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Mateo 13:44 dice: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halló y luego escondió. Y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”.

En la Biblia el número siete se compone de seis más uno, tres más cuatro o cuatro más tres. Las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2 y 3 se componen de tres más cuatro. Pero las siete parábolas dadas en Mateo 13 están compuestas de cuatro más tres. Las primeras cuatro parábolas fueron dadas por el Señor desde la barca, al aire libre. Estas son la parábola del sembrador, la de la cizaña, la de la semilla de mostaza y la de la levadura. Las últimas tres parábolas fueron dadas a los discípulos en la casa, en privado. Las parábolas referentes a la apariencia externa del reino fueron habladas públicamente por el Rey celestial desde la barca a las multitudes (vs. 2, 34), mientras que las tres parábolas siguientes fueron dadas en privado a los discípulos en la casa (v. 36). Esto indica que las cosas mencionadas en las últimas tres parábolas están aun más escondidas.

En cada una de las primeras cuatro parábolas se menciona algo relacionado con el comer. De manera que podemos ver que el tema de estas parábolas es el alimento. Dios quiere obtener un pueblo sobre la tierra que constituya Su reino, y que sea como alimento bueno para satisfacer a Dios y a los hombres. Pero el enemigo vino y sembró cizaña entre el trigo para impedir el crecimiento del trigo y hacerle daño. No obstante, algo de trigo ha crecido y se ha multiplicado, de manera que en la cuarta parábola tenemos la harina fina de trigo. El Señor Jesús sembró semillas de trigo porque Dios desea tener harina fina. Aunque Satanás, el enemigo de Dios, sembró cizaña entre el trigo para impedir su crecimiento, Dios no fue derrotado. Algo de trigo creció y produjo grano, y el grano fue molido hasta que fuese harina fina para hacer un pan. Mientras esto sucedía, Satanás hizo crecer anormalmente la hierba de mostaza, la que se esperaba fuera una fuente de alimento, y ésta se convirtió en un gran árbol. Como resultado, la mostaza perdió su función de producir alimento y se convirtió en un lugar de alojamiento para lo maligno. Este es un cuadro de la cristiandad de hoy. En las diferentes organizaciones cristianas podemos ver grandes edificios, numerosas oficinas y un sistema jerárquico complejo. Allí vemos las ramas del gran árbol, pero no encontramos harina fina ni hierba de mostaza. De acuerdo con la cuarta parábola Satanás hizo algo más, a saber, añadió levadura a la harina fina. Aquí vemos la sutileza de Satanás. Primeramente sembró cizaña entre el trigo para impedir su crecimiento; después hizo que la hierba de la mostaza creciera anormalmente hasta que perdió su función; y en tercer lugar, viendo que algo de trigo creció y produjo harina fina para hacer un pan que satisficiera a Dios y a los hombres, Satanás añadió levadura a la harina.

Las primeras cuatro parábolas están relacionadas con la labranza, o el campo de cultivo. En 1 Corintios 3:9 Pablo dice: “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”. En este capítulo vemos que la labranza de Dios finalmente produce oro, plata y piedras preciosas. ¡Cuán misterioso es que la producción del cultivo de Dios llega a ser oro, plata y piedras preciosas, los materiales que sirven como componentes del edificio de Dios. El cultivo de Dios produce fruto de vida, y ese fruto se convierte en los materiales que se usan en la edificación. Así que, la labranza de Dios produce el edificio de Dios.

En las primeras cuatro parábolas de Mateo tenemos la vida que crece, y en la parábola siguiente, el tesoro escondido en el campo. El tesoro debe de consistir en oro, plata y piedras preciosas; es probable que consisten principalmente en piedras preciosas. En la parábola siguiente encontramos la perla. La Nueva Jerusalén está edificada con oro, piedras preciosas y perla. El oro, las piedras preciosas y las perlas son los materiales apropiados para la edificación de la ciudad de Dios. En las primeras cuatro parábolas, el Señor reveló la vida que propicia que Cristo crezca para la formación del reino. En las siguientes dos parábolas El reveló el asunto de la transformación para la edificación. Esto nos regresa al pensamiento básico de la Biblia, que es vida y edificación. Las parábolas en Mateo 13 revelan los asuntos de la vida y la edificación. La vida es Cristo mismo como la semilla sembrada en nuestro ser. Esta vida crece dentro de nosotros y logra que Cristo crezca para la formación del reino. El crecimiento de esta vida finalmente produce piedras preciosas y perlas.

Después de invertir mucho tiempo en Mateo 13 me di cuenta de que el pensamiento básico de este capítulo es el mismo que vemos en 1 Corintios 3. En ambos capítulos tenemos la labranza o cultivo de Dios y Su edificación. Las primeras cuatro parábolas se relacionan con la labranza de Dios en la cual Cristo puede crecer para el establecimiento de Su reino, y las siguientes dos parábolas tienen que ver con la transformación que produce los materiales preciosos para la edificación de Dios. Si este asunto no nos impresiona, no podremos entender la quinta y sexta parábolas.

Hemos consultado en un buen número de libros acerca de Mateo 13, pero ninguno de ellos toca las profundidades de este capítulo. Ninguna de las interpretaciones ofrecidas por esos libros nos satisficieron. Si D.M. Panton dice que el tesoro escondido en el campo es el reino y que la perla es la justicia, entonces ¿por qué en Mateo 6:33 se nos pide buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia? La enseñanza prevaleciente en las Asambleas de los Hermanos no tocaba las profundidades de este capítulo. A pesar de que D.M. Panton vio que el tesoro escondido en el campo se refería al reino, no tuvo la visión clara acerca de la perla. En este mensaje veremos estas dos parábolas claramente.

V. EL REINO ESCONDIDO EN LA TIERRA
CREADO POR DIOS

El versículo 44 dice: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halló y luego escondió. Y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. El tesoro escondido en el campo debe consistir en oro o piedras preciosas, los materiales usados para la edificación de la iglesia y de la Nueva Jerusalén (1 Co. 3:12; Ap. 21:18-20). Puesto que la iglesia es el reino práctico hoy en día, y la Nueva Jerusalén será el reino manifestado en la era venidera, el tesoro escondido en el campo debe de representar al reino escondido en la tierra creada por Dios.

A. El reino de los cielos es semejante
a un tesoro escondido en un campo

El campo mencionado en el versículo 44 es la tierra creada por Dios para Su reino (Gn. 1:26-28). En la Biblia la tierra representa el mundo creado por Dios, y el mar representa el mundo corrompido por Satanás. La tierra también representa a Israel, la nación judía, porque Israel fue escogido y apartado por Dios, y puesto en una situación específica por el Señor. Por lo tanto, el pueblo judío está delante de Dios al igual que la tierra creada por El. Según el mismo principio el mar también representa al mundo gentil, pues los gentiles son los pueblos que Satanás ha corrompido. Por tanto, en la Biblia la tierra y el mar representan dos cosas distintas cada uno.

Las primeras cuatro parábolas en Mateo 13 presentan una clara descripción del llamado cristianismo. Después de declarar estas parábolas, el Señor les dio privadamente a Sus discípulos las parábolas del tesoro escondido en el campo y de la perla procedente del mar. Si entendemos el significado que la Biblia le da a la tierra, sabremos que el tesoro escondido en el campo debe ser el reino, y que la perla producida en el mar debe ser la iglesia. El reino es verdaderamente un tesoro para el Señor. ¡Cuán precioso es el reino para El! La iglesia es también una perla de gran valor para El. El Señor está en constante búsqueda por dos cosas, el reino como el tesoro y la iglesia como la perla. Efesios 5:27 dice que Cristo se presentará a Sí mismo una iglesia gloriosa, que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante. Esta es la iglesia como la perla preciosa proveniente del mundo gentil.

El capítulo uno de Génesis dice que Dios creó la tierra y que creó al hombre a Su imagen con la intención de que éste ejerciera Su dominio sobre los animales, las aves y los peces. Este es el reino terrenal. No obstante, el hombre falló. Pero en el salmo 8 se presenta una profecía. El primer versículo de este salmo dice: “¡Oh Jehová, Señor nuestro. Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” Cuando Dios extienda Su dominio en toda la tierra Su nombre será santificado y exaltado sobre ella. Salmos 8:6 dice, refiriéndose al hombre: “Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”. Los versículos posteriores revelan que el hombre tiene el dominio sobre las bestias del campo, las aves de los cielos, y los peces del mar. Hebreos 2 revela que el hombre descrito en el salmo 8 es Cristo. Cristo es el hombre que introduce el dominio de Dios a la tierra y hace que el nombre de Dios sea excelente sobre ella. De manera que este hombre es el Cuerpo de Cristo, el tesoro sobre la tierra, el reino.

Daniel 2 indica que la tierra estará bajo varias clases de poder mundano, y que Cristo será la piedra que vendrá de los cielos y destruirá esos poderes mundanos (Dn. 2:34-35, 44-45). Esta piedra finalmente llegará a ser un gran monte que llenará toda la tierra. La piedra es Cristo y el gran monte es Cristo agrandado para ser el reino universal sobre la tierra. Todo esto está relacionado con el tesoro en la tierra. Apocalipsis 11:15 dice: “El reinado sobre el mundo ha pasado a nuestro Señor y a Su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos”. Esto se cumplirá durante el milenio, cuando el reino de Cristo llene toda la tierra. Sin duda alguna éste es el tesoro escondido en el campo “el cual un hombre halló y luego escondió. Y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. Este hombre es Cristo, quien encontró el reino de los cielos en Mateo 4:12—12:23. Lo escondió en Mateo 12:24—13:43, y gozoso por ello fue a la cruz en Mateo 16:21; 17:22-23; 20:18-19; y 26:1—27:52, para vender todo lo que tenía y comprar el campo, es decir, redimir para el reino la tierra creada que se había perdido. Cristo primero encontró el tesoro cuando salió a predicar y declaró: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”. Cuando el rechazo de los judíos hacia el Señor llegó a su punto culminante, El los abandonó. De ahí en adelante el Señor escondió el tesoro. Entonces fue a la cruz a comprar no sólo el tesoro sino también el campo, y de esta manera redimir la tierra creada por Dios.

Cristo fue a la cruz a redimir la tierra creada por Dios porque en ella se encontraba el reino, el tesoro. Por causa del reino, el tesoro, Cristo redimió la tierra creada por Dios. Para poder tener el reino sobre la tierra El debía redimirla, pues ésta había sido contaminada y dañada por la caída de Satanás y por el pecado del hombre. El Señor vendió todo lo que tenía y compró la tierra, o sea que en la cruz El sacrificó todo lo que tenía, con el fin de redimir la tierra, por causa del tesoro del reino. Sin duda la práctica de este reino es la vida de la iglesia. Pero su manifestación está relacionada con la redención de la nación de Israel. Durante el milenio la tierra será el reino de Cristo. En ese tiempo, la nación de Israel será el centro de este reino. Por lo tanto, el reino se relaciona principalmente con la nación de Israel.

Extracto del mensaje 39 del Estudio-Vida de Mateo por Witness Lee www.lsm.org/espanol/

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