentes, una vida que crece y se desarrolla hasta ser una esfera espiritual donde Dios rige en vida. Por lo tanto, el reino de Dios es una persona viva. Dicha persona es el reino de Dios en Su primera venida y en Sus sufrimientos, y también será el reino en Su segunda venida y en el arrebatamiento de los creyentes que hayan vencido. En cada uno de estos ejemplos, esta persona es el reino de Dios.

Puedo testificar que he estudiado esta porción del Evangelio de Lucas por más de medio siglo. Estudié reiteradas veces esta porción, la estudiaba e investigaba en busca de la debida interpretación. Después de estudiar los evangelios a fondo, he llegado a una conclusión que creo que es correcta en cuanto al reino de Dios tal como se revela aquí.

Lucas 17:20-37 revela que el reino de Dios es el Hijo de Dios como semilla de vida sembrada en los escogidos de Dios para que crezca y se desarrolle hasta llegar a ser una esfera espiritual donde Dios reina y gobierna en Su vida divina. Este reino es en realidad una persona viva. Cuando El venga, el reino de Dios vendrá. El reino vino con la primera venida del Señor y en Sus sufrimientos, y vendrá en Su segunda venida, en el arrebatamiento de los santos vencedores y, como veremos, cuando destruya al anticristo. 

EL REINO DE DIOS Y LA DESTRUCCION DEL ANTICRISTO

Lucas 17:37 dice: “Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? El les dijo: Donde esté el cuerpo, allí se juntarán también los buitres”. Literalmente la palabra cuerpo se refiere a un cadáver. Este versículo es muy misterioso, y esto me ha intrigado por más de cincuenta años. Después de estudiar cuidadosamente la Biblia y otros escritos, he llegado a la conclusión de que este versículo alude a la destrucción del anticristo por parte del Señor.

El anticristo será la causa de la gran tribulación, pues será necesario juzgarlo y destruirlo. Tal como en Adán todos están muertos (1 Co. 15:22), así el anticristo maligno, quien con sus ejércitos malignos guerreará contra el Señor en Armagedón (Ap. 19:17-21), a los ojos del Señor es un cadáver fétido, y sólo sirve para satisfacer la voracidad de los buitres. Además, en las Escrituras tanto el Señor como aquellos que en El confían son comparados con el águila (Ex. 19:4; Dt. 32:11; Is. 40:31), y los ejércitos veloces y destructores son comparados con águilas en vuelo (Dt. 28:49; Os. 8:1). Por lo tanto, los buitres aquí, por ser aves rapaces del género del águila, se refieren a Cristo y los vencedores, quienes vendrán volando como un ejército veloz para guerrear contra el anticristo y sus ejércitos y para destruirlos en Armagedón, ejecutando así el juicio de Dios sobre ellos. Esto no sólo indica que Cristo en Su manifestación aparecerá junto con Sus santos vencedores en el lugar donde el anticristo esté con sus ejércitos, sino que también Cristo y los vencedores vendrán rápidamente como los buitres desde los cielos, lo cual corresponde al relámpago mencionado en Lucas 17:24.

Ahora tenemos la respuesta completa del Señor a la pregunta que los fariseos le hicieron en cuanto a la venida del reino de Dios. La respuesta consiste en que cuando el Hijo de Dios vino por primera vez, el reino vino con El, y cuando El fue a la cruz, el reino fue con El. Cuando regrese, el reino regresará con El. Cuando los santos vencedores sean arrebatados, allí estará el reino de Dios. Finalmente, cuando Cristo derrote al anticristo, el reino de Dios también allí estará. Vemos en todo esto que el reino de Dios es en realidad el Salvador-Hombre en Su Persona viva. Puesto que El es el reino de Dios, dondequiera que El esté, allí está el reino de Dios. En cualquier momento que El aparezca, aparece como el reino de Dios.

RESUMEN

Resumiremos brevemente el capítulo diecisiete. En este capítulo el Señor nos enseña a que no hagamos tropezar a los demás, que estemos siempre listos y dispuestos a perdonar cuando nos ofenden, que se ejercite la fe en el Dios soberano, y que nos consideremos esclavos inútiles. Si hacemos estas cosas, seremos preservados en un nivel elevado de moralidad. Con este nivel de moralidad, no haremos tropezar a los demás ni seremos ofendidos por ellos. Puesto que tenemos fe en Dios, no nos quejaremos. Además, en vez de considerarnos personas importantes, útiles y serviciales para con Dios y con otros, nos humillaremos y diremos que somos esclavos inútiles. También nos daremos cuenta de cuán misericordioso es nuestro Salvador. Cuando los diez leprosos se le acercaron, El no seleccionó ni tuvo preferencia alguna, sino que los sanó a todos.

En dicho capítulo también vemos que cuando los fariseos molestaron al Señor al hacerle una pregunta difícil en cuanto al reino de Dios, El en Su respuesta indicó que el reino de Dios es en realidad una persona viva, el Salvador-Hombre mismo. La realidad espiritual de esta persona, quien es el reino de Dios, no se puede ver con los ojos físicos. Por lo tanto, el reino de Dios no viene de modo que pueda observarse. A fin de ver la realidad espiritual del reino de Dios, necesitamos una percepción espiritual. El reino de Dios, que es el Señor en Su Persona viva, apareció en Su primera venida y en Su sufrimiento, y aparecerá en Su segunda venida, en el arrebatamiento de los creyentes vencedores, y la destrucción del anticristo y su ejército.

Extracto del mensaje 39 del Estudio-vida de Lucas por Witness Lee www.lsmespanol.org/

 

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LAS SETENTA SEMANAS

 

En el mensaje anterior hicimos notar que el hombre de iniquidad, el anticristo, se manifestará en la mitad de la última de las setenta semanas mencionadas en Daniel 9. Ahora, en este mensaje, quisiera decir algo más acerca de las setenta semanas de Daniel 9 en relación con las palabras de corrección que Pablo da en 2 Tesalonicenses 2:1-12.

Setenta semanas están divididas
por el bien de Israel y de Jerusalén

Daniel 9:24 dice: “Setenta semanas están divididas por el bien de tu pueblo y de tu santa ciudad, para terminar la transgresión, y poner fin al pecado, y hacer propiciación por la iniquidad, para traer la justicia eterna, y sellar la visión y al profeta, y ungir al santísimo”. En este versículo, una semana equivale a siete años. Por lo tanto, setenta semanas equivalen a setenta veces siete años, es decir, a cuatrocientos noventa años. A Daniel se le dijo que estas setenta semanas estaban divididas por el bien de “tu pueblo y de tu santa ciudad”. Eso significa que las setenta semanas están relacionadas con el pueblo de Daniel, los hijos de Israel, y con la santa ciudad, Jerusalén. Este versículo también habla de terminar la transgresión, de poner fin al pecado, de hacer propiciación por la iniquidad, de traer justicia eterna, de sellar la visión y al profeta, y de ungir al Santísimo. Si leemos este versículo con detenimiento, veremos que se refiere al fin de esta era. El traer justicia eterna se refiere al milenio, al reino de los mil años, cuando habrá justicia en la tierra. Por lo tanto, este versículo indica que las setenta semanas se extenderán hasta el fin de esta era y traerán el reino de los mil años.

Hasta el Mesías Príncipe

Daniel 9:25 dice: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar, con calle y foso, en tiempos angustiosos”. Las siete semanas de este versículo denotan cuarenta y nueve años. Si estudiamos los libros de Esdras y Nehemías, veremos que desde el tiempo en que el rey de Persia dio la orden de volver a edificar Jerusalén hasta que terminó la reedificación pasaron cuarenta y nueve años. El versículo 25 también habla de un período de sesenta y dos semanas. Esto equivale a cuatrocientos treinta y cuatro años. Las primeras siete semanas y las sesenta y dos semanas suman cuatrocientos ochenta y tres años. Esto nos deja la última semana, un período de siete años, para el futuro. Los primeros cuarenta y nueve años se empiezan a contar desde la orden de reedificar a Jerusalén hasta la culminación de dicha reedificación. Los cuatrocientos treinta y cuatro años se empiezan a contar a partir de la edificación de Jerusalén hasta el Mesías Príncipe. La última parte del versículo 25 dice que “se volverá a edificar, con calle y foso, en tiempos angustiosos”. Esto se refiere a la edificación que se llevó a cabo durante las primeras siete semanas, es decir, durante el primer período que se compone de cuarenta y nueve años.

El príncipe que ha de venir

El versículo 26 dice: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no tendrá nada; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas”. Las palabras “se quitará la vida” se refieren a la crucifixión de Cristo, el Mesías. Cristo murió, no por sí mismo, sino por nosotros. Él fue crucificado por nosotros.

El “pueblo de un príncipe que ha de venir” se refiere al pueblo de Tito, un príncipe del Imperio Romano. En el año 70 d. de C. el ejército romano, bajo el liderazgo de Tito, destruyó por completo a Jerusalén y el templo, el santuario. La historia escrita por Josefo describe esta terrible destrucción.

El versículo 27 dice: “Y él hará un pacto firme con muchos por una semana; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación y los reemplazará con las abominaciones del desolador, hasta que una destrucción completa, la que está determinada, se derrame sobre el desolador”. El pronombre “él”, que aparece al comienzo de este versículo, es el “príncipe” mencionado en el versículo 26. No obstante, aquí en realidad se está refiriendo al anticristo venidero. En tipología, Tito prefigura al anticristo. Lo que él hizo en el año 70 d. de C., lo repetirá el anticristo en el futuro. Es por eso que la profecía de Daniel 9 considera a los dos como uno solo: el primero, Tito, es la figura anticipada, y el segundo, el anticristo, será el cumplimiento.

El anticristo, quien es tipificado o prefigurado por Tito, según el versículo 27, “hará un pacto firme con muchos por una semana”. Este pacto será un acuerdo que se hará por un período de siete años. Estos siete años serán la última de las setenta semanas mencionadas en Daniel 9:24. A la mitad de la última semana, o sea, de los últimos siete años, el anticristo hará “cesar el sacrificio y la oblación”. Esto significa que impedirá que los judíos sigan ofreciendo sacrificios sobre el altar en el templo, y empezará a perseguir toda índole de religión.

 

La era de la iglesia
considerada como un paréntesis

Desde la salida de la orden para reedificar la ciudad de Jerusalén hasta la culminación de la reedificación pasaron cuarenta y nueve años, o sea, siete semanas. Luego, desde que se terminó la reedificación hasta la crucifixión de Cristo pasaron sesenta y dos semanas, o sea, cuatrocientos treinta y cuatro años. Después de la crucifixión de Cristo, hay una pausa en el cumplimiento de las setenta semanas. Esta pausa terminará al comienzo de los últimos siete años de esta era.

En los cuatro Evangelios el Señor Jesús dijo que a causa de Su crucifixión, Dios abandonaría a los hijos de Israel. Por lo tanto, la historia de ellos quedó interrumpida a partir de la cruz, y de ahí en adelante Dios los ha tenido abandonados, aunque, en realidad, Dios sólo los ha desechado temporalmente. A partir de entonces la historia divina empezó a llevarse a cabo con la iglesia. Eso significa que la historia de la iglesia es el período comprendido entre el final de la semana sexagésima nona y el comienzo de la semana septuagésima. En otras palabras, la era de la iglesia corresponde al período durante el cual se suspende el cumplimiento de las setenta semanas. También podemos decir que la era de la iglesia, es decir, la historia de la iglesia representa, de principio a fin, un paréntesis en la historia de los hijos de Israel.

Este entendimiento concuerda perfectamente con lo revelado en algunas de las parábolas que refirió el Señor Jesús en el Evangelio de Mateo. Por ejemplo, la parábola de Mateo 21:33-46 habla de la transferencia del reino de Dios. En esta parábola, la viña es la ciudad de Jerusalén, y los viñadores son los líderes de los israelitas. En Mateo 21:41 dice: “Le dijeron: A esos malvados los destruirá miserablemente, y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen el fruto a su tiempo”. Esto se cumplió cuando el príncipe romano, Tito, y su ejército destruyeron a Jerusalén en el año 70 d. de C.

En la parábola de la fiesta de bodas el Señor Jesús dice: “El rey, entonces, se enojó; y enviando sus tropas, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad” (Mt. 22:7). Éstas fueron las tropas romanas que, bajo el liderazgo de Tito, destruyeron a Jerusalén. Mateo 22:9 indica que la predicación del Nuevo Testamento se ha vuelto a los gentiles: “Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis”.

La septuagésima semana,
el milenio y la eternidad

Estas parábolas indican que, después de la crucifixión del Señor Jesús, Dios abandonó a los hijos de Israel y centró Su atención en la iglesia. Por lo tanto, a partir de la crucifixión de Cristo, se da una pausa en la historia de los hijos de Israel. Esta pausa se extenderá hasta el final de la era de la iglesia, cuando Dios una vez más visitará a los hijos de Israel. Entonces tendrá inicio la última de las setenta semanas de Daniel. Después de la septuagésima semana, vendrá el milenio, el reinado de Cristo, donde Cristo reinará en la tierra por mil años. Después del milenio vendrá el cielo nuevo y la tierra nueva con la Nueva Jerusalén. Esto será la eternidad.

El quebrantamiento del pacto

El anticristo será extraordinariamente poderoso. Por esta razón, los judíos le temerán y se verán obligados a hacer un acuerdo, un pacto, con él, pacto que supuestamente duraría siete años. Según dicho pacto, el anticristo les prometerá a los judíos que no se opondrá a su religión. Sin embargo, en la mitad de la última semana, los últimos siete años, el anticristo quebrantará este pacto y obligará a los judíos a cesar los sacrificios. Asimismo, se sentará en el templo de Dios y se proclamará Dios. Refiriéndose al anticristo, el hombre de iniquidad, 2 Tesalonicenses 2:4 dice: “El cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, proclamándose Dios”.

En la Biblia, la última de las setenta semanas se divide en dos secciones. Lo que divide esta semana en dos secciones es el hecho de que el anticristo quebranta el pacto con los judíos, les prohíbe seguir ofreciendo sacrificios y se sienta en el templo. La Biblia no dice mucho acerca de la primera mitad de la septuagésima semana; no obstante, describe muy detalladamente la segunda mitad. A esta segunda mitad se le llama “tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”, esto es, tres años y medio; también se le describe como cuarenta y dos meses, o mil doscientos sesenta días (Ap. 11:2-3; 13:5).

EL DESCENSO DEL SEÑOR DEL TRONO AL AIRE

Mientras el anticristo actúa en la tierra, el Señor Jesús empezará a desplazarse de los cielos al aire. No se nos dice claramente en qué momento el Señor lo hará. Como resultado de un esmerado estudio, yo diría que empezará a suceder muy poco antes de la mitad de los últimos siete años. Apocalipsis 12 nos muestra que el hijo varón será arrebatado al trono de Dios. El libro de Apocalipsis también nos muestra que los últimos tres años y medio comenzarán después que el hijo varón sea arrebatado. Cuando el hijo varón sea arrebatado, el Señor Jesús aún estará en el trono en el cielo.

Además, los ciento cuarenta y cuatro mil, las primicias para Dios y para el Cordero, mencionados en Apocalipsis 14, también serán arrebatados al trono de Dios. Estas ciento cuarenta y cuatro mil primicias no serán llevadas al aire, sino a los cielos, al monte Sion celestial. El arrebatamiento de las primicias a los cielos es tipificado por las primicias de Éxodo 23:19, las cuales eran llevadas a la casa de Jehová para Su disfrute: “Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios”. Según Apocalipsis 14, la cosecha, la mayoría de los creyentes, será dejada en la tierra para que pase por la segunda mitad de los últimos siete años, período conocido como la gran tribulación. Poco después de que el hijo varón y las primicias sean arrebatados al trono, el Señor Jesús probablemente empezará Su descenso del trono a los aires, escondido dentro de una nube.

LA SIEGA DE LA COSECHA

¿En qué lugar de este cuadro encaja 1 Tesalonicenses 4? El arrebatamiento mencionado en 1 Tesalonicenses 4 debe de corresponder a la siega de la cosecha de Apocalipsis 14. Esta cosecha será segada, arrebatada, probablemente al final de los últimos tres años y medio. Eso significa que la cosecha será segada justamente al final de la gran tribulación.

En 2 Tesalonicenses 2:3 Pablo dice: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá [el día del Señor] sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición”. Después de la apostasía y de que se manifieste el hombre de iniquidad, ocurrirá la manifestación de la parousía del Señor. La manifestación del anticristo se llevará a cabo durante los últimos siete años. La manifestación del anticristo tiene que ocurrir primero, y después tendrá lugar la manifestación de la parousía del Señor.

En el versículo 8 Pablo dice: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de Su boca, y destruirá con la manifestación de Su venida”. Esto indica que la venida (parousía) del Señor se efectuará de manera oculta antes de que se manifieste abiertamente. También indica que la venida del Señor durará cierto tiempo. Se mantendrá en secreto por algún tiempo y después se manifestará públicamente. La parousía del Señor ocurrirá en secreto durante los últimos tres años y medio; luego, cuando el Señor Jesús dé muerte al anticristo, Su parousía se manifestará. De manera que, la parousía del Señor comenzará cuando Él descienda de los cielos al aire, y culminará cuando Él se manifieste públicamente.

 Extracto del mensaje tres del Estudio-vida de 2 Tesalonisenses por Witness Lee  www.lsmespanol.org

 

 

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Cristianos vencedores y cristianos derrotados

CRISTIANOS VENCEDORES Y CRISTIANOS DERROTADOS

 

Entre los cristianos verdaderos y genuinos hay una clasificación adicional. Algunos de ellos serán los cristianos vencedores, mientras que otros serán los cristianos derrotados. Estos son cristianos verdaderos, pero han sido derrotados. Si bien son verdaderos cristianos, su vida cristiana es un fracaso. Sin embargo, esta clase de fracaso no implica que ellos no sean verdaderos cristianos, pues ciertamente lo son. Por tanto, cuando el Señor regrese, nosotros podemos ser o cristianos vencedores o cristianos derrotados.

Todos los cristianos vencedores estánen la realidad del reino y son dicha realidad. Aunque los cristianos derrotados conforman la iglesia, ellos son los llamados, más no son los escogidos. Recuerden lo dicho por el Señor en Mateo 22:14: “Muchos son llamados, y pocos escogidos”. Todos los que conforman la iglesia han sido llamados, pero únicamente quienes viven en la realidad del reino serán los escogidos. Cuando el Señor Jesús regrese, habrá estas tres clases de cristianos: los cristianos falsos, los cristianos verdaderos que son vencedores y los cristianos verdaderos que han sido derrotados. Quiera el Señor tener misericordia de nosotros para que no seamos cristianos falsos ni tampoco cristianos derrotados, sino los cristianos vencedores.

Cuando el Señor Jesús regrese, todos los cristianos verdaderos, tanto los vencedores como los derrotados, serán reunidos con el Señor. El Señor tiene la manera de reunirlos a todos ellos o, como se nos dice en la parábola, sabrá cómo cosechar Su mies. Cosechar o recoger el trigo implica arrancarlo del campo. El Señor Jesús nos arrancará del campo que es el mundo. Esto quiere decir que todos los que sean cristianos verdaderos serán arrancados o arrebatados de la tierra.

Mateo 13:30 nos dice: “Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. En este versículo el Señor dice que Él llevará el trigo al granero. ¿Qué es el granero y dónde está? El Señor Jesús fue verdaderamente sabio al valerse de algo tan sencillo como la agricultura a manera de ilustración del misterio del reino. Todos sabemos que el agricultor no vive en el granero, sino en la casa. El granero no se encuentra en el campo ni en la casa del agricultor, sino a mitad del camino que va del campo a su casa. Puede ser que esté cerca de la casa, mas no es la casa. En esta parábola el mundo está representado por el campo, y el tercer cielo está representado por la casa del agricultor. La casa del Señor Jesús está en el tercer cielo. ¿Qué hay entonces entre los cielos y el mundo? El aire está en medio de ellos. En 1 Tesalonicenses 4:17 se nos dice que los que vivimos y hayamos quedado serán arrebatados en las nubes para ir al encuentro del Señor en el aire. No se nos dice que ellos se encontrarán con el Señor en la tierra ni tampoco en los cielos, sino en el aire. El aire aquí corresponde al granero mencionado en Mateo 13. Cuando abordamos estos asuntos, debemos ejercitar nuestro discernimiento y estar alertas. No debemos ser descuidados y pensar que ir al tercer cielo es lo mismo que ser llevado al aire. Hay una gran diferencia entre estos dos, tal como hay una gran diferencia entre el granero y la casa del agricultor. Es probable que el granero esté cerca de la casa, pero se encuentra en algún lugar a medio camino entre el campo y la casa del agricultor.

Un día el Señor Jesús vendrá a los aires sentado sobre una nube. Ciertamente en el tercer cielo, donde Dios mora, no hay nubes; pero en el aire que rodea la tierra hay muchas nubes. “Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete Tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura” (Ap. 14:14-15). ¿Quién está sentado en la nube? ¡Ciertamente es el propio Señor Jesús! ¿Y qué es la hoz? La hoz se refiere a los ángeles. El Señor Jesús enviará Sus ángeles a atar la cizaña y arrojarla al fuego, así como a reunir todo el trigo en el granero. Mateo 13 nos dice que el trigo será recolectado en el granero, y 1 Tesalonicenses 4:17 nos dice que todos nos encontraremos con el Señor en el aire.

LAS PRIMICIAS

Antes que la cosecha sea recogida en Apocalipsis 14:14, ya habrá ocurrido una primera siega. Apocalipsis 14:1 dice: “Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de Él y el de Su Padre escrito en la frente”. Según Apocalipsis 14:4, éstos son primicias para Dios y para el Cordero. Las primicias no están en el aire, sino sobre el trono, en el monte de Sión. Esto se refiere al monte de Sión en los cielos donde Dios mora. Por tanto, las primicias no fueron llevadas al aire, que es el granero, sino directamente a la casa del Padre en el tercer cielo. La cosecha, sin embargo, será llevada al granero, al aire.

EL HIJO VARÓN

Apocalipsis 12:5 dice: “Ella dio a luz un hijo varón, que pastoreará con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado a Dios y a Su trono”. El hijo varón, quien representa a los vencedores, no será arrebatado al aire, sino al trono de Dios que está en el tercer cielo. La cosecha será llevada al aire, que corresponde al granero, pero las primicias irán al monte de Sión, al trono de Dios, que corresponde a la casa del agricultor. El hijo varón también será arrebatado al trono.

EL TIPO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El Antiguo Testamento presenta un tipo muy claro de este principio en Éxodo 23:19. Allí se dice que las primicias de la tierra debían ser llevadas a la casa de Jehová nuestro Dios. Las primicias no van al granero, sino directamente a la casa de Dios. Esto da a entender que las primicias son para la satisfacción del Padre. Esto nos permite ver que el arrebatamiento de los cristianos no será un evento que ocurrirá únicamente una vez; primero ocurrirá el arrebatamiento de las primicias y después ocurrirá el arrebatamiento de la cosecha. Las primicias serán arrebatadas al tercer cielo, pero la cosecha será arrebatada al aire.

EL TIEMPO DEL ARREBATAMIENTO DEL HIJO VARÓN

Según Apocalipsis 12:5-6, después del arrebatamiento del hijo varón, esto es, después que los vencedores hayan sido llevados al tercer cielo, todavía transcurrirán mil doscientos sesenta días más, o sea, tres años y medio. La mayoría de estudiosos de la Biblia entienden que esos tres años y medio serán la segunda mitad de la última semana mencionada en Daniel 9. Al final de Daniel 9 hay setenta semanas. Primero hay siete semanas más sesenta y dos semanas, las cuales hacen un total de sesenta y nueve semanas. Finalmente hay una última semana. Aquí una semana denota siete años. Este periodo de siete años está dividido en dos partes. La primera parte consta de tres años y medio, y la segunda de otros tres años y medio. Éstos son los tres años y medio mencionados tanto en Daniel como en Apocalipsis. A veces es mencionado mediante la expresión: un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo (Dn. 12:7). Esto significa un año, dos años y medio año, o sea, un total de tres años y medio. Otras veces es designado en forma de cuarenta y dos meses o mil doscientos sesenta días (Ap. 11:2-3; 12:6; 13:5). Los tres años y medio, los cuarenta y dos meses o los mil doscientos sesenta días se refieren todos al mismo periodo de tiempo.

El hijo varón será arrebatado en la mitad de la última semana, lo cual significa que después de su arrebatamiento transcurrirán otros tres años y medio. Esto indica que habrá más de un arrebatamiento de los santos del mismo modo que hay más de una siega en la cosecha. Primero ocurrirá la siega de las primicias, y después la siega de la cosecha en general. Ciertamente la siega de las primicias ocurrirá más temprano, y la siega de la cosecha en general ocurrirá después.

De acuerdo con Levítico 23:22, hay incluso una cosecha adicional. Después de haber segado las primicias y haber recogido la cosecha en general, algunos granos todavía no estarán maduros. Estos granos que están en las esquinas del campo requieren de más tiempo para madurar bajo el sol abrasador. En Levítico 23 a estos granos que maduran tarde se les llama el sobrante o la rebusca.

En principio, la cosecha que Dios efectuará también tendrá tres etapas. Algunos serán cosechados en calidad de primicias, la mayoría será recogida como la cosecha general y unos cuantos serán dejados en el mundo como la rebusca que quedó en las esquinas del campo, los cuales serán cosechados al final de la tribulación. Este es un asunto muy serio. En el campo de trigo, los granos que maduran primero son aquellos que están cerca del centro del campo, mientras que los granos que se hallan en los bordes madurarán al final. Ellos tienen que ser dejados por un tiempo más prolongado en el campo para ser depurados y abrasados por el sol resplandeciente. Entonces ellos también madurarán y estarán listos para la siega. Si deseamos madurar temprano, tenemos que estar en el centro de la vida de iglesia. No se queden en la periferia de la vida de iglesia; pues si lo hacen, es probable que sean dejados en el campo para que puedan madurar.

LA NECESIDAD DE MADURAR

Nosotros somos la labranza de Dios (1 Co. 3:9), y como tal, nuestra cosecha constará al menos de tres etapas diferentes. Aquellos que maduren temprano serán cosechados primero por el Señor y serán los vencedores, quienes constituyen las primicias. Éstos serán llevados por el Señor directamente al trono de Dios en el tercer cielo para satisfacer a Dios mismo. La mayoría será dejada en el campo por otro periodo de tiempo a fin de madurar antes de ser cosechados. Unos cuantos, los cuales están en los bordes de la vida de iglesia, en los rincones del campo, serán dejados hasta el final. El tipo correspondiente a esta clase de cosecha está en Éxodo 23 y Levítico 23; su cumplimiento parcial se halla relatado en Mateo 13, y su cumplimiento en plenitud se relata en Apocalipsis 14. Allí vemos tanto las primicias como la cosecha. Según la descripción hecha en Apocalipsis 14, las primicias son los santos que están saturados del Señor Jesús. Ellos son aquellos cuyo ser ha sido completamente ocupado por Cristo y quienes han sido plenamente conquistados por Cristo hasta llegar a la madurez. El corazón me duele al ver a muchos de los hijos del Señor que parecen ser en cierta manera ignorantes, descuidados y parecen estar embotados con respecto a la necesidad de madurar. ¡Cuánta seriedad reviste el hecho de que somos la labranza de Dios! ¡Somos el cultivo de Dios! Sin duda alguna, somos el trigo, pero ¿cuán maduros estamos? ¿Seremos las primicias, la cosecha o la rebusca? Les ruego que tomen muy en serio estas palabras y traigan este asunto delante del Señor. Por medio de la siega del cultivo de Dios, también llamada el arrebatamiento, el Señor Jesús efectuará la transferencia de la realidad del reino a la manifestación del reino. Mateo 13:43 nos dice: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga”. Aquí, los justos son los vencedores. Los que viven en la realidad del reino de los cielos hoy, serán arrebatados y transferidos al reino del Padre para llegar a ser aquellos que resplandezcan allí.

Extracto del mensaje 39 del libro "El Reino" por Witness Lee  www.lsmespanol.org

 

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La parábola sobre la necesidad de ser fieles: Los talentos

 

Con respecto a la vida cristiana, el Nuevo Testamento revela que primero tenemos que recibir al Espíritu de Dios en nuestro espíritu para ser regenerados; después, debemos crecer. Crecer equivale a ser transformado, y la transformación consiste principalmente en ser renovados en el espíritu de nuestra mente. La transformación y la renovación de la mente dan por resultado que el Espíritu Santo llene nuestra alma. La mente es la parte principal del alma. Ser renovados en el espíritu de nuestra mente equivale a tener nuestra mente llena y saturada del Espíritu. Entonces, el Espíritu que ha impregnado nuestra mente renovará todo nuestro ser. Es así como nuestro ser, o sea, nuestra alma, será saturada del Espíritu y obtendremos la porción adicional de aceite en nuestra vasija.

Como indicamos en el mensaje anterior, ser regenerados consiste en tener un nuevo nacimiento al recibir el Espíritu en nuestro espíritu, lo cual equivale a tener aceite en nuestra lámpara. Pero tener aceite en la vasija significa tener al Espíritu en nuestra alma, y equivale a crecer en vida, ser transformado, ser renovado en todo nuestro ser y llenar nuestra alma del Espíritu Santo de Dios. Es así como velamos y nos preparamos para la venida del Señor. Así también nos preparamos para ser arrebatados a la presencia del Señor.

D. La parábola sobre la necesidad de ser fieles

Habiendo ya estudiado la parábola sobre la necesidad de velar (25:1-13), procedamos ahora a estudiar en este mensaje la parábola sobre la necesidad de ser fieles (25:14-30). La parábola de las vírgenes muestra la necesidad de velar, pero la de los talentos presenta la necesidad de ser fieles.

 

Cuando estudiamos el capítulo veinticuatro señalamos que, con respecto a los creyentes, existen dos aspectos: el aspecto de velar y estar preparados, y el de ser fieles y prudentes. Los creyentes experimentan estos dos aspectos debido a que tienen una condición doble: una parte se relaciona con la vida, y la otra, con el servicio. Ningún creyente debe descuidar estos dos aspectos; al contrario, es necesario prestar a ambos la atención debida, a fin de tener una vida y un servicio útiles. En lo que corresponde a la vida, somos vírgenes; en lo que corresponde al servicio, somos esclavos. Esto significa que, en cuanto a velar, somos vírgenes, lo cual se relaciona con lo que somos. Pero en cuanto a ser fieles, somos esclavos, lo cual se relaciona con lo que hacemos.

Aunque posiblemente nos agrade el término “vírgenes”, quizás no nos guste oír que somos esclavos; no obstante, no sólo somos vírgenes sino también esclavos. Para las vírgenes el Señor es el Novio, pero para los esclavos El es el Amo. De manera que, no solamente nosotros tenemos una condición doble, sino que también el Señor la tiene. Por una parte, El es nuestro Novio adorable, pero por otra, El es nuestro Amo estricto. En ocasiones El es muy apacible para con nosotros, pero otras veces El nos trata de una manera estricta.

A las vírgenes se les exige algo interno, lo cual es ser llenas del aceite en sus vasijas; pero a los esclavos se les exige algo externo, lo cual es usar el talento espiritual. Ser llenos del Espíritu Santo es el aspecto interno; pero usar el talento, el don espiritual, es el aspecto externo. Como vasos necesitamos interiormente el aceite, y como esclavos necesitamos exteriormente los talentos.

El aceite que llena la vasija llega hasta el fondo de ésta, o sea que, la renovación y la transformación de nuestro ser se efectúan desde nuestro interior. Hoy la mayoría de los cristianos carecen de esta obra interior; en cambio, muchos cristianos se esfuerzan por mejorar su apariencia exterior. La religión se interesa por la conducta exterior, pero la gracia de Dios se ocupa de llenar nuestro ser con el Espíritu Santo y de transformarnos desde nuestro interior. El aceite interior es muy distinto al maquillaje exterior. El maquillaje cambia de inmediato nuestra apariencia externa, pero el camino que Dios ha establecido consiste en que bebamos del Espíritu y le permitamos llenar nuestro ser. Así, nuestra apariencia ciertamente cambiará, pero el cambio ocurrirá desde nuestro interior. Por ejemplo, si como, bebo y recibo una alimentación nutritiva que llene mi ser, tendré un semblante saludable.

El hecho de que debemos ser renovados desde nuestro interior no significa que no se requiera cierta actividad exterior. Aquel que recibió cinco talentos los negoció diligentemente y ganó otros cinco. Esto indica que necesitamos tanto la renovación interior como el servicio exterior; es necesario tanto el crecimiento interior como las actividades prácticas. Debemos permitir que este principio deje una impresión profunda en nosotros: en relación al aspecto de vida, tenemos que ser renovados desde nuestro interior; en relación al aspecto del servicio, tenemos que ser muy activos prácticamente. En ocasiones, estamos tan ocupados con las actividades que descuidamos la renovación interior; pero otras veces, nos preocupamos tanto por la vida interior que no trabajamos adecuadamente. Esta condición equivale a ser como una torta no volteada (Os. 7:8). De un lado estamos quemados como el carbón, y del otro lado, estamos crudos; no se puede comer ninguno de los dos lados. Debemos ser como una torta volteada y bien horneada de ambos lados. Si trabajamos mucho, el Señor nos dirá que debemos reposar; pero si descansamos mucho, el Señor nos dirá que debemos trabajar.

1. Un hombre que sale al extranjero

El versículo 14 dice: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que al irse al extranjero, llamó a sus esclavos y les entregó sus bienes”. Esta parábola de los talentos, tal como la de las diez vírgenes, tiene que ver con el reino de los cielos. Aquí el hombre es Cristo, quien estaba a punto de ir al extranjero, es decir, a los cielos.

2. Entrega sus bienes a sus siervos

Este versículo dice que el hombre entregó sus bienes a sus esclavos. Los esclavos representan a los creyentes en el aspecto del servicio (1 Co. 7:22-23; 2 P. 1.1; Jac. 1:1; Ro. 1:1). Como hemos visto, la condición de los creyentes en relación a Cristo tiene dos aspectos: en cuanto a vida, son vírgenes que viven para El; en cuanto al servicio, la obra, ellos son los esclavos que El ha comprado y que le sirven.

Pienso que los bienes que fueron entregados a los esclavos incluyen el evangelio, la verdad, los creyentes y la iglesia. Los creyentes son la herencia de Dios, Su posesión (Ef. 1:18). En Mateo 24:45 vemos que los creyentes son también la casa de Dios, Su familia.

3. A uno da cinco talentos,
a otro dos y a otro uno

El versículo 15 dice: “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue”. En la parábola de las vírgenes el aceite representa el Espíritu de Dios, mientras que en esta parábola, los talentos representan los dones espirituales (Ro. 12:6; 1 Co. 12:4; 1 P. 4:10; 2 Ti. 1:6). En cuanto a la vida necesitamos el aceite, el Espíritu de Dios, y necesitamos que El nos llene a fin de que podamos vivir como vírgenes para el testimonio del Señor; en cuanto al servicio, la obra, necesitamos el talento, el don espiritual, para ser equipados como buenos esclavos a fin de llevar a cabo la obra que el Señor quiere realizar. Ser llenos del Espíritu en vida nos capacita para usar el don espiritual en el servicio, y el don espiritual en el servicio corresponde a ser llenos del Espíritu en vida, lo cual nos hace miembros perfectos de Cristo.

El versículo 14 dice que el hombre entregó sus bienes a los esclavos, pero el versículo 15 dice que les dio talentos. Esto indica que los talentos dados (v. 15) son los bienes entregados (v. 14). En otras palabras, el Señor usa Sus bienes como talentos para nosotros. Por ejemplo, el evangelio es una posesión del Señor, pero cuando El nos lo entrega, llega a ser nuestro talento. De igual modo, la verdad es una posesión del Señor, pero cuando El nos la da, llega a ser un talento. Bajo este mismo principio, todos los creyentes son posesiones del Señor. Cuando los creyentes nos son dados, llegan a ser nuestros talentos. Sin los creyentes, mi talento no sería tan grande. Además, la iglesia es la posesión del Señor. Cuando la iglesia nos es dada, ella llega a ser nuestro talento. Cuantas más posesiones nos dé el Señor, más talentos tendremos. De igual manera, cuantas más cargas recibamos del Señor, más talentos tendremos.

Muchos cristianos saben que en esta parábola los talentos son los dones, pero no se dan cuenta de que las posesiones del Señor son la fuente de donde originan los dones. Hoy las posesiones del Señor consisten principalmente en el evangelio, la verdad, los creyentes y la iglesia. Si usted no se interesa por estos bienes, no poseerá ningún talento. El evangelio tiene que llegar a ser nuestra posesión, al igual que la verdad, los creyentes y la iglesia. Mis talentos no provienen de mi hombre natural; mis talentos son el evangelio, la verdad, los creyentes y la iglesia. Si me quitara todo esto, me quedaría sin nada. Mi talento es tan grande porque no sólo me ocupo del evangelio y la verdad, sino también de miles de creyentes y de cientos de iglesias. Esta es la razón por la que este ministerio ha tenido impacto.

No deberíamos esperar, de modo indiferente, a que el Señor nos dé algo; más bien, debemos buscar diligentemente el evangelio y la verdad. Debemos estudiar ávidamente y conocer los temas de la caída del hombre, la redención, regeneración, salvación, la limpieza de nuestros pecados por la sangre y el lavamiento del Espíritu. Todos estos son aspectos del evangelio completo. Entre más conozcamos el evangelio, más talentos tendremos. Debemos orar para que el Señor nos ayude a conocer y a experimentar la verdad; debemos experimentar la verdad con respecto a la iglesia, el propósito eterno de Dios y la economía de Dios. De esta manera, tales verdades llegarán a ser nuestros talentos y seremos capaces de ministrarlas a los demás. Al hacer esto, los bienes del Señor se convertirán en nuestros talentos. Además, tenemos que orar: “Señor, quiero cuidar a los santos y sobrellevar sus cargas. Abro mi corazón para recibirlos”. Si tenemos un corazón que pastoree a los santos y sobrellevamos sus cargas, entonces ellos, que son la posesión del Señor, nos serán dados como un talento. ¡Cuán agradecido estoy de que tantos santos y cientos de iglesias han llegado a ser mi talento! Mi ministerio está sólidamente respaldado por todos los santos y todas las iglesias del Lejano Oriente. Si el Señor me envía a otro lugar, contaría también con el apoyo de las iglesias en los Estados Unidos, porque ellas han sido añadidas a mi talento.

Si desea recibir más talentos, usted debe tener un corazón dispuesto a cuidar de los santos. Por ejemplo, si alguien está desempleado, debería orar por él y sobrellevar sus cargas. Esto sería una demostración de que el Señor le ha dado esa persona a usted como un talento. Sin embargo, si usted no sobrelleva las cargas de los santos ni cuida de ellos, esto quiere decir que ha abandonado los bienes del Señor. Cada santo querido forma parte de las posesiones del Señor. No es un asunto insignificante cuidar de los santos, porque ellos son la posesión del Señor.

Cuando los bienes del Señor están en Su mano, ellos son Su posesión, pero cuando nos son entregados, estos llegan a ser nuestro talento. Nunca abandone la carga que el Señor le haya dado. No importa si estoy muy ocupado, no puedo despreocuparme de ningún talento recibido, porque hacer esto sería desechar los bienes del Señor. El Señor está llevando a cabo una obra vasta en Su recobro, y para realizar esta labor El necesita que miles de jóvenes se levanten y asuman esta responsabilidad.

El talento no se refiere a lo que recibimos por nacimiento, sino a una carga recibida de parte del Señor. Cuando usted tome la carga, recibirá el talento. Por ejemplo, si usted toma la carga de una iglesia local, recibirá un talento; pero si toma la carga de cinco iglesias, recibirá cinco talentos. Durante los últimos veintiocho años, más de doscientos ochenta iglesias han sido edificadas bajo este ministerio. Recientemente, cuando fui acusado y criticado, pregunté al Señor si este ministerio estaba mal o no. En Su respuesta, El me indicó que la forma de conocer el árbol es por su fruto. El me dijo que viera cuántas iglesias había establecido y edificado este ministerio. No obstante, si somos ambiciosos, la ambición matará los talentos.

4. Da a cada uno conforme a su capacidad

Aunque los talentos no son nuestras habilidades, sino los bienes del Señor, estos nos son dados conforme a nuestra capacidad. Nuestra capacidad se compone de lo que somos como seres creados por Dios más nuestro aprendizaje. La utilidad de nuestra capacidad depende de cuán dispuestos estemos de corazón; si no estamos dispuestos de corazón, no tendremos la capacidad de recibir el talento. La capacidad de recibir el talento es proporcional a la disposición de nuestro corazón.

5. Los que recibieron cinco
y dos talentos negocian con ellos

Los versículos 16 y 17 dicen: “Inmediatamente el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco. Asimismo el que había recibido dos, ganó otros dos”. Negociar con los talentos equivale a usar el don que el Señor nos ha dado, y ganar otros talentos significa que el don que recibimos del Señor ha sido usado a su máximo potencial, sin pérdida ni desperdicio alguno.

De acuerdo con el capítulo veinticuatro, el esclavo debía proveer alimento a la casa. Esto se refiere a ministrar la Palabra, la cual nutre con las riquezas de Cristo como suministro de vida, a quienes constituyen la casa de Dios. Sin embargo, aquí habla de negociar con los talentos a fin de multiplicarlos. Por lo tanto, el resultado de nuestro servicio tiene dos aspectos: el primero consiste en que otros son ricamente alimentados y nutridos, y el segundo, en que logramos multiplicar los bienes del Señor. Por ejemplo, entre más predicamos el evangelio, más rico llega a ser. Sucede lo mismo con las verdades. Cuando ministramos las verdades a otros, éstas se multiplican. Sucede también lo mismo con los santos y con las iglesias; tanto los creyentes como las iglesias se multiplicarán. De manera que, cinco talentos se convierten en diez, y dos talentos llegan a ser cuatro.

6. El esclavo que recibe un talento,
cava en la tierra y lo esconde

El versículo 18 dice: “Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor”. Esta parábola hace hincapié principalmente en aquel que recibió un solo talento, es decir, el don más pequeño. Es muy fácil que los menos dotados no usen bien su don o que no lo tomen en cuenta.

La tierra representa al mundo; por consiguiente, cavar en la tierra significa involucrarse con el mundo. Cualquier asociación con el mundo, cualquier participación en él, incluso una pequeña conversación mundana, enterrará el don que hemos recibido del Señor. La expresión “escondió el dinero de su señor” significa no usar el don del Señor, desperdiciándolo con ciertos pretextos humanos. Poner cualquier excusa para no usar el don del Señor equivale a esconderlo. Este peligro se encuentra siempre en aquellos que han recibido un solo talento, aquellos que consideran su don como el más pequeño.

El esclavo que recibió un solo talento no lo multiplicó. Por ejemplo, en cierta región puede haber una iglesia, y diez años después, sigue habiendo sólo una iglesia en toda esa región. Algunos pueden pensar que el esclavo que recibió un talento hizo bien en no perder el talento y en devolver al Señor lo que era de El. El esclavo de un talento parecía decir: “Señor, aquí está lo que es Tuyo. Tú me entregaste un talento y yo he sido fiel guardándolo, protegiéndolo y preservándolo. Por Tu misericordia y gracia, lo he guardado”. Pero nuestro servicio debe producir ganancias, es decir, los talentos tienen que multiplicarse. La voluntad de Dios no es que simplemente mantengamos lo que El nos ha dado. Si usted es fiel en guardar el evangelio, la verdad y la iglesia, pero no obtiene ningún incremento ni multiplicación, el Señor dirá que usted ha sido perezoso y además lo llamará esclavo malo. A los ojos del Señor es algo maligno enterrar el talento y no hacer que se multiplique. Al Señor no le interesan nuestros argumentos ni excusas, a El sólo le interesa que logremos multiplicar el talento en dos. Este es un asunto muy serio. Nuestro servicio debe alimentar y satisfacer a los demás, y debe producir más talentos.

Mensaje 65 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee, LSM

 

En este mensaje seguiremos estudiando la parábola que habla de ser fieles (25:14-30).

7. El señor de los esclavos viene
para arreglar cuentas con ellos

El versículo 19 dice: “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos esclavos, y arregló cuentas con ellos”. La expresión “mucho tiempo” se refiere a toda la era de la iglesia, y “vino” hace referencia al descenso del Señor al aire (1 Ts. 4:16) en Su venida, Su parusía. Después de enterrar el talento, el esclavo malo pensaba que todo estaría bien. No tenía la menor idea de que su señor vendría para arreglar cuentas con él. La expresión “arregló cuentas” indica el juicio del Señor en Su tribunal (2 Co. 5:10; Ro. 14:10) en los aires, (dentro de Su parusía) donde serán juzgadas la vida, la conducta y las obras de los creyentes, y en donde recibirán recompensa o castigo de parte del Señor (1 Co. 4:5; Mt. 16:27; Ap. 22:12; 1 Co. 3:13-15).

8. Los de cinco y dos talentos son recompensados

El versículo 20 dice: “Y acercándose el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; mira, otros cinco talentos he ganado”. El esclavo que había recibido cinco talentos se acerca a su señor; esto se refiere a que compareceremos ante el tribunal de Cristo. Ganar otros cinco talentos es el resultado de usar al máximo el don de cinco talentos.

El versículo 21 dice: “Su señor le dijo: Bien, esclavo bueno y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. La palabra “poco” indica la obra del Señor en esta era; “sobre” significa la autoridad para reinar en el reino venidero; y “mucho” se refiere a las responsabilidades del reino venidero. La expresión “el gozo de tu señor” indica el disfrute que tendremos del Señor en el reino venidero. Esto se refiere a la satisfacción interna, y no a la posición externa. Participar del gozo del Señor constituye la recompensa más grande, y es mejor aun que la gloria y la posición en el reino. Aquí vemos que la recompensa dada al esclavo fiel tiene dos aspectos: la autoridad y el disfrute. El esclavo fiel entrará directamente a la presencia del Señor en la manifestación del reino.

Se le da la misma recompensa al que tenía dos talentos como al que tenía cinco. Cuando vino el que tenía dos talentos y dijo que él también había ganado otros dos talentos, el Señor le dijo lo mismo que le había dicho al de cinco talentos (vs. 22-23). Aunque el don dado al de dos talentos era más pequeño que el don otorgado al de los cinco talentos, en ambos casos la evaluación y la recompensa del Señor fueron las mismas. Esto indica que la evaluación y recompensa del Señor no se relacionan con nuestras obras, por muy numerosas y buenas que sean, sino con nuestra fidelidad en usar el don a su máximo potencial. El que tenía un solo talento habría sido felicitado y recompensado de la misma manera si hubiera sido fiel como los otros.

9. El de un talento es reprendido y castigado

El versículo 24 dice: “Pero acercándose también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no aventaste”. El que había recibido un solo talento y no había producido ninguna ganancia para el Señor, también compareció ante el tribunal de Cristo en los aires. Esto no sólo demuestra que era salvo, sino que también había sido arrebatado al aire. Ningún incrédulo podrá ser arrebatado ni podrá comparecer ante el tribunal de Cristo.

El de un talento dijo que el Señor era un hombre duro, que segaba donde no había sembrado y recogía donde no había aventado. Aparentemente, el Señor es duro al ser tan estricto. El exige que usemos el don al máximo para Su obra, lo cual requiere nuestra entrega incondicional. Pareciera que la obra del Señor empieza siempre desde cero, pues aparentemente nos exige que trabajemos por El sin nada, segando donde no sembró y recogiendo donde no aventó. Aquel que recibió un talento no debe tomar eso como pretexto para descuidar el uso de su don; más bien, debería sentirse obligado a ejercitar su fe para usar su don al máximo.

El versículo 25 dice: “Por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo”. Tener miedo es algo negativo. Nosotros, por el contrario, debemos ser positivos y agresivos al usar el don del Señor. Si somos fieles, no tendremos miedo alguno.

El esclavo que tenía un solo talento fue y lo escondió en la tierra, lo cual muestra mucha pasividad. Debemos ser activos en la obra del Señor. Ya que él enterró su talento, lo más que pudo hacer fue regresarlo al Señor. No es suficiente sólo guardar el don del Señor y no perderlo; debemos usarlo y sacar provecho de ello. El de un talento parecía decir: “Mira, Señor, aquí tienes lo que es tuyo; no perdí nada. He sido fiel en guardar lo que me diste”.

El versículo 26 dice: “Respondiendo su señor, le dijo: Esclavo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no aventé”. Aquí el Señor reconoce que El es estricto en lo que exige de Sus esclavos para Su obra. En cierto sentido, el Señor sí es tal hombre duro. El siempre siega donde no ha sembrado y recoge donde no ha aventado. Es un hecho de que el recobro del Señor empezó de la nada.

En cierto sentido, era cierto lo que el esclavo dijo de que el Señor recogía donde no había aventado y que segaba donde no había sembrado; pero, en otro sentido, esto no era cierto. No deberíamos decir que el Señor no ha aventado, pues El nos ha dado a cada uno por lo menos un talento. El hecho de que nos haya dado tal talento confirma que El ha sembrado y aventado. Ahora el Señor nos envía a recoger donde El no ha aventado y a segar donde El no ha sembrado. Ninguno de nosotros puede afirmar que el Señor no nos ha dado nada, porque al menos hemos recibido un talento. Este talento es la semilla para sembrar y los bienes para esparcir. De modo que, debemos segar donde el Señor no ha sembrado y recoger donde no ha aventado. Lo que el Señor nos dio contiene el elemento productivo. Dondequiera que usemos nuestro talento habrá un resultado productivo, pero éste fruto depende de que ejercitemos el talento y lo pongamos en uso. El talento producirá si lo usamos; pero si lo escondemos, no producirá ninguna ganancia.

Esconder el talento en la tierra equivale a que uno se involucre con algo terrenal, o sea, con algo aparte del Espíritu, como por ejemplo, involucrarse en chismes. Algunos argumentan que no tienen tiempo para ir a visitar a los santos; sin embargo, pierden muchas horas en chismes y charlas vanas. Si vamos al Señor y pedimos Su misericordia y gracia para dejar de parlotear, ahorraríamos mucho tiempo, el cual podríamos invertir para cuidar de los santos.

En el recobro del Señor no tenemos pastores que hayan sido designados para cuidar de los santos, ya que este tipo de concepto pastoral proviene del cristianismo degradado. En el recobro del Señor, cada hermano y cada hermana debe llevar la carga de cuidar de otros, en especial de los jóvenes y de los nuevos contactos. Después de las reuniones, muchos acostumbran visitar siempre a los que ya conocen. En lugar de hacer esto, deberían aprovechar la oportunidad para conocer a los nuevos contactos y a los jóvenes, y aun para comunicarse con alguien que haya tropezado y por quien han estado orando. Si cada uno de nosotros practicara esto, serían atendidos todos los jóvenes y los creyentes débiles. Aunque usted sea una persona muy ocupada, todavía tiene el tiempo para cuidar de alguien más, siempre y cuando tenga el corazón de hacerlo y esté dispuesto a ejercitar su talento. Si tan sólo invirtiéramos diez minutos con alguien, podríamos ser de mucha ayuda para la edificación de esa persona. Cuando alguien es pastoreado en esta manera, se sentirá contento, reconocerá que ha sido cuidado y deseará recibir más ayuda. Si todos practicamos esto, nadie será desatendido. No será necesario que los ancianos hagan todo, porque todos funcionarán para cuidar de los demás.

Sin embargo, muchos piensan que la función de ellos consiste exclusivamente en hablar durante las reuniones. Pero la función adecuada de los miembros consiste en ministrar el suministro de vida a otros, cuidando de ellos. El aspecto principal del servicio no es simplemente limpiar el lugar de reunión o darle mantenimiento al jardín; la razón por la que estamos aquí es para tomar cuidado de los bienes de Dios.

No todos tienen la habilidad de hablar en las reuniones. Quisiera decir una palabra de aliento a todos aquellos que no nacieron con la destreza de hablar bien: no es imperativo que usted funcione hablando en las reuniones. Para dar una exhibición, en ocasiones los ancianos tratan de guiar a todos a funcionar en las reuniones, y tal vez digan: “Si usted no funciona, no está en la corriente del Espíritu ni tampoco está al día”. Esta palabra frustra a los que no tienen la habilidad de hablar bien y causa que no deseen venir a las reuniones por temor a que los ancianos los obliguen a funcionar. Se ha formado un concepto de que es algo vergonzoso no hablar en las reuniones, y que hacerlo es glorioso. Es cierto que hace algunos años enseñé que todos podemos profetizar uno por uno. En esa ocasión, tenía una carga genuina de animarlos a que todos hablaran, pero desde ese tiempo se ha creado un concepto erróneo acerca de funcionar en las reuniones. Aunque no deseo impedir a nadie que hable, sí quiero recalcar que nuestra función en la vida de iglesia no consiste simplemente en hablar durante las reuniones.

Todos debemos aprender a usar nuestro talento para multiplicar los bienes del Señor. El Señor nos ha dado por lo menos un talento a cada uno de nosotros, el cual forma parte de Sus bienes; por lo tanto, nuestra carga, deber y responsabilidad, es multiplicar dicho talento. No busque pretextos ni diga que no tiene tiempo para cuidar de otros. No importa cuán ocupado esté, todavía puede funcionar cuidando de algunos, aun si únicamente puede venir a una sola reunión por semana. No piense que usted es muy débil; quizás sea débil, pero aún hay otros que están casi muertos, y ellos necesitan de su ayuda. La mejor forma de usar su talento consiste en cuidar de otros, en interesarse y preocuparse por los demás. Esto no quiere decir que debe entrometerse en los asuntos de los demás; el Señor no lo ha empleado con este fin, sino para cuidar de ellos.

Ya que usted ha recibido un talento, debe usarlo. Antes de venir a la reunión debería orar: “Señor, yo sé que tengo un talento. No quiero enterrarlo involucrándome en asuntos terrenales. Por el contrario, deseo usarlo para cuidar de otros”. Muestre amor por aquellos cuyo corazón se ha enfriado; vaya a visitarlos o invítelos a su casa. Si usted invierte tiempo con el Señor y abre su corazón para preguntarle a quién debería cuidar, el Señor le dará la carga. Cuando visite a otros y tenga comunión con ellos, espontáneamente usará su talento. No diga: “Señor, Tú eres un hombre duro que siegas donde no sembraste y recoges donde no aventaste”. Por el contrario, el Señor ha sembrado y esparcido mucho. Más bien, debemos ver que hay mucho que segar y recoger. ¡Oh, la cosecha es muy vasta, pero los obreros son muy pocos! No hay necesidad ni siquiera de sembrar, simplemente vaya a cosechar. Después de cada reunión hay tiempo para cosechar y recoger. Al hacer esto, ejercitaremos nuestro talento. De este modo, un talento se multiplicará en dos; los dos talentos se convertirán en cuatro; y los cinco talentos llegarán a ser diez. Es así como se multiplicarán las posesiones de Dios que nos han sido encomendadas. Si somos fieles en practicar esto, el recobro del Señor ciertamente se multiplicará.

El versículo 27 dice: “Por tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recobrado lo que es mío con los intereses”. Depositar el dinero con los banqueros se refiere a usar el don del Señor para guiar a otros a la salvación y ministrarles las riquezas de Dios. Los intereses aquí indican el resultado provechoso que obtenemos para la obra del Señor al usar Su don.

En cierto sentido podemos decir que los banqueros son todos los nuevos contactos, los jóvenes y los que se han desanimado. Debemos depositar los bienes del Señor con estos banqueros; ellos no son los hermanos que llevan la delantera, sino los débiles, aquellos que tienen problemas. Supongamos que un hermano tiene algunos desacuerdos con la iglesia y habla negativamente de ella. Los que hablan negativamente de la iglesia por lo general también tienen algo negativo que decir acerca de los ancianos. Tal persona habla de esta manera para vindicarse a sí mismo: si la iglesia está mal, él está bien; pero si la iglesia tiene la razón, es él quien está equivocado. Si los ancianos están mal, él ciertamente queda vindicado. No obstante, a pesar de que disiente, él es un hermano y ama al Señor. ¡Cuán bueno sería que este hermano disidente fuera atendido, no por uno de los ancianos, sino por otro hermano en la iglesia que lo amara y se interesara por cuidarlo! Si este hermano disidente fuese pastoreado por otros santos, gradualmente él regresaría y alabaría al Señor por la iglesia.

Si usa su talento de esta manera para cuidar de otros, no sólo lo multiplicará, sino que usted mismo estará en el tercer cielo, crecerá rápidamente, será renovado en el espíritu de su mente y será transformado. Además, entre nosotros habrá un maravilloso testimonio del Cuerpo de Cristo que todo el universo contemplará. El universo verá que no somos una organización religiosa, sino un Cuerpo viviente. Por esta razón todos tenemos que usar nuestro talento, el cual es la posesión del Señor. El resultado será que los talentos se multiplicarán. Puedo testificar que cuanto más cuidamos de los santos y de las iglesias, más riquezas tenemos.

El versículo 28 dice: “Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos”. Esto significa que, en el reino venidero, a los creyentes perezosos se les quitará el don que el Señor les había dado. El hecho de que el talento se le diera al que tenía diez talentos indica que el don de los creyentes fieles será aumentado.

El versículo 29 dice a continuación: “Porque a todo el que tiene, le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. A todo el que produzca ganancias durante la era de la iglesia, se le dará más en la era del reino venidero; pero al que no ha ganado nada durante la era de la iglesia, aun el don que tenga se le quitará en la era del reino venidero.

El versículo 30 dice: “Y al esclavo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. Esta palabra, usada también en Mateo 24:51, indica que el pasaje de Mateo 25:14-30 complementa la sección de Mateo 24:45-51. Ambas secciones tratan de la fidelidad que se necesita para la obra del Señor. En el capítulo veinticuatro, los versículos del 45 al 51 hablan de la falta de fidelidad de un esclavo que no cumplió la comisión del Señor. Pero los versículos del 14 al 30 del capítulo veinticinco todavía son necesarios para ver el juicio del esclavo infiel que no usó el talento del Señor.

Tanto en el capítulo veinticuatro de Mateo como en el capítulo veinticinco vemos el asunto de la recompensa y el castigo. De acuerdo con Mateo 24:47, la recompensa de los siervos fieles y prudentes consiste en que el Señor los pondrá sobre todos Sus bienes. Pero el esclavo malo que comenzó a golpear a sus consiervos y a comer y beber con los que se emborrachan, será separado y su parte se pondrá con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes (24:49-51). En el capítulo veinticinco, el esclavo de cinco talentos y el de dos talentos fueron recompensados al ser puestos sobre muchas cosas y al entrar en el gozo del Señor. Sin embargo, el perezoso esclavo de un talento fue castigado y echado en las tinieblas de afuera. Según la interpretación de muchos maestros cristianos, ser echado en las tinieblas de afuera significa la perdición eterna de un falso creyente; pero el contexto demuestra que éste no es un entendimiento acertado. Este no es el castigo para creyentes falsos, sino para los verdaderos creyentes que no fueron fieles. Las tinieblas de afuera no se refieren a la perdición eterna, sino a la disciplina durante la era del reino venidero.

La expresión “el llanto y el crujir de dientes” se usa seis veces en el Evangelio de Mateo. Se usa en dos ocasiones para referirse a la perdición de los falsos creyentes (13:42) y de los paganos malignos (13:50). Mateo 13:42 habla de la cizaña, los falsos creyentes que serán echados en el horno de fuego. El horno de fuego no son las tinieblas de afuera, sino el lago de fuego. Mateo 13:50 habla de los gentiles perversos, el pescado malo que equivale a los cabritos mencionados en el capítulo veinticinco. Ellos también serán echados en el horno de fuego. Por tanto, aquellos que perecen en el fuego eterno llorarán y crujirán los dientes.

Mateo 8:12 dice: “Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. Ya que los hijos del reino ciertamente son personas salvas, no serán echados al horno de fuego; más bien, serán echados a las tinieblas de afuera. No creo que haya tinieblas en el horno de fuego. Habrá llanto y crujir de dientes tanto con los que perecen eternamente como con los creyentes derrotados; no obstante, los creyentes derrotados no serán echados en el lago de fuego, sino que serán arrojados a las tinieblas de afuera y quedarán excluidos de la gloriosa esfera de la presencia del Señor.

Mateo 22:13 dice: “Entonces el rey dijo a los servidores: Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. Este caso se refiere a uno que no estaba vestido con traje de boda. Aquí, por supuesto, no se refiere a un incrédulo, sino a una persona salva. Esta persona salva no fue echada al lago de fuego, sino a las tinieblas de afuera.

La misma frase se usa otras dos veces, una en Mateo 24:51 y la otra en 25:30. De acuerdo con Mateo 24:51, el siervo malo será separado de la presencia del Señor y se pondrá su parte con los hipócritas, donde será el llanto y el crujir de dientes. El versículo gemelo, 25:30, dice que el esclavo inútil será echado a las tinieblas de afuera, donde será el llanto y el crujir de dientes. Al leer todos estos versículos vemos que los falsos creyentes (la cizaña) y los gentiles malvados serán echados al horno de fuego, o sea, al lago de fuego, donde será el llanto y el crujir de dientes. Pero los creyentes derrotados, tales como los hijos del reino (capítulo ocho), aquellos que no tengan traje de bodas (capítulo veintidós) y el esclavo infiel (capítulos veinticuatro y veinticinco), serán echados a las tinieblas de afuera. Allí, en las tinieblas de afuera, también habrá llanto y crujir de dientes. Esto no se refiere a la perdición eterna, sino al castigo en la próxima dispensación. Aunque nuestra salvación es eterna, todavía queda pendiente el asunto de la recompensa o el castigo para los creyentes que se efectuará durante la era del reino venidero. Si somos fieles al Señor, seremos recompensados durante la próxima era; pero si no le somos fieles, seremos disciplinados. Esto se puede ver con claridad en la Palabra santa de Dios.

En el mensaje anterior y en este mensaje hemos visto los aspectos de la vida y el servicio. En cuanto a la vida, es necesario velar para ser llenos del Espíritu Santo; y en cuanto al servicio, necesitamos ser fieles para usar los dones del Espíritu Santo. Velar en cuanto a la vida se relaciona con el arrebatamiento temprano, y la fidelidad en el servicio se relaciona con la recompensa. Si velamos y somos fieles, podremos ser arrebatados temprano y recompensados cuando el Señor venga. Ser arrebatados temprano equivale a participar en el disfrute de la fiesta de bodas, y ser recompensados equivale a participar de la autoridad en la era venidera.

Mensaje 66 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee, LSM

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La parábola sobre la necesidad de velar: las diez vírgenes

 

Hemos visto que esta sección, cuyo tema es la profecía del reino con respecto a la iglesia, abarca dos aspectos: velar y estar preparados, y ser fieles y prudentes. El aspecto de velar y estar preparados se relaciona con nuestra vida cristiana, ya que todos debemos vigilar y estar listos para la venida del Señor. Sin embargo, una vida cristiana adecuada debe poner atención no sólo al aspecto de la vida, sino también al aspecto del servicio. En cuanto al servicio debemos ser fieles y prudentes; se muestra fidelidad para con el Señor, pero se ejerce prudencia para con los creyentes. Como ya hemos visto, el capítulo veinticuatro trata ambos aspectos: en cuanto a la vida, debemos velar y estar preparados; y en cuanto al servicio, debemos ser fieles y prudentes.

Aunque en el capítulo veinticuatro se presentan ambos aspectos, no se explican por completo; por tanto, en el capítulo veinticinco todavía existe la necesidad de dar una palabra complementaria de cada aspecto que se presenta en el capítulo veinticuatro. Mateo 25:1-30 completa la sección que se inicia en el capítulo veinticuatro respecto a los creyentes. La parábola de las vírgenes (25:1-13) complementa el aspecto de velar y estar preparados, porque esta parábola revela cómo podemos vigilar y estar listos. Mateo 25:13, el último versículo de esta parábola, dice: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”. Esta palabra se parece mucho a la de Mateo 24:42, lo cual indica que 25:1-13 complementa la sección de 24:40-44 acerca de ser vigilantes aguardando el momento para ser arrebatados.

 

Mateo 24:32-44 trata sobre el tema de velar y estar preparados. Mateo 25:1-13 trata también de lo mismo; por consiguiente, es un complemento de la sección anterior. Bajo el mismo principio, tanto 24:45-51 y 25:14-30 son secciones que presentan el tema de ser fieles y prudentes. Mateo 25:30, que habla de echar al esclavo inútil a las tinieblas de afuera, es un pasaje paralelo a Mateo 24:51; esto indica que Mateo 25:14-30 es el complemento de 24:45-51, donde se habla de la fidelidad en la obra del Señor. Mateo 24:45-51 muestra la infidelidad del esclavo malo en realizar la comisión que recibió del Señor; sin embargo, Mateo 25:14-30 todavía se necesita porque trata de la infidelidad del esclavo en utilizar el talento que recibió del Señor. Aunque Mateo 24:45-51 dice que debemos ser fieles y prudentes, no nos muestra cómo podemos lograrlo; más bien, esto se revela en la parábola de los talentos.

La manera de velar consiste en ser llenos del Espíritu Santo, esto es, en tener una doble porción de aceite. Por nuestro propio esfuerzo no podemos velar ni estar preparados. La única manera de obtener una doble porción de aceite consiste en ser llenos del Espíritu Santo; ésta es la forma de ser vigilantes y estar listos. De igual modo, la manera de ser fieles y prudentes en el servicio del Señor es por medio de los dones espirituales. Sin los dones espirituales, no tenemos la capacidad de ser fieles y prudentes. Nuestra fidelidad y prudencia depende de los dones que recibimos del Señor. Por consiguiente, en el capítulo veinticinco vemos tanto la experiencia de ser llenos del Espíritu como la de usar los dones del Espíritu. El Espíritu nos llena para que tengamos vida y también nos suministra dones para hacernos aptos en el servicio. Todo depende del Espíritu. ¿Cómo podemos velar? Sólo cuando el Espíritu nos llena. Y ¿cómo podemos ser fieles? Sólo por los dones que nos da el Espíritu.

Los números dos y diez son indicios de que las parábolas del capítulo veinticinco complementan a Mateo 24:32-51. Mateo 25:1 dice: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes”. Diez constituye la mayor parte de doce (Gn. 42:3-4; 1 R. 11:30-31; Mt. 20-24). Así que, las diez vírgenes representan la mayoría de los creyentes, los cuales habrán muerto antes de la venida del Señor. Los dos hombres o las dos mujeres que se mencionan en Mateo 24:40-41 representan a los demás creyentes, quienes permanecerán vivos hasta la venida del Señor.

Los dos hombres en el campo o las dos mujeres en el molino representan a los creyentes vivos; sin embargo, cuando llegue la parusía del Señor, la mayoría de los creyentes ya habrán muerto. El capítulo veinticuatro presenta el arrebatamiento de los creyentes vivos pero no menciona nada de los creyentes muertos, ya que este tema lo abarca la parábola de las vírgenes en 25:1-13. El hecho de que las vírgenes “cabecearon todas y se durmieron” (v. 5), indica que murieron. A los ojos del Señor, cuando un santo muere, sólo duerme. Por tanto, las diez vírgenes, que se durmieron, representan a todos los santos que han muerto.

En la Biblia el número doce se relaciona con el pueblo de Dios, pues este número representa el conjunto completo de Su pueblo. En la Biblia, una manera en la que se forma el número doce consiste en sumar diez más dos. El número diez representa la mayor parte de doce, y los dos restantes representan el remanente. Por ejemplo, dos de los doce apóstoles pidieron al Señor que les permitiera sentarse uno a Su derecha y el otro a Su izquierda, mientras que los otros diez se indignaron por ello. En el Antiguo Testamento diez tribus se rebelaron contra la casa de David, mientras que sólo dos de las doce permanecieron fieles. El principio aquí en los capítulos veinticuatro y veinticinco de Mateo es el mismo. En el capítulo veinticuatro vemos el número dos, y en el veinticinco, el diez. Al sumar el diez y el dos, tenemos todo el cuerpo de creyentes. En el tiempo de la venida del Señor, la mayoría de los creyentes ya habrá muerto. Sólo un pequeño número, el remanente representado por los dos hombres en el campo o las dos mujeres en el molino, permanecerá vivo. Por consiguiente, Mateo 25:1-13 es el complemento de Mateo 24:40-41.

Otro indicio de que el capítulo veinticinco complementa al veinticuatro radica en el hecho de que uno de los hombres y una de las mujeres fueron tomados, y el otro hombre y la otra mujer fueron dejados. ¿Por qué fue uno tomado y el otro dejado? La respuesta no se encuentra en el capítulo veinticuatro, sino en el veinticinco. La razón por la que uno fue tomado se debe a que estaba lleno del Espíritu Santo, y la razón por la que uno fue dejado se debe a que no tenía una porción extra de aceite. Consideremos ahora versículo por versículo esta parábola de las vírgenes, la parábola que habla de la necesidad de velar.

C. La parábola sobre la necesidad de velar

1. Las diez vírgenes

Mateo 25:1 dice: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del novio”. La palabra “entonces” aquí significa “en ese tiempo”, es decir, en el tiempo de la parusía. Cuando ocurra la parusía descrita en el capítulo veinticuatro, muchas cosas sucederán. Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes.

Las vírgenes representan a los creyentes en el aspecto de la vida (2 Co. 11:2). Los creyentes, quienes son el pueblo del reino, son como vírgenes puras. Como tales, en esta era oscura llevan el testimonio del Señor, la lámpara, y salen del mundo al encuentro de El. Para esto necesitan que el Espíritu Santo no sólo more en ellos, sino que también los llene.

Los cristianos, en primer lugar, somos vírgenes. El hecho de que seamos vírgenes no es un asunto de trabajo, servicio ni actividad, sino un asunto de vida. Además, no somos sólo vírgenes, sino también somos castas vírgenes puras. El hecho de ser vírgenes no depende de lo que hagamos o seamos capaces de hacer, sino de lo que somos. Sin importar si somos hombres o mujeres, somos vírgenes. Aunque soy un hombre anciano, me conduzco como una virgen; yo nunca abandonaría mi posición de virgen. Aun frente al enemigo, soy una virgen.

a. Toman sus lámparas

El versículo 1 dice que las vírgenes tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del novio. Las lámparas representan el espíritu de los creyentes (Pr. 20:27), el cual contiene al Espíritu de Dios como aceite (Ro. 8:16). Los creyentes irradian desde su espíritu la luz del Espíritu de Dios. Así, llegan a ser la luz del mundo y resplandecen como lámparas en la oscuridad de este siglo (Mt. 5:14-16; Fil. 2:15-16), siendo el testimonio del Señor para glorificar a Dios. Por tanto, como vírgenes, no tomamos las armas para pelear ni tampoco el equipo deportivo para jugar, sino lámparas para testificar, resplandecer y alumbrar. En nuestra mano está una lámpara que brilla para dar testimonio del Señor.

b. Salen

Las vírgenes salieron, lo cual significa que los creyentes salen del mundo al encuentro del Cristo que viene hacia ellos. Las vírgenes no se demoran ni se establecen en ningún lugar; al contrario, salen del mundo. D. M. Panton dice en uno de sus escritos que el mundo es únicamente un sendero, y que al final de ese camino se halla una tumba. Si el Señor tarda en venir, el mundo solamente me proporcionará un lugar de descanso, un sepulcro en el cual reposaré y esperaré la venida del Señor. Nosotros no debemos establecernos en este mundo, sino salir de él.

c. Al encuentro del novio

El novio representa a Cristo quien es agradable y atractivo (Jn. 3:29; Mt. 9:15). Cuán agradable es que en esta parábola el Señor no se compara a Sí mismo con un general victorioso ni con un capitán, sino con un novio, una persona muy placentera. De modo que, nosotros somos las vírgenes que salen a buscarlo, y El es el Novio que viene.

2. Las cinco vírgenes insensatas
no toman consigo aceite

El versículo 2 dice: “Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes”. El número cinco se compone de cuatro más uno, lo cual significa que al hombre (representado por el número cuatro) se le ha añadido Dios (representado por el número uno), y ahora lleva responsabilidad. El hecho de que cinco vírgenes sean insensatas y que cinco sean prudentes, no quiere decir que la mitad de los creyentes sea insensata y la otra mitad sea prudente. Más bien, indica que todos los creyentes tienen la responsabilidad de ser llenos del Espíritu Santo.

El Antiguo Testamento revela claramente que el nú- mero cinco denota responsabilidad. Por ejemplo, los diez mandamientos fueron divididos en dos grupos de cinco. Además, el número cinco aparece frecuentemente en relación con el tabernáculo y su mobiliario: cinco es el factor básico de muchas de sus dimensiones.

Los cinco dedos de nuestra mano muestran cómo está compuesto el número cinco en la Biblia; éste número es el resultado de añadir cuatro más uno. Hemos indicado anteriormente que el número cuatro representa la criatura y el número uno, el Creador. Nuestra capacidad de asumir responsabilidad es el resultado de que el Creador se añadiera a la criatura. Si sólo tuviéramos cuatro dedos, sin el dedo pulgar, nos sería difícil realizar cualquier tarea manual. Esto quiere decir que nosotros las criaturas, como el número cuatro, somos incapaces de asumir responsabilidad por nuestra propia cuenta. Sólo cuando se nos añade Dios tenemos la capacidad de ser responsables.

El versículo 2 dice que cinco de las vírgenes eran insensatas y cinco prudentes. El Señor Jesús menciona a las insensatas primero, porque el problema de asumir responsabilidad no radica en las prudentes, sino en las insensatas. El hecho de que sean insensatas no significa que estas cinco vírgenes sean falsas; en su naturaleza, ellas son iguales a las cinco prudentes.

El versículo 3 menciona la razón por la que son insensatas: “Porque las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite”. El aceite representa al Espíritu Santo (Is. 61:1; He. 1:9). Estas vírgenes eran insensatas porque sólo tenían aceite en su lámpara, pero no tomaron aceite en su vasija. Aunque habían experimentado al Espíritu que las regeneró, no habían sido llenas del Espíritu, es decir, no poseían una porción adicional del Espíritu Santo.

3. Las cinco vírgenes prudentes
toman aceite en sus vasijas

El versículo 4 dice: “Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas”. El hombre es un vaso hecho para Dios (Ro. 9:21, 23-24), y su personalidad está en su alma; por consiguiente, aquí las “vasijas” representan las almas de los creyentes. Las cinco vírgenes prudentes no sólo tienen aceite en sus lámparas, sino también toman aceite en sus vasijas. El hecho de que tengan aceite en sus lámparas significa que el Espíritu de Dios mora en su espíritu (Ro. 8:9, 16), y el hecho de que tomen aceite en sus vasijas significa que el Espíritu de Dios llena y satura sus almas.

Necesitamos entender con claridad la verdad respecto a las lámparas y las vasijas. Conforme al texto original hebreo, Proverbios 20:27 dice que el espíritu del hombre es la lámpara de Jehová. Dentro de la lámpara está el aceite, el cual representa al Espíritu Santo. El Nuevo Testamento revela que nuestro espíritu humano es el lugar donde mora el Espíritu Santo. Según Romanos 9, nosotros somos vasos hechos por Dios. Nuestro ser, esto es, nuestra personalidad, se halla en nuestra alma. Por tanto, la vasija en este versículo representa nuestra alma. Mediante la regeneración recibimos al Espíritu Santo en nuestro espíritu humano, lo cual hace que nuestra lámpara arda. Pero debemos preguntarnos si tenemos o no una porción adicional del Espíritu Santo que llene nuestra alma. Aunque tenemos aceite en nuestra lámpara, todavía necesitamos tener una porción extra de aceite en nuestra alma. Esto quiere decir que el Espíritu debe extenderse desde nuestro espíritu a todas las partes de nuestra alma, entonces tendremos una cantidad adicional del Espíritu Santo en nuestra alma. Somos prudentes si tenemos esta porción adicional; pero si no la tenemos, somos insensatos. En otras palabras, si no nos interesa ser llenos del Espíritu Santo, somos insensatos. Si somos sabios, oraríamos: “Señor, ten misericordia de mí. Quiero tener Tu Espíritu no solamente en mi espíritu, sino también en mi alma. Señor, necesito ser lleno del Espíritu. Necesito que la porción adicional del Espíritu Santo llene todo mi ser”. Sin esta porción extra del Espíritu, no podemos velar ni estar preparados. A fin de vigilar y estar listos, necesitamos ser llenos del Espíritu Santo; es decir, debemos permitir que el Espíritu mismo se extienda desde nuestro espíritu al resto de nuestro ser interior.

4. El novio tarda en venir

El versículo 5 dice que el novio tardó en venir. El Señor Jesús en verdad ha demorado Su venida. En Apocalipsis El prometió que vendría pronto, pero ya han pasado casi dos mil años y aún demora Su venida.

5. Todas las vírgenes cabecean y se duermen

Debido a que el novio tardaba en venir, todas las vírgenes “cabecearon” y “se durmieron”. Cabecear significa enfermarse (Hch. 9:37; 1 Co. 11:30), y el sueño representa la muerte (1 Ts. 4:13-16; Jn. 11:11-13). Al tardarse el Señor en regresar, la mayoría de los creyentes se enfermarán y luego morirán.

6. Un grito a la medianoche

El versículo 6 dice: “Y a la medianoche se oyó un grito: ¡He aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!” La medianoche representa el momento más oscuro de esta era de tinieblas, la noche. Aquel tiempo será el fin de esta era, o sea, el tiempo de la gran tribulación. El grito es la voz del arcángel (1 Ts. 4:16).

7. Entonces todas las vírgenes se levantan

El versículo 7 dice: “Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas”. Levantarse hace referencia a la resurrección de entre los muertos (1 Ts. 4:14). Esta es la resurrección profetizada en 1 Tesalonicenses 4:16 y en 1 Corintios 15:52.

8. Arreglan sus lámparas

Cuando las vírgenes se levantaron, “arreglaron sus lámparas”, lo cual significa que ellas se ocuparon del testimonio de su vida. Esto indica que, en lo que respecta a vivir para el testimonio del Señor, si antes de morir no hemos sido perfeccionados, tendremos que serlo después de la resurrección.

9. Las vírgenes insensatas
piden aceite a las prudentes

El versículo 8 dice: “Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan”. Esta palabra implica que aun después de que los creyentes insensatos sean resucitados, todavía necesitarán que el Espíritu Santo los llene. La expresión “se apagan” comprueba que las lámparas de las vírgenes insensatas estaban encendidas; contenían algo de aceite, pero no tenían una provisión suficiente. Las vírgenes insensatas representan a los creyentes que han sido regenerados por el Espíritu de Dios y en los cuales mora el Espíritu de Dios, pero que no han sido suficientemente llenos de El como para que todo su ser esté saturado de El.

10. La respuesta de las vírgenes prudentes

El versículo 9 dice: “Mas las prudentes respondieron diciendo: No sea que no haya suficiente para nosotras ni para vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas”. Esto indica que nadie puede llenarse del Espíritu Santo en lugar de otros. Podemos pedir prestadas muchas cosas, pero no podemos tomar prestada la experiencia de ser llenos del Espíritu Santo. Esto es como la comida; nadie puede comer por nosotros.

Las vírgenes prudentes dijeron a las insensatas que fueran a los que vendían y que compraran aceite para sí mismas. Aquí los que vendían aceite deben de ser los dos testigos que aparecerán durante la gran tribulación, es decir, los dos olivos, los dos hijos de aceite (Ap. 11:3-4; Zac. 4:11-14). Durante la gran tribulación estos dos hijos de aceite, Moisés y Elías, vendrán para ayudar al pueblo de Dios.

“Comprad” indica que se debe pagar un precio. Para ser lleno del Espíritu Santo hay que pagar un precio, tal como renunciar al mundo, negarse al yo, amar al Señor sobre todo y estimar todas las cosas como pérdida por amor de Cristo. Si hoy en día no pagamos este precio, tendremos que pagarlo después de resucitar. Los que no pagan el precio, no tienen la porción adicional del Espíritu Santo. Finalmente, las vírgenes insensatas comprenderán que deben amar al Señor con todo su corazón y toda su alma, y también se darán cuenta de que es necesario renunciar al mundo y negar el yo.

11. El novio viene y las que están
preparadas entran con El a las bodas

En el versículo 10 dice: “Pero mientras ellas iban a comprar, vino el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta”. La palabra “vino” se refiere a la venida del Señor al aire (1 Ts. 4:16), la cual forma parte de Su parusía. Las que “estaban preparadas” debe de referirse a los invitados a la cena de las bodas del Cordero (Ap. 19:9). Debemos estar preparados (Mt. 24:44) y siempre tener aceite en nuestra vasija; todo nuestro ser debe estar siempre lleno del Espíritu de Dios. Nuestra práctica diaria, mientras esperamos la venida o parusía del Señor, debe ser la de velar y estar preparados.

La expresión “entraron con él” se refiere al arrebatamiento de los creyentes resucitados y llevados al aire (1 Ts. 4:17) cuando el Señor descienda allí durante Su parusía. Las “bodas” en el versículo 10 es la cena de las bodas del Cordero (Ap. 19:9), la cual se llevará a cabo en el aire (1 Ts. 4:17) durante el transcurso de la venida del Señor, Su parusía. Esto sucederá antes de la manifestación del reino y será un disfrute mutuo con el Señor, una recompensa que será dada a los creyentes que estén preparados, es decir, equipados por haber sido llenos del Espíritu Santo antes de morir.

Después de que los que estén listos entren con el Novio a la fiesta de bodas, se cerrará la puerta. Esta no es la puerta de la salvación, sino la puerta por la cual uno entra a disfrutar de las bodas del Señor.

12. Las vírgenes insensatas llegan después,
pero el novio no las conoce

Los versículos 11 y 12 dicen: “Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco”. La llegada tarde de las vírgenes insensatas hace referencia al arrebatamiento tardío de los creyentes resucitados. Ellas finalmente habían pagado el precio por la porción adicional de aceite, pero la obtuvieron muy tarde. El tiempo tiene mucha importancia aquí, pues cuando ellas vinieron, la puerta ya se había cerrado.

Cuando ellas pidieron al Señor que les abriera, El contestó: “De cierto os digo, que no os conozco”. La expresión “no os conozco” conlleva el sentido de no reconocer o no aprobar, como en Lucas 13:25. Las vírgenes insensatas tenían sus lámparas encendidas, salieron al encuentro del Señor, murieron, y fueron resucitadas y arrebatadas, pero tardaron en pagar el precio para que el Espíritu Santo las llenara. Debido a esto el Señor no las quiso reconocer, o aprobar, y no les permitió participar de las bodas. Ellas pierden esta recompensa dispensacional, pero no su salvación eterna.

Al decirles que no las conocía, el Señor daba a entender: “No valoro, ni reconozco ni apruebo la manera en que vivieron sobre la tierra. Además, tampoco apruebo que tardaran tanto”. Por tanto, ellas fueron rechazadas y excluidas del disfrute de la fiesta del reino.

13. Debemos velar

El versículo 13 concluye: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”. Mateo 24:40-44 revela el arrebatamiento de los creyentes que estén vivos y preparados; pero todavía es necesario Mateo 25:1-13 para revelar el arrebatamiento de los que ya han muerto y que serán resucitados. Cuando leemos este pasaje de la Palabra, nos damos cuenta de que debemos estar muy alertas. Velar y estar preparados es un asunto serio.

Ningún otro libro nos da advertencias tan frecuentemente como lo hace el Evangelio de Mateo. Puedo testificar ante el Señor que este libro me ha advertido durante más de cuarenta años. Siempre que me he descuidado un poco, he recordado las advertencias que contiene Mateo. Ciertamente todos los creyentes somos vírgenes, pero, ¿somos vírgenes prudentes o insensatas? Todos debemos responder esta pregunta. Somos prudentes si tenemos la porción adicional del Espíritu Santo en nuestras vasijas; si no tenemos esta porción extra, somos insensatos.

Mensaje 64 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee lsm.org/espanol/

 

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Velad y estad preparados

 

Mateo 24:32–25:30 es una sección con respecto a la iglesia. En este pasaje de la Palabra, lo que el Señor habla se relaciona con dos asuntos: velar y estar preparados, y ser fieles y prudentes. En el capítulo veinticuatro, el tema de velar y estar preparados se presenta en los versículos del 32 al 44, y el de ser fieles y prudentes, en los versículos del 45 al 51. En el capítulo veinticinco la parábola de las vírgenes ejemplifica la virtud de ser vigilantes, mientras que la parábola de los talentos muestra la virtud de ser fieles. Todo esto se relaciona con nosotros. Si queremos ser arrebatados temprano, debemos vigilar y estar preparados para la venida del Señor. Además, debemos servir al Señor siendo fieles y prudentes a fin de recibir Su recompensa. Así que, si velamos, seremos arrebatados, y si somos fieles, obtendremos el galardón. Esta es una descripción clara y general de Mateo 24:32–25:30.

II. CON RESPECTO A LA IGLESIA

A. Velad y estad preparados

La palabra “mas” al principio del versículo 32 indica que se comienza otra sección. Este pasaje, desde el versículo 32 hasta Mateo 25:30, trata de la iglesia. La palabra “mas” indica que el Señor en Su profecía se vuelve de los judíos a los creyentes.

1. La nación restaurada de Israel
es una señal para los creyentes
en cuanto a la consumación del siglo

El versículo 32 dice: “Mas de la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca”. La higuera, que representa a la nación de Israel, fue maldecida en 21:19. La nación de Israel padeció un largo invierno desde el siglo primero d. de C. hasta 1948, cuando fue restaurada. En aquel tiempo su rama era tierna y brotaron las hojas. Para los creyentes esta higuera es una señal del fin del siglo. Una rama tierna es indicio de que le ha vuelto la vida al árbol, y las hojas que brotan indican actividades exteriores. El invierno representa la estación en que todo se seca, esto es, el tiempo de la tribulación (24:7-21). El verano representa la era del reino restaurado (Lc. 21:30-31), que comenzará con la segunda venida del Señor.

El versículo 33 dice: “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas”. La frase “todas estas cosas” se refiere a las cosas predichas en los versículos del 7 al 32. La expresión “está cerca” se refiere a la restauración del reino de Israel (Hch. 1:6), representada por el verano mencionado en el versículo 32.

Ya hemos señalado que la higuera representa a la nación de Israel. Israel es una señal para nosotros, así como la predicación del evangelio del reino es una señal para los judíos. Cuando los judíos vean la predicación del evangelio del reino, deberán darse cuenta de que ésa es una señal del inicio de la tribulación. De igual modo, Israel como higuera es una señal para nosotros con respecto a la venida del Señor. Los discípulos le habían preguntado al Señor acerca de la señal de Su venida y de la señal de la consumación del siglo. En la sección anterior el Señor presenta la señal de la consumación del siglo, que es la predicación del evangelio del reino. Ahora el Señor nos da otra señal, la señal de Su venida. Esta señal es la higuera. Sabremos que el verano, es decir, la restauración del reino mesiánico, está cerca cuando las ramas estén tiernas y broten las hojas.

Hasta hoy aún no se ha cumplido por completo la restauración de Israel. En lo que respecta a la población y la geografía, todavía no se ha efectuado una restauración completa de Israel. Los israelitas y los árabes están disputándose el control de las tierras localizadas al oeste del Jordán y de los altos del Golán. Conforme a la Biblia, tanto los altos del Golán, cerca del monte Hermón, como las tierras al oeste del Jordán pertenecen a la buena tierra; por consiguiente, deben ser de Israel. El Señor es soberano y conoce la situación que prevalece entre Israel y los árabes. El sabe que la restauración de la nación de Israel no se ha consumado plenamente, sino que se está llevando a cabo gradualmente, y que en el tiempo del milenio, alcanzará su plenitud.

2. Todo lo que se profetizó
acerca de Israel se cumple

El versículo 34 dice: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”. Esto se refiere a la higuera que echa brotes tiernos y se viste de hojas. Estas cosas se llevarán a cabo antes de que esta generación pase.

Aquí la palabra “generación” no se refiere a una generación como las que se mencionan en el versículo 17 del capítulo uno, las cuales son un período de tiempo o la vida de cierta persona; más bien, se refiere a una generación comprendida por el lapso de tiempo en que el pueblo está en cierta condición moral, como las generaciones mencionadas en Mateo 11:16; 12:39, 41-42, 45; y Pr. 30:11-14. Esto quiere decir que desde el tiempo en que el Señor Jesús dio esta profecía hasta la plena restauración de Israel, no cambiará la situación moral de esa generación. Esta generación no pasará sino hasta que se efectúe la plena restauración de la nación de Israel. Entonces cambiará la generación, y la situación moral dejará de ser maligna y se volverá buena.

3. Nadie sabe de aquel día y hora,
excepto el Padre

El versículo 36 dice: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. El Hijo, en Su posición como Hijo del Hombre (v. 37), no sabe el día ni la hora de Su regreso.

4. La venida de Cristo es como los días de Noé

En el versículo 37 leemos: “Porque como fueron los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre”. Muchos cristianos han malentendido este versículo. La venida del Señor será como los “días” de Noé. Esto indica que la parusía del Señor será un lapso de tiempo. Este período será como los días de Noé, es decir, que la situación que imperaba en los días de la parusía del Señor será semejante a la que prevalecía en los días de Noé.

Los versículos 38 y 39 dicen: “Pues así como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta de que venía el juicio hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”. El vocablo “pues” indica que este versículo explica por qué y en qué sentido la parusía del Señor será como los días de Noé. En los días de Noé prevalecían las siguientes condiciones: la gente estaba embotada con la comida, la bebida y el matrimonio; y no se dieron cuenta de que el juicio venía, sino hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos. De la misma manera, cuando la parusía del Señor esté cerca, las personas estarán embotadas con las necesidades de esta vida y no se darán cuenta de que el juicio de Dios, representado por el diluvio, vendrá sobre ellas cuando aparezca el Señor. Sin embargo, los creyentes no deben estar embotados en sus sentidos y deben saber con sobriedad que Cristo viene a ejecutar el juicio de Dios sobre este mundo corrupto.

Dios ordenó al principio que, para que el hombre subsistiera, debía comer, beber y casarse. Pero debido a la concupiscencia del hombre, Satanás puede emplear estas necesidades de la vida humana para ocupar al hombre y alejarlo de los intereses de Dios. Al final de esta era, cuando la parusía del Señor esté cerca, dicha situación se intensificará.

La característica más sobresaliente de los días previos al diluvio fue que todos estaban comiendo, bebiendo, casándose y dando en casamiento, lo cual indica que la gente de esos días estaba embotada por el disfrute carnal y mundano. La misma situación impera en la sociedad actual. Satanás, el enemigo de Dios, usa las necesidades de la vida humana con el fin de envenenar a la gente creada por Dios. Todo el género humano ha sido envenenado. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya necesidad de que comamos, bebamos y nos casemos; de hecho, todo esto es indispensable para nuestra existencia. Pero no debemos permitir que estas cosas nos emboten y entumezcan nuestros sentidos. En la sociedad de hoy día toda persona, ya sea joven o vieja, pobre o culta, tiene sus sentidos embotados, lo cual indica que el estilo de vida de esta edad en cuanto a la comida, la bebida y el matrimonio ha envenenado a la gente. Esta era la situación durante los días de Noé, y seguirá igual hasta los días de la parusía del Señor.

Hoy las personas estudian y trabajan a fin de disfrutar de la mejor comida, la mejor bebida y el mejor matrimonio. No tienen en mente las cosas de Dios. ¡Cuán común es hoy la falta de interés en Dios! Este desinterés por Dios prevalece principalmente en los círculos educativos y comerciales. La gran mayoría de los estudiantes universitarios están embotados por su búsqueda de una educación. Su meta al educarse es obtener la mejor comida, la mejor bebida y el matrimonio más exitoso. Aquellos que están en la esfera de los negocios también han sido embotados por el deseo de ganar dinero, además de buscar la mejor comida, bebida y matrimonio. Esto ha sido causa de muchos divorcios. Por ejemplo, cuando un joven es pobre, se casará con cierta clase de mujer; pero si se hace rico, querrá divorciarse de su esposa y casarse de nuevo en su afán por tener una mejor esposa. Esta deplorable situación de la sociedad continuará hasta que culmine en el tiempo de la parusía del Señor. Durante los días de Noé, el punto culminante de la degradación del hombre se dio poco antes de que el diluvio trajera el juicio de Dios. En cierto sentido, la parusía de Cristo será como el diluvio que trae el juicio de Dios. En los días de Noé, el diluvio trajo el juicio sobre la gente embotada; así también la parusía traerá el juicio de Dios sobre este mundo embotado. Cristo descenderá a la tierra y ejecutará el justo juicio de Dios sobre este mundo embriagado y rebelde.

5. Antes de la venida de Cristo,
uno es tomado y otro dejado

Los versículos 40 y 41 dicen: “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; la una será tomada, y la otra será dejada”. De acuerdo con el contexto, la palabra “entonces” significa “en ese tiempo”, indicando que mientras la gente mundana esté embotada por las cosas materiales e ignore el juicio que se acerca, algunos de los creyentes sobrios y vigilantes serán tomados por el Señor. Los que estén embotados y sean insensibles deberían ver esto como una señal de la venida de Cristo.

Los dos hombres mencionados en el versículo 40 deben de ser hermanos en Cristo, y las dos mujeres del versículo 41 deben de ser hermanas en el Señor. Esto lo indica el versículo 42, que nos advierte que debemos velar porque no sabemos cuándo vendrá nuestro Señor. La expresión “velad, pues” y las palabras “vuestro Señor”, comprueban que los dos hombres y las dos mujeres de los versículos 40 y 41 son creyentes. El Señor no exhortaría a los incrédulos a que velaran, ni tampoco Cristo es el Señor de los incrédulos.

Ser tomado equivale a ser arrebatado antes de la gran tribulación. Este arrebatamiento es una señal de la venida del Señor y también es una señal para los judíos. Es muy interesante notar que los dos hombres están trabajando en el campo y que las dos mujeres están moliendo en el molino. Las dos actividades están relacionadas con el hecho de ganarse el sustento trabajando. Existe una diferencia entre la manera en que nosotros ganamos el sustento y cómo lo hace la gente mundana. La gente mundana estudia y trabaja, y nosotros también lo hacemos; sin embargo, la gente mundana ha sido embotada con estas cosas, más no es así con nosotros. En cambio, nosotros simplemente trabajamos para cumplir con nuestro deber y ganarnos el sustento diario. Nuestro objetivo al trabajar no es meramente comer, beber y casarnos, sino que trabajamos para ganarnos el sustento diario a fin de seguir el camino de la cruz y así cumplir el propósito de Dios. Nuestra preocupación principal no es la educación, el empleo ni los negocios.

Cuando oigan esto, algunos de los jóvenes podrían decir: “¡Qué contentos estamos de oír estas palabras! No nos preocuparemos más por los estudios ni por el trabajo. Usaremos todo nuestro tiempo en oración y en tener comunión unos con otros”. Tal actitud es errónea. Recordemos que en el versículo 40 los dos hermanos se encontraban trabajando en el campo, y en el versículo 41, las dos hermanas estaban moliendo en el molino. Moler trigo es un trabajo muy arduo, lo cual indica que nosotros los creyentes no debemos buscar trabajos fáciles; más bien, debemos trabajar duro para ganarnos el sustento. El comer y el beber que se mencionan en el versículo 38 son actividades mundanas, pero la labranza y la molienda mencionadas en los versículos 40 y 41 son tareas santas. Si los que fueron tomados no estuvieran haciendo algo santo, no podrían haber sido arrebatados. ¿Se da cuenta de que trabajar en el campo puede ser una tarea santa, y que funcionar como pastor cristiano puede ser una actividad mundana? Un maestro de la Biblia puede ser mundano, pero una hermana que muele trigo puede ser santa. Muchas de las hermanas que se ocupan en cocinar para sus familias son hermanas santas. No es aquel que habla acerca de la santidad quien es necesariamente santo. A veces, cuanto más hablan de la santidad algunas hermanas, menos santas son. Sería mejor que tales hermanas invirtieran más tiempo cocinando a fin de servir una excelente comida a sus esposos, a sus hijos y a aquellos a quienes brindan hospitalidad. Las hermanas que hagan esto serán santas. Algunas hermanas saben cómo tener comunión en el asunto de ser santas; sin embargo, no saben cómo preparar un buen platillo. Ellas siempre preparan comidas simples para sus familias, dando como excusa que no deben pasar tanto tiempo cocinando. Pero después de algún tiempo los esposos e hijos de ellas están descontentos con esos alimentos. Cuanto más hablan estas hermanas acerca de ser santas, menos santos se vuelven sus esposos e hijos; ellas hablan de la santidad, pero no dan la debida atención y cuidado a sus familias. Necesitamos más hermanas santas que muelan en el molino para producir harina fina. No debemos ser embotados por el mundo, pero sí debemos nutrirnos apropiadamente.

El principio es igual con los trabajos de los hermanos. Un hermano no debería hablar tanto de la santidad y al mismo tiempo descuidar su trabajo. Si lo hace, será despedido. Debemos notar que el arrebatamiento no se llevó a cabo mientras los dos hermanos y las dos hermanas estaban orando, sino cuando trabajaban. Cuando era joven me dijeron que sería maravilloso ser arrebatado mientras estuviéramos orando o leyendo la Biblia; pero el Señor Jesús no habla así. Más bien, El dice que los dos hombres estaban trabajando en el campo y que las dos mujeres estaban moliendo en el molino. Ellos no se encontraban ayunando, orando ni leyendo la Biblia, sino que estaban haciendo sus trabajos cotidianos.

El Señor Jesús ciertamente dio esta palabra con un propósito definido. El quería mostrarnos que, mientras esperamos Su venida y aguardamos ser arrebatados, tenemos que cumplir fielmente nuestros deberes cotidianos. Debemos esmerarnos laborando en el campo y trabajando en el molino. Es menester tener una vida humana balanceada, y no llevar una vida de monje, quienes se consagran a las cosas espirituales pero esperan que otros cuiden de ellos. Los hermanos que trabajan en el campo y las hermanas que laboran en el molino son los que serán arrebatados.

Un proverbio dice que aquel que se convierte en predicador se vuelve inútil. Este proverbio recalca que los predicadores no necesitan trabajar para ganarse el sustento, ya que los demás se encargan de las necesidades de ellos. Sería una vergüenza que nosotros fuéramos así. Debemos trabajar con diligencia y cumplir debidamente con nuestras responsabilidades. Existe la posibilidad de que seamos arrebatados mientras estemos en el campo o en el molino. Las hermanas que son esposas y madres deben esmerarse al moler y deben aprender a preparar las comidas más saludables para su familia. Hermanas, si su esposo o sus hijos no gozan de una buena salud, ustedes serán responsables de esto ante el Señor. En realidad, ustedes serán santas si toman la responsabilidad ante el Señor por la salud de su familia. No gaste su tiempo hablando de la santidad; mejor inviértalo cocinando deliciosos platillos que sean nutritivos. Es menester que ustedes preparen la comida para el sustento de la vida de sus esposos y para criar a sus hijos con buena salud. Todo esto es parte de lo que el Señor habló acerca de trabajar en el molino.

Los hermanos que son padres y esposos deben también laborar diligentemente en sus trabajos, a fin de ganar el dinero necesario para cuidar de su familia. Aquellos que simplemente trabajan para reunir grandes cantidades de dinero en el banco, están embotados; pero nosotros debemos trabajar con el fin de proveerles las mejores cosas a nuestros hijos. De otro modo, no seríamos fieles ni con Dios ni con nuestros hijos. Como padres, debemos esforzarnos en educar a nuestros hijos. No debemos pensar que es suficiente conque ellos terminen la escuela secundaria, y después que obtengan algún empleo de bajo nivel. La expresión “en el campo” significa tomar la responsabilidad de que nuestros hijos sean alimentados de modo nutritivo y que sean educados en la mejor manera posible. No debemos ser de los que aman al mundo y que trabajan a fin de ganar mucho dinero para sí mismos, sino ser aquellos que trabajan diligentemente a fin de ganar suficiente dinero para cuidar de sus familias. Puesto que tenemos una naturaleza humana caída, nos es fácil encontrar cualquier pretexto para no pasar mucho tiempo en el campo o en el molino. Si actuamos de esta manera, no seremos arrebatados. Repito, seremos arrebatados mientras estemos trabajando en el campo o moliendo el grano.

De los dos hombres en el campo, uno es tomado y el otro es dejado; y de las dos mujeres en el molino, una es tomada y la otra es dejada. Esto se debe a que existe una diferencia entre ellos en cuanto a la vida. Pienso que es tomado aquel que está maduro, y es dejado el inmaduro . La diferencia radica en el crecimiento de vida. El arrebatamiento de los vencedores, de los que estén maduros en vida, será una señal para aquellos que sean dejados. Suponga que usted está trabajando en el campo con un hermano y que él sea repentinamente arrebatado a los cielos. Eso ciertamente sería una señal para usted. Suponga que dos hermanas están moliendo en el molino, y una de ellas es llevada por el Señor. ¡Indudablemente esa sería una señal para la hermana que fue dejada!

6. Velar y estar preparados porque
Cristo viene como ladrón

En el versículo 42 el Señor nos advierte que debemos velar porque no sabemos en qué día vendrá. Luego, el versículo 43 dice: “Pero sabed esto, que si el dueño de casa supiese en qué vigilia el ladrón habría de venir, velaría, y no permitiría que penetrasen en su casa”. La expresión “el dueño de casa” se refiere al creyente, y “casa”, a la conducta y la obra del creyente en su vida cristiana. El ladrón viene en un momento inesperado para robar cosas preciosas. El Señor vendrá secretamente, como ladrón, a los que le aman, y se los llevará como Sus tesoros. Así que, debemos velar. Como dice el Señor en el versículo 44: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”. Esta es la venida secreta del Señor que experimentarán los vencedores vigilantes.

B. Sed fieles y prudentes

1. El siervo fiel y prudente suministra
el alimento a tiempo en la casa de su señor

Los versículos del 45 al 51 hablan acerca de la fidelidad y la prudencia. El versículo 45 dice: “¿Quién es, pues, el esclavo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a su debido tiempo?” Se muestra fidelidad para con el Señor, pero se ejerce prudencia para con los creyentes. Uno vela con el fin de ser arrebatado y llevado a la presencia del Señor (v. 42); uno es fiel con el fin de reinar en el reino (v. 47).

La casa que se menciona en el versículo 45 se refiere a los creyentes (Ef. 2:19), quienes constituyen la iglesia (1 Ti. 3:15). Dar alimento se refiere a ministrar la palabra de Dios, la cual contiene a Cristo como suministro de vida, a los creyentes en la iglesia. Todos debemos aprender cómo impartir oportunamente el suministro de vida a la familia del Señor.

Los versículos 46 y 47 dicen: “Bienaventurado aquel esclavo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”. Ser bienaventurado aquí significa recibir como recompensa la autoridad para reinar en la manifestación del reino de los cielos. En dicha manifestación, el Señor pondrá al esclavo fiel sobre todos Sus bienes. Esto será su recompensa.

2. El esclavo malo que golpea a sus consiervos
y come y bebe con los que se emborrachan,
es excluido de la gloria venidera del Señor

El versículo 48 dice: “Pero si aquel esclavo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir”. El “esclavo malo” aquí se refiere a un creyente; esto se ve en el hecho de que él fue designado por el Señor sobre Su casa (v. 45), llamó al Señor “mi señor”, y además creyó que el Señor vendría. El versículo 49 dice que el esclavo malo “comienza a golpear a sus consiervos, y come y bebe con los que se emborrachan”. Golpear a los consiervos significa tratar mal a los demás creyentes, y comer y beber con los que se emborrachan significa asociarse con las personas mundanas, quienes se embriagan con las cosas del mundo.

Los versículos 50 y 51 dicen: “Vendrá el señor de aquel esclavo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le separará, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes”. El problema con el esclavo malo no es que ignore que el Señor viene, sino que no lo espera. A este esclavo no le gusta llevar el tipo de vida que se prepara para la venida del Señor. Por consiguiente, cuando el Señor regrese, lo separará y pondrá su parte con los hipócritas. Ser separado significa ser excluido, lo cual alude a ser separado del Señor en Su gloria venidera. Esto corresponde a la expresión “echadle en las tinieblas de afuera”, que se encuentra al final de la parábola de los talentos (25:14-30), la cual completa esta sección. El Señor no cortará en pedazos al esclavo malo; más bien lo excluirá de Su gloria. Esto equivale a ser echados en las tinieblas de afuera.

Todo aquel que sea echado en las tinieblas de afuera será separado del Señor, de Su presencia, de Su comunión y de la esfera gloriosa en que el Señor estará. Esto no significa perecer eternamente, sino ser castigado en la próxima dispensación. El “esclavo malo” es un creyente verdadero, ¿quién puede negarlo? Si él no fuera un hermano, ¿cómo podría haber sido designado por el Señor para cuidar Su casa? El Señor jamás asignaría tareas a un creyente falso. Ciertamente el esclavo malo representa a una persona salva. En Mateo, el libro que trata del reino, el tema crucial no es simplemente recibir la salvación sino participar del reino mismo: o recibiremos la recompensa de entrar en el reino, o perderemos esta recompensa, seremos excluidos de disfrutar el reino, y sufriremos el castigo y la disciplina al ser echados en las tinieblas de afuera, donde será el llanto y el crujir de dientes.

Mensaje 63 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee lsm.org/espanol/

 

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La segunda venida de Cristo

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO


Lectura bíblica: Mt. 24:3, 27, 37, 39; Ap. 12:5; 14:1-4; 2 Ts. 2:8; Ap. 1:7; Mt. 24:36-43; Ap. 10:1; 1 Ts. 4:16-17; Ap. 14:14-16; 2 Co. 5:10; 1 Co. 4:5; Mt. 25:19; Lc. 19:15; Ro. 14:10, 12; Ap. 11:18b; Lc. 14:14; Mt. 24:45-47, 50-51; 25:20-46; Lc. 19:16-26; Ap. 19:7-9; Lc. 14:8a; Mt. 22:2, 11-14; Zac. 12:9; Ap. 19:19-21; Mt. 24:28; Zac. 12:10-14; Ap. 19:11-21; 17:14; 14:17-20; Ro. 11:26-27; Dn. 7:13-14; Lc. 19:12; Ap. 11:15; 20:4, 6

Hemos visto que la enseñanza de los apóstoles tiene que ver con la economía neotestamentaria de Dios desde la encarnación de Dios hasta la consumación de la Nueva Jerusalén. Es la enseñanza completa del Nuevo Testamento desde la primera página de Mateo hasta la última página de Apocalipsis. La enseñanza de los apóstoles en cuanto a la economía neotestamentaria de Dios incluye la encarnación del Dios Triuno, la muerte todo-inclusiva de Jesucristo, la resurrección de Jesucristo, la ascensión de Cristo, el derramamiento del Espíritu Santo para el bautismo de todos Sus creyentes en un Cuerpo, el ministerio de Cristo en Su ascensión, el arrebatamiento de los santos, los siete sellos, las siete trompetas, y las siete copas, que están relacionados con el arrebatamiento de los santos y la segunda venida de Cristo, la segunda venida de Cristo, el reino de mil años, y la Nueva Jerusalén. En este mensaje queremos tener comunión en cuanto a la segunda venida de Cristo. La segunda venida de Cristo es un gran tema. Su primera venida tuvo lugar en Su encarnación, la encarnación de Dios. Su segunda venida traerá Su reino a la tierra.

LA PAROUSIA PROMETIDA
(PRESENCIA=VENIDA) DE CRISTO

La presencia completa de Cristo entre Sus creyentes

La segunda venida de Cristo es la parousía prometida (presencia=venida) de Cristo. Parousía es la palabra griega que se traduce “venida” (Mt. 24:3, 27, 37, 39) y significa presencia. Esta palabra se usaba para referirse a la venida (presencia) de una persona de gran dignidad. Antes de que el Señor Jesús ascendiera, El prometió que vendría de nuevo. La segunda venida de Cristo será Su presencia entre Su pueblo. La parousía prometida es la presencia íntegra de Cristo entre Sus creyentes.

Incluso hoy día, nosotros disfrutamos de la presencia del Señor, pero ésta no es Su presencia completa. Hoy tenemos Su presencia sólo en el Espíritu, pero no es una presencia física. Un día El estará con nosotros no sólo en el Espíritu sino también físicamente. Hoy podemos percibir la presencia del Señor, pero no podemos verle físicamente (1 P. 1:8). Pero un día, le veremos físicamente en resurrección. Su segunda venida será Su plena presencia entre nosotros. En Mateo 28:20, el Señor prometió que El estaría con nosotros todos los días. El Señor está con nosotros hoy, pero los incrédulos no creen esto debido a que Su presencia entre nosotros no es visible. No obstante, llegará el día en que Cristo vendrá a la tierra en una forma manifiesta, y todos le verán porque Su presencia en nuestro medio será visible.

Empieza con el arrebatamiento a los cielos
del hijo varón y de las primicias

La segunda venida de Cristo, Su parousía, comienza con el arrebatamiento a los cielos del hijo varón y de las primicias (Ap. 12:5; 14:1-4) y termina cuando El se aparece sobre la tierra junto con Sus santos. Su parousía durará probablemente unos tres años y medio. La Biblia nos dice que al final de esta era, habrá un período de siete años, que sera la última de las setenta semanas mencionadas en Daniel 9:24-27. La segunda mitad de estos siete años, los últimos tres años y medio de esta era, será el tiempo de la gran tribulación (Mt. 24:21). Daniel 12:7 y Apocalipsis 12:14 se refieren a estos tres años y medio como a “un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”. Apocalipsis 11:2 y 3 nos dicen que esta tribulación durará cuarenta y dos meses, o mil doscientos sesenta días. Esto equivale aproximadamente a tres años y medio. La parousía del Señor durará más o menos el mismo tiempo.

La parousía del Señor comenzará con el arrebatamiento del hijo varón mencionado en Apocalipsis 12:5. La mujer universal de Apocalipsis 12 representa la totalidad de los escogidos de Dios. Ella está vestida del sol, la luna está debajo de sus pies y sobre su cabeza hay una corona de doce estrellas. Esto quiere decir que aunque ella está sobre la tierra, es una mujer celestial (véase la nota en Apocalipsis 12:1, en la Versión Recobro). Del pueblo que Dios ha escogido, tipificado por esta mujer, nace un hijo varón. Ese hijo es en realidad una entidad corporativa, que representa a la parte más fuerte del pueblo de Dios. El hijo varón está compuesto de los santos vencedores que han muerto, tanto en la epoca del Antiguo Testamento como en la del Nuevo. Los santos del Antiguo Testamento, tales como Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, y Jacob, estarán incluidos en ese hijo varón que será arrebatado para el trono de Dios. Apocalipsis 12 revela que este arrebatamiento ocurrirá antes de los tres años y medio de la gran tribulación (vs. 5-6).

El arrebatamiento de los vencedores que estén vivos, también sucederá antes de la gran tribulación. Este sera el arrebatamiento de las primicias de los creyentes, como se ve en Apocalipsis 14:1-4. Estos vencedores que estén vivos serán arrebatados al monte de Sion en el cielo (He. 12:22). Ellos serán los primeros frutos maduros de la labranza de Dios. De ahí que, ellos serán recogidos antes de la cosecha como “primicias para Dios y para el Cordero” (Ap. 14:4). La parousía del Señor empieza desde el arrebatamiento de los vencedores.

Termina cuando Cristo aparece
sobre la tierra

Esta parousía del Señor terminará con la aparición de Cristo sobre la tierra. En 2 Tesalonicenses 2:8 se hace referencia a “la manifestación de Su venida”. La manifestación de la venida del Señor tendrá cierto resplandor. La manifestación de la venida de Cristo es el brillo de Su parousía. El anticristo será reducido a nada por la manifestación resplandeciente de la parousía del Señor. En primer lugar, Su parousía será secreta y estará oculta en los cielos. Luego, esta parousía descenderá al aire, y finalmente, Su parousía tendrá una manifestación, y esa manifestación resplandeciente reducirá a nada al anticristo.

La manifestación de Su venida es una expresión particular. Indica que el Señor vendrá de manera oculta antes de aparecer públicamente. También indica que la venida del Señor tardará un período de tiempo. Permanecerá en secreto, y luego aparecerá visiblemente. Mateo 24:27 dice: “Porque así como el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre”. El hecho de que el relámpago salga del oriente y brille hasta el occidente, significa que el aspecto visible de la venida del Señor se verá alrededor del mundo entero. Este relámpago representa el aspecto visible de la venida del Señor. Cristo estará vestido de una nube (Ap. 10:1) y permanecerá en el aire por cierto tiempo; luego, repentinamente aparecerá sobre la tierra como el resplandor de un relámpago.

Su aparición sobre la tierra será vista por todos los hombres. Apocalipsis 1:7 dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por El. Sí, amén”. Todos los ojos que hay en la tierra le verán. Los linajes mencionados aquí, son las doce tribus de la tierra santa quienes le traspasaron y a quienes se hace referencia en Zacarías 12:10-14. Estos versículos dicen que ellos mirarán a Aquel a quien traspasaron y harán lamentación por El. Cuando el Señor aparezca como relámpago, viniendo con poder y gloria para ser visto por todos en la tierra santa, las doce tribus le verán y llorarán. El Señor aparecerá como un rayo de luz y pondrá Sus pies sobre el monte de los Olivos (Zac. 14:4). El descenderá al mismísimo sitio de donde ascendió (Hch. 1:11-12).

EL ASPECTO SECRETO DE LA PAROUSIA DE CRISTO
SU PRESENCIA, SU VENIDA, EN LOS CIELOS

Mateo 24:36-43 describe lo que acontecerá durante el tiempo del aspecto secreto de la venida del Señor en los cielos. Si no tenemos conocimiento del aspecto secreto de Su venida, no podremos entender estos versículos. El versículo 37 dice que la época en que ocurrirá la venida del Señor, la parousía, será como los días de Noé. Esto indica que la parousía del Señor tardará un período de tiempo. Este período será como el de los días de Noé, es decir, la situación durante la parousía del Señor será como la de los días de Noé.

Apocalipsis 14:1 y 12:5 también se refieren al aspecto secreto de la venida de Cristo en los cielos. Apocalipsis 14:1 muestra que Cristo y las primicias, los ciento cuarenta y cuatro mil, están de pie sobre el monte de Sion en los cielos. Apocalipsis 12:5 nos dice que los vencedores serán arrebatados hasta donde está Dios, hasta Su trono.

EN EL PROCESO DE LA PAROUSIA

La parousía del Señor estará en camino. Estará en proceso. Su parousía, Su presencia, se moverá del trono de Dios en el tercer cielo al aire.

Cristo es vestido con una nube en el aire

Apocalipsis 10:1 revela que Cristo viene de los cielos al aire vestido de una nube. En ese tiempo El estará vestido de una nube; todavía no estará “sobre la nube” como se describe en 14:14 y en Mateo 24:30 y 26:64. Estar “sobre la nube” es venir abiertamente, mientras que estar “vestido de una nube” es venir secretamente.

El arrebatamiento de la mayoría de los creyentes
a las nubes en el aire

Cristo permanecerá en el aire por algún tiempo para hacer varias cosas. En primer lugar, El arrebatará a la mayoría de los creyentes a las nubes. En 1 Tesalonicenses 4:16 y 17 se dice: “Porque el Señor mismo con exclamación de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Estos versículos nos hablan del arrebatamiento de la mayoría de los creyentes, incluyendo a todos los santos del Antiguo Testamento.

El hijo varón y las primicias, los vencedores, serán arrebatados al tercer cielo antes de los últimos tres años y medio de la gran tribulación. El hijo varón será arrebatado al trono de Dios en los cielos, y las primicias serán arrebatadas al monte de Sion en los cielos. Pero los santos en su gran mayoría serán arrebatados a las nubes en el aire. Ellos serán arrebatados después de que la parousía de Cristo venga del tercer cielo al aire. Mientras Cristo permanece en el aire, El arrebatará a todos Sus creyentes. El versículo 17 dice que los creyentes en su gran mayoría serán “arrebatados ... en las nubes para recibir al Señor en el aire”. Como creyentes en Cristo, debemos esperar ser arrebatados, pero ¿esperamos ser arrebatados al trono de Dios o al aire? El trono es un lugar más elevado que el aire. El trono de Dios es la cumbre. Escalar una montaña para llegar a su cima no es fácil. Si deseamos ser arrebatados al trono, tenemos que vencer.

Mientras la parousía de Cristo permanece en el aire, Cristo arrebatará a la mayoría de los creyentes. Ellos son la cosecha, no las primicias. Las primicias se mencionan al principio de Apocalipsis 14 (vs. 1-5) y la cosecha se menciona casi al final (vs. 14-16). Entre el arrebatamiento de las primicias y de la cosecha tenemos los tres años y medio de la gran tribulación (vs. 6-13). Apocalipsis 14 nos habla de cuatro cosas: el arrebatamiento de las primicias al monte de Sion en los cielos, la manifestación del anticristo para destruir el mundo, la cosecha de la mayoría de los creyentes casi al final de la gran tribulación, y la recolección de las uvas (los hacedores de maldad) para el gran lagar al final de la gran tribulación (vs. 17-20). El trigo en tipología representa el pueblo de Dios, pero las uvas representan a las personas malvadas, lo cual incluye al anticristo y las fuerzas malignas y mundanas, a quienes Cristo destruirá en Armagedón (16:13-16).

Juzgar a todos los santos ante Su tribunal

Después del arrebatamiento de todo el pueblo escogido de Dios de las edades del Antiguo y del Nuevo Testamentos, Cristo juzgará a todos los santos en Su tribunal (2 Co. 5:10; 1 Co. 4:5; Mt. 25:19; Lc. 19:15; Ro. 14:10, 12). Muchos creyentes piensan que cuando Cristo venga de nuevo, todo lo relacionado con ellos estará bien. Ciertamente, si somos vencedores, todo será maravilloso para nosotros cuando El venga. Pero ¿cuál será el caso si somos cristianos derrotados? Mateo 24 y 25 revelan que si los esclavos del Señor son fieles, El los recompensará. Pero si no son fieles, serán castigados. Mateo 24 dice que el esclavo malvado tendrá su porción con los hipócritas, donde habrá lloro y crujir de dientes (vs. 48-51). En Mateo 25 el Señor dice una parábola de un hombre que distribuye talentos a sus esclavos y se va a otro país. A uno él da cinco talentos, a otro dos, y a otro uno. Cuando regresa, les pide cuentas a sus esclavos. En esta parábola, los esclavos que tienen cinco y dos talentos utilizaron plenamente su don y duplicaron lo que su amo les había dado (vs. 16-17). Pero el esclavo de un solo talento se fue y escondió su talento en la tierra (v. 18). El Señor dijo que a este esclavo inútil se le echará a las tinieblas de afuera donde será el lloro y el crujir de dientes (v. 30). Cuando el Señor regrese, le pedirá cuentas a Su esclavo ante Su tribunal. Muchos cristianos tendrán problemas cuando comparezcan ante el tribunal de Cristo. En Mateo 12 el Señor dijo que en el día del juicio los hombres tendrían que dar cuenta de toda palabra ociosa que hubiesen hablado (vs. 36-37). Si nosotros siempre murmuramos y criticamos a otros, ¿cuál será nuestra situación ante el tribunal de Cristo?

La expresión el tribunal de Cristo se halla en 2 Corintios 5:10. Romanos 14:10 llama a este tribunal “el tribunal de Dios”. El tribunal de Cristo es el tribunal de Dios. En 1 Corintios 4:5 Pablo dijo que no debíamos juzgar nada antes del tiempo cuando el Señor venga. Este versículo indica que el Señor juzgará todas las cosas en Su tribunal. Mateo 25:19 y Lucas 19:15 muestran que los siervos del Señor rendirán cuentas a El, y El los recompensará o los castigará. El juicio ante el tribunal de Cristo tendrá por objeto recompensar a los vencedores (Ap. 11:18b; Lc. 14:14; Mt. 24:45-47; 25:20-23; Lc. 19:16-19). También servirá para castigar a los creyentes derrotados (Mt. 24:50-51; 25:24-30; Lc. 19:20-26).

Casarse con Sus vencedores

La tercera cosa que el Señor hará durante Su parousía en el aire será casarse con Sus vencedores (Ap. 19:7-9). En Su tribunal, El dejará en claro quiénes son los vencedores y quiénes son los derrotados. El se casará con los vencedores, dejando en vergüenza a los derrotados, en una posición de castigo para que reciban disciplina. Debido a que los derrotados no han sido perfeccionados, ellos necesitan la disciplina. Las bodas de Cristo con Sus vencedores estará en el proceso de Su parousía.

Después de la boda, sigue la fiesta de bodas. Esta fiesta de bodas será el reino de mil años (Lc. 14:8a; Mt. 22:2, 11-14). La fiesta durará mil años, que son un día a los ojos de Dios (2 P. 3:8). Todo el reino es una fiesta. Debemos recordar que en el proceso de Su parousía, Cristo hará tres cosas: arrebatará a la mayoría de los santos, juzgará a todos los santos en Su tribunal, y se casará con Sus vencedores. Esto también, así como la parte de la parousía del Señor en el tercer cielo, constituye el aspecto secreto de Su venida en el aire.

EL ASPECTO VISIBLE DE LA PAROUSIA,
LA PRESENCIA, LA VENIDA, DE CRISTO A LA TIERRA

Ahora llegamos al aspecto visible de la parousía, la presencia, la venida, de Cristo a la tierra. Como hemos visto en Mateo 24:27, la parousía de Cristo será semejante al relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente. Su venida ocurrirá en los alrededores de Jerusalén, donde estarán el anticristo y sus ejércitos (Zac. 12:9; Ap. 19:19-21; Mt. 24:28). Zacarías 12:9 dice que en aquel tiempo el Señor destruirá a todas las naciones que vengan a pelear contra Jerusalén. Apocalipsis 19 dice que Cristo como el Guerrero celestial con Su esposa, derrotará en Armagedón al anticristo, a los reyes que están sometidos a él con sus ejércitos, y al falso profeta (vs. 11-21; 16:14, 16). Mateo 24:28 dice: “Dondequiera que está el cadáver, allí se juntarán los buitres”. El anticristo y sus ejércitos malignos, quienes pelearán en contra del Señor en Armagedón, serán a los ojos del Señor como un cadáver, que sólo sirve para satisfacer el apetito de los buitres. Tanto el Señor como aquellos que confían el El son comparados con buitres, águilas (Ex. 19:4; Dt. 32:11-12; Is. 40:31), y los veloces ejércitos destructores son comparados con águilas en vuelo (Dt. 28:49; Os. 8:1). Por lo tanto, aquí “los buitres”, depredadores de la misma familia de las águilas, deben de referirse a Cristo y los vencedores, quienes como un veloz ejército vendrán volando a pelear contra el anticristo y sus ejércitos para destruirlos, ejecutando así el juicio de Dios sobre ellos en Armagedón.

El aspecto visible de la venida de Cristo tendrá lugar en Jerusalén, donde estarán las tribus de Israel (Zac. 12:10-11; Ap. 1:7). Como hemos visto, Cristo, junto con los vencedores con quienes acaba de casarse, vendrá para derrotar y destruir al anticristo y sus seguidores (Ap. 19:11-21; 17:14; 14:17-20). El vendrá para salvar a toda la casa de Israel. Romanos 11:26-27 y Zacarías 12:10-14 describen esto. Cuando Cristo regrese, la casa de David, toda la casa de Israel, se arrepentirá, y será salva por Cristo.

Su venida también tendrá como objetivo juzgar a las naciones, preparar “las ovejas” para que sean el pueblo que estará en la tierra durante el milenio. Mateo 25:31-46 muestra que cuando Cristo viene en Su gloria, todas las naciones se juntarán delante de El, y El separará las ovejas de los cabritos. Al hacer esto Cristo prepara las ovejas para que sean el pueblo que estará sobre la tierra durante el milenio.

En el aspecto visible de la venida de Cristo, El hará que Satanás sea atado y echado al abismo (Ap. 20:1-3). El abismo es una sima sin fondo en la cual Satanás será arrojado y atado por mil años. La venida de Cristo también traerá Su reino a la tierra y lo establecerá como el reino de mil años (Dn. 7:13-14; Lc. 19:12; Ap. 11:15; 20:4, 6). En Daniel 7:13 y 14, se nos dice que Cristo como Hijo del Hombre va a Dios el Padre para recibir de El el reino. Lucas 19:12 también nos dice esto. Después de que el Hijo del Hombre recibe el reino, regresa con el mismo. Apocalipsis 11:15 dice que en la venida del Señor, el reino del mundo vendrá a ser de nuestro Señor y de Su Cristo. El Señor establecerá Su reino sobre la tierra como el reino de mil años.

Este mensaje presenta un cuadro somero, y sin embargo, completo y correcto, de la segunda venida de Cristo. Tenemos que comprender que el Señor traerá diferentes juicios durante Su segunda venida y después de la misma. El juicio principal será el juicio en cuanto a quién disfrutará salvación eterna y quién sufrirá perdición eterna. Este juicio tendrá lugar delante del gran trono blanco después del milenio (Ap. 20:11-15). En Juan 5:29 el Señor llama a esto la “resurrección de juicio”. Pero habrá otro juicio ante el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10) antes del milenio. Este juicio no tiene que ver con nuestra salvación o perdición eternas. Este juicio tiene que ver con nuestra recompensa o nuestro castigo. Tenemos que tener claridad acerca de estas clases de juicios.

Mensaje 10 del libro, La enseñanza de los apóstoles por Witness Lee lsm.org/espanol/

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