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La mente, un campo de batalla

OCTAVA SECCION: EL ANALISIS DEL ALMA (2): LA MENTE

CAPITULO UNO

LA MENTE, UN CAMPO DE BATALLA

La mente del hombre es el órgano con el cual piensa. Por medio de ella podemos conocer, pensar, imaginar, recordar y entender. A ella pertenecen el poder intelectual, el raciocinio, la sabiduría y la inteligencia del hombre. Se podría decir que la mente es la parte que se relaciona con el cerebro. En el campo psicológico se le llama lamente, mientras que en el terreno fisiológico se le conoce como el cerebro; o sea que los psicólogos llaman a este órgano la mente, y los médicos lo llaman el cerebro. La mente ocupa un lugar predominante en la vida del hombre porque es la que principalmente dirige su conducta.

ANTES DE LA REGENERACION

En la Biblia se indica que la mente del hombre es un campo de batalla, lo cual es único. En ella, Satanás y los espíritus malignos luchan contra la verdad y contra el hombre. Podemos decir que la voluntad y el espíritu del hombre son una fortaleza que los espíritus malignos intentan atacar y capturar. La mente es el campo donde la batalla se lleva a cabo, y allí la fortaleza es atacada y tomada. El apóstol dijo: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas ante Dios para derribar fortalezas, al derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y al llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co. 10:3-5). El apóstol primero nos habla de la batalla, luego del lugar donde ésta se lleva a cabo, y después nos habla del objetivo de tal batalla. Esta lucha se relaciona con la mente del hombre. El apóstol compara los “razonamientos” con la “fortaleza del enemigo”. Consideraba la mente una fortaleza del enemigo que debía ser derribada y que dentro de ella había muchos pensamientos rebeldes. El apóstol tuvo que derribar la mente del hombre llevando cautivos los pensamientos rebeldes para que fueran sometidos a una obediencia total a Cristo. Estos versículos nos muestran que la mente del hombre es un campo de batalla porque allí los espíritus malignos pelean contra Dios.

La Biblia nos dice que “el dios de este siglo cegó las mentes de los incrédulos, para que no les resplandezca la iluminación del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co. 4:4). Este versículo concuerda con el que citamos anteriormente porque muestra la forma en que Satanás domina la mente del hombre y lo ciega. Quizá alguna persona se considere muy inteligente, capaz de usar diversos argumentos para oponerse al evangelio; otros tal vez no crean porque no han entendido el evangelio; pero lo que realmente sucede en ambos casos es que las mentes de los hombres han sido vendadas por Satanás. Cuando la mente es vencida por Satanás, se endurece (3:14), y los hombres se ocupan de los deseos de la carne y de los pensamientos, y son por naturaleza hijos de ira (Ef. 2:3); son “enemigos en sus mentes” (Col. 1:21) porque “la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios” (Ro. 8:7).

Después de leer estos versículos y ver que los principados de las tinieblas se relacionan principalmente con la mente del hombre, podemos ver que la mente es la parte del hombre que es más fácilmente atacada por Satanás. La potestad de las tinieblas no puede actuar directamente en la voluntad ni en la parte emotiva ni en el cuerpo del hombre, a menos que haya ganado algún terreno en él. Pero no sucede lo mismo cuando se trata de la mente. Parece como si la mente fuera propiedad del enemigo; él no necesita ningún permiso especial ni ninguna invitación de parte del hombre para obrar en su mente. El apóstol compara la mente con la fortaleza del enemigo para mostrar que existe una estrecha relación entre Satanás, con sus espíritus malignos, y la mente del hombre. Satanás y sus espíritus malignos hacen de la mente del hombre su fortaleza para encarcelar al hombre mediante su mente. Imponen su autoridad sobre el hombre valiéndose de la mente de éste; asimismo, por medio de la mente transmiten veneno a otros para que también se rebelen contra Dios. No podemos decir con certeza hasta qué punto la filosofía, la lógica, el conocimiento, la investigación y la ciencia de este mundo provienen del poder y la influencia de las tinieblas, pero algo sí es cierto: los razonamientos que se levantan en contra del conocimiento de Dios son las fortalezas del enemigo.

La proximidad de la mente a la autoridad de las tinieblas no es nada extraño. El primer pecado de la humanidad fue anhelar “el conocimiento del bien y del mal”. Este conocimiento provino de Satanás, así que, el conocimiento, es decir, la mente de la humanidad es especialmente compatible con Satanás. Al leer cuidadosamente la Biblia y observar la experiencia de los santos, podemos ver que toda comunión entre el hombre y Satanás y sus espíritus malignos se lleva a cabo en la mente. Examinemos las tentaciones del diablo como ejemplo. Todas las tentaciones del diablo para con el hombre ocurren en la mente. Es verdad que Satanás con frecuencia usa la carne para obtener el consentimiento del hombre; con todo, en cada caso de seducción el enemigo pone en el hombre algún pensamiento para inducirlo a pecar. No podemos separar las tentaciones y la mente. Todas las tentaciones nos llegan por los pensamientos, ya que éstos son una puerta abierta para la potestad de las tinieblas; por eso, debemos saber cómo guardarlos.

Antes de ser regenerados, nuestros pensamientos nos impiden conocer a Dios. Se necesita el gran poder de Dios para derribar los razonamientos de los hombres. Cuando el hombre es salvo, algo sucede o debe suceder, a saber, el arrepentimiento, el cual, en el texto original en que se escribió la Biblia significa “un cambio de mentalidad”. Debido a que el hombre es enemigo de Dios en su mente, Dios quiere que su mente sufra un cambio para poderle dar vida. Cuando el hombre no cree, su naturaleza está en tinieblas, mas cuando se salva, su mente cambia. Dios quiere que el hombre tenga un cambio de mentalidad, para que luego reciba un corazón nuevo. La mente está tan unida al diablo, que Dios desea que antes de darle al hombre un corazón nuevo, se debe operar un cambio en la mente de éste (Hch. 11:18).

DESPUES DE CREER

Después de que el hombre se arrepiente, su mente no es librada por completo de todas las obras de Satanás, quien sigue obrando mediante la mente. El apóstol dijo a los creyentes de Corinto: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, se corrompan vuestros pensamientos, apartándose de alguna manera de la sencillez y pureza para con Cristo” (2 Co. 11:3). El apóstol sabía que el dios de este siglo había cegado las mentes de los incrédulos, y que de la misma manera, engaña la mente de quienes han creído. El sabía que aunque ellos ya habían sido salvos, sus mentes todavía no habían sido renovadas y, por lo tanto, la mente seguía siendo el campo de batalla más estratégico. La mente recibe más ataques de parte de la autoridad de las tinieblas que ningún otro órgano del hombre. Debemos saber que los espíritus malignos de Satanás prestan especial atención a nuestra mente y es allí donde siempre nos atacan. “La serpiente con su astucia engañó a Eva”. Satanás no atacó primero el corazón de Eva, sino su mente. De la misma manera, los espíritus malignos primero atacan nuestra mente, no nuestro corazón, con el propósito de corromper la sencillez de nuestra fe. Ellos saben que nuestra mente es el punto más débil. Antes de que creyéramos, nuestra mente era su fortaleza; pero todavía quedan muchos lugares que no han sido derribados donde operan, pues saben que pueden derrotarnos. El corazón de Eva no tenía pecado, pero ella aceptó en su mente el pensamiento sugerido por Satanás. Fue engañada por la astucia del enemigo hasta el punto en que su mente no pudo razonar, y cayó en la trampa. Por lo tanto, es inútil que el creyente se jacte de que sus motivos son rectos; más bien debe adiestrar su mente para que resista a los espíritus malignos, pues de no ser así, el diablo lo tentará y engañará su mente e incluso hará que su voluntad pierda el poder de decidir.

En 2 Corintios 11:4 Pablo nos dice de dónde proviene este peligro. Algunos predicarán a “otro Jesús”, haciendo que “reciban otro espíritu” y acepten “otro evangelio” (v. 4). Esto nos muestra el peligro que existe de que se introduzcan en las mentes de los creyentes enseñanzas equivocadas que los desvíen del evangelio puro de Cristo. Eso es lo que “la serpiente” quiere hacer hoy. Satanás se disfraza como ángel de luz para que los creyentes, en sus mentes, adoren a “otro Jesús”, y para que reciban “otro espíritu” diferente al Espíritu Santo, y por medio de los mismos creyentes propagar “un evangelio diferente” al evangelio de la gracia de Dios. El apóstol nos dijo que Satanás hace todo esto en las mentes de los creyentes. Uno por uno, Satanás convierte estas “enseñanzas” en pensamientos y las aloja en la mente de los creyentes. Es lamentable ver que hoy día muy pocos creyentes reconocen estas cosas. ¿Cuántos saben que Satanás pone “buenos pensamientos” en el hombre?

Debemos tener presente que el creyente recibe una vida nueva y un corazón nuevo, pero no una mente nueva. Muchos tienen un corazón nuevo, pero su cabeza es vieja. El corazón está lleno de amor, pero la cabeza, es decir, la mente, no tiene ningún discernimiento. Muchos tienen motivos puros, pero sus pensamientos no son muy claros. La mente está llena de toda clase de mezclas y muy falta de discernimiento espiritual, el cual es crucial. Muchos aman verdaderamente a los hijos de Dios, pero su mente está llena de ideales, opiniones y metas personales. Los pensamientos de muchos fieles hijos de Dios son muy estrechos y llenos de prejuicios. Ya decidieron de antemano en qué consiste la verdad y rechazan todo lo que no concuerde con sus prejuicios. Todo esto sucede debido a que su mente no es tan amplia como su corazón. También hay muchos hijos de Dios cuyas mentes nunca pueden concebir pensamiento alguno. Aunque han escuchado muchas verdades, no pueden recordarlas, ni ponerlas en práctica ni darlas a otros. Han oído suficiente, pero no tienen la fuerza para expresar lo que escucharon. Aunque por años han recibido verdades, no pueden suplir la más mínima necesidad de los demás y tal vez hasta se ufanen de lo llenos que están del Espíritu Santo. Todo esto sucede debido a que sus mentes no han sido renovadas totalmente.

¡La mente del hombre le causa más daño que su corazón! Si los creyentes pudieran diferenciar entre la renovación del corazón y la renovación de la mente, no cometerían la equivocación de confiar en el hombre. Los creyentes deben saber que el hombre puede tener una comunión muy íntima con Dios y, al mismo tiempo en la mente, sin darse cuenta, recibir las sugerencias de Satanás, lo cual provoca errores en su conducta, en sus palabras y en sus puntos de vista. Aparte de la clara enseñanza de la Biblia, no hay palabras que sean dignas de confianza. No debemos vivir por las palabras de ningún hombre simplemente porque lo conozcamos, lo admiremos o lo respetemos. Debemos saber que aunque las palabras y los hechos de una persona sean muy santos, sus pensamientos no necesariamente son espirituales. No observamos sus palabras ni su comportamiento, sino su mente. Si creemos que lo que dice el obrero de Dios es la verdad de Dios, basándonos en su conducta, haríamos de sus palabras y de su conducta nuestra norma, en vez de la Biblia misma. En la historia, muchos hombres que propagaron herejías fueron creyentes muy santos. Todo esto sucede porque aunque sus corazones fueron renovados, sus mentes no lo fueron. Ciertamente la vida es mucho más importante que el conocimiento, pero después de ser edificados en la vida, no debemos descuidar el conocimiento que procede de una mente renovada. Los creyentes deben darse cuenta de que tanto sus corazones como sus mentes deben ser renovados.

Si la mente no es renovada, la vida del creyente no será una vida equilibrada; a él le será casi imposible llevar a cabo alguna obra. Muchas enseñanzas recalcan la vida espiritual del creyente, es decir, el corazón; afirman que debe haber amor, paciencia y humildad, lo cual sin duda es importante e insubstituible. Sin embargo, no debemos pensar que eso basta para suplir todas las necesidades. Son importantes, pero no lo incluyen todo. Es igualmente importante que la mente sea renovada, ampliada y fortalecida. De lo contrario, la vida del creyente no será una vida equilibrada. Muchos piensan que un creyente espiritual no debe tener mucho conocimiento, y que cuanto más ignorante sea, mejor. Pero excepto por el hecho de que estos creyentes tal vez se conduzcan un poco mejor que los demás, no son muy útiles y no puede confiárseles ninguna obra. Por supuesto, no nos referimos a la perspicacia ni al conocimiento mundano, pues la meta de la salvación no es que continuemos usando la misma mente contaminada por el pecado. Dios desea que nuestra mente sea restaurada a la perfección que tenía cuando fue creada para que glorifiquemos a Dios no sólo con nuestra conducta, sino también con nuestra mente. Incontables hijos de Dios caen en la obstinación, la estrechez, la dureza y hasta son contaminados debido a que descuidan su mente. Como resultado son privados de la gloria de Dios. Los creyentes deben saber que si han de vivir una vida plena, su mente debe ser renovada. El reino de Dios carece de obreros porque las mentes de éstos no puede sobrellevar nada. Olvidan que después de ser salvos necesitan procurar una renovación plena en sus mentes y por ello su obra queda obstruida. La Biblia dice explícitamente: “Transformaos por medio de la renovación de vuestra mente” (Ro. 12:2).

UNA MENTE BAJO EL ATAQUE
DE LOS ESPIRITUS MALIGNOS

Si examinamos la experiencia intelectual de los creyentes, veremos que sus mentes no son sólo estrechas, sino que también padecen muchas otras enfermedades. Por ejemplo, la mente es afectada por los pensamientos e imaginaciones incontroladas, imágenes impuras, recuerdos caóticos y delirantes, pérdidas repentinas de la memoria, prejuicios infundados, falta de concentración, pensamientos estáticos o retardados como si la mente estuviera encadenada, y fanatismo desaforado. El creyente siente que no tiene la fuerza para controlar su mente ni para dirigirla según su voluntad. Olvida innumerables cosas, tanto pequeñas como grandes. Sin proponérselo comete muchas “indiscreciones”, y ni se preocupa por haberlo hecho. Aunque su cuerpo parece estar sano, no sabe claramente por qué su mente tiene ciertos síntomas. La mente de muchos creyentes es así, pero ellos desconocen la causa.

Si el creyente se da cuenta de que su mente es afectada como lo describimos, sólo necesita examinar unas cuantas cosas para saber de dónde proviene todo esto. ¿Quién controla su mente? ¿La controla él? Si es así, ¿por qué no logra controlarla en un momento dado? ¿La controla Dios? Según la Biblia, Dios no controla la mente del hombre. (Más adelante hablaremos de esto en detalle.) Si no soy yo ni es Dios quien controla mi mente, ¿quién lo hace? Indiscutiblemente, tienen que ser las huestes de las tinieblas las que usurpan la mente y las que le ponen estos síntomas. Por lo tanto, cuando el creyente descubre que no puede controlar su mente, debe tener presente que el enemigo está activo. Jamás olvidemos que el hombre tiene libre albedrío. Dios desea que el hombre se gobierne a sí mismo, y éste tiene autoridad para gobernar todas sus facultades; así que, la mente debe estar sujeta a la voluntad. El creyente debe preguntarse si su mente y sus pensamientos son realmente suyos. Si no es así, entonces deben proceder de los espíritus malignos que operan en la mente del hombre. Supongamos que la voluntad no quiere que pensemos, y la mente desea obedecerla. Si a pesar de esto la mente se encuentra pensando continuamente, significa que esos pensamientos no son sus pensamientos, sino obra de otra “persona” que está utilizando pensamientos en contra de nuestra voluntad. Si no deseamos pensar, los pensamientos que surjan en nuestra mente no son nuestros sino de los espíritus malignos.

Si el creyente desea saber cuáles pensamientos son suyos y cuáles son de los espíritus malignos, debe observar en qué forma aparecen. Si su mente es pacífica, estable, imperturbable y actúa en conformidad con las circunstancias, pero súbitamente aparece una idea o un pensamiento fuera de contexto y fuera de orden, entonces ese pensamiento es la operación de los espíritus malignos, cuya intención es inyectar sus pensamientos en la mente del creyente, induciéndole a aceptarlos como propios. Por regla general, los pensamientos que los espíritus malignos inyectan en la mente del hombre son cosas que él no había pensado, o algo contrario a su modo de pensar. Son totalmente “nuevos”; ideas repentinas que jamás había concebido. Cuando el creyente tiene tales pensamientos, debe preguntarse primero si él verdaderamente piensa así y si es él el que está pensando, si quiere pensar así o si ese “pensamiento” está activado en su propia mente aunque nunca antes lo había deseado. El creyente debe descubrir si es él el que piensa tales cosas. Si la idea no se originó en él, y él se opone a ella, pero aun así persiste, debe concluir que tal idea procede de los espíritus malignos. Todos los pensamientos que su voluntad no apoya, y todos los que se oponen a ella, son pensamientos que no provienen del hombre mismo, sino del exterior.

Muchas veces la mente de los creyentes está llena de pensamientos que no puede detener. Su mente como una máquina de pensar, es operada por una fuerza exterior que piensa continuamente y que no tiene control. El creyente puede sacudir la cabeza tratando de rechazar tales pensamientos, pero no lo logra. Los pensamientos vienen en ráfagas sin detenerse ni de día ni de noche. La mayoría de los creyentes no saben a qué se deba todo esto, pues desconocen que eso es obra de los espíritus malignos. El creyente debe saber lo que es un “pensamiento”. El pensamiento es algo que capta lamente. Pero en el caso de los pensamientos incontrolables, ya no es algo que la mente capte, sino algo que controla y ocupa la mente. Antes la mente pensaba cosas, pero ahora lo que sucede es que las cosas obligan a la mente a pensar. Muchas veces el creyente quiere hacer a un lado ciertas cosas, pero una fuerza externa lo obliga a recordarlas y lo fuerza a seguir pensando en ellas. Esta es la obra de los espíritus malignos.

En pocas palabras, el creyente debe investigar todo fenómeno anormal. Con excepción de una enfermedad, todo fenómeno anormal procede de los espíritus malignos. Dios no interfiere con las funciones de las facultades naturales del hombre. Nunca inyecta Sus pensamientos repentinamente en la mente del hombre y nunca detiene la función de la mente ni la priva de nada. El cese repentino de todos los pensamientos como si el cerebro hubiera quedado vacío, la intromisión brusca de un pensamiento completamente incoherente, las pérdidas súbitas de la memoria como si se hubiera cortado un alambre eléctrico dejando la mente paralizada, o una incapacidad continua para emplear la mente o la memoria son los resultados de la operación de los espíritus malignos. Debido a que los espíritus malignos han ocupado la memoria, pueden detener sus funciones o hacerla funcionar cuando ellos lo desean. El creyente debe saber que las causas naturales sólo producen enfermedades naturales. Los pensamientos o los olvidos imprevistos están fuera del control de nuestra voluntad y van más allá de los eventos naturales debido a que proceden de fuentes sobrenaturales. Si el creyente examina todos los fenómenos de su mente no pasará por alto las causas de los síntomas.

La epístola a los Efesios nos dice que los espíritus malignos operan “en los hijos de desobediencia” (2:2). Esto es muy importante. Los espíritus no sólo operan fuera del hombre, sino también dentro de él. Si nosotros queremos inducir a alguien a que trabaje, a lo sumo podemos usar palabras y expresiones u otros gestos del cuerpo. Pero los espíritus malignos pueden ir más allá; no sólo pueden operar desde fuera, como sucede entre personas, sino que también pueden hacerlo desde el interior del hombre. Esto significa que pueden penetrar en la mente del hombre y obrar desde allí, haciendo que el hombre los obedezca. El hombre no puede meterse en la mente de otra persona ni hacerle sugerencias sutiles desde allí; tampoco puede confundirlo con esas sugerencias, pero los espíritus malignos sí pueden. Poseen una capacidad de comunicación que el hombre no tiene. Debido a que la mente y la parte emotiva están estrechamente relacionadas, los espíritus malignos primero trabajan en la mente y luego llegan a su parte emotiva, o empiezan con la mente y desde allí se extienden a la voluntad, ya que la mente y la voluntad también están íntimamente relacionadas.

Ellos operan poniendo secreta y clandestinamente sus pensamientos favoritos en la mente del hombre a fin de cumplir sus objetivos, o bien bloquean los pensamientos que no les gustan. La Biblia claramente enseña que la autoridad de las tinieblas puede sembrar pensamientos en el hombre y también robar sus pensamientos. Juan 13:2 dice: “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le traicionara”. Esto muestra que Satanás puede poner pensamientos en la mente de los hombres. Lucas 8:12 dice: “Y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra”, lo cual muestra que Satanás puede quitar las palabras que el hombre debería recordar o hacer que lo olvide todo. Estos dos versículos revelan la operación doble que los espíritus malignos llevan a cabo en la mente del hombre. Con estos pasajes podemos identificar la operación de los espíritus malignos, ya que su obra consiste en añadir o quitar algo de la mente del hombre.

LA RAZON POR LA CUAL
LOS ESPIRITUS MALIGNOS ATACAN

¿Por qué las mentes de los creyentes son atacadas por los espíritus malignos? Una respuesta es que los creyentes mismos dan oportunidad a los espíritus malignos, también llamados demonios, para que ataquen sus mentes. Debemos tener presente que es posible que las mentes de los creyentes sufran los ataques de los demonios. Esto es confirmado por la experiencia de muchos creyentes. El lugar que los demonios más a menudo atacan es la mente, ya que ésta y los espíritus malignos tienen cierta afinidad. Los ataques de los espíritus malignos en la mente de los creyentes producen los fenómenos mencionados. La mente se desliza parcial o totalmente, fuera de la autoridad del hombre y cae en las manos de los espíritus malignos. En consecuencia, los espíritus malignos pueden hacerlos pensar y pueden detener los pensamientos como a ellos les place, pasando por encima de la voluntad del creyente. Aunque la mente todavía reside en el cuerpo, pertenece a alguien más, y aunque el creyente se oponga, no puede hacer nada. En todo aquello que el creyente da lugar a los espíritus malignos, perderá el control sobre su voluntad, y nuestra mente obedecerá a la voluntad de otro. Cuando los creyentes dan la oportunidad en sus mentes a los espíritus malignos, pierden su soberanía para gobernar su propia mente. En otras palabras, si la mente del creyente no es dueña de sí misma y no puede gobernarse, ya ha sido ocupada por espíritus malignos. Si los espíritus malignos no han atacado la mente de los creyentes, la voluntad de éstos debería gobernar todas las cosas, debería pensar cuando quisiera y dejar de hacerlo sin dificultad.

Nuestra mente es atacada por los espíritus malignos debido a que les damos lugar. Tendemos a dar lugar a los espíritus malignos debido a que nuestra mente tiene cierta afinidad con ellos. El terreno que los espíritus malignos ganan en la mente de los creyentes les proporciona autoridad para actuar sin restricción. Recordemos que la mente del hombre pertenece al hombre; sin el consentimiento de éste, los espíritus malignos no pueden usarla. Si el hombre voluntariamente, sabiéndolo o no, se niega a entregar su mente a los espíritus malignos, éstos no pueden violar su libertad. Esto no significa que los espíritus malignos no tienten nuestros pensamientos, sino que cuando ejercitamos nuestra voluntad oponiéndonos a tales pensamientos, inmediatamente cesan. El problema de hoy es que aunque muchos creyentes emplean su voluntad para resistir las tentaciones, éstas continúan. Esto no debe suceder y es una prueba de que los espíritus malignos están operando, y que hacen caso omiso de la voluntad del hombre.

Después de que el creyente ha cedido terreno a los espíritus malignos, su mente inevitablemente será ocupada por las obras de ellos. Los espíritus malignos obrarán en él según el terreno que tengan, y debido a que el creyente cede terreno en su mente, ellos hacen lo que quieren en ella. El principio más importante que debemos conocer en cuanto a la operación de los espíritus malignos es que ellos pueden actuar sólo si el creyente les cede terreno; de lo contrario, no pueden hacer nada en el creyente. Ellos trabajan en la medida de la oportunidad que se les dé. Si el creyente les da la oportunidad de operar en su mente, ellos lo harán. Hay seis clases de terreno que los creyentes pueden ceder a los espíritus malignos. Examinaremos cada uno de ellos brevemente.

A. Una mente no renovada

Los espíritus malignos siempre actúan en la carne. Si la mente no ha sido renovada, aunque la persona sea regenerada en su espíritu, los espíritus tienen la oportunidad de operar. Aunque la mente de muchos creyentes se volvió al Señor cuando se arrepintieron la primera vez, eso no significa que sus ojos, los cuales habían sido cegados por Satanás, fueron totalmente iluminados. Quizá muchas áreas todavía permanezcan veladas. Antes esos rincones oscuros eran el centro de operación de los espíritus malignos, pero ahora, aunque ha disminuido la oscuridad, no han sido eliminados del todo. Los espíritus malignos todavía ocupan esas áreas y desde allí realizan sus actividades. Es muy común ver que los espíritus malignos ocupen la mente de los hombres valiéndose del pecado. Esto sucede antes de ser salvos y también después de serlo; pese a que han sucedido algunos cambios, el terreno cedido permanece igual, todavía ocupado por los espíritus malignos como base de sus operaciones.

Los espíritus malignos hacen todo lo posible por encubrir sus hechos. Si el creyente es carnal, ellos generarán muchos pensamientos que concuerden con el carácter y la condición de él. Le harán creer que tales pensamientos proceden de él y que son naturales. Si la persona busca el bautismo del Espíritu Santo, ellos imitarán la obra del Espíritu Santo y le traerán revelaciones sobrenaturales, haciéndole creer que provienen de Dios. Como saben que la mente no ha sido renovada, la aprovechan como el mejor lugar para llevar a cabo sus operaciones, obstruyen el entendimiento del creyente en muchas maneras, haciéndole ignorante e impidiendo que busque la renovación de su mente. La mente es el terreno que más comúnmente cedemos a los espíritus malignos. Pero si esto fuera todo, sin la pasividad de la cual hablaremos más adelante, la mente y la memoria no serían tan severamente debilitadas.

B. Los pensamientos impropios

Todos los pecados proporcionan oportunidades a los espíritus malignos. Si el creyente presta atención al pecado con su mente, eso significa que cedió su mente a los espíritus malignos, porque todos los pecados provienen de los espíritus malignos. Si el creyente cede su mente al pecado, no podrá resistir a los espíritus malignos que operan detrás del mismo. Todos los pensamientos corruptos, altivos, crueles e injustos proporcionan una base para la actividad de los espíritus malignos. Los creyentes que cedieron su mente y no rechazan esta clase de pensamientos, verán que éstos vuelven cada vez más fácilmente y cada vez les será más difícil detenerlos ya que los espíritus malignos están alojados en su mente.

Además de las ideas pecaminosas hay muchos otros pensamientos impropios que proporcionan al enemigo bases de operación. Los espíritus malignos a menudo inyectan pensamientos en los creyentes. Si el creyente recibe esos pensamientos, llegan a ser el terreno donde los espíritus malignos operen. Las ideas vagas, los pensamientos vanos o los de origen desconocido, las palabras que se escuchan sin querer, las líneas que se leen por casualidad, y también los caprichos de la vida humana, proporcionan terreno a los espíritus malignos para que sigan actuando, quizá por muchos años. Todo esto también hace que los creyentes se llenen de prejuicios, se rebelen contra la verdad de Dios y crean en muchas herejías.

C. Entender mal la verdad de Dios

El creyente raras veces se percata de que cuando acepta una mentira de los espíritus malignos está cediéndoles terreno. Si interpretamos mal lo que los espíritus malignos hacen en nosotros, en nuestro ambiente y en nuestra obra, pensando que es algo natural, espontáneo o nuestro, damos terreno a los espíritus malignos y les permitimos que continúen llevando a cabo sus actividades. Si aceptamos sus mentiras, ellos las utilizarán. Cuando aceptamos ideas que proceden de espíritus malignos creyendo que son cosas buenas que se nos ocurren a nosotros mismos, inconscientemente permitimos que ellos permanezcan en nosotros. Aunque este permiso sea conseguido por medio de un engaño, de todos modos da suficiente terreno para que los espíritus malignos continúen obrando.

Por otra parte, muchos creyentes entienden mal la verdad de Dios e ignoran lo que significa morir con el Señor, consagrarse, esperar en el Espíritu Santo, conocer el mover de Dios y otras verdades. Como resultado, se desarrollan prejuicios en sus corazones, y empiezan a concebir ideas acerca del significado de las enseñanzas espirituales. Los espíritus malignos aprovechan la oportunidad e introducen ideas equivocadas en los creyentes, mezclándolas con lo que los mismos creyentes creen saber y operando de acuerdo con ello. Los creyentes piensan que todo eso proviene de Dios, pero en realidad, no es más que una falsificación de los espíritus malignos fundada en una interpretación equivocada.

D. Aceptar sugerencias

Los espíritus malignos frecuentemente inyectan sus pensamientos en la mente de los creyentes. Especialmente les encanta predecirle al creyente lo que le va a pasar en el futuro. Le hablan al creyente de su porvenir y de lo que encontrará en el futuro. Si el creyente no sabe que todo esto proviene de los espíritus malignos y lo acepta, dándoles la oportunidad a los espíritus malignos de permanecer en la mente, éstos obrarán en el ambiente en el momento oportuno y harán que el creyente experimente lo que se le vaticinó. El creyente en su ignorancia, tal vez crea que él mismo ya sabía eso y que lo esperaba. En realidad, los espíritus malignos disfrazan sus ideas en forma de predicción, las inyectan en la mente del creyente con la intención de probar la voluntad del creyente, para ver si las acepta o las rechaza. Si la voluntad del creyente no se opone o si está de acuerdo, los espíritus malignos habrán ganado terreno y operarán en el creyente hasta donde a ellos se les antoje. Los vaticinios de los adivinadores y los que leen la palma de la mano se cumplen según este principio.

Algunas veces los espíritus malignos predicen algo con respecto al cuerpo del creyente. Le dicen que está débil o enfermo. Si el creyente acepta esa idea, se enfermará y se debilitará. Cuando el creyente se siente enfermo, sólo sabe que está enfermo. Los médicos tal vez digan que es algo psicológico, pero los que tienen percepción espiritual saben que eso se debe a que el creyente aceptó sugerencias de los espíritus malignos; les cede terreno, y ellos obran con base en eso. Si el creyente no resiste todos los pensamientos que provienen de los espíritus malignos, éstos se valdrán de ellos para operar ya que se les dio la oportunidad de hacerlo.

E. Una mente vacía

Dios creó al hombre con una mente, para que la usara. Desde el principio Dios quería que el hombre escuchara la palabra y la entendiera (Mt. 13:23). El deseaba que el hombre usara su mente para recibir Sus palabras a fin de ganar su amor, su voluntad y su espíritu. Por lo tanto, una mente activa es una barrera para la obra de los espíritus malignos. Por eso, la principal meta de los espíritus malignos es hacer que la mente del creyente esté vacía, es decir, que no tenga nada en ella. Los espíritus malignos hacen todo esto, ya sea mediante engaños o por la fuerza; hacen que la mente del creyente quede en blanco. Saben que cuando la mente del creyente está vacía, éste no puede pensar, pierde su capacidad de razonar y el sentido común, y acepta indiscriminadamente las “enseñanzas” de los espíritus malignos sin preocuparse por el origen.

Los creyentes deben emplear su mente, ya que una mente ocupada no es útil para los espíritus malignos; por eso, ellos intentan a toda costa vaciarla. Cuando la mente del creyente funciona normalmente, él discierne todas las revelaciones absurdas y fuera de lo común y también la fuente de sus pensamientos. Una mente en blanco le da la oportunidad a los espíritus malignos de operar en ella. Así que, todos los pensamientos y revelaciones recibidas mientras la mente está en ese estado proceden de los espíritus malignos. Si el creyente deja de utilizar su mente, verá que los espíritus malignos inmediatamente vienen a ayudarle a pensar.

F. Una mente pasiva

En términos generales, no hay mucha diferencia entre una mente vacía o en blanco y una mente pasiva, pero siendo técnicos, una mente vacía es una mente que no se usa, mientras que una mente pasiva espera que vengan fuerzas externas para usarla. La pasividad es un estado peor que el vacío. Ser pasivo es dejar de actuar para que fuerzas externas lo muevan a uno. Una mente pasiva deja de pensar por sí misma y permite que fuerzas externas piensen por ella. Ser pasivo es llegar a ser como un autómata, una máquina.

La pasividad de la mente ofrece el mejor terreno para la operación de los espíritus malignos. No hay otro terreno que los espíritus malignos disfruten más que éste. Si el creyente no usa su mente y espera que fuerzas externas sobrenaturales vengan sobre él, los espíritus malignos tendrán la oportunidad de poseer su voluntad y su cuerpo. Así como una mente necia puede fácilmente ser engañada debido a su ignorancia, una mente pasiva puede ser fácilmente atacada por no estar consciente de sí misma. La persona no puede responder ya que reacciona como si no tuviera cerebro. Si el creyente permite que su mente deje de pensar, razonar y decidir, y si no compara su experiencia y su andar con lo revelado en la Biblia, está invitando a Satanás a que invada su mente y lo engañe.

En su deseo de seguir la guía del Espíritu Santo, muchos creyentes piensan que no tienen necesidad de medir, examinar ni juzgar a la luz de la Biblia todos los pensamientos que aparentemente vienen de Dios. Piensan que ser guiados por el Espíritu Santo es como estar muertos y que sólo deben escuchar los pensamientos e impulsos que provienen de su interior. Siguen especialmente las ideas que aparecen después de la oración y como resultado mientras oran y después de orar permiten que sus mentes se hundan en la pasividad. Detienen sus propios pensamientos y demás actividades mentales para poder recibir “los pensamientos de Dios”. Creen que esta clase de pensamientos provienen de Dios, y como resultado, se vuelven duros y obstinados, no son razonables y aceptan gran cantidad de sugerencias irracionales, ásperas y pertinaces. No saben (1) que la oración no cambia nuestros pensamientos para que sean los pensamientos de Dios; (2) que esperar recibir pensamientos piadosos durante y la oración después es una invitación a los espíritus malignos para que falsifiquen lo que viene de Dios; y (3) que Dios nos guía por medio de la intuición y no de la mente. Muchos creyentes no entienden que Dios no desea que ellos sean pasivos, sino que cooperen con El activamente. Pasan tiempo entrenándose para hacer que su mente sea pasiva; tratan de no pensar por sí mismos a fin de poseer los pensamientos de Dios. No saben que cuando no usan la mente tampoco Dios la puede usar, ni pondrá Sus pensamientos en ella, porque según Sus principios, el hombre debe usar su propia voluntad para controlar sus facultades y cooperar con El. Cuando el hombre no usa su mente, los espíritus malignos aprovechan la oportunidad para intervenir y controlarlos. Dios nunca ha tenido la intención de que los hombres lleguen a ser autómatas, pero los espíritus malignos sí, ya que toda pasividad les favorece a ellos y sacan ventaja de la ignorancia y la pasividad de los creyentes para operar en su mente.

LA PASIVIDAD

Todo terreno que los creyentes cedan a los espíritus malignos les proporciona una vía para que trabajen. De todas estas áreas la más importante es la pasividad porque ella expresa la actitud de la voluntad, la cual, a su vez, representa la totalidad de la persona. La pasividad permite que los espíritus malignos operen libremente. Por supuesto, tales obras siempre son llevadas a cabo ocultamente para que el creyente no se dé cuenta de que los espíritus de maldad están operando en él. Los creyentes caen en la pasividad debido a su ignorancia. Cuando no entienden claramente el lugar que tiene la mente en la vida espiritual, ya sea dándole demasiada importancia o subestimándola, permiten que se hunda en la pasividad y obedecen los pensamientos de su mente pasiva. Es indispensable que entendamos claramente la forma en que Dios nos guía.

La pasividad de la mente se debe a un concepto equivocado de lo que significan la consagración y la obediencia al Espíritu Santo. Muchos creyentes piensan que sus pensamientos perjudican su vida espiritual, y no saben que el verdadero daño es dejar de usar la cabeza o usarla desordenadamente. No saben que el debido funcionamiento de la mente es de mucho beneficio y además necesario, porque sólo una mente que funciona apropiadamente puede colaborar con Dios. Ya establecimos claramente que la manera correcta de ser guiados por Dios depende de la intuición y no de la mente. Esto es algo crucial y no debemos olvidarlo. El creyente debe obedecer la revelación en su intuición y no los pensamientos de su mente. Los que andan según la mente andan de acuerdo con la carne. Esto guía a los creyentes por el camino equivocado. Sin embargo, esto no significa que la mente no sea útil en cosas secundarias. Si consideramos la mente como el órgano con el cual tener comunión con Dios y con el cual recibir revelación, estamos totalmente equivocados. Pero esto no significa que la mente no debe llevar a cabo la función que le corresponde para ayudar a la intuición. Esta es el órgano que conoce la voluntad de Dios, pero necesita la mente para ver si los sentimientos proceden de la intuición o si son un engaño de nuestras propias emociones. Debemos determinar si nuestro sentir interno es la voluntad de Dios y si concuerda con la Biblia. Todo esto lo sabemos por la intuición, pero lo confirmamos con nuestra mente. ¡Cuán fácilmente cometemos errores! Sin la ayuda de la mente es difícil decidir lo que verdaderamente proviene de Dios.

Esta enseñanza se basa en la Biblia, la cual dice: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entended cuál es la voluntad del Señor”. Y añade: “Comprobando lo que es agradable al Señor” (Ef. 5:17, 10). La función de la mente no puede enterrarse. Dios no anula las facultades del alma, sino que las renueva y las usa. El desea que los creyentes sepan lo que están haciendo cuando lo obedecen; no espera una obediencia ciega e irracional. Tampoco desea que los creyentes sean tontos ni que no sepan lo que hacen. El no quiere que perciban o escuchen algo y supongan que eso es Su voluntad y lo obedezcan. Dios tampoco tiene la intención de dirigir o manipular al creyente haciéndole obedecer sin saber lo que obedece. Dios quiere que el creyente conozca Su voluntad y que conscientemente emplee su ser para obedecerla. Una persona perezosa no quiere ninguna responsabilidad; sólo desea permitir pasivamente que Dios lo use o que use uno de sus miembros, pero Dios quiere que el hombre activamente procure conocer Su voluntad y que utilice su propia voluntad para obedecerlo. La intención de Dios es que la intuición y la percepción del hombre estén de acuerdo.

Sin embargo, los creyentes no se dan cuenta de que es así como Dios nos guía. Se permiten caer en la pasividad, y esperan que Dios ponga Su voluntad en la mente de ellos. Siguen ciegamente toda guía sobrenatural sin examinar con sus mentes si verdaderamente proviene de Dios. Pueden usar sus miembros neciamente y sin un entendimiento claro de la voluntad de Dios, y esperan que Dios los use sin que ellos estén conscientes. El resultado de todo esto es la posesión demoníaca. La pasividad es una condición perfecta para ello. (Hablaremos de esto en detalle más adelante.) Si el hombre no utiliza su mente, Dios tampoco la usará, porque hacerlo sería contrario al principio sobre el cual Dios actúa. Son muchos los creyentes que no saben que en el mundo existen espíritus malignos que están haciendo todo lo que pueden por engañar a los hijos de Dios. Si los creyentes se encuentran en una condición en la cual los espíritus malignos puedan trabajar, éstos lo harán. Además, andan por todas partes buscando la oportunidad de atacar a los creyentes. No debemos permitir que la mente se hunda en la pasividad.

Hay otro tema que también debemos tratar acerca de la condición para la operación de los espíritus malignos. Ya hablamos brevemente sobre la pasividad, pero debemos avanzar para abarcar algo más. En este mundo existen personas que están muy interesadas en tener comunicación con los espíritus malignos. A ningún hombre común le gustaría ser poseído por los demonios, pero existe cierta clase de personas que quieren ser poseídas por los demonios. Existen los adivinos, los espiritistas, los parapsicólogos, los médium y los evocadores de espíritus. Al observar con detenimiento la causa de su posesión podemos entender el principio de la posesión demoníaca, ya que todos los casos siguen la misma pauta. Estas personas dicen que a fin de ser poseídas por un demonio, al cual ellos llaman un dios, su voluntad no tiene que presentar resistencia alguna, sino estar dispuesta a aceptar todo lo que llega a sus cuerpos. A fin de que su voluntad sea pasiva, su mente tiene que estar totalmente vacía e inactiva, porque sólo una mente en blanco produce una voluntad pasiva. Estas dos cosas son las condiciones básicas para ser poseídos por los demonios. De aquí que cuando la persona quiere hacer venir a un espíritu deja caer su cabello y mueve la cabeza durante cierto tiempo hasta quedar mareada, y su mente permanece por completo fuera de acción. Sólo entonces puede ser poseída por el presunto dios, y sólo entonces puede operar el espíritu maligno. Cuando la mente está en blanco, la voluntad naturalmente pierde todas sus funciones. En este punto su boca gradualmente deja de moverse según la voluntad de la persona y todo su cuerpo empieza a temblar; en poco tiempo su dios desciende sobre su cuerpo. Los métodos por los cuales son poseídos pueden ser diferentes externamente, pero al examinar el principio que utilizan, nos damos cuenta de que todos los métodos son llevados a cabo por medio de una mente vacía y una voluntad pasiva. Si uno les pregunta a estas personas, ellas dirán que cuando los demonios vienen sobre ellas, su mente no puede pensar, ni su voluntad puede funcionar. Por supuesto, si la voluntad pudiera caer en un estado pasivo sin que la mente tuviera que vaciarse, la mente seguiría pensando; pero la persona no puede ser poseída hasta que su mente esté vacía y su voluntad quede inactiva.

Lo que hoy se conoce como hipnotismo, disfrazado bajo el nombre de ciencia, la meditación religiosa y la meditación transcendental, entre otras, que capacitan a las personas para usar el poder de la telepatía y para escuchar cosas desde diferentes direcciones, así como poderes de curación y transmutación, están básicamente fundamentados sobre estos dos principios. Algunas prácticas, aunque se afirma que su fin es traer beneficio a la humanidad, como la concentración, el yoga, la meditación y otras más, requieren que primeramente la mente poco a poco deje de funcionar y que la voluntad entre en un estado de pasividad. Después de esto, los espíritus malignos intervienen y le muestran a la persona experiencias sobrenaturales o extraordinarias. No discutiremos aquí si estas personas saben que están invitando espíritus malignos a entrar en ellas. Solamente afirmamos por ahora que al hacer esta clase de cosas, ellas crean las condiciones propicias para que los espíritus malignos las posean y que no pueden evitar las consecuencias. Más adelante se darán cuenta de que han recibido espíritus malignos.

No tenemos espacio para abarcar todos estos asuntos en detalle; sólo queremos que los creyentes entiendan que para que los espíritus malignos obren en el hombre, se requiere una mente vacía y una voluntad pasiva. Los espíritus malignos se regocijan con todo aquel que cumple estas dos condiciones e inmediatamente intervienen y operan en él. Si un incrédulo se encuentra en esta condición, los espíritus malignos lo poseen, pero aun tratándose de un creyente el caso es el mismo, y también lo poseen sin ninguna restricción.

Tengamos presente que muchos creyentes desconocen las condiciones que propician la operación de los espíritus malignos y el hecho de que cuando una persona cumple tales condiciones, los espíritus malignos obran en ella sin restricciones. Muchos sin darse cuenta han llegado a ser instrumentos en manos de los demonios y hasta han llegado a ser poseídos por ellos. En las reuniones a menudo los creyentes esperan la intervención del Espíritu Santo. Se reúnen hasta la media noche y se ocupan en actividades anímicas. Sus mentes se entorpecen y sus corazones pierden el control, hasta que empiezan a experimentar cosas fuera de lo común, tales como hablar en lenguas, ver visiones, sentir un gozo inexplicable. Sienten que en realidad el Espíritu Santo los ha visitado. Sin embargo debemos saber que si nuestra mente está en blanco y nuestra voluntad es pasiva, los únicos que operarán serán los espíritus malignos y no el Espíritu Santo. Por ejemplo, en dichas reuniones su oración favorita es repetir una palabra como “gloria” o “aleluya”. Repiten esas palabras simples. Si decimos la misma palabra docenas de veces, sabemos lo que sucederá: pronunciaremos la misma palabra con nuestra boca, pero nuestra mente perderá el significado, lo cual crea un vacío en ella. La persona no podrá controlarse y deberá continuar con su estribillo. Esto produce una voluntad pasiva. Finalmente, fuerzas externas gobernarán su garganta y moverán su mandíbula para que hablen cosas incomprensibles. En este punto, un creyente ignorante pensará que ha experimentado el “bautismo del Espíritu Santo” porque ha recibido la evidencia del bautismo que es “hablar en lenguas”. No sabe que sencillamente ha cumplido con los requisitos para que los espíritus malignos operen en él, pues al quedar la mente en blanco y permitir que su voluntad esté pasiva, él es ocupado por los demonios.

Hoy día los creyentes piensan que si lo que reciben los hace más felices, más espirituales, les aumenta el celo o los hace más santos, entonces aquello debe provenir del Espíritu Santo. No saben que todo eso es el engaño de los espíritus malignos que recurren a cualquier medio para engañarlos. Si los espíritus malignos detectan que los creyentes muestran señales de adivinación, no dejan pasar la oportunidad e inmediatamente entran en ellos. Estos espíritus no quieren que los creyentes se asusten; así que hacen lo posible por ganarse su confianza. Imitan algunos atributos del Señor Jesús, Su bondad, Su gloria y Su belleza, para que los creyentes adoren y amen a ese “Jesús”. Realmente, lo que sucede es que los creyentes están adorando, amando y consagrándose a espíritus malignos. Cuando los espíritus malignos ganan la fe y la confianza de los creyentes, lo cual puede tardar en muchos casos varios años, pondrán en ellos cosas que son obviamente malignas. Para entonces, ya sea por orgullo, por pereza o por necedad, los creyentes generalmente no están dispuestos a cuestionar el espíritu que recibieron.

Una cosa es cierta, y si los creyentes pudieran recordar tan sólo esto, sería de gran ayuda para ellos. Existe una diferencia básica entre la obra de los espíritus malignos y la obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo opera sólo cuando el hombre cumple con ciertos requisitos. Igualmente, para que los espíritus malignos operen se necesita que se cumplan ciertos requisitos. Aun cuando el hombre busque el Espíritu Santo, si llena los requisitos para que operen los espíritus malignos, el Espíritu Santo no actuará. Los espíritus malignos esperan incansablemente la oportunidad para actuar. No debemos preocuparnos si podemos distinguir entre algo que sea de Dios y algo que sea una falsificación; sólo necesitamos examinar en qué condiciones aceptamos lo que recibimos. Si satisfacemos las condiciones para que el Espíritu Santo opere, lo que recibimos proviene de Dios; pero si llenamos los requisitos para que los espíritus malignos operen, aunque nuestra intención haya sido buscar el Espíritu Santo, lo que recibiremos provendrá de los espíritus malignos. No rechazamos lo sobrenatural, pero sí necesitamos distinguir lo que proviene de Dios de lo que proviene de Satanás.

¿Qué diferencias básicas existen entre las condiciones que deben llenarse para que el Espíritu Santo opere y para que operen los espíritus malignos? (1) Las revelaciones, visiones y actividades sobrenaturales que requieren que la mente deje de funcionar completamente, o que se reciben después de que la mente deja de funcionar, no provienen de Dios. (2) Las visiones que provienen del Espíritu Santo siempre son dadas a los creyentes cuando sus mentes están en plena actividad; además, se necesitan todas las facultades de la mente para recibir una visión del Espíritu Santo. Cuando los espíritus malignos operan, es totalmente diferente. (3) Todo lo que proviene de Dios está de acuerdo con la naturaleza de Dios y con la Biblia.

No debemos engañarnos por las apariencias. Si el asunto se identifica claramente con los demonios o si se disfraza como si proviniera de la esfera divina o si se designa con diferentes nombres; lo único que necesitamos preguntarnos es cuál es el principio sobre el cual opera. Debemos estar conscientes de que todas las revelaciones sobrenaturales que provienen de las tinieblas requieren el cese total de la función de la mente. Pero lo que proviene de Dios se puede recibir sin interferencia aunque la mente esté en plena actividad y en toda su capacidad. Tanto la visión que recibieron los israelitas en el monte Sinaí, narrada en el Antiguo Testamento, como la visión que tuvo Pedro en Jope, mencionada en el Nuevo Testamento, confirman que ellos tenían completo uso de sus facultades mentales.

Existe una diferencia básica entre las revelaciones y las visiones que Dios dio en la Biblia, y las presuntas revelaciones y visiones que los creyentes reciben hoy día. Al estudiar cada una de las revelaciones sobrenaturales de Dios, descritas en el Nuevo Testamento, vemos que en cada caso el que experimenta la revelación lo hace mientras su mente está funcionando, puede controlarse y puede usar cualquier miembro de su cuerpo. Pero las presuntas revelaciones sobrenaturales de hoy,requieren que la mente del receptor esté total o parcialmente pasiva, y éste no puede controlar alguna, o ninguna, parte de su cuerpo. Esta es la diferencia básica entre lo que proviene de Dios y lo que proviene de los demonios. En el caso de hablar en lenguas, como se menciona en la Biblia, los que hablaban tenían control completo sobre ellos mismos y estaban conscientes de lo que hacían. En el día de Pentecostés, Pedro podía escuchar las burlas de los oyentes y darles una respuesta coherente;podía demostrar que los que estaban con él no estaban ebrios, sino llenos del Espíritu Santo (Hch. 2). En Corinto, los que hablaban en lenguas estaban lo suficientemente lúcidos como para contar y saber si eran dos o tres los que hablaban (1 Co. 14:29); podían controlarse y tener la disciplina de hablar uno por uno (v. 31), y si no había intérprete, podían callar (v. 28). Estaban conscientes y podían ejercer control sobre sí mismos. Esto se debe a que los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas (v. 32). ¿Es este el caso de los que hablan en lenguas hoy en día? ¿No es verdad que han perdido totalmente el control e ignoran completamente lo que están haciendo? ¿No es cierto que los espíritus de los profetas no están sujetos a los profetas sino que los profetas están sujetos a los espíritus? Así podamos diferenciar entre lo que es de Dios y lo que es de los demonios.

Todo lo que mencionamos se refiere a la diferencia que existe entre las cosas sobrenaturales que son dadas por el Espíritu Santo y las que son dadas por los espíritus malignos. Ahora quisiéramos brevemente ver la diferencia entre la obra del Espíritu Santo y la obra de los espíritus malignos con respecto a las cosas naturales. Tomemos como ejemplo escuchar la voz de Dios. Lo primero que necesitamos recordar es que la intención del Espíritu Santo es que entendamos claramente (Ef. 1:17-18). El Espíritu Santo no considera al hombre una máquina; por lo cual no desea que el hombre le obedezca, ni que haga el bien sin que esté plenamente consciente de que lo hace. Además, El expresa Su voluntad desde el espíritu del hombre, la parte más profunda de su ser. La guía de Dios nunca es confusa ni vaga ni extraña ni impuesta. Todo lo que proviene de los espíritus malignos tiene las siguientes características: (1) Proviene del exterior, principalmente de la mente ; nunca de la parte más profunda del creyente. No es una revelación de la intuición, sino un pensamiento que aparece como un relámpago. (2) Siempre impulsa, compele u obliga al creyente exigiendo acción inmediata, sin dar lugar a que el creyente piense, juzgue o examine. (3) Confunde y paraliza la mente del creyente de modo que no pueda pensar. Lo que proviene de los espíritus malignos, ya sea sobrenatural o natural, siempre hace que el creyente no pueda usar debidamente su intelecto; pero el Espíritu Santo no actúa así.

El hombre espiritual, OCTAVA SECCION: EL ANALISIS DEL ALMA (2): LA MENTE, CAPITULO UNO, LA MENTE, UN CAMPO DE BATALLA, por Watchman Nee  www.lsmespanol.org/

 

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Modificado por última vez enJueves, 11 Abril 2013 03:15

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