RUINA "apóleia" ἀπώλεια (Del griego) - Iglesia en Padre las casas

RUINA "apóleia" ἀπώλεια (Del griego) - Iglesia en Padre las casas

Hebreos 10:39 dice: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para ruina, sino de los que tienen fe para ganar el alma”. La palabra griega traducida “ruina” significa lo mismo que destrucción.

La Biblia es el libro más coherente que existe. Aunque aborda muchos asuntos y emplea diferentes términos, la idea principal sigue siendo la misma. Los términos glorificación, perfección y ganar el alma, todos apuntan a lo mismo. Como hemos visto, la glorificación equivale a la perfección, y la perfección es lo mismo que ganar el alma. Nosotros hoy somos seguidores de Cristo. Si hemos de seguirle conforme a Su economía, tendremos que pagar un precio.

Desde un plano humano, seguir al Señor exige que nos abstengamos de lo que nuestra alma disfruta y de los entretenimientos mundanos. Perder tales cosas equivale a perder nuestra alma. Si no estamos dispuestos a pagar el precio para perder nuestra alma hoy, es decir, si no queremos perder ninguna de las cosas que nuestra alma disfruta ni ninguna de las diversiones mundanas en esta era, no le daremos ninguna oportunidad a la ley de vida para que forje a Cristo en nuestro interior.

Perder nuestra alma hoy significa permitir que la ley de vida forje a Cristo en nuestro ser. Esto quiere decir que no consideramos la vivienda, la comida, el vestido, el salir de compras, ni ningún tipo de diversión, como lo más importante, y que lo único que nos importa ahora es la operación que realiza la ley de vida dentro de nosotros. Todos debemos decir: “Estoy dispuesto a pagar cualquier precio para que la ley de vida pueda forjar a Cristo en cada una de las partes internas de mi ser”. Esto es lo que significa ser perfeccionados. Esto también contribuye a nuestra glorificación. Nuestra futura glorificación será la salvación de nuestra alma. Por consiguiente, la perfección, la glorificación y la salvación del alma, se refieren a lo mismo.

En 10:39 el escritor dice que “nosotros no somos de los que retroceden para ruina”. Debido a que hemos sido limpiados con la preciosa sangre del Señor y hemos sido regenerados, y debido a que ahora el Espíritu Santo mora en nosotros, nos hemos convertido en material útil para la economía de Dios, y la ley de vida ahora puede forjar a Cristo en nuestro ser. Si no estamos dispuestos a pagar el precio para que esto suceda, y en lugar de ello retrocedemos, seremos arruinados y ya no podremos ser un buen material para la economía de Dios, el material con el que la ley de vida pueda trabajar. Pero si avanzamos, seguiremos siendo buen material y la ley de vida podrá forjar a Cristo en nuestro ser.

Retroceder nos impide ser el buen material debido a que caemos en los placeres del alma, en las diversiones mundanas y en las actividades religiosas. La palabra griega traducida “ruina” significa lo mismo que destrucción. Esto quiere decir que si nosotros, siendo buen material para la operación de la ley de vida, retrocedemos apartándonos de la economía de Dios, seremos completamente destruidos y dejaremos de ser buen material. En los años pasados he visto a muchos que, siendo buen material, fueron destruidos por haber retrocedido y haberse apartado de la economía actual de Dios. A pesar de que vieron la economía que Dios tiene para el tiempo presente, no estuvieron dispuestos a pagar el precio por ella. Así que, retrocedieron y fueron arruinados. Debemos tener cuidado de no hacer lo mismo.

Ser arruinados significa salvar nuestra alma hoy y perderla en el futuro. También significa vender nuestra primogenitura en lo que se refiere a nuestra glorificación, es decir, renunciar a nuestro derecho de ser plenamente perfeccionados. Los que en el futuro perderán su alma son aquellos que hoy no muestran ningún interés por su futura perfección, glorificación y salvación de su alma. Lo único que les importa son los deleites del alma del tiempo presente. Si estamos dispuestos a pagar el precio y perdemos nuestra alma hoy, en el futuro la ganaremos, y seremos perfeccionados y glorificados.

El escritor, en su deseo de alentar a los creyentes hebreos a que avanzaran en este asunto, les dijo al final del capítulo 10 que nosotros somos de “los que tienen fe para ganar el alma”. Después de haberles hecho una comparación detallada entre el judaísmo y la economía de Dios, él animó a los creyentes hebreos a seguir adelante por fe. Es inmediatamente después de esto que sigue el capítulo 11, el cual nos habla del camino único de la fe. (Extracto del capitulo 47 del Estudio-vida de Hebreos por Witness Lee  www.lsmespanol.org)

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